EN ST. HELIER, JERSEY

Londres, 8 de diciembre [1857]
9 Grafton Terrace, Maitland Park,
Hampstead

Querido Schramm:

Escríbeme pronto y cuéntame cómo te sienta Jersey. No vi a Engels cuando pasó por Londres de regreso, porque me dio la hora equivocada para nuestra cita en la estación de ferrocarril. ¿Contestó ese asno de Reventlow? No es que yo crea que todo el asunto tenga la menor importancia, pues en cualquier caso esos americanos son incapaces de pagar ahora mismo; pregunto sólo por el comportamiento de ese gran héroe. ¿Y qué hay del señor Faucher? ¿Ha pagado ya?

Ese loco berlinés se vuelve de un día para otro más estúpido. Testigo las Noticias del Extranjero del Morning Star, nombre que guarda cierta analogía con lo de lucus a non lucendo. De hecho, toda la prensa inglesa empeora cada día, incluso sin ayuda alemana. Aparte de los efectos sísmicos de la crisis general, que a todo conocedor tienen que deleitar, es realmente un alivio no verse ya forzado a escuchar todos los días las autoalabanzas inglesas sobre la «valentía» de «sus ingleses» en la India. Le crispaba a uno realmente los nervios ese comercio desmedido con el valor ajeno por parte del paterfamilias inglés y del periodista a tanto la línea que vive tranquilamente en su casa y es —singularmente reacio a cuanto le amenace con la más remota posibilidad de alcanzar la gloria militar.

Fuera del círculo familiar, aquí estoy ahora muy aislado. Rara vez veo a mis pocos conocidos y, en conjunto, tampoco es gran pérdida. La vida que llevas en Jersey difícilmente podrá ser mucho más tranquila. Temo que con el tiempo te canses de tu estancia, ¿o has trabado amistades o algo por el estilo? Cierto es que Harney es, hasta ahora, un tipo bastante sociable, pero el toujours perdrix, naturalmente, termina por hastiar. Espero volver a verte en primavera, siempre que no te mudes más al sur. En cualquier caso, deja caer unas líneas.

Salut.
Tuyo,
K. M.