Me parece típico de la guerra que, a pesar de las órdenes equivocadas o inadecuadas de su jefe, cada división y cada pequeño grupo de hombres en todo momento se dirige con firmeza inquebrantable hacia sus objetivos, explotando ESPONTÁNEAMENTE cada incidente, de modo que al final surge una suerte de coherencia. Un sentido yanqui de independencia y competencia individual mayor, tal vez, que el de los anglosajones.

Los españoles ya están degenerados. Pero un español degenerado, un mexicano, es un ideal. Todos los vicios españoles, la bravuconería, la fanfarronería y el donquijotismo, elevados a la tercera potencia, pero poco o nada de la firmeza que poseen los españoles. La guerra de guerrillas mexicana, una caricatura de la española, e incluso el «sálvese quien pueda» de los ejércitos regulares infinitamente superado. Pero, eso sí, los españoles no han producido ningún talento comparable al de Santa Anna.

Vale,
Tuyo

K. M.

¿Has visto las fulminaciones contra Heine de Jacobus Venedey —Kobes I— de Colonia— en el folletín del sábado de la Kölnische Zeitung? Es un placer que no deberías negarte a ti mismo. ¡¡¡Y el ascenso de Kossuth a general!!!