9 Grafton Terrace, Maitland Park,
Haverstock Hill

Querido Lassalle:

Nutt me ha enviado por fin a Heráclito. Tan pronto como lo haya leído por completo, le comunicaré mi opinión. Pero tendrá que esperar algún tiempo, pues ahora mismo dispongo de muy poco tiempo libre. En cuanto a los estoicos, no estudié personalmente su relación con Heráclito en lo tocante a la filosofía de la naturaleza, a causa de la gravedad de novicio con que abordan esta disciplina. De Epicuro, en cambio, puede demostrarse en détail que, aunque se apoya en la filosofía natural de Demócrito, da constantemente la vuelta al argumento. Apenas puede reprocharse a Cicerón y Plutarco no haberlo comprendido, dado que se les ha escapado incluso a hombres de la talla de Bayle, por no hablar ya del mismísimo Hegel. Ni tampoco, dicho sea de paso, cabía esperar que Hegel, el primero que abarcó toda la historia de la filosofía, no cometiera errores de detalle.

Por los periódicos habrá visto usted que Palmerston ha caído. Quienes mejor conocen al viejo bribón se inclinan a sospechar que sus últimas METEDURAS DE PATA fueron deliberadas, a fin de retirarse pro tempore. Afirman que le dernier but de toute sa vie fue maquinar una guerra entre Inglaterra y Francia, y que ahora cree haberlo logrado; que al principio otras manos se encargarán de ejecutar su plan y que, cuando el embrollo esté ya bastante enredado y haya avanzado lo suficiente, LA NACIÓN SE VERÁ OBLIGADA A RECURRIR DE NUEVO A ÉL. Esta última opinión tal vez sea demasiado rebuscada, pero de que Pam no dimitió en modo alguno contra su voluntad, me parece incuestionable.

Ahora, en cuanto a su primo, hay algo que estoy dispuesto a hacer, pero supongo que la Presse no estaría dispuesta. A lo único que podría comprometerme sería a un artículo semanal sobre comercio, finanzas, etc., referido a uno de los tres países, Inglaterra, Francia o los Estados Unidos de América, según cuál ofrezca mayor interés. Es asimismo la forma más viable de atacar a Bonaparte. También es una forma que me permitiría no tener nada que ver en absoluto con la línea política de la Presse. Paréceme que ahora mismo reina una gran ignorancia, sobre todo en lo tocante a las finanzas francesas y a las condiciones económicas de Francia en general. La cuestión es si el tema tendrá suficiente interés para la Presse, o MEJOR, para sus lectores. Ellos, desde luego, son los mejores jueces en este punto. Por un artículo semanal de este género pediría 1 libra esterlina. Además, necesitaría algunos ejemplares de la Presse de antemano, para ver si mis principios me permitirían en absoluto trabajar para ese periódico. COMO FUERE, dé usted las gracias a su primo de mi parte por haberse acordado de mí en este asunto.

Ahora permítame contarle cómo marcha mi economía política. De hecho, llevo meses trabajando en las fases finales. Pero la cosa avanza muy despacio, porque en cuanto uno se dispone a dar por concluidos temas a los que ha dedicado años de estudio, empiezan a revelar aspectos nuevos y exigen que se los piense más a fondo. A lo cual hay que añadir que no soy dueño de mi tiempo, sino más bien su esclavo. Sólo las noches me quedan para mi propio trabajo, y éste se ve a menudo interrumpido por ataques biliosos o recaídas en los trastornos hepáticos. Consideradas todas las cosas, lo más conveniente para mí sería publicar la obra completa por entregas, sin fechas fijas rigurosas. Ello podría tener también la ventaja de facilitar la búsqueda de un editor, pues se inmovilizaría menos capital de trabajo en la empresa. Usted, por supuesto, me haría un favor si tratara de encontrar en Berlín a alguien que estuviese dispuesto a emprenderla. Por «entregas» entiendo fascículos similares a aquellos en que apareció la Aesthetik de Vischer.

La obra que ahora me ocupa es una crítica de las categorías económicas o, SI SE QUIERE, una exposición crítica del sistema de la economía burguesa. Es a la vez una exposición y, por lo mismo, una crítica del sistema. Tengo muy poca idea de cuántos pliegos ocupará el conjunto. Si tuviera los medios, el tiempo y la tranquilidad necesarios para rematar enteramente la obra antes de presentarla al público, la condensaría muchísimo, método por el que siempre he tenido predilección. Pero impresa así, en entregas sucesivas —quizá más comprensible para los lectores, pero ciertamente perjudicial para la forma—, resultará sin duda más difusa. Nota bene: Tan pronto como sepa usted con certeza si la cosa puede hacerse en Berlín, tenga la bondad de escribirme, pues si allí no hay nada que hacer, intentaré en Hamburgo. Otro punto: el editor que tome la obra ha de pagarme; esta condición podría hacer que la cosa fracasase en Berlín.

La exposición —me refiero a la manera— es enteramente científica, y por tanto no ofrece reparos a la policía en el sentido ordinario. El conjunto se divide en seis libros: 1. Del capital (contiene algunos capítulos introductorios). 2. De la propiedad territorial. 3. Del trabajo asalariado. 4. Del Estado. 5. Comercio internacional. 6. Mercado mundial. No puedo evitar, ciertamente, toda consideración crítica sobre otros economistas, en particular una polémica contra Ricardo, en la medida en que incluso él, en cuanto burgués, no puede por menos de cometer desaciertos aun desde un punto de vista estrictamente económico. Pero, en general, la crítica y la historia de la economía política y del socialismo formarían el tema de otra obra y, por último, el breve esbozo histórico del desarrollo de las categorías y relaciones económicas, el de una tercera. Ahora que al fin estoy dispuesto a ponerme a trabajar tras 15 años de estudio, tengo la desagradable sensación de que movimientos turbulentos desde fuera vendrán probablemente a perturbarlo todo. No importa. Si termino demasiado tarde y encuentro que el mundo ya no presta atención a estos temas, la culpa será claramente mía.

Me han divertido mucho sus observaciones sobre Rudolf Schramm. Triste es decir que un Schramm más valioso, Conrad, hermano del anterior y uno de mis mejores amigos, murió de tisis en Jersey hace unas cuatro semanas. La muerte en estos últimos años de Weerth, Schramm y el Dr. Daniels ha sido un golpe para sus amigos, entre los cuales yo tuve la dicha de contarme.

Se avecinan tiempos turbulentos. Si yo hubiera de consultar únicamente mis inclinaciones personales, desearía unos cuantos años más de calma superficial. Al menos, no podría haber mejor momento para empresas eruditas y, al fin y al cabo, lo acontecido en los últimos diez años habrá acrecentado el desprecio de cualquier SER RACIONAL hacia las masas lo mismo que hacia los individuos, hasta el punto de que ‘odi profanum vulgus et arceo’ casi se ha convertido en una máxima insoslayable. Pero todo esto no son sino cavilaciones filisteas que la primera tormenta barrerá.

Suyo
K. M.

La conexión entre los últimos acontecimientos en Francia y la crisis comercial acaso sea evidente sólo para unos pocos. Se hace EVIDENTE, sin embargo, si consideramos 1. EL VERDADERO ESTADO ECONÓMICO PRODUCIDO EN FRANCIA POR LA ÚLTIMA CRISIS; 2. se pregunta uno y responde consciencieusement por qué el intento de asesinato produjo los efectos que produjo, efectos que APARENTEMENTE NO GUARDABAN PROPORCIÓN ALGUNA NI SIQUIERA RELACIÓN NECESARIA CON LA SUPUESTA CAUSA.