Querido Marx,

Una vez más has de excusarme.

1. Todavía no he podido ponerme a trabajar en lo de Proudhon, pues los últimos 4 días me ha estado torturando el más atroz dolor de muelas, que me ha dejado completamente incapaz de hacer nada. Para colmo, mi hermano (a quien conoces) llega esta noche desde Londres y me mantendrá apartado del trabajo sabe Dios cuánto tiempo. ¡Que le diable emporte l’exposition!

2. No puedo enviar las £5 que prometí para hoy hasta mañana, pues no hay absolutamente nada de dinero en la caja de la firma, así que no podré conseguirlo hasta mañana.

El triunfal artículo en la Lithographische Correspondenz sobre la unidad finalmente alcanzada por los honestos émigrés queda desmentido por otro lamento y los ataques de los “prusianos” a los “sur-alemanes” y a Ruge el “pomeranio” en el mismo número de la Lithographische Correspondenz. Sic transit gloria — su alegría fue efímera. Es bueno que, teniendo tantos amigos en ambas nuevas sociedades, no seamos molestados por ninguna.

¿Has leído el edificante artículo en el Daily News de hoy sobre esa genuina ramera y presunta baronesa Beck, que exhaló su último suspiro en Birmingham, en medio de sus estafas, mientras estaba en manos de la policía inglesa? Un asunto encantador, tanto más cuanto que reveló que aquel importuno mendicante, el “Dr.” Heinemann, era también un espía a sueldo directo del “recién creado departamento de extranjería de la policía británica”. Recordarás cuán sospechosa nos ha parecido siempre esa vil criatura. Además, la entrega de documentos “concernientes a una asociación comunista alemana existente en Londres” explica las argucias de la policía el verano pasado, y me gustaría saber en qué medida está implicado en este asunto el señor Christian Joseph Esser. ¿Conoces al “Barón Soden” que da fe de estas historias y se ofrece a presentar pruebas? Sería bueno que pudiéramos hacer investigar a este hombre en secreto. No habría dificultad para encontrar un pretexto y saldría mucho a la luz sobre los elementos canallescos entre los émigrés, lo cual podría sernos útil más adelante. Conseguiré este número del Daily News y lo guardaré; es un documento que quizá sea de utilidad alguna vez.

En Liverpool y Londres ya han comenzado las quiebras y The Economist, pese a las pruebas que aduce de que el comercio del país está excepcionalmente sano, es decir, que la mayor parte del capital excedente está invertido en producción sólidamente fundada, tiene que admitir que la India Oriental está de nuevo sobreabastecida y que la vieja historia de las mercancías en consignación y los adelantos en efectivo vuelve a ser la regla más que la excepción en el comercio indio. La semana próxima se propone decirnos cómo llevar el negocio de consignación sobre bases sólidas — cosa que aguardo con gran expectación. Entre tanto, los hilanderos y tejedores de aquí están ganando enormes cantidades de dinero — la mayoría está reservada hasta Año Nuevo, y en el campo trabajan por lo general hasta por lo menos las 8 de la tarde, es decir, entre 12 y 12 ½ horas, y a menudo más. Hilan hilaza a 7-8 peniques la libra con algodón a 3 ¼ a 4 ½ peniques la libra; el costo de hilar estos números gruesos apenas alcanza 1 ½-2 peniques por libra; por lo tanto, con una producción semanal de 12 millones de libras (con 600 millones de libras de importaciones de algodón en rama) y tomando los números gruesos como norma, los hilanderos ingleses en conjunto están ganando £75.000 por semana, 3 ¾ millones de libras al año netas. Lo mismo vale si, en lugar de los números 6-12, tomamos un número de hilado promedio de 18-24 y muchos de los que pueden usar algodón inferior en buenas máquinas ganan, no 1 ½ peniques por libra de hilaza, sino 2 ½. Todo esto se remonta a la caída de los precios del algodón en abril y mayo, y quienes proporcionalmente compran más torzal que nadie son los alemanes. Cuando empiecen los problemas — y el estado actual del comercio ciertamente no persistirá más allá de marzo a más tardar — y si al mismo tiempo empieza la diversión en Francia, los alemanes lo sentirán vivamente, con toda esa hilaza invendible en sus manos, y también por este lado, el país estará bien preparado.

Dediquemos una lágrima silenciosa a la sombra de Bruggemann. Jamás, quizás, un digno ciudadano encontró una desgracia más inmerecida — sit illi terra levis.

Tuyo

F. E.