Londres, 16 de julio de 1871

Mi querido amigo:

Espero que haya recibido usted mi carta del 3 de julio,<footnote>b</footnote> que envié a Barletta. Recibí la suya del 28 de junio al día siguiente de enviar la mía, y me complació saber que ha recibido usted el Manifiesto,<footnote>c</footnote> que está siendo traducido al italiano en este momento y se publicará en esa lengua. En cuanto a la traducción rusa, inste usted a la señora por todos los medios posibles a que la termine, porque cuanto antes se haga y se publique, tanto mejor.<footnote>d</footnote> Además, las traducciones alemana, holandesa y española se están publicando en Madrid, la traducción francesa se publicará en Ginebra y quizás otra en Bruselas.<footnote>e</footnote> De modo que, pese a todas las persecuciones de los gobiernos continentales, es satisfactorio reconocer que nuestra Asociación dispone de mayores medios de publicación internacional que la prensa semioficial de cualquier gobierno europeo.

Cuando llegó su carta, la mía para Florencia no había sido enviada aún,<footnote>f</footnote> y considerando la situación, me pareció mejor no escribir directamente allí. Una carta con documentos impresos enviada de Londres a un zapatero de Florencia, cuyo nombre había aparecido en el Manifiesto sobre la Comuna,<footnote>g</footnote> despertaría sospechas de manera natural, mientras que la misma carta dirigida a un doctor en derecho de Nápoles<footnote>h</footnote> parecería de lo más normal. Por consiguiente, adjunto a la presente:
- Manifiesto Inaugural y Estatutos Provisionales de 1864
- Reglamento establecido por el Congreso<footnote>i</footnote>
- Resoluciones de los Congresos de 1866 y 1868
- Dos Manifiestos del Consejo General sobre la guerra
- Manifiesto sobre La guerra civil en Francia. 2ª edición
- Ídem sobre Mr. Washburne.<footnote>j</footnote> 3 ejemplares.

Tal vez tenga usted la bondad de enviar algunos de estos documentos, según sus posibilidades, a Florencia y guardar el resto para su propio uso. No sé exactamente qué documentos le entregó nuestro secretario<footnote>k</footnote> antes de que usted partiera. Si necesita más ejemplares de algunos o de todos ellos, tenga la bondad de comunicármelo y se los enviaremos en cuanto los tengamos. En todo caso, ahora dispone usted de material suficiente para transmitir cuanta información sobre el estado actual de nuestra Asociación le soliciten nuestros amigos de Florencia. Acaso sea buena idea que, por el momento, no mantenga correspondencia con ellos sino a través de usted, hasta que cesen las persecuciones actuales, porque no sería ventajoso comprometer a nadie más de lo necesario. Entretanto, y hasta que su sociedad se reconstituya, podrían formar de inmediato una sección de nuestra Asociación entre sus amigos más cercanos, de seis a una docena, y enviarnos una carta manifestando que se afilian y nombrando a su secretario, con quien entraré entonces en correspondencia. Esta sección podría fusionarse más adelante con la sociedad reconstituida. En cuanto llegue la carta, se transcribirá la lista de nombres y se enviará para su publicación.

Nos complace saber que usted y otros amigos no temen las persecuciones, sino que las acogen como el mejor medio de propaganda. Es ésta mi opinión, y parece que estamos destinados a tener en abundancia tales persecuciones. En España, muchas personas han sido encarceladas y otras se hallan ocultas. En Bélgica, el gobierno intenta con todas sus fuerzas dar rienda suelta a la ley, y aún más, contra nosotros. En Alemania, los secuaces de Bismarck empiezan a jugar este juego también, salvo que allí, más que en España, los entorpece la enérgica resistencia de nuestros hombres, que han sido mucho más afortunados. Sin duda, aún tendrán ustedes su parte en Italia, pero nos satisface que estas persecuciones sean afrontadas con un espíritu diferente del de Caporusso y sus amigos.<footnote>l</footnote>

Es verdaderamente notable que estos partidarios de Bakunin muestren tal cobardía en cuanto aparece el más mínimo signo de peligro. Los bakuninistas españoles, que hace poco nos escribieron para decirnos que su práctica de abstención de los asuntos políticos había sido un éxito enorme, tanto que ya no se temía a los socialistas, sino que se los consideraba gente completamente inocente (!!), no se han comportado nada bien ante las recientes persecuciones, y no somos capaces de encontrar uno solo de ellos, de ninguna nación, que en momento alguno se haya dejado exponer voluntariamente al peligro, ya sea en una barricada o en cualquier otro lugar. Será bueno para nosotros desembarazarnos de ellos por completo, y si pueden ustedes encontrar gente en Nápoles o en alguna otra ciudad que no esté vinculada a esta corriente de Ginebra, tanto mejor. Hagamos lo que hagamos, o cualquiera que sea el congreso que convoquemos, estos hombres formarán siempre, en la realidad si no en el nombre, una secta interna en nuestra sociedad, y los hombres de Nápoles, España, etc., darán más peso a las comunicaciones que reciban a través de su propio cuartel general que a cualquier otra cosa que pueda hacer nuestra Asociación. Así pues, si vuelven a nuestra Asociación, creemos que será sólo por poco tiempo, y una vez más surgirán las disputas que conducirán a su exclusión. Hemos tenido pruebas del hecho de que todavía pretenden formar su propia Internacional dentro de la Gran Internacional, y pueden tener la certeza de que ni el Consejo General ni el Congreso tolerarán violación alguna de nuestros Estatutos.

Lo que dice usted sobre el estado de la población en el sur de Italia no nos sorprende. Incluso aquí en Inglaterra, donde el movimiento de las clases trabajadoras es casi tan viejo como este siglo, se encuentra uno con apatía e ignorancia en abundancia. El movimiento sindical se ha convertido más en un obstáculo para el movimiento general que en un instrumento de su progreso, y fuera de los sindicatos existe aquí, en Londres, una enorme masa de trabajadores que durante varios años se han mantenido bastante apartados del movimiento político y son, en consecuencia, muy ignorantes. Pero, por otra parte, también están exentos de muchos de los prejuicios tradicionales de los sindicalistas y otras viejas sectas, y constituyen así un material excelente sobre el cual trabajar. Están a punto de ser movilizados por nuestra Asociación, y hemos reconocido que son inteligentes.

Comprendo perfectamente su posición en Nápoles. Es la misma posición en la que nos encontrábamos algunos de nosotros hace 25 años en Alemania, cuando fundamos por primera vez el movimiento social. En aquella época contábamos entre los proletarios únicamente con los pocos hombres de Suiza, Francia e Inglaterra que habían absorbido las ideas socialistas y comunistas; teníamos muy pocos medios para trabajar sobre las masas y, como ustedes, tuvimos que buscar partidarios entre los maestros de escuela, periodistas y estudiantes. Afortunadamente, en ese período del movimiento, tales hombres, que no pertenecían exactamente a la clase obrera, eran fáciles de encontrar. Más tarde, cuando el pueblo trabajador como masa está al mando del movimiento, se vuelven ciertamente más escasos.

Con la libertad otorgada por 1848, con la prensa y con el registro de reuniones y asociaciones, esta primera fase del movimiento se acortó naturalmente mucho, y sin duda en un año o dos podrán ustedes darnos un informe diferente sobre la situación en Nápoles.

Le agradecemos también su resolución de contarnos los hechos tal como son realmente. Nuestra Asociación es lo bastante fuerte como para mostrarse dispuesta a conocer la verdad real, incluso cuando parece desfavorable, y nada puede debilitarla más que los informes exagerados sin fundamento real. Proceda usted de este modo y nunca recibirá de mí ningún informe que pueda, en lo más mínimo, hacerle ver las cosas de manera distinta de como son.

Adjunto el informe de la reunión del Consejo del 4 de julio<footnote>m</footnote> con todos los hechos relativos al Mayor Wolff.<footnote>n</footnote> Puesto que el hombre es bien conocido en Italia, será bueno publicarlos allí.

Permítame añadir que tenemos una regla para todos los periódicos publicados por nuestra organización: deben enviarse regularmente dos ejemplares al Consejo aquí, uno para el archivo donde se conservan todos, otro para el secretario del país donde se publican. ¿Tendría usted la molestia de ocuparse de esto tan pronto como exista un órgano italiano de la Asociación? En el caso de las traducciones italianas, también debe enviarse aquí cierto número de ejemplares.

Ahora tenemos aquí refugiados italianos que lucharon en París por la Comuna y están siendo ayudados por nuestro fondo de refugiados.

Saludos fraternales.

F. Engels