Recibirás el giro postal mañana o pasado. Hoy nuestro tenedor de libros está otra vez sin efectivo.

¿Desde cuándo utilizas en tus cartas el bonito sello que te adjunto, o ha ocurrido algún percance?

*Il paraît donc* que toda la *Neue Rheinische Zeitung* se reunirá en Londres este verano, salvo, tal vez, Freiligrath y los honorables Burgers. Me alegra saber que Lupus viene sin falta; dicho sea de paso, sé con certeza que aquí las autoridades son mucho menos estrictas que antes y, por consiguiente, todo ese alboroto sobre la prohibición de enviar refugiados aquí no es más que pura patraña.

La firma del mandrágora en el mensaje de Ginebra es ciertamente extraña: *une bévue inconcevable*, una prueba más de que hay que VIGILAR ATENTAMENTE A ESTOS JÓVENES y llevarlos con la rienda corta. Sólo puede ser una *bévue*; las cartas del muchachito pecaban de excesivo celo, y tal vez creyera que lo que hacía era un golpe genial. Hay que interrogarle con rigor, reprenderle y decirle: *surtout pas de zèle!*

Dentro de poco te hablaré de un tratado económico que escribió Wellington en 1811 sobre el librecambio y el monopolio en el comercio colonial. Es cosa curiosa y, como se refiere a las colonias españolas y no a las inglesas, puede hacerse el librecambista, aunque de entrada despotrica contra los comerciantes como el soldado y aristócrata empedernido que es. Jamás se le ocurrió que más tarde habría de contribuir a aplicar esos mismos principios en las colonias inglesas. Pero ahí está la ironía. A cambio de su inmerecida victoria sobre Napoleón, el viejo irlandés tuvo que ceder luego ante Cobden y, *en économie politique*, pasar bajo las horcas caudinas del LIBRECAMBIO. ¡La historia universal da ocasión, en verdad, a muchísimas reflexiones placenteras!

La disolución del Gobierno Provisional Democrático para Alemania en Londres me llena de pesar. No se les volverá a presentar fácilmente a estos borricos una ocasión tan propicia para ponerse en ridículo ante el público. En cambio, el gran Franz Raveaux ha reanudado en la *Kölnische Zeitung* su polémica de camarilla con el Sr. Paul Franck y otros mentecatos. Ya está otra vez maduro para que lo elijan miembro de algún manicomio nacional y declarar allí: «¡Señores, éste es un día muy grande para la ciudad de Colonia!» El zoquete está ahora en Bruselas. Nuestro amigo Engels, el comandante, ha ascendido a general y primer comandante, y los filisteos le ofrecieron un banquete en el que «nuestro Stupp» brindó por su salud. Ya ves, todavía se puede llegar a alguna parte, aun llamándose Engels. Y, al dar las gracias, ese gordo cerdo viejo, antiguo teniente a las órdenes de Napoleón, expresó su satisfacción por el espíritu específicamente prusiano tanto de la celebración como de la ciudad de Colonia.

Por cierto, estoy moralmente convencido de que Willich y Cía. traman un ambicioso plan para revolucionar Inglaterra durante la Exposición, aunque es igualmente seguro que no moverán un dedo. No será ni la primera ni la última vez.

El segundo sello en mis cartas es para el envío tardío. El sello me permite despachar la carta en el mismo tren, una hora y media después de que cierre la oficina de correos ordinaria. En todo caso, paga la firma.

Tuyo
F. E.