Recibí tu carta junto con las £5. 10/- entregadas a Dronke.

La época en que teníamos que ser cautelosos al escribirnos abiertamente a nuestros respectivos domicilios ya ha pasado. El sábado (30 de octubre) los abogados recibieron el grueso de los documentos; el domingo, la segunda carta de Fráncfort; y ayer, mi última carta, con la DECLARACIÓN ante el magistrado.^a Hoy he enviado por correo certificado, directamente a Schneider II, la declaración que aparece en el Morning Advertiser de hoy, no tanto porque todavía hubiera necesidad de hacerlo, como para mostrar al gobierno prusiano que poseemos los medios para exigir la integridad de su correo o, en su defecto, para desenmascararlo ante el público londinense.

Los abogados recibieron todo lo necesario en tiempo oportuno, es decir, antes de que la acusación cerrara su exposición. Por el momento, soy de la opinión de que, a menos que algún incidente prolongue el proceso y haga necesaria una nueva intervención por nuestra parte, no debe enviarse nada más a Colonia.

Va adjunta una carta de Imandt a Cluss, que contiene más detalles sobre la estafa^c de Kinkel y Willich. Hasta hoy no he tenido tiempo de leer la carta y sólo la he hecho copiar para ti por Pieper. Salió para Washington el viernes pasado.^d

Fleury, un comerciante de la City, dice que puede dar fe de que él y otros hombres de negocios han sido invitados por Kinkel y Willich a comprar pagarés del empréstito.

En este momento, ese caballero de industria, Willich, vive a costa del ruso Herzen.

Por lo que Freiligrath me contó ayer, parece que, antes de su partida para Manchester, Kinkel se ha estado arrastrando con renovado celo ante una multitud de concejales de la City, comerciantes, etc., en su papel de recaudador de fondos, retórico y predicador.

En cuanto al pedazo de papel que falsamente se me atribuye, lo único que aún necesito es la dirección de Moses Hess, que vive en Lieja. Pues voy a escribirle y decirle: «Dime a quién le entregaste el Catecismo y quién lo hizo circular por Alemania. De lo contrario, te denunciaré como falsificador en el Indépendance.» Moses se verá obligado a soltar la sopa; si resulta que en esta ocasión no fue la policía, sino Kinkel-Willich, quien imitó mi letra, los llevaré ante los tribunales de aquí por imitación de escritura ajena.

No olvides enviarme lo último para Dana.* El Parlamento se reúne el jueves. El artículo está ya algo desfasado. Pero después del viernes carecerá por completo de valor.

Muchos recuerdos a Weerth y Strohn.

Tuyo,
K. M.

El comerciante Fleury testifica además que, casi cada semana, Willich les saca libras a él y a sus amigos ingleses con el pretexto de que las necesita para los refugiados. Ahora bien, puede probarse que Willich-Kinkel rechazan con rudeza a todos los refugiados, diciéndoles que no tienen un céntimo que dedicar a esos fines. Willich les dice que a él mismo no le alcanza para el pan de cada día; Kinkel señala con emoción a sus hijos y, a lo sumo, regala algún chaleco desechado por el difunto Julius, por el ausente Schurz o por su augusta persona.