Hoy he recibido el último número de la Reform, con tu artículo desde Quebec, y la apología que hace Kellner del mismo Poesche, cuyos insípidos chistes de pretendido gracioso sobre los «chiflados» defensores de la «lucha de clases» aparecieron en la Neu-England-Zeitung del 3 de septiembre, que me llegó al mismo tiempo. Empezaste a enviarme ejemplares extra de la Reform justo cuando yo volvía a recibirlos con regularidad; en cambio, la Tribune no me llega con regularidad, y es importante que así sea. Por ejemplo, no he recibido el artículo en el que me refiero al intercambio de notas diplomáticas sobre Dinamarca, ni aquel en el que caracterizo las relaciones de propiedad territorial.

Creo que ya es hora de que reanudes la polémica y abras unos cuantos agujeros en los vacuos argumentos de Goepp y Poesche, descubridores de la concepción materialista, aunque su materialismo es el del hombre de la calle. Nuestros adversarios se están volviendo altaneros, cosa que no habría podido ocurrir, al menos en los tiempos de la Neue Rheinische Zeitung. Ese pedante de Schlager, que más o menos puso pies en polvorosa en la revolución del 48 y pregonó su genio por América, sigue enviándome regularmente su N.-E.-Z., sin duda para demostrar ad oculos qué excelentes muchachos son. ¿Ha existido alguna vez un periodicucho en el que la estupidez y la vanidad se hayan emparejado tan bien con la presunción?

Kellner es demasiado calmoso; no parece capaz de comprender que la polémica es indispensable para todo periódico que ha de luchar. Encima tiene la desgraciada propensión de elogiar siempre a sus enemigos dos días antes de que éstos le obsequien con patadas. Así Heinzen y Poesche; este último, sea dicho de paso, aprovechó su lamentable artículo sobre la circulación del dinero para transmitir el tipo de información que uno saca de las enciclopedias…

En todo caso, veo que las cosas han empezado a moverse antes de lo que yo hubiera deseado (creo que la depresión comercial empezará en la primavera, como en 1847). Siempre había esperado que, antes de que eso sucediera, podría ingeniármelas para retirarme unos meses a la soledad y trabajar en mi Economía. Parece que no va a ser. El perpetuo trabajo a destajo para los periódicos me resulta fatigoso. Consume tiempo, distrae y, a fin de cuentas, sirve de muy poco. Por muy independiente que uno se crea, está atado al periódico y a sus lectores, sobre todo cuando, como me ocurre a mí, le pagan al contado. El trabajo puramente científico es cosa completamente distinta, y ciertamente no es envidiable el honor de figurar junto a un A.P.C., una corresponsal dama y un arzobispo.

Carl Wilh. Klein (de Solingen, un obrero) me ha pedido que te ponga en contacto con él. Su dirección es——Es un muchacho capaz. Fundó una Asociación de Trabajadores y, por lo que me dice en su carta, el Gradaus ha caído bajo su influencia. Pieper le escribe desde aquí y, si puedes encontrar el tiempo, has de apoyarlo desde Washington.

Papá Blind sigue con mucho fervor sus… artículos en la N.-E.-Z. y se felicita a sí mismo, y a su editor, y viceversa, por las inauditas proezas que no pueden menos de inspirar respeto al Brüggemann de la Kölnische Zeitung.

Hoy, solo unas líneas. Acontecimientos no los ha habido, si se exceptúa el inicio del cólera morbo en Londres.

Tuyo
K. M.