[Londres, comienzos de octubre de 1853]

Blind se ha percatado de repente de que la cuestión del cuchillo y el tenedor es tan importante como una visión sudalemana de la «cuestión turca». Como sabes, este caballero se había vuelto muy grande, muy homme d’État, muy émigré superior. Sabrás también que un artículo de Pieper burlándose de Rusia —un garabato frívolo muy adecuado para la Neu-England-Zeitung, de esos que sólo puede pergeñar sobre la marcha un vagabundo sin hogar— movió a Blind a soltar en la Neu-England-Zeitung nada menos que 3 artículos en 2 meses, en los que más o menos fraternizaba (el verdadero amor nunca se marchita) con Heinzen, etc. De ahí que sus relaciones con nosotros estuvieran tirantes. Cuando digo «nosotros» exceptúo al señor Lupus, que se sentía naturalmente atraído por Blind debido a sus simpatías por el Morning Advertiser y que, desde hace algún tiempo, muestra una curiosa tendencia a gruñir contra sus llamados amigos de partido y a simpatizar con filisteos políticos. Pues bien, hace unos días el señor Blind reaparece trayendo a mi mujer una carta para Cluss, es decir, para Wolff, quien le había escrito una afectuosa carta de despedida en la que le invitaba a mantener correspondencia y le dejaba la dirección de Cluss. Ni que decir tiene que mi mujer le informó de que Inglaterra, por el momento, seguía albergando al gran turcófilo. Pero ésa no era, por supuesto, la razón por la que nuestro ex-amigo de proporciones falstaffianas había venido. El tribunal de Baden ha secuestrado la totalidad de la fortuna de los hijos de su primer matrimonio (el segundo lo contrajo en el 13.º arrondissement) hasta que sean entregados a los judíos en Alemania para que reciban una educación judía. De este modo, el señor Blind se ha visto reducido a un tercio de sus ingresos o de los de su mujer y ahora considera que la «cuestión del cuchillo y el tenedor» merece atención incluso antes de que se haya decidido la guerra turca y de que se tome Petersburgo por asalto. En estas circunstancias tan cambiadas, y necesitando la asistencia del abogado Jones (Ernest), ha vuelto a recordarme que existo, lo que, por supuesto, me halaga condenadamente…