Durante los dos últimos días de nuestra estancia en París nos presentamos varias veces en su casa. Pero siempre hallamos sus oficinas tan atestadas de gente, que nuestro tiempo, de por sí demasiado limitado, nos impidió esperar nuestro turno. Lamentamos, por tanto, tener que irnos sin haber celebrado una última entrevista con usted.

El señor Ewerbeck, que le entregará esta carta, se encargará de comunicarnos la dirección que debemos utilizar al escribirle.

No dudamos ni por un solo instante que dentro de poco podremos darle noticias favorables acerca del progreso del movimiento comunista en Alemania.

Entretanto, acepte usted nuestros respetuosos saludos.

Muy sinceramente suyos,
K. Marx, F. Engels