La fijeza.

Pasamos por alto la ingeniosidad que primero supone un capitalista por un lado y un obrero por otro, para derivar después, del acuerdo entre ambos, la relación entre capital y trabajo asalariado.

La forma de asociación en la cual el obrero está expuesto a todos los riesgos del negocio —en la cual todos los productores están igualmente expuestos a esos riesgos— y que precede inmediatamente al sistema del salario, en el que la remuneración del trabajo alcanza fijeza y se vuelve estable, lo precede como la tesis precede a la antítesis, es, según nos informa Bastiat, el estado en que la pesca, la caza y el pastoreo son las formas dominantes de producción y sociedad. Primero el pescador nómade, el cazador y el pastor, y después el asalariado. ¿Dónde y cuándo tuvo lugar esta transición histórica del estado semisalvaje al moderno? Si es que ocurrió, en las columnas del *Charivari*.

En la historia real, el trabajo asalariado surge de la disolución de la esclavitud y la servidumbre —o de la decadencia de la propiedad comunal, como entre los pueblos orientales y eslavos— y, en su forma adecuada, que hace época y que afecta toda la existencia social del trabajo, de la decadencia de la economía gremial, del sistema de estamentos feudales, de las prestaciones personales y la renta en especie, de la industria como actividad secundaria rural, de la pequeña agricultura feudal, etc. En todas estas transiciones realmente históricas, el trabajo asalariado aparece como la disolución, como la destrucción de relaciones en las cuales el trabajo estaba fijado en todos los aspectos: en cuanto a ingreso, contenido, localidad, ámbito, etc. Por tanto, como negación de la fijeza del trabajo y de su remuneración. La transición directa del fetiche del africano al *être suprême* de Voltaire,<sup>a</sup> o del equipo de caza de un salvaje norteamericano al capital del Banco de Inglaterra, no es tan absurdamente antihistórica como la transición de Bastiat del pescador al asalariado.

(En todos estos desarrollos, por lo demás, no hay evidencia de que los cambios ocurran como resultado de acuerdos mutuos voluntarios.)

Al mismo nivel que esta construcción histórica —en la cual Bastiat se engaña a sí mismo imaginándose su abstracción superficial en forma de un acontecimiento— se encuentra la síntesis en la que las sociedades de socorros mutuos inglesas y las cajas de ahorros son presentadas como la última palabra del sistema del salario y como la superación de todas las contradicciones sociales.

Históricamente, como hemos visto, la no-fijeza es el carácter del sistema del salario: lo contrario de la construcción de Bastiat. Pero, ¿cómo pudo haber llegado a la construcción de la fijeza como la característica compensadora universal del salario? ¿Y qué lo impulsó a intentar una presentación histórica del sistema del salario bajo esta forma específica como una forma superior de la remuneración del trabajo, superior a la que existe en otras formas de sociedad o de asociación?

Todos los economistas, cada vez que discuten la relación imperante entre capital y trabajo asalariado, entre ganancia y salario, y desean demostrar al obrero que no tiene ningún derecho a participar en las oportunidades de ganancia y, en general, reconciliarlo con su papel subordinado frente al capitalista, ponen gran énfasis en el hecho de que el obrero, en contraste con el capitalista, goza de una cierta fijeza de ingresos, relativamente independiente de las grandes aventuras del capital. Así como Don Quijote consuela a Sancho Panza con el pensamiento de que, si bien es cierto que recibe todos los palos, al menos no necesita ser valiente. En otras palabras, Bastiat transforma una cualidad que los economistas atribuyen al salario en oposición a la ganancia, en una cualidad del trabajo asalariado en oposición a las formas anteriores de trabajo y como un desarrollo progresivo de la remuneración del trabajo en esas relaciones anteriores. Un lugar común introducido en la relación imperante, que consuela a una parte de la relación frente a la otra, es sacado de esta relación por el señor Bastiat y convertido en el fundamento histórico de su origen.

Los economistas declaran que, en la relación del salario con la ganancia, del trabajo asalariado con el capital, los salarios tienen la ventaja de la fijeza.

El señor Bastiat declara que la fijeza, es decir, uno de los aspectos de la relación del salario con la ganancia, es el fundamento histórico del cual surgió el trabajo asalariado (o que la fijeza es la ventaja del salario, no frente a la ganancia, sino frente a las formas anteriores de la remuneración del trabajo), y por tanto también el fundamento histórico de la ganancia, y por ende de toda la relación.

De este modo, un lugar común referente a un aspecto de la relación del salario con la ganancia se transforma mágicamente, en el tratamiento de Bastiat, en el fundamento histórico de toda esta relación. Esto sucede porque él está constantemente preocupado por el pensamiento del socialismo, que entonces es soñado en todas partes como la

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primera forma de asociación. Este es un ejemplo de la importancia que adquieren en manos de Bastiat los lugares comunes apologéticos que acompañan los argumentos en los escritos económicos.

[III-7] Para volver a los economistas. ¿En qué consiste esta fijeza de los salarios? ¿Acaso los salarios están fijados inalterablemente? Esto contradiría por completo la ley de la oferta y la demanda, que es la base de la determinación del salario. Ningún economista niega la fluctuación de los salarios, su alza y su baja. ¿O acaso los salarios son independientes de las crisis? ¿O de las máquinas que vuelven superfluo el trabajo asalariado? ¿O de las divisiones del trabajo que lo desplazan? Sería heterodoxo afirmar todo esto, y nadie lo hace.

Lo que se quiere decir es que, a lo largo de un período, los salarios se mantienen aproximadamente en un nivel medio, es decir, existe un salario mínimo para toda la clase [trabajadora], a pesar de la gran aversión de Bastiat a esta idea, y hay una cierta continuidad media del trabajo, por ejemplo, los salarios pueden seguir pagándose incluso cuando la ganancia declina o desaparece por completo durante un tiempo. Ahora bien, ¿qué significa esto sino que, suponiendo el trabajo asalariado como forma dominante del trabajo y base de la producción, la clase obrera vive del salario y el obrero individual posee por término medio la fijeza de trabajar por un salario? En otras palabras, una tautología. Allí donde el capital y el trabajo asalariado constituyen la relación de producción dominante, existe una continuidad media del trabajo asalariado; en esa medida, hay fijeza del salario para el obrero. Donde existe el trabajo asalariado, existe. Y esto es lo que Bastiat considera el atributo del trabajo asalariado que compensa todo lo demás.

Afirmar, además, que en la forma de sociedad en que el capital se ha desarrollado, la producción social es en general más regular, más continua, más variada —y por tanto también el ingreso de quienes participan en la producción «más fijo»— que allí donde el capital, es decir, la producción, no se ha desarrollado hasta ese nivel, es otra tautología inherente al propio concepto de capital y de producción basada en el capital. En otras palabras: ¿quién niega que la existencia general del trabajo asalariado presupone un desarrollo superior de las fuerzas productivas que el que existía en las etapas anteriores al trabajo asalariado? ¿Y cómo podría ocurrírseles a los socialistas presentar exigencias mayores, si no supusieran ese desarrollo superior de las fuerzas productivas sociales traído por el trabajo asalariado? Esto último es, en efecto, el supuesto de sus reivindicaciones.

Nota. La primera forma en que aparecen los salarios en general es la paga militar, que surge con la decadencia de los ejércitos nacionales y de las milicias ciudadanas. Primero se paga a los propios ciudadanos [por el servicio militar]. Luego, en seguida, los mercenarios ocupan su lugar, y ya no son ciudadanos.

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2) (Es imposible seguir adelante con este disparate. Por TANTO, abandonamos al señor Bastiat.) [III-7]

<sup>a</sup> Ser supremo.— *N. del ed.*