[Londres,] 28 de septiembre* de 1853
28 Dean Street, Soho

Querido Engels:

Adjunto una carta de Weydemeyer, varias de Cluss, una declaración del señor Willich,<ref>Véase este volumen, pp. 372-73 y 377-78. – En cuanto a – pequeñas tribulaciones – El original dice «August».</ref> una carta de Mazzini a la señora Mott (abolicionista) en América.

He dividido tu artículo en dos y lo he reescrito como dos artículos* que he enviado a Nueva York, actuando mi mujer como secretaria.

A Pieper le han cauterizado la garganta en el Hospital Alemán. A los pies de su cama cuelga una tablilla con el ominoso mensaje: Wilhelm Pieper syphilis secundaris. Está sometido a una disciplina rigurosa, que le resulta saludable.

W. Wolff ha escrito a su confidente, Rings. Va a probar suerte en Mánchester hasta finales de octubre. Si para entonces no ha encontrado nada, seguirá adelante. Por el momento, dice, vive en el número tal, Great Ducie Street,<ref>en casa de Engels</ref> «a expensas de otro». No te nombra en absoluto, lo que te dará una idea de lo obstinado y mezquino que puede ser el muy canalla. Después de cómo refunfuñó sobre ti, le da, por supuesto, vergüenza admitir que tiene alguna obligación contigo. En cuanto a nosotros,<ref>En cuanto a nosotros</ref> no sé qué pueda haberle contado a Rings en su carta, ya que éste no dice nada al respecto.

Me gustaría aclarar el asunto con el señor Dronke,<ref>Véase este volumen, p. 364.</ref> pues ahora me he enterado de que vendió el Ricardo de Pieper, así como una historia alemana de la economía política que pertenecía al trabajador Lochner, etc., etc. Huelga decir que esto ha reforzado mis fuertes sospechas sobre él.

Antes de irse, el señor Wolff le hizo a Imandt un relato —muy embrollado y teñido de indignación filistea— de su insolente arremetida contra mí.<ref>Ibíd., pp. 364-65.</ref> Lo que me fastidia es la excesiva consideración que siempre he mostrado al viejo fanfarrón, en lugar de enseñarle los dientes.

¡Les choses marchent merveilleusement!<ref>¡Las cosas marchan de maravilla!</ref> ¡Todo el infierno se desatará en Francia cuando estalle la burbuja financiera!

En el Reform aparece un artículo melancólico y estilizado de Jacobi sobre el fin del mundo.<ref>A. Jacobi, «Ueber den Untergang der Erde», Die Reform, núms. 44-48, 31 de agosto, 3, 7, 10 y 14 de septiembre de 1853.</ref>

No dejes que estas líneas caigan en malas manos.

Tuyo
K. M.

Apropos. Ayer recibí unas líneas de Blind. Ahora tendrá que resignarse a abandonar su altivez democrática en la cuestión del cuchillo y el tenedor.<ref>Pérdida del juicio de Blind y embargo de la fortuna de su mujer.</ref> Ha perdido el pleito y toda la fortuna de su mujer* ha sido embargada temporalmente. Así que se acabaron los subsidios. Lo siento por él, a pesar de la actitud absurda que creyó conveniente adoptar.

¿Has seguido la historia sobre Bakunin en The Morning Advertiser?<ref>La historia de Bakunin en The Morning Advertiser</ref> Urquhart escribió un artículo a este respecto<ref>El artículo de Urquhart en The Morning Advertiser</ref> en el que sugiere que Bakunin es sospechoso 1. porque es ruso y 2. porque es «un revolucionario»; prosigue afirmando que entre los rusos no hay revolucionarios honestos y que sus pretendidos escritos democráticos (un golpe a Herzen y a ese pillete<ref>pillete</ref> Golovin) no prueban absolutamente nada; y, por último, dice a los revolucionarios continentales que, si toman a rusos en su confianza, no son menos traidores que sus gobiernos. Los rusos, al parecer, enviaron entonces a la refriega a un inglés (Richards), que le guarda rencor a Urquhart, por haberlo éste, en razón de su antigüedad, apartado del tema «The Times y Turquía» en The Morning Advertiser. Richards sostiene<ref>La réplica de Richards</ref> que declarar a Bakunin un espía es tan absurdo como acusar a Palmerston de estar sobornado por Rusia; invoca el testimonio tanto de Ruge como el mío,<ref>Testimonio de Ruge y Marx</ref> elogia las «idées révolutionnaires»<ref>ideas revolucionarias</ref> de Herzen, etc. Ayer fue el turno de A. B., otro secuaz de Urquhart, quien declaró<ref>La respuesta de A. B.</ref> que conocía todos los escritos de «la jeune Russie»,<ref>la joven Rusia</ref> y que éstos probaban la razón de las opiniones de Urquhart, el paneslavismo, etc.

En todo caso, ¡les intrigants russes!<ref>los intrigantes rusos</ref> se darán cuenta de que aquí no es tan fácil como en la pauvre<ref>pobre</ref> democracia francesa darse aires, ganar influencia y comportarse como si fueran una especie de aristocracia dentro de la emigración revolucionaria. Aquí eso supone duros golpes. ¿Qué servicio les han prestado esos asnos a Bakunin, sino el de haberlo hecho acusar seriamente en público, mientras ellos mismos recibían una bofetada?