Mi querido Terzaghi:

Le escribí a usted el 15 del presente mes y recibí luego su carta fechada el 15 del corriente. Comunicé el contenido de su carta al Consejo General, donde se reconoció con agrado la gran actividad de los obreros de Turín.

Hasta ahora la Federación Obrera de Turín no se ha dirigido al Consejo General. Si lo hiciera, el Consejo, después de oír a ambas partes, tendría que deliberar si dicha federación podría ser admitida provisionalmente o no. No puedo prometerle de antemano que en ningún caso será admitida. Por una parte, yo no soy el Consejo; y luego está la posición del Consejo, que es la siguiente.

Es cierto que el Congreso de Basilea confirió al Consejo General la facultad de denegar la admisión, hasta el próximo Congreso, a cualquier nueva sección; pero este poder no se ha puesto en práctica nunca, salvo en casos de necesidad bien probada, y sólo después de oír la defensa de la sección en cuestión. ¿Cómo podríamos comprometer de antemano al Consejo General, antes de que haya oído a la otra parte? Puede usted estar seguro de que, en todo caso, el Consejo velará por los intereses de la Internacional.

En cuanto al señor Beghelli, no podemos votar la declaración pública que usted solicita. Beghelli no pertenece a la Internacional y está fuera de la jurisdicción del Consejo, y aunque así no fuera, no creo que tenga suficiente importancia como para ser distinguido de ese modo de otros periodistas hostiles a la Internacional.

Pero debo decirle: no esperábamos peticiones de este género de usted. Usted ha apoyado la convocatoria de un congreso especial cuyo único objeto es acusar de autoritarismo al Consejo General y abolir los poderes que el Congreso de Basilea le concedió. Y no bien han votado ustedes ese apoyo, cuando piden al Consejo General que realice actos diez veces más autoritarios que todos los que jamás ha realizado: le piden que haga uso de esos mismos poderes que ya han condenado y que deniegue la admisión a una nueva sección sin siquiera oír lo que esta tenga que decir en su defensa. ¿Qué dirían sus amigos del Jura si nos hiciésemos culpables de semejante autoritarismo? Usted ciertamente ha tomado su decisión sobre la base de la circular del Jura y, aunque de modo indirecto, ha aprobado las mentiras y calumnias que contiene, sin esperar la respuesta del Consejo General, y eso usted, una sección recién creada, forzosamente ignorante de todo el asunto. Tenía usted derecho a hacerlo; es una sección autónoma en la medida en que esa autonomía no está limitada por las leyes de la Internacional. Pero el Consejo General es responsable de sus actos y no puede permitirse semejante libertad.

Quizá comprenderán ahora ustedes mismos que tales poderes autoritarios no se confirieron al Consejo General sin razón, que pueden tener alguna utilidad y que, en lugar de inaugurar su carrera de internacionalistas condenando indirectamente a un Consejo General que les es completamente desconocido, y con decisiones que sólo tienden a sembrar la discordia en momentos en que las persecuciones gubernamentales universales deberían empujar a todos los verdaderos internacionalistas a la unión más estrecha..., en lugar de todo eso, habrían hecho mejor en suspender su juicio hasta estar mejor informados.

Le agradezco la contribución de veinte francos, que he entregado al tesorero; le adjunto a cambio 200 sellos de 10 céntimos cada uno. Estos sellos, fijados en una página de los Estatutos Generales, que cada miembro debe poseer, constituyen la prueba de pertenencia a la Internacional.

A la Sociedad Emancipación del Proletariado
Sección Internacional
Turín