[Londres,] 3 de mayo de 1872

Querido Eccarius:

Parece que has perdido el juicio, y como considero que se trata de una fase pasajera, al menos por ahora, quizá me permitas que me dirija a ti de momento sin tratarte de Sir, ni de Herr ni de Domine, y que te escriba en alemán en vez de en inglés.

Si no has perdido la memoria junto con tu dominio del idioma alemán —y, si la has perdido, las actas del Consejo General podrán refrescártela—, recordarás que todas las peleas que he tenido con los ingleses desde la fundación de la Internacional hasta la última conferencia* se han debido simple y únicamente al hecho de que siempre me puse de tu lado. En primer lugar, en lo referente a *The Commonwealth*, contra Odger, Cremer, Howell, etc.; en segundo lugar, contra Fox, con quien mantenía relaciones muy amistosas*; y, por último, contra Hales durante el período en que tú eras secretario general.

Si más adelante surgieron conflictos, sería importante determinar quién fue el responsable de ellos. Yo solo te he atacado dos veces.

En primer lugar, con motivo de la publicación prematura de las resoluciones de la Conferencia, con la cual, como bien sabes, te excediste en tus atribuciones.**

En segundo lugar, a causa de la última escaramuza con América, en la que causaste gran perjuicio. (Aquí prescindo del hecho de que tus gestiones, con la ayuda y complicidad de Karl Heinzen y Compañía, hicieron recaer sobre mí tales improperios por parte de los PERIÓDICOS NORTEAMERICANOS; soy tan insensible a estos improperios como lo fui antes a los elogios, tanto públicos como privados, procedentes de la misma fuente.)

Sin embargo, pareces imaginarte que, cuando cometes desatinos, los demás deben, en pago, hacerte cumplidos en lugar de decirte la verdad, como se la dirían a cualquier otro. Te devolveré los papeles de Gregory mañana por la noche.*» Hoy tengo que revisar simultáneamente las pruebas francesa y alemana*, de manera que no tengo tiempo de mirar los periódicos americanos.

En cuanto a mi «tratamiento», me limitaré sencillamente a demostrar: 1.º, que estuviste absolutamente equivocado al escribir a Nueva York del modo en que escribiste, en un momento tan decisivo, aun suponiendo que tus quejas fueran justificadas, y 2.º, que tu reclamación acerca de la supresión de periódicos con respecto al Consejo General carece por completo de fundamento. Voilà tout.

Por último, permíteme darte un buen consejo. No debes pensar que los viejos amigos personales y de partido están o estarán peor dispuestos hacia ti simplemente porque consideren que es su deber oponerse a tus extravagancias. Por otra parte, no debes imaginarte que la pequeña camarilla de ingleses que se sirven de ti para ciertos fines son amigos tuyos. Podría demostrar lo contrario si quisiera.

Y así, pues, salud. Puesto que pasado mañana es mi cumpleaños, no tengo en absoluto el menor deseo de celebrarlo con la desagradable convicción de haber perdido a uno de mis más viejos amigos y camaradas de ideas afines.

Salut fraternel,
Karl Marx

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* la Conferencia de Londres de 1871.
** de la edición francesa y de la segunda edición alemana del tomo I de *El Capital*.