Querido Liebknecht:

Mi pésame por la confirmación [de tu condena]. Lo que sí es seguro: en ningún otro país son nuestros camaradas de partido objeto de una persecución como en el glorioso Imperio de Bismarck-Stieber, apenas exceptuando incluso a Austria. Sin embargo, si hay algo seguro, es que esta condena jamás se cumplirá hasta el final. En Francia y en España, la persecución contra la Internacional (salvo las represalias contra los communards) existe hasta ahora sólo sobre el papel, y en Italia rara vez supone más de tres meses, conmutándose el resto por una multa, que ciertamente a menudo equivale a 3 francos por día.

Marx había cogido él mismo el libro de Wuttke* y lo ha retenido a pesar de los reiterados requerimientos. Finalmente, yo mismo olvidé recordárselo una y otra vez. Ahora lo he recuperado de sus manos, lo he leído de un tirón en un día y luego lo he enviado a Borkheim con el ruego de que busque un editor. Te está jugando una mala pasada la memoria si crees que me escribiste antes pidiéndome que me ocupara del asunto. Sólo sé que me pediste mi opinión y que yo te escribí diciendo que sería sumamente difícil hallar aquí un editor que pagara, porque Wuttke es completamente desconocido aquí. De lo contrario, habría añadido que ni Marx ni yo tenemos aquí esa clase de contactos, pues de otro modo ya habríamos encontrado uno para El Capital.

Ahora sólo puedo añadir lo siguiente:

1. Debido a sus muchas expresiones técnicas, el libro es muy difícil de traducir, casi imposible para alguien que no esté en contacto diario con ingleses.

2. El libro tendría que adaptarse considerablemente para el consumo local. Habría que suprimir toda la paja de la introducción y el capítulo excesivamente largo sobre la literatura china, y el estilo arcano tendría que transformarse en un inglés llano.

Creo, pues, que Borkheim es el hombre adecuado para encontrar un editor, si es que esto resulta posible en absoluto. Un hombre de negocios que parece totalmente desvinculado de la literatura tiene a menudo las mejores probabilidades de éxito en estas cosas. Al fin y al cabo, fue Strohn quien nos puso en contacto con Meissner, de Hamburgo. En todo caso, no cuentes demasiado con que Borkheim lo consiga y no pierdas el tiempo traduciendo hasta que él dé con alguien.

6 de junio. Ayer me interrumpió Wróblewski y se quedó toda la velada, de modo que ahora puedo contestar también a tu carta del 4, que he recibido esta mañana. Lamento que tengas que entrar allí tan pronto, pero espero que no vayas a pasar dentro mucho tiempo.

Las pruebas del Manifiesto, junto con un breve prefacio*, se enviarán lo antes posible, mañana, espero.¹

Muchas gracias por las informaciones sobre individuos,² pero aún no hay respuesta a mi pregunta acerca de cómo se propone vuestro Partido poner en claro sus relaciones con el Consejo General, sin lo cual le será absolutamente imposible estar representado en el Congreso.

Tuyo,

F. E.

En el asunto de la herencia no se puede hacer nada si la gente se resiste a arriesgar dinero. Es menester que lo examinen abogados, y éstos no hacen nada por especulación. De todos modos, lo más que podrían esperar los herederos sería la satisfacción de saber que han sido estafados. No pueden contar con recuperar dinero alguno después de todos estos años: la probabilidad es de 100 contra 1.

* a H. Wuttke, Geschichte der Schrift und des Schrifttums...  
¹ Se refiere a la nueva edición alemana del Manifiesto Comunista.  
² Véase la carta de Liebknecht a Engels del 4 de junio de 1872.