[Londres,] 8 de marzo de 1872  
33 Rathbone Place, W.C.*%

Querido Sorge,

No he recibido hasta hoy los Estatutos alemanes* enviados por Liebknecht, y no podrán enviarse hasta el lunes. Por allá parece que se imaginan que el Consejo General lo saca todo de la chistera, siendo la verdad todo lo contrario: sin las contribuciones privadas de sus miembros y de sus amigos personales, no podría hacerse absolutamente nada. Observo los mismos comentarios en las cartas de Speyer, Bolte y usted, como los veo en la correspondencia de otros países. Cada país cree que podemos consagrarle todo nuestro tiempo exclusivamente. Si quisiéramos refunfuñar por cada menudencia, podríamos, por ejemplo, quejarnos de que sus INFORMES para nosotros aparezcan simultáneamente en el Volksstaat.

Habiéndome encargado por fin el Consejo General que informe sobre la escisión en América (el asunto había tenido que aplazarse de una sesión a otra a causa del caos reinante en el seno de la Internacional en Europa), he examinado detenidamente toda la correspondencia de Nueva York, junto con todo lo aparecido en los periódicos, y he descubierto que no fuimos en modo alguno informados debidamente a tiempo sobre los elementos que determinaron la ruptura. Una parte de las resoluciones que he propuesto ha sido ya aceptada, el resto se aprobará el próximo martes, y el fallo definitivo se enviará entonces a Nueva York.

Recibirá usted 1,000 ejemplares de los Estatutos alemanes. Hales enviará 500 en inglés. Yo mando 200 en francés, todos los cuales han sido encargados.

Eccarius dice que las cosas se enviaron a Gregory (su corresponsal privado) porque usted le había escrito que dimitía de su cargo, pero no había designado un nuevo corresponsal.

La queja de que los franceses tengan su «propio» corresponsal es del todo injusta, puesto que los alemanes también tenían uno propio y Eccarius, secretario para los Estados Unidos, puede despachar sin duda la correspondencia en alemán e inglés, pero no en francés. Por añadidura, la queja era políticamente poco aconsejable, ya que parecía justificar la opinión de los miembros franceses del Consejo de que la Sección I aspiraba a una autoridad dictatorial sobre las demás secciones. Llegó aquí al mismo tiempo que la queja del Comité contrario de que la Sección I estaba representada en el antiguo comité con un número mayor que el estipulado por los Reglamentos.

El coste de los Estatutos fue mayor para el Comité contrario porque hubo que pagar derechos de importación (al menos, eso es lo que ellos sostienen).

Espero que su comité quede satisfecho con la decisión del Consejo.

Tenemos en imprenta en Ginebra un folleto contra los disidentes*, que será casi tan voluminoso como el de la Guerra Civil. Entre tanto, los disidentes han recogido velas en su última circular, para quitar filo a la polémica.

Suyo,  
K. Marx

a K. Marx, Estatutos Generales y Reglamentos Administrativos de la Asociación Internacional de los Trabajadores. — » 11 de marzo.

a K. Marx, «Resoluciones sobre la escisión en la Federación de los Estados Unidos, aprobadas por el Consejo General de la A.I.T. en sus sesiones del 5 y 12 de marzo de 1872». — » 12 de marzo.