Maiden Tower  

¡Querida señorita Liliput!  

Debe usted excusar el carácter «tardío» de mi respuesta. Pertenezco a esa clase de personas que siempre miran dos veces las cosas antes de decidirse en uno u otro sentido. Así pues, me quedé más bien desconcertado al recibir una invitación de parte de una picaruela, del todo desconocida para mí. No obstante, habiéndome asegurado de su respetabilidad y del tono elevado de sus relaciones con los comerciantes, me sentiré dichoso de aprovechar esta oportunidad bastante extraña de probar sus viandas y bebidas. Pero, por favor, no descuide las segundas, como las solteronas suelen tener la mala costumbre de hacer. Estando algo aquejado de un ataque de reumatismo, espero que mantenga su salón libre de cualquier corriente de aire. En cuanto a la ventilación necesaria, yo mismo me encargaré de ella. Como soy algo sordo del oído derecho, tenga la bondad de colocar a mi derecha a un sujeto aburrido, de los cuales, me atrevo a decir, no escaseará entre sus invitados. Para la izquierda, espero que reserve a su beldad femenina; me refiero a la más hermosa de entre sus convidados.  

Soy algo aficionado a mascar tabaco, así que tenga el género preparado. Habiendo adquirido, de mi antiguo trato con los yanquis, la costumbre de escupir, espero que no falten las escupideras. Siendo bastante desenvuelto en mis modales, y asqueado de esta atmósfera inglesa calurosa y cargada, debe prepararse a verme con un atuendo bastante adonístico. Espero que sus invitadas estén más o menos en la misma línea.  
Adieu, mi querida pequeña desconocida picaruela.  

Suyo para siempre  
Doctor Crankey  

¡Nada de vinos ingleses, espero!