Te devuelvo aquí la carta de Cluss. En relación con esto se me ha ocurrido que ahora que el señor Dana está en contacto con B. Bauer y Simón de Tréveris y, al mismo tiempo, te reduce el espacio a causa de las elecciones presidenciales, ciertamente no estaría de más darle al señor Dana una probada de la medicina yanqui. Cluss y algunos otros deberían escribir al señor Dana desde diversos lugares preguntando por qué esos artículos incomparables aparecen tan raramente y de forma tan irregular, y expresando la esperanza de que la culpa no sea del consejo de redacción, del que, más bien, cabría esperar que corrigiera esta situación y encontrara posible publicar artículos de K. M. más a menudo, etc., etc. Weydemeyer podría organizar esto muy fácilmente; la única razón que necesitamos darle es que Dana quiere restringir tu espacio y, por tanto, se requiere una demostración de este tipo si hemos de seguir teniendo acceso a este órgano. A Barnum, Barnum et demi.* Si estás de acuerdo, puedo proponérselo a Weydemeyer en el próximo vapor.

La circular enviada por la convención a las secciones es exquisita. Que me cuelguen si las secciones de San Petersburgo, Varsovia, Berlín, Roma, etc., se hallan a más de 4 millas de Charing Cross. Esa actitud carbonaria, engreída, ajetreada, a lo orden del día, revela una vez más cuán equivocados están esos señores respecto de sus fuerzas ostensiblemente organizadas. Proponer un golpe justamente ahora es una bêtise^b y una mala pasada. Pero, en verdad, «algo tiene que ocurrir, algo tiene que hacerse». Sería deseable que todos los presuntos cabecillas del asunto fueran capturados y fusilados; pero, por supuesto, los grandes hombres se cuidarán de que ello no suceda, y el heroico Willich seguirá tranquilamente en Londres mientras haya todavía dinero en la caja, crédito en Scharttner y abrigos y botas gratis ad libitum en la «sastrería» y la «zapatería». ¡Eso es lo que el señor Willich entiende por suministros para el ejército!

En cuanto al asunto de los esbozos de caracteres,^c hasta ahora va bien. La cosa puede estar lista en el plazo de un mes. Pero procúrate a alguien de fiar que haga una copia en limpio, de modo que salga en una letra completamente desconocida. Cuando subas, trae los Americana, la colección completa de la N. Rh. Z. y los documentos manuscritos necesarios. Mi viejo llega mañana y no es probable que pueda quedarse aquí más de 8-10 días.

Por fin he recibido de Alemania mis materiales sobre ciencia militar. Hasta ahora sólo he podido leer muy poco. Por lo pronto, diría que el señor Gustav von Hoffstetter, de amplia fama, no es exactamente un Napoleón, sino más bien un comandante de batallón muy fiable en un encuentro de poca monta. Pero aún no he terminado de leer su cosa.^d No desagradable, en cambio, es un folleto sobre nuevas fortificaciones en general de Kintzel, capitán prusiano de ingenieros;^e mejor historia y más materialista que todo cuanto he leído hasta ahora in militaribus^f.

Ahora, en cuanto al señor Willisen, quede dicho aquí que la victoria de Idstedt^∞ no la obtuvieron los daneses sobre los schleswig-holsteinianos, sino más bien las tácticas habituales del sentido común sobre la especulación hegeliana. El libro de Willisen^g debería llamarse en realidad la filosofía de las grandes guerras. Esto de por sí ya indicaría que contiene más filosofía que ciencia militar, que las cosas más evidentes se construyen a priori con la más profunda y exhaustiva minuciosidad y que, emparedados entre ellas, se encuentran los más metódicos discursos sobre la simplicidad y la multiplicidad y demás opuestos por el estilo. ¿Qué puede decirse de una ciencia militar que empieza con el concepto de arte en général, pasa luego a demostrar que el arte de la cocina también es un arte, se explaya sobre la relación del arte con la ciencia y, por último, subsume todas las reglas, relaciones, potencialidades, etc., etc., del arte de la guerra bajo el único axioma absoluto: el más fuerte vence siempre al más débil? De cuando en cuando hay algunos buenos aperçus^h y algunas reducciones útiles a principios básicos; malo sería que no los hubiera. En cuanto a su aplicación práctica, todavía no he llegado a ella, pero no dice mucho en favor de Willisen que cada una de las mayores victorias de Napoleón se lograra desafiando las reglas elementales de Willisen, resultado que cualquier hegeliano ortodoxo puede, por supuesto, explicar fácilmente sin hacer la menor violencia a tales reglas.

Veo que acaban de salir las memorias de Görgey^i, pero como cuestan 6 táleros, dudo que pueda comprarlas ahora mismo. Con ellas, los materiales sobre el aspecto militar de la guerra húngara pueden darse por completos, por el momento. En cualquier caso, haré algo sobre la guerra húngara, y posiblemente sobre todas las guerras de 1848/49.^j Tan pronto como tenga clara la historia militar más antigua, buscaré un editor al que pueda trasladar la mayor parte del gasto en las fuentes.

Habrás recibido las 30 libras que te envié el sábado pasado.

Tuyo

F. E.

* A Barnum, Barnum et demi (Contra un Barnum uno y medio) está modelada sobre una expresión como «a Corsaire Corsaire et demi», cuya idea es aproximadamente «vencer a alguien en su propio juego».

^b pieza de estupidez.

^c K. Marx y F. Engels, Los grandes hombres del exilio.

^d Gustav von Hoffstetter, Tagebuch aus Italien, 1849.

^e H. Kintzel, Die taktischen Elemente der neuen Fortificationen.

^f en el ámbito militar.

^g Wilhelm von Willisen, Theorie des großen Krieges.

^h agudezas, observaciones penetrantes.

^i Arthur Görgey, Mein Leben und Wirken in Ungarn in den Jahren 1848 und 1849.

^j y posiblemente sobre todas las guerras de 1848/49.