[Londres,] 21 de noviembre de 1865

Mi querido Miller,

Desde la conferencia celebrada en este lugar, he vuelto a caer muy enfermo. Luego tuve que abandonar Londres por asuntos familiares. De ahí mi prolongado silencio. En cuanto a tu informe, no pude presentarlo ante la conferencia, porque estaba yo mismo demasiado personalmente involucrado en él. En cuanto a tu discurso en Berlín, hubo en él algunas equivocaciones muy desagradables que sólo podían proceder de ti, porque aludían a hechos sólo conocidos por ti, pero medio olvidados y erróneamente reproducidos por ti. Pero esto es cosa del pasado.

He recibido la carta de Berlín, y la contestaré. En este momento no tengo ni el tiempo ni los medios para ir a Berlín. Aunque pudiera, sabes muy bien que toda y cualquier clase de agitación estaría fuera de discusión. El gobierno prusiano no ha declarado en vano que la amnistía, por lo que a mí respecta, aún me excluía de Prusia, y sólo me daba permiso para viajar como extranjero por el mundo bismarckiano.

Te enviaré uno de estos días algunos números del Workman's Advocate. Puedes escribir en él sobre cualquier tema que desees, social o político. Hasta ahora es un periódico de buena voluntad, pero todavía muy mediocre. Por supuesto, yo mismo no he tenido ni tengo aún tiempo para contribuir en él, aunque soy uno de sus Directores. (Debido a mis continuas recaídas en una maldita mala salud, me vi obligado a interrumpir la conclusión de mi libro y ahora debo dedicarle todo mi tiempo, parte del cual, con todo eso, es absorbido por la Asociación Internacional.) Engels ha prometido colaborar, pero aún no lo ha hecho. Y lo mismo ocurre con otras personas.

La Conferencia ha resuelto que se celebre un Congreso público a finales de mayo, en Ginebra. Se ha aprobado un programa de cuestiones que se debatirán allí. Pero no puede asistir nadie que no pertenezca a una sociedad vinculada con nosotros y que no sea enviado como delegado de dicha sociedad. Ahora te exhorto muy seriamente (haré lo mismo en Maguncia a través de Stumpf, y escribiré a los berlineses al respecto) a que ingreses en la Asociación con algunos hombres, pocos o muchos, no importa. Te enviaré tarjetas que ya he pagado, para que puedas repartirlas. ¡Pero ahora, a trabajar! Cada sociedad (cualquiera que sea su número) puede incorporarse pagando 5 chelines en bloque. Las tarjetas, en cambio, que cuestan 1 chelín cada una, dan derecho a la condición de miembro individual, lo cual es importante para todos los trabajadores que van a países extranjeros. Pero considerad esta cuestión del dinero como algo muy secundario. Lo principal es conseguir miembros, individuales o sociedades, en Alemania. En el congreso, Solingen fue el único lugar representado (habían dado el poder de delegación a nuestro viejo amigo Becker, con respecto al cual te equivocas mucho si lo consideras un instrumento de Megara Hatzfeldt).

El programa (de las cuestiones que se presentarán ante el Congreso) te lo enviaré en mi próxima carta. Todos los periódicos liberales y republicanos de París han armado gran alboroto acerca de nuestra Asociación. ¡Henri Martin, el conocido historiador, publicó un artículo de fondo sumamente entusiasta sobre ella en el Siècle! No he oído nada de Quenstedt.

Una cosa que te sorprenderá bastante es ésta: Poco antes de la llegada de la carta de los trabajadores desde Berlín, recibí de ese mismo lugar —«centro y foco de las luces», por supuesto— una carta de parte de —Lothar Bucher, invitándome a convertirme en el redactor de los artículos financieros de Londres para el Preussische Staatsanzeiger, y dándome a entender que todo aquel que quiera obrar en el Estado mientras viva, «debe agruparse en torno al gobierno». Le he respondido con unas pocas líneas que no es probable que muestre. Por supuesto, no debes publicar este asunto en los periódicos, pero puedes comunicarlo, bajo sello de discreción, a tus amigos.

La tienda londinense de Freiligrath —a saber, la sucursal londinense del Banco de Suiza— será cerrada, para no volver a abrirse, antes de 1866.

Da mis mejores recuerdos a la señora y a Alice.

Tuyo sinceramente
A. Williams