[Londres, mediados de noviembre de 1853]

En cuanto a la Reform, ya veré qué se puede hacer en Alemania y en París. Pieper está ahora en los negocios y pasa desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la noche en la City. De modo que, con su trabajo como corresponsal del Union, le queda poco tiempo. Algo hará. Si llega a haber dinero, sugeriría que se le dé algo a Eccarius primero, para que no tenga que pasarse el día entero cosiendo. Conforme a un acuerdo hecho conmigo, ahora enviará artículos con regularidad. Haced lo posible por que reciba algo, si es que ello es factible. En cuanto a sus artículos en francés, Jones ya no los imprime, ni me ha devuelto el manuscrito, el cual, por tanto, no está disponible en este momento, por encontrarse Jones fuera en una gira de agitación. No obstante, le he escrito al respecto. También he preguntado a Heise. La diversidad es deseable y, codeándose con nosotros, creo que Heise mejorará. He pedido a Lupus y a Dronke por medio de Engels. Probablemente poco saldrá de ello. En el caso de Lupus, la edad y la soltería se aúnan para inducirle a cometer tonterías durante este triste interregno.

Aún no he visto el petardo mojado de Willich. Las noticias de la guerra absorben casi toda mi atención y no queda tiempo para pensar en el gran Willich. A pesar del telégrafo eléctrico, las noticias llegan con retraso, muy confusas y fragmentarias, y además han pasado todas por manos de la policía de Viena, es decir, han sido censuradas. Las noticias de Constantinopla llegan, por supuesto, con mucho retraso. Los héroes de la democracia se preparan para marchar. Un mal presagio para los turcos.

En cuanto a Willich, preferiría con mucho que se me eximiera de hacer declaraciones personales y que mi contribución se limitase a producir, para el folletón de la Reform, un cuadro de género psicológico —o más bien, fenomenológico— de la «forma de conciencia» de este filisteo raído.

El pasado martes, al mismo tiempo que tu carta, recibí una de Klein que, debo decir, estaba escrita con sumo deleite, ingenio y reflexión. Me dice que él también hará una declaración contra Willich, ya que puede probar que el hombre fue un farsante todo el tiempo que estuvo en Londres. Klein está obsesionado con la idea de que vosotros lo tratáis muy de haut en bas. Intentaré allanar esta diferencia.

En cuanto al Tribune, la manera más ingeniosa de manejar el asunto habría sido hacer creer a la gente que «reconocían mi estilo». Me he vuelto muy íntimo con Urquhart a raíz del artículo sobre Palmerston. Para ayudarme, me ha enviado varios libros… con los que, sin embargo, ya estaba familiarizado…