Barmen, 22 de febrero-7 de marzo de 1845

Querido Marx:

Después de mucho escribir aquí y allá, al fin he conseguido tu dirección en Colonia y de inmediato me siento a escribirte. En cuanto supe de tu expulsión, me pareció necesario abrir una lista de suscripción, para que los gastos extraordinarios que ello te ha ocasionado se repartieran, al modo comunista, entre todos nosotros. La cosa ha progresado bien y hace tres semanas envié a Jung algo más de cincuenta táleros; también me dirigí a los de Düsseldorf, que han reunido la misma suma, y en Westfalia asimismo he instigado por medio de Hess la agitación necesaria a ese fin. Entretanto, la lista de suscripción aquí aún no se ha cerrado. Köttgen, el pintor, ha estado remoloneando, y por eso aún no poseo todo el dinero con que podemos contar. No obstante, espero que en pocos días haya entrado todo, y entonces te enviaré una letra sobre Bruselas. Ya que, por lo demás, ignoro si esto bastará para que puedas establecer tu casa en Bruselas, huelga decir que tendré el mayor placer en poner a tu disposición los honorarios de mi primer trabajo inglés,* parte de los cuales al menos espero que me sean pagados pronto, y de los que por ahora puedo prescindir, pues mi viejo está obligado a mantenerme a flote. Al menos los canallas no tendrán la satisfacción de ver que su infamia te causa apuros pecuniarios. Que te hayas visto obligado a pagar el alquiler por adelantado es el colmo de la torpeza. Pero temo que al final también te veas molestado en Bélgica, de modo que no te quede más alternativa que Inglaterra.

Pero ni una palabra más del vil asunto. Cuando ésta llegue, Kriege ya estará contigo. El muchacho es un agitador de primera. Te contará mucho sobre Feuerbach. Al día siguiente de irse de aquí recibí una carta de Feuerbach —le habíamos escrito, después de todo, al individuo. Feuerbach sostiene que, hasta que no haya demolido a fondo la pamplina religiosa, no puede ocuparse del comunismo hasta el extremo de apoyarlo en letra impresa, y también que en Baviera está demasiado aislado de la corriente principal de la vida como para poder hacerlo. Dice, sin embargo, que es comunista y que su único problema es cómo practicar el comunismo. Cabe la posibilidad de que visite Renania este verano, en cuyo caso ha de venir a Bruselas, y nosotros ya le mostraremos cómo.

Aquí, en Elberfeld, se cuecen cosas asombrosas. Ayer celebramos nuestra tercera reunión comunista en la mayor sala de la ciudad y en la fonda principal. La primera reunión contó con cuarenta personas, la segunda con ciento treinta y la tercera con al menos doscientas. Todo Elberfeld y Barmen estuvo representado, desde la aristocracia financiera hasta la épicerie, quedando excluido tan sólo el proletariado. Hess pronunció una conferencia. Se leyeron poesías de Müller y Püttmann y fragmentos de Shelley, así como un artículo del Bürgerbuch sobre las colonias comunistas existentes. La discusión subsiguiente duró hasta la una. El tema ejerce una formidable atracción. Todo lo que se habla es de comunismo y cada día nos trae nuevos partidarios. El comunismo wuppertaliano es une vérité, en verdad, casi ya una fuerza. No tienes idea de lo favorable que es el terreno aquí. La gente más estúpida, indolente y filistea, hasta ahora sin interés por nada en el mundo, empieza casi a delirar por el comunismo. No sé cuánto tiempo se seguirá tolerando esto, pero la policía, en todo caso, está completamente desconcertada, sin saber ella misma a qué atenerse, y justo en un momento en que el principal cerdo, el presidente de distrito, está en Berlín. Pero si llegaran a imponer una prohibición, encontraremos la manera de sortearla, y si no podemos, al menos habremos removido tanto las cosas que toda publicación que represente nuestro interés será devorada aquí. Como me marcharé por Pascua, es bueno que Hess se establezca aquí y al mismo tiempo publique una revista mensual en casa de Bädeker en Elberfeld; creo que Kriege tiene un prospecto de ella. En cualquier caso, como ya te habré dicho, iré a Bonn. Mi proyectado viaje a París ha quedado descartado, por no haber ya motivo para ir allí, pero de todas formas iré a Bruselas en su lugar, tanto más cuanto que mi madre y dos hermanas visitarán Ostende en verano. También he de hacer otra visita a Bielefeld y a los comunistas de allí y, si Feuerbach no viene, iré yo a verle a él, y luego, si tengo tiempo y dinero, visitaré Inglaterra otra vez. Como ves, tengo mucho por delante. Bergenroth me dijo que él también iría probablemente a Bruselas en unas semanas más o menos. Junto con algunos de Düsseldorf asistió a nuestra segunda reunión, en la que habló. Por cierto, ponerse frente a personas reales, vivas, y hablarles directa y llanamente, de modo que te vean y te oigan, es algo muy distinto de esta endiabladamente abstracta labor de rasguear la pluma con un auditorio abstracto «ante el ojo de la mente».

He de pedirte una vez más, en nombre de Hess —y lo hago también en el mío—, que envíes a Püttmann algo para su publicación trimestral. Es esencial que aparezcamos todos en el primer número, para que la cosa adquiera carácter. En todo caso, sin nosotros no llegará siquiera a materializarse.

25 de febrero

Ayer por la noche nos llegó la noticia de que nuestra próxima reunión iba a ser disuelta por los gendarmes y los oradores detenidos.

26 de febrero

Ayer por la mañana, el burgomaestre principal prohibió a la señora Obermeyer que permitiera tales reuniones en su local, y yo recibí un soplo en el sentido de que, si la reunión se celebraba a pesar de todo, seguirían detención y proceso. Por supuesto, hemos desistido, y sólo nos queda esperar a ver si se nos procesa, aunque esto parece difícil, pues fuimos lo bastante avisados para no dar pretexto, y todo el sucio asunto sólo podría conducir a que el gobierno hiciera un ridículo espantoso. En cualquier caso, los fiscales y todo el tribunal de distrito estaban presentes, y el fiscal jefe mismo intervino en la discusión.

7 de marzo

Desde que escribí lo anterior, he pasado una semana en Bonn y Colonia. En Colonia se permite ahora a la gente celebrar su reunión en relación con la Asociación. En lo que respecta a los asuntos de aquí, ha llegado un rescripto del gobierno de Düsseldorf por el que se prohíben ulteriores reuniones. Hess y Köttgen han protestado. De nada servirá, por supuesto, pero esta gente verá por el tono de la protesta que no pueden vencernos. Hess vuelve a estar extraordinariamente optimista porque, en todos los demás aspectos, todo marcha viento en popa y hemos hecho progresos realmente enormes. El buen mozo siempre anda lleno de sueños.

Nuestro Gesellschaftsspiegel será espléndido; ya se ha censurado el primer pliego y todo ha pasado. Una masa de colaboraciones. Hess vive en Barmen, en la Stadt London. No parece probable que Bergenroth venga a Bruselas en lo inmediato, aunque otro vendrá, cuyo nombre no mencionaré, pues esta carta probablemente será abierta. Si de algún modo puede arreglarse, yo también iré a verte de nuevo en abril. Por el momento, mi principal problema es el dinero, ya que la reunión provocó algunas rencillas familiares, después de lo cual mi viejo decidió mantenerme sólo en lo tocante a mis studia, pero no en objetivos comunistas de índole alguna.

Hay muchas más cosas que debería contarte si supiera de una dirección segura en Bruselas, la cual, en cualquier caso, habrás de enviarme. Mucho de lo aquí ocurrido podría perjudicar a un buen número de personas si fuera examinado en un cabinet noir. Así que me quedaré aquí otras cuatro semanas y partiré para Bonn a principios de abril. En todo caso, vuelve a escribirme antes de eso, para que sepa cómo te va. La mayor parte del dinero se ha recogido, aunque todavía no sé a cuánto asciende; se enviará directamente. Mi manuscrito está a punto de salir cualquier día.

¡La Crítica crítica aún no ha llegado! Su nuevo título, La Sagrada Familia, probablemente me pondrá en aprietos con mi piadoso y ya muy indignado progenitor, aunque tú, por supuesto, no podías saberlo. Veo por el anuncio que has puesto mi nombre en primer lugar. ¿Por qué? Apenas contribuí en nada a él, y cualquiera reconoce tu estilo.

Hazme saber a vuelta de correo si sigues necesitando dinero. Wigand debe enviarme algún dinero dentro de un par de semanas, y entonces no tienes más que disponer de él. Me temo que las suscripciones pendientes no asciendan a más de 120 o 150 francos.

A propósito, planeamos aquí traducir a Fourier y, si es posible en absoluto, producir una «biblioteca de los mejores escritores socialistas extranjeros». Fourier parece el mejor para empezar. Hemos encontrado gente que haga la traducción. Hess acaba de hablarme de un glosario de Fourier publicado en Francia por algún fourierista. Tú lo conocerás. ¿Podrías enviarme de inmediato los detalles y, si es posible, remitirme un ejemplar? Y al mismo tiempo recomiéndame qué escritos franceses consideras adecuados para su traducción en nuestra «biblioteca». Pero date prisa; el asunto es urgente, pues ya estamos negociando con un editor. ¿Hasta dónde has llegado con tu libro? Ahora debo ponerme con mi manuscrito, así que adiós por ahora y escríbeme sin tardanza acerca de los puntos que he mencionado.

Tuyo,
F. E.

Saludos a Kriege y a Bürgers.
¿Está ahí Bernays?

[En la cuarta página de la carta]

A Madame Marx. Bois Sauvage, Plaine S Gudule,
Chez Monsieur J. B. Lannoy, Bruxelles