Le escribo de nuevo personalmente para mostrarle que no le guardo el menor rencor, para lo cual, en verdad, no habría motivo alguno. En su carta de fecha 19 de julio, dice usted: «No podía resultar satisfactorio, etc.». Ahora bien, en lo que concierne a mi propia satisfacción, le ruego que la deje usted completamente al margen. En cuanto a la «satisfacción» del señor Ironside, le citaré las palabras exactas de su «nota». Tras haberle dicho a usted que ya el primer artículo lo había «sobredosificado», prosigue como sigue:

«Ellos» (los artículos del Dr. Marx) «están sepultando el periódico. Esto no puede ser. Hay que ponerles fin de inmediato. No debe usted administrar más de dos dosis más —ésta semana y la próxima—. Haría bien en escribirle de inmediato en ese sentido.»

Me niego terminantemente a hacerme culpable de homicidio administrando otra «dosis» al señor Isaac Ironside y «sepultándolo» entre las páginas de su propio periódico.

Suyo, etc.
Dr. K. M.