Debido a sus eternos compromisos, el tipo de desarrollo político gradual y pacífico que tiene lugar en Inglaterra da origen a una situación llena de contradicciones; a causa de sus abrumadoras ventajas, esta situación puede ser prácticamente tolerada dentro de ciertos límites, pero sus absurdos lógicos causan gran angustia a la mente pensante. De ahí la necesidad, por parte de todos los partidos “afines al Estado”, de un manto teórico, una justificación que, naturalmente, sólo puede proporcionarse mediante sofismas, distorsiones y, en fin, mediante trucos dudosos. Así se cultiva en el campo político una literatura que repite toda la miserable hipocresía y falsedad de la apologética teológica, y que además trasplanta los vicios intelectuales teológicos a un suelo mundano. Así es como el suelo de la específica hipocresía liberal es fertilizado, sembrado y cultivado por los propios conservadores. Y así se ofrece a la apologética teológica un argumento, producido por mentes ordinarias, del que carece en otras tierras. ¡Qué importa si los hechos relatados en el evangelio y los dogmas predicados en el Nuevo Testamento en general se contradicen entre sí! ¿Los hace eso falsos? La Constitución inglesa contiene muchas más incoherencias y se contradice constantemente, ¡pero sigue existiendo y, por tanto, es verdadera!

12 de septiembre de 1892

La ausencia de crisis desde 1868 se debe también a la expansión del mercado mundial, que distribuye el excedente de capital inglés, y europeo respectivamente, en inversiones de transporte, etc., por todo el mundo y también entre toda una masa de otras ramas de inversión. Esto ha hecho imposible una crisis debida a la especulación excesiva en ferrocarriles, banca, etc., o en inversiones específicamente americanas, o en el comercio con la India, pero pequeñas crisis, como la argentina,¹ se han hecho posibles en los últimos tres años. Pero todo esto prueba que se está gestando una crisis gigantesca.