Estimado ciudadano:

Muchas gracias por su carta.* En todas partes ocurre lo mismo. En todas partes son hombres que no trabajan quienes obstaculizan el avance de la Internacional e intrigan contra el Consejo General, precisamente porque éste representa el interés general y se interpone en el camino de sus mezquinas ambiciones personales.

Según el Reglamento General, tenemos derecho a pedir al Consejo Federal Belga un ejemplar de su reglamento impreso, así como información sobre la situación financiera de las secciones y el número de afiliados. Haremos tales peticiones de manera que no susciten sospechas.

En cuanto al corresponsal de París, ahora tengo su nombre.a

De acuerdo con el Reglamento General, II, Art. 5°: «El Consejo General tiene el derecho de admitir o rechazar la afiliación de toda nueva sociedad o grupo, quedando a salvo el recurso ante el Congreso. Sin embargo, donde existan Consejos o Comités federales, el Consejo General estará obligado a consultarlos antes de admitir o rechazar la afiliación de una nueva rama o sociedad, sin perjuicio, no obstante, de su derecho a decidir provisionalmente».

Por consiguiente, la nueva sección que se está formando ahora en Bruselas no tiene más que escribir al Consejo General (y puede usar mi dirección, ya que el secretario belga está ausente) y manifestar que desea constituirse como «sociedad independiente», en relación directa con el Consejo General. Debe explicar (sin omitir nada) las razones por las cuales quiere constituirse independientemente del Consejo Federal Belga. Acto seguido, el Consejo General habrá de consultar al Consejo Belga, aunque «sin perjuicio de su derecho a decidir».

La Federación de Sociedades Obreras de que usted me habla haría bien en constituir nominalmente varias secciones (pongamos 3 ó 4) y solicitar al Consejo General que las admita a todas al mismo tiempo. Su propio número facilitaría la actuación del Consejo General. Pues el hecho de que varias sociedades de Bruselas desearan constituirse independientemente del Consejo Federal Belga proporcionaría, por sí solo, un grave indicio en contra de este último. Una vez admitidas por el Consejo General, dichas sociedades tendrán derecho a enviar delegados al próximo Congreso, ya sea un delegado común, o uno por cada sociedad. El próximo Congreso se celebrará en La Haya,b el primer lunes de septiembre de 1872. Enviaré una comunicación oficial en ese sentido a la Internacional de Bruselas dentro de pocos días.

En cuanto al proyecto Hins (Hins y su mujer son corresponsales y agentes de Bakunin), ha tenido muy mala acogida en todos los países de los que hasta ahora hemos tenido noticias: Francia, Alemania, Inglaterra, etc.

En L’Égalité (órgano del Consejo Federal Romando), que le envío, encontrará usted resoluciones contra el proyecto Hins.

L’Emancipación (de Madrid), órgano del Consejo Federal Español, ha publicado dos artículos contra el proyecto Hins.a

El primer artículo aparece en el número del 8 de junio y se titula «El proyecto belga de Estatutos Generales». Dice, entre otras cosas:

«Si el proyecto tuviera la menor posibilidad de ser aceptado, ello bastaría por sí solo para desorganizar la Internacional... Los Congresos, que se reúnen sólo una vez al año, no pueden servir de verdadero vínculo que una a las distintas federaciones. El efecto inmediato de la supresión del Consejo General sería romper la unidad de la Asociación y la fuerza de que de ella se deriva... La coherencia exigiría, además, la supresión de los consejos federales y locales, etc. ... La supresión del Consejo General significaría la muerte de la Internacional.»

El Volksfreund («Amigo del Pueblo»), órgano de las secciones internacionales de Brunswick, ha vapuleado a fondo el proyecto Hins.c Entre otras cosas, dice que si los obreros de otros países imitaran a los de Bélgica, la Internacional se transformaría de sociedad organizada para la lucha en una masa incoherente de capillitas socialistas pietistas. En su número del 16 de junio vuelve a la carga.

Se refiere a la Conferencia de policía (compuesta por funcionarios prusianos, austríacos, húngaros, etc.) que se celebrará en Berlín en agosto y en la que se discutirán las medidas que han de tomar los gobiernos contra la Internacional. Una de las primeras medidas que esbozan estos señores es la de confinar el movimiento proletario dentro de las fronteras nacionales de cada país. El Volksfreund concluye su artículo diciendo: Así pues, son los gobiernos despóticos del continente los que, para destruir la Internacional, se proponen romper los lazos que vinculan los diversos movimientos proletarios nacionales con el centro de Londres.

«Mediten esto nuestros amigos los belgas: Si nos reducen al plano nacional, como proponen los agentes de Bismarck en Berlín, seremos exterminados en todos los países continentales, uno tras otro, por las fuerzas reaccionarias. Si, por el contrario, conservamos nuestro centro en Londres y seguimos siendo europeos, seremos invulnerables. Nuestro Consejo General y nuestro cuartel general en Londres no están al alcance de los golpes de la reacción: sólo sucumbiría en una situación: si los agentes gubernamentales lograran provocar rebeliones exitosas contra el centro común de la Asociación en las filas de los internacionalistas continentales.»

Cartas de las secciones francesas expresan su desprecio por el proyecto Hins y dicen, por ejemplo, que según ese hermoso proyecto, Francia, España, Alemania, Austria, Polonia, Hungría –en una palabra, todos los países en los que los gobiernos impiden que la Internacional forme federaciones oficiales– quedarán virtualmente excluidos de la Internacional: 1) porque se pretende privarlos de su derecho al voto en los Congresos, y 2) porque, en las actuales circunstancias, las distintas secciones de esos países perderían, sin el Consejo General, toda organización unitaria y todo vínculo recíproco.

Así, pues, como usted puede ver, el proyecto Hins resultará un fiasco. ¡Pero hay algo que no debe usted olvidar! Si el Consejo Federal envía diputados al Congreso de La Haya, insista en que se les den mandatos precisos, por escrito y firmados por todos los miembros del Consejo Federal. Ése es el único modo de impedir las supercherías a las que los amigos de la Alianza no vacilan nunca en rebajarse para favorecer sus pequeños planes particulares.

Ni qué decir tiene que no debe usted temer la menor indiscreción por mi parte.

Saludos fraternales,
Karl Marx

a Léon Adrien Massenet — véase K. Marx, Estatutos Generales y Reglamento Administrativo de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
b Véase F. Engels, «Anuncio del Consejo General sobre la convocatoria y el orden del día del Congreso de La Haya», L’Internationale, núm. 182, 7 de julio de 1872.
c B. Becker, «Der Kongreß der belgischen Internationale», Braunschweiger Volksfreund, núm. 129, 5 de junio de 1872. — «Die anti-sozialistische Konferenz in Berlin», Braunschweiger Volksfreund, núm. 139, 16 de junio de 1872. — Cursivas de Marx.