Londres, 18 de octubre de 1853
28 Dean Street, Soho

Querido Cluss:

Realmente te tomaste [...] demasiada molestia al copiar lo del asunto chino.* En cuanto a esos gastos, ciertamente no habría tenido la desvergüenza de pedirte el artículo.⁰ Dana copió mi texto casi palabra por palabra, aguando esto y aquello y, con raro tacto, suprimiendo todo lo de naturaleza audaz. No importa. ES ASUNTO SUYO, NO MÍO. En uno de mis artículos sobre la Indiaᵇ enmendó también el pasaje donde hablo del cólera como «LA VENGANZA DEL INDIO CONTRA EL MUNDO OCCIDENTAL», convirtiéndolo en «los ESTRAGOS DE LA INDIA», lo cual es un disparate. De paso,ᶜ Freiligrath me pidió esa «venganza» para un poema sobre el cólera en el que todavía trabaja.

Además, en otro de mis artículos sobre la India,ᵈ que trata de los príncipes de allí, transformó «EL ESQUELETO DE LA ETIQUETA» en «LA RECLUSIÓN (¡LAMENTABLE!) DE LA ETIQUETA». ¡No importa! Con tal de que pague.

Mi mujer también me ha comprometido al poner Rinaldo en lugar de Ruggiero y Alcide en lugar de Alcine* en el primer artículo sobre Palmerston. Son las «petites misères»ᶠ de un écrivainᵍ cuya propia letra resulta ilegible.ᵸ Pero es una píldora amarga para un hombre que conoce su Ariosto de la A a la Z en el original. ¡Divino Ariosto!

Hay un gran salto de Ariosto a Klein, o más bien una larga caída, y además un *casus obliquus*ⁱ. Papá Klein me escribió —ni una palabra, por supuesto, sobre sus disgustos y peleas— pidiendo recomendaciones para ti y para Weydemeyer. En mi respuesta (¡Pieper no le ha escrito ni una sola línea en lo que a ti respecta!ʲ), no insinué, por supuesto, de ninguna manera que Weydemeyer me fuera hostil.² ¿Cómo podría nadie suponerme capaz de semejante estupidez y bajeza? El señor Klein habría tenido que deducir de mi inofensiva observación de que Cluss es «el representante más talentoso y enérgico de nuestro partido en América»³ que yo negaba todo talento y energía a Weydemeyer. Pero tan sofisticado malabarismo de palabras está fuera del alcance del intelecto de Klein. De ahí que toda su observación no sea más que un disparate inventado para dar salida a su fastidio. A PESAR DE TODO ESTO, TIENES RAZÓN, SEÑOR, AL HABER ESCRITO AL SEÑOR SNUG.⁴

Klein ejerce realmente cierta influencia sobre los obreros de Solingen, los mejores de la provincia del Rin. Yo, *pour ma part*, jamás he expresado, ni borracho ni sobrio, la opinión de que los obreros solo sirvan para carne de cañón, aunque los patanes, entre los cuales el pequeño Klein⁵ evidentemente empieza a contarse, apenas sirven, en mi opinión, incluso para eso. Convendría tratar al pequeño Klein con tu acostumbrada discreción, como un instrumento que quizá (?), EN TIEMPO DE ACCIÓN, pueda sernos de utilidad.

He remitido la carta a Pieper. Con el *Gradaus* no hay nada que hacer, pues no paga, y Pieper está demasiado mal de dinero para escribir gratis.

En cuanto a la *Reform*, veré qué puedo conseguir que hagan los demás. El único de quien cabe esperar un apoyo real es Engels. Red Wolff⁶ se ha casado y es un minorista de palabras domésticas para Prutz, Gutzkow y Cotta, que ahora no nos vale ni un penique. Lupus ya no escribe; es tan obstinado que no se le puede hacer olvidar el desgraciado asunto de la *Revolution* de Weydemeyer.⁷ Dronke, actualmente empleado en Bradford, ocioso como una *grisette*. Weerth, viajando por América del Sur y del Norte por negocios desde hace casi un año. Engels tiene realmente demasiado trabajo, pero, como es una verdadera enciclopedia ambulante, es capaz, borracho o sobrio, de trabajar a cualquier hora del día o de la noche, escribe rápido y es endiabladamente agudo de comprensión, de modo que al menos de él se puede esperar algo a este respecto.

Me divirtió enormemente la proeza heroica de Heinzen. Si vosotros volvéis a darle una buena reprimenda a ese tipo, concentraos en su crasa ignorancia y en los esfuerzos que hace el desdichado por apropiarse de las consignas de sus adversarios cuando ya están manidas y no sirven para nada. ¡Deleitoso, las aspiraciones de dignidad del sujeto, y luego sus andrajos! ¡Se lo tiene bien merecido!

Renta. En la *Miseria de la filosofía*⁸ cito un ejemplo de cómo en Inglaterra, tierras que, en cierta etapa de la ciencia, se consideraban estériles, en una etapa más avanzada se consideran fértiles. Puedo aducir como hecho general que, durante toda la Edad Media, especialmente en Alemania, se cultivaba con preferencia el suelo de arcilla pesada, por ser naturalmente más fértil. En los últimos cuatro o cinco decenios, sin embargo, a raíz de la introducción de la patata, la cría de ovinos y el consiguiente abonado, etc., el suelo arenoso ligero ha pasado a ocupar el primer lugar, sobre todo porque no supone GASTOS DE DRENAJE, etc., mientras que sus deficiencias pueden subsanarse fácilmente con fertilizantes químicos. De aquí se desprende, pues, cuán relativa es la «fertilidad», incluso la fertilidad «natural», y al mismo tiempo cuán desinformado está el señor Carey, incluso desde el punto de vista histórico, cuando expone la opinión de que la tierra más estéril es siempre la primera en ser cultivada.⁹ ¿Qué lo lleva a tal conclusión? El hecho de que los pantanos tropicales son endemoniadamente fértiles, pero solo pueden ser roturados por la civilización. Ahora bien, un pantano tropical no produce tanto hierbas como maleza. La civilización se origina claramente en aquellas regiones donde el trigo crece silvestre, como fue el caso en parte de Asia Menor, etc. Tales tierras son justamente calificadas de naturalmente fértiles por los historiadores —y no tierras que rinden vegetación venenosa y requieren un cultivo más arduo para volverse fértiles para los seres humanos. La fertilidad no es, a fin de cuentas, algo absoluto, sino simplemente una relación de la tierra con las necesidades humanas.

La ley de Ricardo solo es válida dentro de la sociedad burguesa. De ahí que la ley se aplique en su forma más pura allí donde la relación del burgués con la tierra es puramente la de un burgués, y toda relación campesina —o feudal— o patriarcal ha sido desechada, por tanto, sobre todo en la minería de metales preciosos y en las colonias donde se cultivan productos comerciales, por ejemplo, azúcar, café, etc. Más sobre esto en otra ocasión. En ambos casos, el burgués considera y practica la explotación de la tierra *de prime abord*¹⁰ como un asunto puramente comercial.

Aunque no temo a esos canallas de rusos por lo que respecta a Europa, van a ponernos a los alemanes en una situación apurada. Entre los kalmucos y los *crapauds*¹¹ estamos en un brete.

Adjunto un ejemplar de *The People’s Paper*.

*Vale faveque*,

Tu
K. M.

* K. Marx, «Revolution in China and in Europe».
⁰ Marx se refiere al artículo que había pedido a Cluss.
ᵇ K. Marx, «The War Question.— Doings of Parliament.—India» (véase la presente edición, vol. 12, pág. 216).
ᶜ De paso.
ᵈ K. Marx, «The Russo-Turkish Difficulty—Ducking and Dodging of the British Cabinet.—Nesselrode’s Last Note——The East India Question» (véase la presente edición, vol. 12, pág. 200).
* Rinaldo Rinaldino: personaje principal de la novela de August Vulpius; Ruggiero y Alcina: personajes del *Orlando furioso* de Ariosto.
ᶠ pequeñas miserias.
ᵍ escritor.
ᵸ sublime.
ⁱ caída oblicua. Juego de palabras: el vocablo alemán *Fall* significa tanto «caída» como «caso».
ʲ en lo que a ti respecta.
² Véase el presente volumen, pág. 365.
³ Cf. Marx a Joseph Weydemeyer, 19 de diciembre de 1851, presente edición, vol. 38, pág. 519.
⁴ Klein, llamado irónicamente Snug por un personaje de *El sueño de una noche de verano* de Shakespeare.
⁵ Juego de palabras entre *klein* («pequeño») y Klein (apellido).
⁶ Ferdinand Wolff.
⁷ *Revolution*, semanario obrero editado por J. Weydemeyer en Nueva York.
⁸ K. Marx, *Miseria de la filosofía. Respuesta a la «Filosofía de la miseria» de M. Proudhon*.
⁹ H. Ch. Carey, *The Past, the Present, and the Future*, Filadelfia, 1848, págs. 48-49.
¹⁰ ante todo.
¹¹ *crapauds* — sapos: apodo despectivo aplicado a los franceses.