<footnote>a Juego de palabras: “Sitte”—costumbre, “sittlich”—ético.—Ed.</footnote>
<footnote>b Véase este volumen, pp. 159-63.—Ed.</footnote>
<footnote>c Ibíd., pp. 164-69.—Ed.</footnote>

Ante todo señalamos que aquí tampoco se menciona ya la frase “añadida mentirosamente”. La frase del Manifiesto Inaugural se cita ya en la primera página, y se afirma luego que Gladstone había “declarado en oposición directa a la afirmación de Karl Marx” que estas cifras se referían únicamente a los que pagan impuestos sobre la renta (lo que Marx también hace decir a Gladstone, ya que limita explícitamente estas cifras a la renta imponible), pero que la condición de la clase obrera había mejorado al mismo tiempo de un modo sin precedentes (lo que Marx también hace decir a Gladstone, sólo nueve líneas antes de la cita impugnada). Pido al lector que compare por sí mismo el Manifiesto Inaugural (Documentos, núm. 1*) con la afirmación del señor Brentano (Documentos, núm. 13°) para ver cómo el señor Brentano o “añade mentirosamente”, o fabrica de otro modo, una contradicción donde no la hay en absoluto. Pero como la acusación acerca de la frase añadida mentirosamente ha fracasado ignominiosamente, el señor Brentano, contra su mejor saber, debe intentar embaucar a sus lectores diciéndoles que Marx trató de suprimir el hecho de que Gladstone había hablado aquí sólo de “renta imponible”, o de la renta de las clases poseedoras de propiedad. Y aquí el señor Brentano ni siquiera advierte que su primera acusación se convierte así en lo contrario, en la medida en que la segunda es una bofetada a la primera.

Habiendo consumado felizmente esta “falsificación”, se siente movido a llamar la atención de la Concordia sobre la “falsificación” supuestamente cometida por Marx, y la Concordia le pide entonces que le envíe un artículo contra Marx. Lo que sigue a continuación es demasiado delicioso para no reproducirlo textualmente:

> El artículo no fue firmado por mí; esto se hizo, por una parte, a petición de los redactores en interés de la reputación de su periódico, y, por otra parte, tanto menos inconveniente tuve yo, cuanto que, tras anteriores controversias literarias sostenidas por Marx, era de esperar que también esta vez colmara de insultos personales a su adversario, y por eso precisamente podía resultar divertido dejarle en la oscuridad acerca de la identidad de su adversario.

Así que los redactores de la Concordia deseaban “en interés de la reputación de su periódico” que el señor Brentano mantuviera su nombre en secreto. ¡Qué reputación supone esto para el señor Brentano entre sus colegas de partido! Bien podemos creer que esto realmente le ocurrió, pero que él mismo lo proclame a los cuatro vientos es realmente una hazaña piramidal por su parte. Sin embargo, es algo que tiene que arreglar consigo mismo y con los redactores de la Concordia.

<footnote>a Véase este volumen, pp. 132-33.—Ed.</footnote>
<footnote>b Ibíd., pp. 169-72.—Ed.</footnote>

. 115

En el caso Brentano contra Marx

Puesto que “era de esperar que Marx colmara de insultos personales a su adversario”, naturalmente “sólo podía resultar divertido dejarle en la oscuridad acerca de la identidad de su adversario”. Hasta ahora era un misterio cómo se puede colmar de insultos personales a una persona a la que no se conoce. Sólo se puede ser personal si se sabe algo de la persona en cuestión. Pero el señor Brentano, anonimizado en interés de la reputación del periódico, ahorró a su adversario ese trabajo. Él mismo se lanzó de lleno con “insultos”, primero con la frase “añadida mentirosamente” impresa en negrita, y luego con “descarada mendacidad”, “simplemente infame”, etc. El señor Brentano, el no anónimo, evidentemente cometió aquí un lapsus cálami. El señor Brentano, “por otra parte, tanto menos inconveniente tuvo” en el anonimato que se le impuso, no para que el conocido Marx pudiera “colmar de insultos personales” al desconocido Brentano, sino para que el oculto Brentano pudiera hacerlo al conocido Marx.

¡Y se supone que esto “resulta divertido”! Eso fue lo que realmente ocurrió, pero no porque el señor Brentano lo quisiera. Marx, luego su hija, y ahora yo mismo, hemos tratado de ver el lado divertido de esta polémica. El éxito que hayamos tenido, grande o pequeño, ha sido a costa del señor Brentano. Sus artículos han sido todo menos “divertidos”. Las únicas contribuciones a la diversión son las estocadas dirigidas por Marx contra el lado oscuro de su “persona dejada en la oscuridad”, que el que las recibe ahora quiere quitarse de encima tardíamente como la “grosería de sus polémicas injuriosas”. Los junkers, los curas, los abogados y otros adversarios decentes de las incisivas polémicas de Voltaire, Beaumarchais y Paul Louis Courier pusieron objeciones a la “grosería de sus polémicas injuriosas”, lo que no ha impedido que esos ejemplos de “grosería” sean considerados hoy como modelos y obras maestras. Y tanto placer hemos obtenido de estas y otras “polémicas injuriosas” semejantes que cien Brentanos no lograrán arrastrarnos al nivel de las polémicas universitarias alemanas, donde no hay más que la rabia impotente de la envidia verde y el más desolador aburrimiento.

Sin embargo, el señor Brentano vuelve a considerar a sus lectores tan embaucados que puede volver a cargar las tintas con descaro:

> Cuando se mostró que The Times también … recogía este (de Gladstone) discurso en un sentido acorde con el informe taquigráfico, él (Marx) actuó, como escribieron los redactores de la Concordia, como la sepia, que enturbia el agua con un fluido oscuro para dificultar la persecución de su enemigo, es decir, trató por todos los medios de ocultar el tema de la controversia aferrándose a cuestiones secundarias completamente intrascendentes.

Si el informe del Times, que contiene palabra por palabra la frase “añadida mentirosamente”, concuerda en sentido con el informe “taquigráfico” —debería ser con el de Hansard— que la suprime palabra por palabra, y si el señor Brentano se jacta de nuevo de haber demostrado esto, eso no puede significar otra cosa sino que la acusación relativa a la frase “añadida mentirosamente” ha sido completamente abandonada —aunque de manera vergonzante y silenciosa— y el señor Brentano, forzado de la ofensiva a la defensiva, se retira a su segunda línea de defensa. Simplemente tomamos nota de ello; creemos que en las secciones III y IV hemos roto completamente el centro de esta segunda línea y envuelto ambos flancos.

Pero entonces aparece el genuino polemista universitario. Cuando Brentano, envalentonado por el olor de la victoria, ha acorralado así a su enemigo, el enemigo actúa como la sepia, enturbiando el agua y ocultando el tema de la controversia concentrando la atención en cuestiones secundarias completamente intrascendentes.

Los jesuitas dicen: Si fecisti, nega. Si has perpetrado algo, niégalo. El polemista universitario alemán va más lejos y dice: Si has perpetrado una triquiñuela de abogado turbia, entonces cárgasela a tu adversario. Apenas ha citado Marx La teoría de los cambios y al profesor Beesly, y esto simplemente porque ellos habían citado el pasaje discutido como él, cuando Brentano la sepia “se aferra” a ellos con todas las ventosas de sus diez pies y esparce a su alrededor tal torrente de su “fluido oscuro” que hay que mirar con atención y agarrarse firme si no se quiere perder de vista y de la mano el verdadero “tema de la controversia”, a saber, la frase supuestamente “añadida mentirosamente”. En su réplica, exactamente el mismo método. Primero inicia otra riña con Marx sobre el significado de la expresión CLASES EN CIRCUNSTANCIAS DESAHOGADAS, una riña que en el mejor de los casos no podía producir sino esa misma “obscuración” que el señor Brentano desea. Y luego se vuelve a arrojar fluido oscuro en el asunto de esa renombrada cláusula de relativo que Marx había suprimido maliciosamente, y que, como hemos mostrado, podía perfectamente omitirse, ya que el hecho al que aludía indirectamente ya había sido expuesto con toda claridad en una frase anterior del discurso que Marx había citado. Y en tercer lugar, nuestra sepia tiene suficiente salsa oscura sobrante para obscurecer una vez más el tema de la controversia, afirmando que Marx ha vuelto a suprimir algunas frases del Times, frases que no tenían absolutamente nada que ver con el único punto en litigio entre ellos en aquel momento, la frase supuestamente añadida mentirosamente.

Y el mismo derroche de sepia en la presente autoapología. Primero, naturalmente, La teoría de los cambios tiene que servir de chivo expiatorio.

En el caso Brentano contra Marx 117

Luego, de repente, se nos confronta con la “ley de bronce de los salarios” lassalleana, con la cual, como todo el mundo sabe, Marx estaba tan poco vinculado como el señor Brentano con la invención de la pólvora; el señor Brentano debe saber que en el primer tomo de El capital Marx negó específicamente toda y cualquier responsabilidad por las conclusiones extraídas por Lassalle,<footnote>a</footnote> y que en el mismo libro Marx describe la ley del salario como una función de variables cambiantes y muy elástica, por tanto, todo menos férrea. Pero una vez que empieza la proyección de tinta, no hay quien la detenga: el congreso de Halle,** Liebknecht y Bebel, el discurso presupuestario de Gladstone de 1843, los sindicatos ingleses, toda suerte de cosas traídas por los pelos se utilizan para, frente a un adversario que ha pasado a la ofensiva, cubrir mediante autoapología la línea defensiva del señor Brentano y sus excelsos principios filantrópicos, tratados tan desdeñosamente por los malvados socialistas. Uno tiene la impresión de que una docena redonda de sepias le ayudaban aquí en la “labor de tapujos”.

Y todo esto porque el señor Brentano mismo sabe que ha encallado irremediablemente con su afirmación sobre la frase “añadida mentirosamente” y no tiene el valor de retirar esa afirmación abierta y honrosamente. Usando sus propias palabras:

> “Si él” Brentano “hubiera admitido simplemente que había sido inducido a error por este libro”, Hansard, “… cabría haberse sorprendido de que hubiera confiado en semejante fuente” como absolutamente fiable, “pero el error al menos se habría rectificado. Pero para él no cabía hablar de esto.”

En lugar de eso, la tinta se derramó a galones con fines de obscurecimiento, y si aquí he de ser tan prolijo es sólo porque primero tengo que despachar todas estas cuestiones marginales traídas por los pelos y dispersar la tinta obscurecedora para mantener la vista y la mano sobre el verdadero tema de la controversia.

Entretanto, el señor Brentano tiene otra información para nosotros in petto,<footnote>b</footnote> que en realidad “sólo podía resultar divertida”. Ha sido, en efecto, tan lamentablemente tratado que no puede hallar paz ni sosiego hasta que nos haya gemido todas sus desventuras. Primero, la Concordia suprime su nombre en interés de la reputación del periódico. El señor Brentano es lo bastante magnánimo para consentir este sacrificio en interés de la buena causa. Luego Marx desata sobre él la grosería de sus polémicas injuriosas. Esto también se lo traga. Sólo deseaba responder a ello “con la publicación textual de toda la polémica”. Pero tristemente

> los redactores a menudo tienen su propio criterio; la revista especializada que yo consideraba adecuada por encima de todas se negó a publicar, alegando que la disputa carecía de interés general.

Así sufren los nobles en este mundo pecador; sus mejores intenciones naufragan en la bajeza o indiferencia de los hombres. Y para compensar a este honesto e incomprendido sujeto por su inmerecida desgracia, y ya que probablemente pase algún tiempo antes de que reúna a un redactor que no tenga “a menudo su propio criterio”, por la presente le ofrecemos la “publicación textual de toda la polémica”.

<footnote>a Véase F. Lassalle, Herr Bastiat-Schulze von Delitzsch, der ökonomische Julian, oder: Capital und Arbeit, Berlín, 1864, cap. II; véase también El capital, t. I, “Prólogo a la primera edición alemana” (presente edición, vol. 35).—Ed.</footnote>
<footnote>b En reserva.—Ed.</footnote>

Además de la autoapología introductoria, el panfleto del señor Brentano contiene dos apéndices. El primero contiene extractos de The Theory of the Exchanges, destinados a probar que este libro fue una de las fuentes principales de las que Marx confeccionó su El Capital. No entraré en detalles sobre este reiterado desperdicio de sepia. Sólo tengo que ocuparme del viejo cargo de la Concordia. Durante toda su vida, Marx no pudo ni quiso complacer al señor Brentano. Así pues, el señor Brentano tiene ciertamente un saco entero y sin fondo de quejas contra Marx, y yo sería un idiota si me metiera en esto. No habría fin para complacerlo.

Pero es ingenuo que aquí, al final de las citas, se le exija a Marx «la reproducción del verdadero discurso presupuestario». Así que eso es lo que el señor Brentano entiende por cita correcta. Sin embargo, si siempre hay que reproducir el discurso real completo, entonces ningún discurso ha sido citado jamás sin «falsificación».

En el segundo apéndice, el señor Brentano se mete conmigo. En la cuarta edición de El Capital, tomo primero, llamé la atención sobre The Morning Star en relación con la cita supuestamente falsa. El señor Brentano utiliza esto para volver a oscurecer por completo, con chorros de sepia, el punto original en cuestión, el pasaje del Manifiesto Inaugural, y en lugar de ello arremeter contra el pasaje de El Capital ya citado por el señor S. Taylor. Para probar que mi fuente de referencia era falsa, y que Marx sólo pudo haber tomado la «cita falsificada» de The Theory of the Exchanges, el señor Brentano imprime en columnas paralelas los informes de The Times y The Morning Star y la cita según El Capital. Este segundo apéndice se imprime aquí como documento n.º 14b.

En el caso Brentano contra Marx

El señor Brentano hace que The Morning Star comience su informe con las palabras «I must say For ONE», etc. Afirma así que las frases anteriores sobre el crecimiento de la renta imponible de 1842 a 1852 y de 1853 a 1861 faltan en The Morning Star; de lo cual se sigue naturalmente que Marx no utilizó The Morning Star sino The Theory of the Exchanges.

«Los lectores» de su panfleto «con los que él se preocupa, no pueden comprobarlo». Pero otras personas sí pueden, y descubren que este pasaje se encuentra ciertamente en The Morning Star. Lo reimprimimos aquí, junto al pasaje de El Capital en inglés y alemán para edificación del señor Brentano y sus lectores.

«The Morning Star», 17 de abril de 1863

«En diez años, de 1842 a 1852, la renta imponible del país aumentó un 6 por ciento, según puedo calcular aproximadamente: un aumento muy considerable en diez años. Pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país volvió a aumentar, sobre la base tomada en 1853, en un 20 por ciento. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble.»

«El Capital», vol. I, 1.ª ed., p. 639; 2.ª ed., p. 678; 3.ª ed., p. 671; 4.ª ed., p. 617, nota 103

«De 1842 a 1852, la renta imponible del país aumentó un 6 por ciento...

...En los 8 años de 1858 a 1861 ... había aumentado, sobre la base tomada en 1853, ¡un 20 por ciento! El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble.»

La ausencia de esta frase en su cita de The Morning Star es la principal baza del señor Brentano en su afirmación de que Marx citó de The Theory of the Exchanges y no de The Morning Star. Él enfrenta la afirmación de que la cita fue tomada de The Morning Star con la laguna incriminatoria en la columna paralela. Y ahora la frase se encuentra sin embargo en The Morning Star, de hecho exactamente como en Marx, y la laguna incriminatoria es invención del propio señor Brentano. Si eso no es «supresión» y «falsificación», por añadidura, entonces estas palabras carecen de sentido.

Pero si el señor Brentano «falsifica» al comienzo de la cita, y si ahora se abstiene muy cuidadosamente de decir que Marx «añadió mentirosamente» una frase en medio de la misma cita, esto no le impide en modo alguno insistir repetidamente en que Marx suprimió el final de la cita.

En El Capital la cita se interrumpe con el pasaje:
«Si los extremos de pobreza son menores, no presumo decirlo.»

Ahora bien, en los informes de The Times y The Morning Star la frase no termina aquí; separadas sólo por una coma, siguen las palabras:
«pero la condición media del trabajador británico, tenemos la felicidad de saber que es extraordinaria» (en The Times: ha mejorado durante los últimos 20 años en un grado que sabemos que es extraordinario) «y que casi podemos calificar de sin precedentes en la historia de ningún país ni de ninguna época».

Así Marx se interrumpe aquí en mitad de la frase, «hace que Gladstone se detenga en mitad de la frase», «haciendo esta frase completamente sin sentido». Y ya en su réplica (Documentos, n.º 7), el señor Brentano llama a esto una «versión absolutamente sin sentido».

La frase de Gladstone: «Si los extremos de pobreza son menores, no presumo decirlo» es una afirmación bastante definida, completa en sí misma. Si tiene sentido, lo tiene cuando se toma aisladamente. Si no tiene sentido, ninguna adición, por larga que sea, añadida detrás de un «sin embargo», puede darle sentido. Si la frase en la cita de Marx es «completamente sin sentido», entonces esto no se debe a Marx que la citó, sino al señor Gladstone que la pronunció.

Para profundizar más en este importante caso, recurramos ahora a la única fuente que, según el señor Brentano, es la «costumbre» citar, recurramos a Hansard, puro de todo pecado original. Según la propia traducción del señor Brentano, dice:

«No presumiré determinar si el amplio intervalo que separa los extremos de riqueza y pobreza es menos o más amplio de lo que ha sido en tiempos anteriores» — punto y aparte.

Y sólo después de este punto y aparte comienza la nueva frase: «Pero si nos fijamos en la condición media del trabajador británico», etc.

Así pues, si Marx pone igualmente aquí un punto y aparte, hace exactamente lo mismo que el virtuoso Hansard; y si el señor Brentano convierte este punto y aparte en un nuevo crimen por parte de Marx, y afirma que Marx hace que Gladstone se detenga en mitad de la frase, entonces se ha basado en los «informes periodísticos necesariamente chapuceros», y sólo puede culparse a sí mismo de las consecuencias. Así se derrumba el argumento de que Marx hizo la frase completamente sin sentido mediante su punto y aparte; esto no proviene de él sino del señor Gladstone, y que el señor Brentano se entienda ahora con él sobre el sentido o sinsentido de la frase; nosotros ya no tenemos nada que ver con el asunto.

Pues el señor Brentano está de todos modos en correspondencia con el señor Gladstone. Lo que le ha escrito a este último no lo sabemos, por supuesto, y sólo sabemos muy poco de lo que el señor Gladstone le ha escrito a él. En cualquier caso, el señor Brentano ha publicado de las cartas de Gladstone dos escuálidas frases (Documentos, n.º 16) y en mi respuesta (Documentos, n.º 17) mostré que «este mosaico arbitrario de frases arrancadas de su contexto» no prueba nada en absoluto a favor del señor Brentano, mientras que el hecho de que se permita este tipo de publicación harapienta, en lugar de publicar toda la correspondencia, dice mucho en contra suya.

Pero supongamos por un momento que estas dos pequeñas frases sólo permitieran la interpretación más favorable al señor Brentano. ¿Entonces qué?

«Tiene usted toda la razón, y Marx no tiene ninguna.»
«No realicé cambios de ningún tipo.»

Estas son las supuestas palabras —pues el señor Gladstone no suele escribir en alemán, que yo sepa— del antiguo ministro.

¿Significa esto: no pronuncié la «notoria» frase, y que Marx la «añadió mentirosamente»? Ciertamente no. Los ocho periódicos matutinos de Londres del 17 de abril de 1863 desmentirían unánimemente tal afirmación. Prueban fuera de toda duda que esta frase fue pronunciada. Si el señor Gladstone no hizo cambios en el informe de Hansard —aunque soy doce años más joven que él, no quisiera confiar tan implícitamente en mi memoria en tales nimiedades que ocurrieron hace 27 años— entonces la omisión de la frase en Hansard no dice nada a favor del señor Brentano, y mucho en contra de Hansard.

Aparte de este único punto sobre la frase «añadida mentirosamente», la opinión del señor Gladstone es completamente intrascendente aquí. Pues tan pronto como dejamos de lado este punto, nos encontramos exclusivamente en el terreno de las opiniones intrascendentes, en el que después de años de disputa cada uno se aferra a sus propias posiciones. Si el señor Gladstone, en caso de ser citado, prefiere los métodos de citación del señor Brentano, un partidario admirador, a los de Marx, un oponente agudamente crítico, entonces esto es bastante obvio, y su derecho indiscutible. Para nosotros, sin embargo, y para la cuestión de si Marx citó de buena o de mala fe, su opinión no vale ni siquiera tanto como la de cualquier tercera persona no involucrada. Pues aquí el señor Gladstone ya no es un testigo sino una parte interesada.

VII

Para concluir, entremos brevemente en la cuestión de qué dijo el señor Gladstone en ese —gracias al señor Brentano, ahora «notorio»— pasaje de su discurso presupuestario de 1863, y qué citó Marx de lo que dijo, o bien qué «añadió mentirosamente» o «suprimió». Para complacer al señor Brentano en la medida de lo posible, tomemos como base el inmaculado Hansard, y en su propia traducción.

«En diez años, de 1842 a 1852 inclusive, la renta imponible del país, hasta donde podemos calcular, aumentó un 6 por ciento; pero en ocho años, de 1853 a 1861, la renta del país volvió a aumentar sobre la base tomada en un 20 por ciento. Este es un hecho tan singular y sorprendente que parece casi increíble.»

El propio señor Brentano no tiene nada en contra de la cita que Marx hace de esta frase, aparte del hecho de que supuestamente está tomada de The Theory of the Exchanges. Pero de la cita de Brentano hay que decir aquí que también ella está muy lejos de dar «el verdadero discurso presupuestario». Él extirpa el siguiente excurso del señor Gladstone sobre las causas de este asombroso aumento sin siquiera indicar la omisión con puntos suspensivos.— Además:

«Tal, señor, es el estado de la cuestión en lo que respecta al progreso general de la acumulación; pero, por mi parte, debo decir que contemplaría con cierto grado de dolor, y con mucha aprensión, este crecimiento extraordinario y casi embriagador, si creyera que se limita a la clase de personas que pueden describirse como en circunstancias desahogadas. Las cifras que he citado tienen poco o nada en cuenta la condición de aquellos que no pagan impuesto sobre la renta; o, en otras palabras, suficientemente exactas para la verdad general, no tienen en cuenta la propiedad de la población trabajadora, ni el aumento de su renta.»

Sigue ahora la frase que según el señor Brentano fue «añadida mentirosamente» por Marx, pero que según el testimonio de los ocho periódicos matutinos del 17 de abril fue ciertamente pronunciada por el señor Gladstone:

«El aumento que he descrito, y que se basa, creo, en informes precisos, es un aumento enteramente limitado a las clases poseedoras.» (The Times, The Morning Star, The Morning Advertiser, Daily Telegraph.) «...está enteramente limitado al aumento del capital». (Morning Herald, Standard, The Daily News, Morning Post.)

Después de la palabra «renta», Hansard continúa inmediatamente con las palabras:

«Indirectamente, en efecto, el mero aumento del capital es de la mayor ventaja para la clase trabajadora, porque ese aumento abarata la mercancía que en todo el negocio de la producción entra en competencia directa con el trabajo.»

a Hansard’s Parliamentary Debates, vol. CLXX, págs. 244-45.— Ed.

En el caso Brentano versus Marx 123

Aunque Hansard omite la frase “notoria”, dice en sustancia justo lo que los demás periódicos dicen: sería muy embarazoso para el orador si este aumento embriagador estuviera confinado a las CLASES EN CIRCUNSTANCIAS HOLGADAS, pero, aunque le duela, este aumento que ha descrito está confinado a personas que no pertenecen a la clase obrera y que son lo bastante ricas para pagar impuesto sobre la renta; sí, es en verdad una ¡“mera acumulación de capital”!

Y aquí, por fin, se descubre el secreto de la furia del señor Brentano. Lee la frase en el *Manifiesto Inaugural*, encuentra en ella una admisión embarazosa, obtiene la versión de Hansard, no logra hallar en ella la frase embarazosa, y se apresura a publicar ante el mundo: ¡Marx añadió la frase falsamente en la forma y en el contenido!—Marx le muestra la frase en *The Times*, *The Morning Star*, *The Morning Advertiser*. Ahora por fin, al menos por guardar las apariencias, el señor Brentano debe hacer una “comparación detallada de textos” y descubre —¿qué? Que *The Times*, *The Morning Star*, *The Morning Advertiser* “coinciden plenamente en lo material” con Hansard. Por desgracia pasa por alto el hecho de que la frase “falsamente añadida” debe entonces coincidir plenamente en lo material con Hansard, y que luego, a fin de cuentas, tiene que resultar que Hansard coincide materialmente con el *Manifiesto Inaugural*.

Todo el alboroto se debe, pues, a que el señor Brentano había descuidado emprender la comparación textual detallada que le atribuye el señor Sedley Taylor, y a que, de hecho, él mismo no había comprendido lo que el señor Gladstone había dicho según Hansard. Desde luego, esto no era tan fácil, pues aunque el señor Brentano afirma que este discurso

“despertó el interés y la admiración de todo el mundo cultivado... en particular por... su claridad”,

los lectores han podido ver por sí mismos que en la versión de Hansard se presenta en un lenguaje particularmente hinchado, complicado y enredado, que se ata a sí mismo con sus propias repeticiones. En particular, la frase que dice que el aumento del capital es de extraordinaria ventaja para el trabajador, porque abarata la mercancía que en el negocio de la producción entra en competencia directa con el trabajo, es puro sinsentido. Si una mercancía entra en competencia con el trabajo, y esta mercancía (por ejemplo, la maquinaria) se abarata, entonces el primer resultado inmediato es una caída de los salarios, ¡y según el señor Gladstone esto debería ser “de gran beneficio para los trabajadores”! Cuán filantrópico fue que algunos periódicos matutinos de Londres, a saber *The Morning Star*, en sus informes “necesariamente torpes”, sustituyeran la incomprensible frase

anterior por lo que el señor Gladstone probablemente quería decir, a saber, ¡que un aumento del capital es de beneficio para los trabajadores porque abarata los principales artículos de consumo!

Cuando el señor Gladstone dijo que vería con algún grado de dolor y mucha aprensión este aumento embriagador si creyera que estaba confinado a las clases en circunstancias holgadas —si el señor Gladstone pensaba con ello en otro aumento de la riqueza distinto de aquel del cual hablaba, a saber, en su opinión, en la situación enormemente mejorada de toda la nación; si olvidó en aquel momento que estaba hablando del aumento del ingreso de las clases que pagan impuesto sobre la renta y de ninguna otra: eso no podemos saberlo. Marx ha sido acusado de falsificación, y lo que está en cuestión es el texto y el significado gramatical de lo que el señor Gladstone dijo, y no lo que posiblemente quisiera decir. El señor Brentano tampoco conoce esto último, y en este punto el señor Gladstone, 27 años más tarde, ya no es una autoridad competente. Y esto no nos concierne en modo alguno.

El significado abundantemente claro de las palabras es: el ingreso gravable ha experimentado un aumento embriagador. ¡Lamentaría mucho que este aumento recién descrito estuviera confinado a las clases propietarias, pero está confinado a ellas, puesto que los trabajadores no tienen ningún ingreso sujeto a impuesto, y por tanto es puramente un aumento del capital! Pero esto último también es de ventaja para los trabajadores, porque ellos, etc.

Y ahora Marx:

“Este aumento embriagador de riqueza y poder... está enteramente confinado a las clases propietarias.”⁴

Así reza la frase en el *Manifiesto Inaugural*, donde proporcionó la ocasión para toda esta alegre controversia. Pero desde que el señor Brentano ya no se ha atrevido a afirmar que Marx la añadió falsamente, desde entonces el *Manifiesto Inaugural* ya no ha sido mencionado en absoluto, y todos los ataques se han dirigido contra la cita de este pasaje en *El Capital*. Allí añade Marx la siguiente frase:

“pero... pero debe ser un beneficio indirecto para la población trabajadora, porque abarata las mercancías de consumo general.”

El “mosaico de frases arrancadas de su contexto y juntadas arbitrariamente” en Marx expresa, pues, “materialmente”, “sólo formalmente más contraído”, exactamente lo que el inmaculado Hansard hace decir a Gladstone. El único reproche que se le puede hacer a Marx es que

a Véase este volumen, pág. 173.— Ed.

En el caso Brentano versus Marx 125

utilizó *The Morning Star* y no a Hansard, y que así, en la frase final, puso palabras sensatas en boca del señor Gladstone, aunque éste había dicho sinsentidos. Además, según Hansard ²:

“Empero, además de esto, un beneficio más directo y mayor se ha, puede afirmarse con seguridad, conferido a la masa del pueblo [del país]. Es un motivo de profundo e inestimable consuelo reflexionar que, mientras los ricos se han ido haciendo más ricos, los pobres han llegado a ser menos pobres. No presumiré determinar si el ancho intervalo que separa los extremos de la riqueza y la pobreza es menor o mayor de lo que ha sido en tiempos pasados.”

En Marx:

“...mientras los ricos se han ido haciendo más ricos, los pobres han ido haciéndose menos pobres. En todo caso, si los extremos de la pobreza son menores, yo no presumo decirlo.”

Marx da sólo las dos raras afirmaciones positivas que, en Hansard, nadan en una sopera entera de frases tan triviales como untuosas. Puede afirmarse con certeza que con eso no pierden nada, sino que más bien ganan.

Finalmente la conclusión, según Hansard:

“Pero si observamos la condición media del trabajador británico, sea campesino, o minero, u obrero fabril, o artesano, sabemos por testimonio variado e indubitable que durante los últimos veinte años se ha hecho tal adición a sus medios de subsistencia que casi podemos calificarla de sin ejemplo en la historia de ningún país ni de ninguna época.”

Esta frase se cita en el *Manifiesto Inaugural* unas líneas más arriba de la “notoria” que acabamos de dar. Allí encontramos:

“Tales son las declaraciones oficiales publicadas por orden del Parlamento en 1864, durante el *millennium* del libre comercio, en un momento en que el *Chancellor of the Exchequer* decía a la Cámara de los Comunes que:

‘La condición media del trabajador británico ha mejorado en un grado que sabemos extraordinario y sin ejemplo en la historia de ningún país o de ninguna época.’”⁵

Así se cita todo lo esencial. Pero que esto pueda leerse en el *Manifiesto Inaugural*, edición original, pág. 4, este hecho se lo oculta tozudamente a sus lectores el señor Brentano; sin embargo, sus lectores no pueden comprobarlo, pues nos es imposible regalar a cada uno de ellos un ejemplar del *Manifiesto*, como hicimos con el señor Sedley Taylor.

*Notabene*: En su segunda réplica (Documentos, nº 6⁶) Marx sólo

a Hansard’s Parliamentary Debates, vol. CLXX, pág. 245.— Ed.  
b Véase este volumen, pág. 132.— Ed.  
c Ibid., págs. 144-51.— Ed.

tenía que defender el *Manifiesto Inaugural*, puesto que hasta entonces el señor Brentano no había metido el pasaje de *El Capital* en su radio de incordio. Y en su siguiente contestación (Documentos, nº 7*) el ataque del señor Brentano sigue dirigido contra el *Manifiesto Inaugural* y la defensa que Marx hace de éste.

Es sólo después de la muerte de Marx cuando se produce un nuevo giro, y éste no por obra del señor Brentano sino por su escudero de Cambridge. Sólo ahora se descubre que en *El Capital* Marx suprimió las resonantes declaraciones hechas por el señor Gladstone sobre la mejora sin ejemplo de la condición del trabajador británico, y que esto convirtió el sentido del señor Gladstone en su contrario.

Y aquí hemos de decir que Marx perdió la oportunidad para un brillante arranque de retórica. Toda la sección en cuya introducción se cita este discurso de Gladstone tiene el propósito de aportar pruebas de que la condición de la gran mayoría de la clase obrera británica era estrecha e indigna, justo en el momento de este embriagador aumento de la riqueza. ¡Qué magnífico contraste habrían proporcionado esas pomposas palabras del propio Gladstone sobre la feliz condición de la clase obrera británica, [condición] sin ejemplo en la historia de ningún país y de ninguna época, a esta evidencia de la pobreza de masas, extraída de las publicaciones oficiales del propio Parlamento!

Pero si Marx quiso abstenerse de tal efecto retórico, no tenía razón para citar estas palabras de Gladstone. En primer lugar, no son más que las frases de rigor que todo *Chancellor of the Exchequer* británico se cree en el deber moral de repetir en los períodos de negocios buenos o aun mediocres; carecen, pues, de significado. Y en segundo lugar, el propio Gladstone las retractó en el plazo de un año; en su siguiente discurso presupuestario del 7 de abril de 1864, en una época de prosperidad industrial aún mayor, habló de masas “sobre la frontera del pauperismo”, y de ramas de negocios “en las cuales los salarios no han aumentado”, y proclamó —según Hansard:

“De nuevo, y aun en mayor escala, ¿qué es la vida humana sino, en la gran mayoría de los casos, una lucha por la existencia?” *

* Y he aquí algo más de este discurso, según Hansard: el número de pobres de solemnidad había descendido a 840.000. Esa cantidad, sin embargo, no incluye a las personas que dependen de establecimientos caritativos; o que son socorridas por la limosna privada... Pero, además de todos aquellos a quienes comprende, pensad en aquellos que están en las fronteras de esa región, pensad cuántas de las clases trabajadoras están luchando virilmente, aunque con dificultad, para mantenerse arriba del lugar de

a Véase este volumen, págs. 152-54.— Ed.

En el caso Brentano versus Marx 127

Pero Marx cita este otro discurso presupuestario de Gladstone inmediatamente después del de 1863, y si el propio señor Gladstone, el 7 de abril de 1864, declaró que las bendiciones sin ejemplo eran inexistentes, esas bendiciones para cuya existencia había tenido “testimonio variado e indubitable”, entonces para Marx ya no había la menor sombra de una razón para citar esas lozanas protestaciones, que fueron desgraciadamente efímeras, aun para el señor Gladstone. Podía contentarse con las admisiones del orador de que mientras los ingresos de 150 libras esterlinas y superiores habían aumentado embriagadoramente, los pobres, en todo caso, habían llegado a ser menos pobres, y que el intervalo entre riqueza extrema y pobreza extrema apenas se había reducido.

No haremos comentario alguno acerca del hecho de que sea costumbre de los economistas oficiales alemanes citar a Marx mediante frases arrancadas de contexto. Si él hubiera armado un alboroto en cada caso semejante, como lo ha hecho aquí el señor Brentano, jamás habría acabado.

Pero ahora examinemos más de cerca el aumento sin ejemplo de los medios de subsistencia de que disfrutaba en aquel tiempo el trabajador británico, campesino o minero, artesano u obrero fabril.

El campesino es en Inglaterra y en la mayor parte de Escocia sólo un jornalero agrícola. En 1861 había un total de 1.098.261 campesinos de éstos, de los cuales 204.962 vivían como mozos de labranza en granjas arrendadas.* Desde 1849 hasta 1859 su salario en dinero había aumentado en 1 chelín, en unos pocos casos en 2 chelines por semana, pero en último análisis esto fue en su mayor parte sólo un aumento nominal. Su situación en 1863, las condiciones realmente abyectas de alojamiento en que vivía, son descritas por el Dr. Hunter (Public Health, VII Informe, 1864):

“Los costos ocasionados por el jornalero agrícola se fijan en la cifra más baja a la que puede vivir.”

paupers”. En la congregación de un clérigo en el East End de Londres, 12.000 de 13.000 almas estaban siempre al borde de la indigencia efectiva; un conocido filántropo había declarado que había distritos enteros en el East End de Londres en los que no se puede encontrar un ómnibus ni un coche de alquiler, en los que no hay música callejera, ni siquiera un mendigo callejero... Los medios para librar la lucha por la existencia eran, sin embargo, algo mejores que antes (!) ... En muchos lugares los salarios habían aumentado, pero en muchos otros no, etc. Y esta jeremiada venía justo un año después del pomposo anuncio de la “inaudita” mejora.

* Las cifras están tomadas en parte del censo de 1861, en parte del informe de