Mi estimado señor:

Usted me excusará por no haber acusado recibo antes de la carta que tuvo la amabilidad de dirigirme desde Bruselas. Le agradezco esa carta, aunque me abstendré de utilizarla de cualquier modo. Si considerase oportuno presentar al público algunos documentos oficiales relativos a mi vida pasada, el episodio de Bruselas —en lo que concierne a mis relaciones con los radicales belgas— quedaría mejor caracterizado por dos cartas suyas (del 25 de febrero de 1848 y del 19 de mayo de 1848) que ahora he encontrado entre mis papeles.

Puesto que usted pertenece a la escuela americana de republicanos (cuyas opiniones solo acepto en lo tocante a ciertas cuestiones políticas), tal vez le interese saber que, desde hace unos tres años, soy uno de los principales redactores del New-York Tribune, el primer periódico angloamericano. He aprovechado esta conexión para dar al Sr. Spilthoorn, a su paso por Londres, cartas de recomendación para los Estados Unidos. Si en alguna ocasión desea usted publicar algo —relativo a los asuntos de su país— en el Tribune, puede contar con mi disposición a servirle.

Los ataques desvergonzados (por motivo de los cuales he emprendido dos acciones por difamación, una en Berlín, otra en Londres) que se han hecho recientemente contra mí, proceden todos del campo bonapartista. El señor Luis Bonaparte, por medio del Sr. Mocquard, su secretario íntimo, ha agradecido públicamente al New-York Times por haberse esforzado al máximo (y ese su «máximo» fue de una índole muy mezquina) para contrarrestar mis críticas (desde 1852) en el New-York Tribune contra el «Pequeño Imperio».

Tengo el honor de ser su humilde servidor,
K. Marx
Estoy aquí en Manchester solo por unos días. Mi dirección es: 9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill, Londres.

Si usted lee libros alemanes, me daré el placer de enviarle un ejemplar de la primera parte de mi «Kritik der Politischen Oeconomie», que está ahora en vías de publicación en Berlín.