[Borrador]  
Londres [después del 6 de enero de 1872]  
122 Regent’s Park Road  

Mi querido Terzaghi:  

Recibí su carta del 4 de diciembre del año pasado, y si no he respondido antes fue porque quería darle una respuesta precisa  

una reunión del Consejo General del 2 de enero  

sobre el asunto que más le interesa, a saber, el fondo para el *Proletario*. Ahora estoy en condiciones de dársela.  

Tenemos muy poco dinero, y los millones de la Internacional sólo existen en la imaginación aterrorizada de la burguesía y de la policía, que no pueden comprender cómo una asociación como la nuestra ha podido alcanzar una posición tan importante sin disponer de millones de dinero. ¡Si hubieran visto las cuentas presentadas en la última Conferencia¹! Pero no importa; dejémosles que sigan creyéndolo, no nos hará ningún daño. Ya se había decidido, al recibir su carta, tomar un cierto número de acciones del *Proletario* a nombre del Consejo General, representado por mí, pero entonces nos llegó la noticia de la escisión que usted había provocado y se consideró dudoso que el periódico pudiera seguir saliendo después de ella. Luego vinieron las vacaciones, que hicieron que la reunión del 26 no tuviera lugar, etc., etc. Por fin puedo decirle que si usted desea continuar el periódico y hay motivos sólidos para esperar que ello sea posible, estoy autorizado a enviarle cinco libras, es decir, aproximadamente ciento sesenta liras italianas, a cambio de las cuales usted podrá enviarme el número correspondiente de acciones a mi nombre. Escríbame, pues, a vuelta de correo, para que si, como espero, el periódico ha de reaparecer, pueda enviarle el dinero sin demora.  

Dígame al mismo tiempo si las señas que me dio en su última carta (C. C[eretti], Mirandola; E. P[escatori], Bolonia) bastan para escribirles, sin más indicación de calle ni número, porque no quisiera que mis cartas fueran escritas para ser leídas por ningún mordecaico.  

Probablemente le habrán enviado una circular del congreso de la Federación del Jura, en Suiza, atacando al Consejo General y exigiendo la convocatoria inmediata de un Congreso. El Consejo General responderá a esos ataques, pero entretanto ha aparecido una respuesta en *L’Égalité*, de Ginebra, que le envié hace tres días junto con dos periódicos ingleses que contienen resúmenes de las sesiones del Consejo General. Esos ciudadanos, que primero buscaron discutir con nosotros con el pretexto de la Conferencia, nos atacan ahora porque cumplimos las resoluciones del Congreso de Basilea, resoluciones que tienen para nosotros fuerza de ley y que estamos obligados a ejecutar. No quieren la autoridad del Consejo General, ni siquiera si fuera voluntariamente consentida por todos. Realmente me gustaría saber cómo, sin esta autoridad (como ellos la llaman), se habría podido tratar como se merecían a los Tolain, los Durand y los Necháyev, y cómo, con esa hermosa frase sobre la autonomía de las secciones, esperan impedir la formación de secciones de mordecaicos y traidores. Además, ¿qué hicieron esos mismos hombres en el Congreso de Basilea? ¡Con Bakunin fueron los más ardientes defensores de esas resoluciones, propuestas no por el Consejo General, sino por los delegados de Bélgica!  

Si quiere hacerse una idea de lo que han hecho y pueden hacer por la Internacional, lea el informe oficial del Comité Federal al congreso de la Federación del Jura, en *Révolution sociale*, Ginebra, núm. 5, 23 de noviembre de 1871, y verá a qué estado de disolución e impotencia han reducido en un año una federación que antes estaba bien consolidada.  

Me parece que se abusa mucho del término autoridad. No conozco nada más autoritario que una revolución, y cuando se combate a los enemigos con bombas y balas de fusil, eso es un acto autoritario. Si en la Comuna de París hubiera existido un poco más de autoridad y centralización, habría triunfado sobre los burgueses. Después de la victoria podemos organizarnos como queramos, pero para la lucha me parece necesario reunir todas nuestras fuerzas en un solo haz y dirigirlas al mismo punto de ataque. Y cuando me dicen que eso no puede hacerse sin autoridad y centralización, y que son dos cosas condenables en absoluto, me parece que quienes hablan así o no saben lo que es una revolución o son revolucionarios sólo de nombre.²  

Escríbame, pues, sin demora sobre el asunto.  

Saludos y fraternidad.  

Suyo,  
F. Engels  

¹ la Conferencia de Londres de 1871. — *The Eastern Post*, núms. 168 y 169, 16 y 23 de diciembre de 1871, publicó informes de las sesiones del Consejo General de los días 12 y 19 de diciembre.  
² Nota marginal de Engels (en alemán): «Esto no es del todo exacto.»