[Ideas: reflejos de la realidad]

Todas las ideas proceden de la experiencia, son reflejos —fieles o deformados— de la realidad.

Cap. III, págs. 33-34
[Mundo material y leyes del pensamiento]

Dos clases de experiencia: externa, material, e interna —leyes del pensamiento y formas del pensamiento. Las formas del pensamiento, en parte, también se heredan por evolución (la evidencia, por ejemplo, de los axiomas matemáticos para los europeos, pero ciertamente no para los bosquimanos y los negros australianos).

Si nuestras premisas son correctas y les aplicamos correctamente las leyes del pensamiento, el resultado debe coincidir con la realidad, así como un cálculo de geometría analítica debe coincidir con la construcción geométrica, aunque ambos sean métodos enteramente distintos. Sin embargo, esto casi nunca ocurre, y si ocurre, solo en operaciones muy simples.

El mundo externo, a su vez, es o naturaleza o sociedad.

Cap. III, págs. 33-34; Cap. IV, págs. 39-42; y Cap. X, págs. 88-89
[Relación del pensar y el ser]

El único contenido del pensar es el mundo y las leyes del pensamiento.

@ Las referencias a las partes y capítulos, y también a las páginas de los correspondientes extractos de este volumen, han sido proporcionadas por el Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PCUS. — Ed.

De los trabajos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring 597

Los resultados generales de la investigación del mundo se obtienen al final de esta investigación; por tanto, no son principios, puntos de partida, sino resultados, conclusiones. Elaborar estas últimas en la cabeza, tomarlas como base de la que se parte y luego reconstruir el mundo a partir de ellas en la cabeza es ideología, una ideología que ha contaminado todas las formas de materialismo hasta ahora existentes; porque, mientras que en la naturaleza la relación del pensar con el ser era ciertamente, hasta cierto punto, clara para el materialismo, en la historia no lo era, ni el materialismo se daba cuenta de la dependencia de todo pensamiento respecto de las condiciones materiales históricas vigentes en cada momento. — Como Dühring parte de "principios" en vez de hechos, es un ideólogo, y solo puede ocultar que lo es formulando sus proposiciones en términos tan generales y vacuos que parecen axiomáticos, triviales. Además, de ellos no se puede concluir nada; solo se les puede imputar algo. Así, por ejemplo, el principio del ser único. La unidad del mundo y el disparate de un más allá son un resultado de toda la investigación del mundo, pero aquí han de probarse a priori, partiendo de un axioma del pensamiento. De ahí el despropósito. — Mas sin esta inversión es imposible una filosofía aparte.

Cap. III, págs. 35-36

[El mundo como un todo coherente.
Conocimiento del mundo]

La sistemática*  imposible después de Hegel. El mundo constituye claramente un sistema único, es decir, un todo coherente, pero el conocimiento de este sistema presupone el conocimiento de toda la naturaleza y la historia, que el hombre jamás alcanzará. De ahí que quien hace sistemas tenga que llenar las incontables lagunas con invenciones de su propia imaginación, es decir, entregarse a fantasías irracionales, ideologizar.

¡Fantasía racional — alias combinación!

Cap. III, págs. 36-39

[Operaciones matemáticas
y operaciones puramente lógicas]

Razón calculadora — ¡máquina de calcular! — Curiosa confusión de las operaciones matemáticas, que son susceptibles de demostración ma-

*  Aquí en el sentido de construir un sistema absolutamente acabado. — Ed.

598 De los materiales preparatorios

terial, de prueba, porque se basan en la contemplación material directa, aunque abstracta, con las puramente lógicas, que solo son susceptibles de prueba por deducción, por tanto, incapaces de la certeza positiva que poseen las operaciones matemáticas — ¡y cuántas de ellas son erróneas! Máquina para integrar; cf. el discurso de Andrews, Nature, 7 sept. 76.27

Esquema = estereotipo.

Cap. III, págs. 36-38; Cap. IV, págs. 39-41

[Realidad y abstracción]

Le es tan imposible a Dühring demostrar la materialidad exclusiva de todo ser con la ayuda de la proposición de la unidad del ser omniabarcante, que el Papa y el jeque-ul-Islam*  pueden suscribir sin menoscabo de su infalibilidad y su religión, como construir un triángulo o una esfera o derivar el teorema de Pitágoras de cualquier axioma matemático. Ambos requieren premisas reales, y solo sobre una investigación de estas se llega a los resultados arriba mencionados. La certeza de que no existe ningún mundo espiritual separado, además del mundo material, es el resultado de una larga y laboriosa investigación del mundo real, y compris* de los productos y procesos del cerebro humano. Los resultados de la geometría no son más que las propiedades naturales de las diversas líneas, planos y sólidos o sus combinaciones, las cuales en su mayor parte se daban en la naturaleza mucho antes de que existiera el hombre (Radiolarios, insectos, cristales, etc.).

Cap. VI, pág. 55 y sigs.

[El movimiento como modo de existencia de la materia]

El movimiento es el modo de existencia de la materia, por tanto, más que una mera propiedad de ella. No hay materia sin movimiento, ni jamás pudo haberla. Movimiento en el espacio cósmico, movimiento mecánico de masas más pequeñas en un solo cuerpo celeste, la vibración de las moléculas como calor, tensión eléctrica, polarización magnética, descomposición y combinación químicas, vida orgánica hasta su producto más alto, el pensamiento — en cada momento dado, cada átomo individual de materia se halla en una u otra de estas formas de movimiento. Todo equilibrio es o solo reposo relativo o incluso movimiento en equilibrio, como el

*  Inclusive. — Ed.

De los trabajos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring 599

de los planetas. El reposo absoluto solo es concebible en ausencia de materia. Ni el movimiento como tal ni ninguna de sus formas, como la fuerza mecánica, pueden, por tanto, separarse de la materia ni oponérsele como algo aparte o ajeno, sin conducir a un absurdo.

Cap. VI, págs. 65-67

[Selección natural]

Dühring debería alegrarse de la SELECCIÓN NATURAL, pues le proporciona la mejor ilustración de su teoría del fin consciente y los medios. — Mientras Darwin indaga la forma, la selección natural, en que tiene lugar una alteración lenta, Dühring exige que Darwin nombre también la causa de la alteración, de la que el señor Dühring tampoco sabe nada. No importa cuánto progrese la ciencia, el señor Dühring siempre declarará que aún falta algo y así tendrá amplios motivos para refunfuñar.

Cap. VII
[Sobre Darwin]

Cuán grande es la talla del completamente modesto Darwin, que no solo recoge, ordena y elabora miles de hechos de toda la biología, sino que se deleita en citar a cualquier predecesor, por insignificante que sea, incluso en menoscabo de su propia gloria, en comparación con ese fanfarrón de Dühring, que no contribuyendo nada de valor él mismo es hiperexigente con los demás, y que....

Cap. VI, págs. 66-67; Cap. VIII, pág. 74

Dühringiana. Darwinismo, pág. 115.5

La adaptación de las plantas es una combinación de fuerzas físicas o agentes químicos; por tanto, no hay adaptación. Si, "al crecer, una planta toma el camino por el que recibirá más luz", lo hace de diversas maneras y por diversos medios, que difieren según su especie y peculiaridades. Las fuerzas físicas y los agentes químicos, sin embargo, actúan aquí de manera diferente en cada planta y ayudan a la planta,

a Las páginas dadas remiten al Cursus der Philosophie als streng wissenschaftlicher Weltanschauung und Lebensgestaltung de Dühring. — Ed.

600 De los materiales preparatorios

que después de todo es algo distinto de esos "químicos y físicos, etc.", a obtener la luz que necesita del modo que se le ha vuelto peculiar por una larga evolución precedente. De hecho, esta luz actúa como estímulo sobre las células vegetales y pone en movimiento dentro de ellas, como respuesta, precisamente esas fuerzas y agentes. * Puesto que este proceso transcurre en una estructura celular orgánica y asume la forma de estímulo y respuesta, lo que ocurre aquí exactamente igual que en la transmisión por nervios en el cerebro humano, la expresión idéntica, adaptación, encaja en ambos casos. Y si la adaptación ha de realizarse absolutamente por mediación de la conciencia, ¿dónde comienzan y dónde terminan la conciencia y la adaptación? ¿Con el moneron, con la planta insectívora, con la esponja, con el coral, con el primer nervio? Dühring haría un gran favor a los naturalistas del viejo cuño si trazara esta línea divisoria. El estímulo del protoplasma y la respuesta del protoplasma se encuentran dondequiera que haya protoplasma vivo. Y como la influencia de estímulos lentamente cambiantes provoca también cambios en el protoplasma, pues de lo contrario perecería, la misma expresión, adaptación, debe aplicarse a todos los cuerpos orgánicos.

Cap. VII, pág. 66 y sigs.
[Adaptación y herencia]

En lo tocante a la evolución de las especies, Haeckel percibe la adaptación como factor negativo, o alterador; la herencia como factor positivo, o conservador. Dühring, por el contrario, afirma (pág. 122) que la herencia produce también resultados negativos, produce alteraciones. (Además, bonita bazofia sobre la preformación.*'*) Ahora bien, nada más fácil que invertir tales opuestos, como todos los demás opuestos de este género, y probar que la adaptación, precisamente al alterar la forma, conserva la esencia, el órgano mismo, mientras que la herencia, por el solo hecho de la mezcla de dos individuos diferentes cada vez, provoca constantemente cambios cuya acumulación no excluye un cambio de especie. ¡De hecho, los resultados de la adaptación también se heredan! Pero esto no nos hace avanzar ni un paso. Debemos tomar los hechos del caso tal como son e investigarlos, y entonces hallaremos, por supuesto, que Haeckel tiene toda la razón al considerar la herencia esencialmente como el lado conservador, positivo, del proceso y la adaptación como su lado negador, revolucionante. La domesticación

* Y entre los animales, también, la adaptación espontánea es sumamente importante. [Nota al margen.]

De los trabajos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring 601

y la cría, así como la adaptación espontánea, hablan aquí más alto que todas las "sutiles concepciones" de Dühring.

Cap. VII, págs. 75-77

Dühring, pág. 141.

Vida. Que el intercambio de materia es el fenómeno más importante de la vida lo han afirmado innumerables veces durante los últimos veinte años los químicos fisiológicos y los fisiólogos químicos, y aquí se ensalza repetidamente como la definición de la vida. Pero no es ni exacta ni exhaustiva. El intercambio de materia se encuentra también en ausencia de vida, por ejemplo, en procesos químicos simples que, con un suministro adecuado de materia prima, reproducen constantemente sus propias condiciones, siendo un cuerpo determinado el portador del proceso (por ejemplo, véase Roscoe, 102, fabricación de ácido sulfúrico*), en la endósmosis y la exósmosis (¿a través de membranas orgánicas muertas e incluso inorgánicas?), en las células artificiales de Traube**  y su medio. El intercambio de materia, que se supone constituye la vida, requiere a su vez una definición más exacta. Así, a pesar de todas las fundamentaciones más profundas, las concepciones sutiles y las investigaciones más minuciosas, aún no hemos llegado al fondo de esta cosa y seguimos preguntando qué es la vida.

Para la ciencia las definiciones carecen de valor porque son siempre inadecuadas. La única definición real es el desarrollo de la cosa misma, pero esto ya no es una definición. Para conocer y mostrar qué es la vida debemos examinar todas las formas de vida y presentarlas en su interconexión. Por otra parte, para fines ordinarios, una breve exposición de los rasgos más comunes y al mismo tiempo más significativos de una llamada definición es a menudo útil e incluso necesaria, y no puede hacer daño si no se espera de ella más de lo que puede ofrecer. Intentemos, por tanto, dar una definición tal de la vida, intento en el que tantas personas se han devanado los sesos en vano (véase Nicholson**).

La vida es el modo de existencia de los cuerpos albuminoides, y este modo de existencia consiste esencialmente en la renovación constante de sus componentes químicos mediante la nutrición y la excreción...

<sup>a</sup> H. E. Roscoe, *Kurzes Lehrbuch der Chemie nach den neuesten Ansichten der Wissenschaft*, pág. 102. — Ed.

<sup>b</sup> Véase H. A. Nicholson, *A Manual of Zoology*, Introducción general, Sección 4: Naturaleza y condiciones de la vida, donde el autor da diversas definiciones de la vida. — Ed.

21*

602 De los materiales preparatorios

Luego, del intercambio orgánico de materia como función esencial de la albúmina y de su peculiar plasticidad, se derivan todas las demás funciones más simples de la vida: la irritabilidad, que ya está incluida en la interacción mutua entre la nutrición y la albúmina; la contractilidad en el consumo del alimento; la posibilidad de crecimiento, que en el estadio más bajo (mónera) incluye la propagación por fisión; el movimiento interno, sin el cual no es posible ni la deglución ni la asimilación del alimento. Pero cómo se realiza el avance de la simple albúmina plástica a la célula, y de ésta al organismo, debe aprenderse primero mediante la observación; sin embargo, tal indagación no forma parte de una simple definición práctica de la vida. (En la pág. 141, Dühring menciona además todo un mundo intermedio, en tanto que no hay vida real sin un sistema de canales de circulación y un «esquema germinal». Un pasaje soberbio.)

Cap. X, págs. 89-95
Dühring — Economía política. — Los dos hombres

En tanto la moralidad sea el punto en cuestión, Dühring puede presentarlos como iguales, pero tan pronto como la economía política entra en discusión, eso deja de ser así. Si, por ejemplo, los dos hombres son un yanqui metido en todos los oficios y un estudiante berlinés que no trae consigo más que su certificado de graduación y la filosofía de la realidad, y además brazos que por principio jamás se han fortalecido con la esgrima, ¿dónde queda la igualdad? El yanqui lo produce todo, el estudiante sólo ayuda aquí y allá, pero la distribución se efectúa según la contribución de cada uno; pronto el yanqui dispondrá de los medios para explotar capitalísticamente cualquier aumento eventual de la población de la colonia (nacimientos o inmigración). Todo el orden moderno, la producción capitalista y todo lo demás, puede, por tanto, ser engendrado por los dos hombres sin que ninguno de ellos necesite un sable.

Cap. X, págs. 95-99

Dühringiana.

Igualdad — Justicia — La idea de que la igualdad es la expresión de la justicia, el principio de la regulación política y social consumada, surgió de modo bastante histórico. No existió en las comunidades primitivas, o sólo de manera muy limitada, para los miembros plenos de comunidades individuales, y estaba lastrada por la esclavitud. Lo mismo en la democracia de la antigüedad. La igualdad de todos los hombres —griegos, romanos

De los escritos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring 603

y bárbaros, libres y esclavos, súbditos y extranjeros, ciudadanos y peregrinos, etc.— no sólo era insensata, sino criminal para la mente de los antiguos, y en la cristiandad sus primeros inicios fueron naturalmente perseguidos. — En el cristianismo hubo primero la igualdad negativa de todos los seres humanos ante Dios como pecadores y, en una acepción más restringida, la igualdad de todos los hijos de Dios redimidos por la gracia y la sangre de Cristo. Ambas versiones se fundan en el papel del cristianismo como religión de los esclavos, los desterrados, los desposeídos, los perseguidos, los oprimidos. Con la victoria del cristianismo, esta circunstancia quedó relegada a un segundo plano y se atribuyó importancia primordial a la antítesis entre creyentes y paganos, ortodoxos y herejes. — Con el auge de las ciudades y, por tanto, de los elementos más o menos desarrollados de la burguesía, así como del proletariado, la demanda de igualdad como condición de existencia burguesa estaba destinada a resurgir gradualmente, entrelazada con la conclusión extraída por el proletariado de proceder de la igualdad política a la social. Esto asumió naturalmente una forma religiosa, expresada con nitidez por primera vez en la guerra de los campesinos.<sup> **!</sup>— El lado burgués fue formulado por primera vez por Rousseau, en términos tajantes, pero aún en nombre de toda la humanidad. Como ocurrió con todas las demandas de la burguesía, también aquí el proletariado proyectó a su lado una sombra funesta y sacó sus propias conclusiones (Babeuf). Esta conexión entre la igualdad burguesa y la extracción de conclusiones por parte del proletariado debe desarrollarse con mayor detalle.

Así pues, se necesitó casi toda la historia pasada para elaborar el principio de igualdad = justicia, y este éxito no se alcanzó sino cuando una burguesía y un proletariado habían llegado a existir. Sin embargo, el principio de igualdad significa que no debe haber privilegios, por tanto es esencialmente negativo, declara miserable toda la historia pasada. Debido a su falta de contenido positivo y a su rechazo sumario de todo el pasado, es tan adecuado para ser proclamado por una gran revolución, 1789-1796, como para los posteriores mentecatos dedicados a fabricar sistemas. Pero presentar la igualdad = justicia como el principio supremo y la verdad última es absurdo. La igualdad existe sólo en oposición a la desigualdad, la justicia —en oposición a la injusticia; por tanto, aún están lastradas por la oposición a la vieja historia pasada y, en consecuencia, a la vieja sociedad misma.*

Esto basta para impedirles constituir la justicia y la verdad eternas. Unas pocas generaciones de desarrollo social bajo un régimen comunista y con recursos incrementados deben llevar a la humanidad a un estadio

* La idea de igualdad [se sigue] de la igualdad del trabajo humano general en la producción de mercancías. *Das Kapital*, pág. 36. [Nota marginal.]<sup>322</sup>

604 De los materiales preparatorios

en que esta jactancia sobre la igualdad y el derecho aparezca tan ridícula como la jactancia de los privilegios de nobleza y cuna aparece hoy, en que la oposición a la vieja desigualdad y al viejo derecho positivo, e incluso al nuevo derecho transicional, desaparezca de la vida práctica, en que quien insista pedantemente en que se le dé su parte igual y justa de los productos sea ridiculizado dándole el doble. Incluso Dühring encontrará esto «previsible», y ¿dónde cabrán entonces la igualdad y la justicia, si no es en el trastero de las reminiscencias históricas? El hecho de que tales frases constituyan hoy excelente material de propaganda no las convertirá, ni de lejos, en una verdad eterna.

(Hay que elucidar el contenido de la igualdad. — Restricción a los derechos, etc.)

Además, una teoría abstracta de la igualdad sigue siendo hoy un absurdo y lo seguirá siendo por un tiempo considerable. Jamás se le ocurriría a un proletario socialista o a un teórico reconocer la igualdad abstracta entre él y un bosquimano o un fueguino de Tierra del Fuego, o incluso un campesino o un jornalero agrícola semifeudal; y tan pronto como esto se haya superado, aunque sólo sea en Europa, el punto de vista de la igualdad abstracta también será superado. Con la introducción de la igualdad racional, esa igualdad pierde todo sentido. Si ahora se exige la igualdad, es en anticipación de la equiparación intelectual y moral que, en las actuales condiciones históricas, se sigue por sí misma. La moralidad eterna tiene que haber sido posible en todo tiempo y tiene que ser posible en todas partes. Pero ni siquiera Dühring sostiene esto respecto a la igualdad; al contrario, admite un período provisional de represión, por tanto reconoce que la igualdad no es una verdad eterna, sino un producto histórico y un atributo de determinadas condiciones históricas.

La igualdad de la burguesía (abolición de los privilegios de clase) es muy distinta de la del proletariado (abolición de las clases mismas). Si se la lleva más allá de esta última, es decir, si se la concibe abstractamente, la igualdad se convierte en un absurdo. Y así, el señor Dühring se ve finalmente obligado a reintroducir, por una puerta trasera, tanto la fuerza armada como la administrativa, judicial y policial.

Así pues, la idea de igualdad es en sí misma un producto histórico, y su elaboración requirió toda la historia precedente; por tanto, no existió desde toda la eternidad como una verdad. El hecho de que hoy la mayoría de la gente la dé por sentada —*en principe*<sup>a</sup>— no se debe a que sea axiomática, sino a la difusión de las ideas del siglo dieciocho. Y, por lo tanto, si los dos famosos hombres se sitúan hoy en el principio

<sup>a</sup> En principio. — Ed.

De los escritos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring 605

de igualdad, eso se explica por ser presentados como gente «educada» del siglo diecinueve y por ser ello «natural» en ellos. Cómo se comporta y se ha comportado la gente real depende y siempre dependió de las condiciones históricas en que vivían.

Cap. IX, págs. 86-87; Cap. X, págs. 95-99

[Dependencia de las ideas respecto a las relaciones sociales]

La noción de que las ideas y concepciones de la gente crean sus condiciones de vida, y no al revés, queda contradicha por toda la historia pasada, en la que los resultados diferían constantemente de lo deseado y, en el curso ulterior de los acontecimientos, en la mayoría de los casos resultaban incluso lo opuesto. Sólo en el futuro más o menos lejano puede esta noción convertirse en realidad en la medida en que los hombres comprendan de antemano la necesidad de cambiar el sistema social [*Verfassung*] (*sit venia verbo*<sup>a</sup>), a causa del cambio de las condiciones, y deseen el cambio antes de que éste se les imponga sin que tengan conciencia de él ni lo deseen. — Lo mismo vale para las concepciones del derecho y, por tanto, de la política (en la medida en que ello alcance, este punto ha de tratarse bajo «Filosofía», mientras que «fuerza» se reserva para la economía política).

Cap. XI, págs. 105-06 (cf. también Parte III, Cap. V, págs. 300-02)

Incluso el reflejo correcto de la naturaleza es extremadamente difícil, producto de una larga historia de experiencia. Para el hombre primitivo, las fuerzas de la naturaleza eran algo extraño, misterioso, superior. En cierto estadio, por el que atravesaron todos los pueblos civilizados, las asimila mediante la personificación. Fue esta tendencia a personificar la que creó dioses en todas partes, y el *consensus gentium*<sup>b</sup>, en cuanto prueba de la existencia de Dios, demuestra, después de todo, sólo la universalidad de esta tendencia a personificar como un estadio de transición necesario y, en consecuencia, también la universalidad de la religión. Sólo el conocimiento real de las fuerzas de la naturaleza expulsa a los dioses o a Dios de una posición tras otra (Secchi y su sistema solar).<sup>c</sup>

<sup>a</sup> Si se permite usar esta palabra. — Ed.
<sup>b</sup> Consenso de los pueblos. — Ed.
<sup>c</sup> Véase este volumen, pág. 480. — Ed.

606 De los materiales preparatorios

Este proceso ha avanzado ahora tanto que teóricamente puede considerarse concluido.

En la esfera de los fenómenos sociales, el reflejo es aún más difícil. La sociedad está determinada por las relaciones económicas, la producción y el intercambio, y además por las condiciones previas históricas.

Cap. XII, págs. 110-12 (véase también Introducción, págs. 22-24)

Antítesis: si una cosa está lastrada con su antítesis, está en contradicción consigo misma, y lo mismo su expresión en el pensamiento. Por ejemplo, hay una contradicción en que una cosa permanezca la misma y sin embargo cambie constantemente, en estar poseída de la antítesis de «inercia» y «cambio».

Cap. XII
[Negación de la negación]

Todos los pueblos indogermánicos comenzaron con la propiedad común. Entre casi todos ellos, ésta fue abolida, negada, en el curso del desarrollo social, desplazada por otras formas —propiedad privada, propiedad feudal, etc. Negar esta negación, restaurar la propiedad común sobre un plano más elevado de desarrollo, es la tarea de la revolución social. O bien: la filosofía de la Antigüedad fue originariamente un materialismo espontáneo. Éste dio lugar al idealismo, al espiritualismo, negación del materialismo, primero bajo la forma de la antítesis de alma y cuerpo, luego en la doctrina de la inmortalidad y en el monoteísmo. Este espiritualismo se difundió universalmente por medio del cristianismo. La negación de esta negación es la reproducción de lo viejo sobre un plano superior, el materialismo moderno, el cual, a diferencia del pasado, encuentra su conclusión teórica en el socialismo científico...

Huelga decir que estos procesos naturales e históricos tienen su reflejo en el cerebro pensante y se reproducen en él, como se ve en los ejemplos anteriores: —a X ~a, etc.; y justamente los problemas dialécticos capitales se resuelven únicamente mediante este método.

Pero también hay una negación mala, estéril.— La verdadera negación, natural, histórica y dialéctica (tomada formalmente) es precisamente lo que constituye el principio motor de todo desarrollo: la escisión en antítesis, su lucha y su resolución. Al mismo tiempo, sobre la base de la experiencia adquirida, se vuelve a alcanzar el punto de partida originario (en la historia en parte, en el pensamiento del todo), pero sobre un plano más elevado.— La negación estéril es una negación puramente subjetiva, individual. No siendo una fase de desarrollo de la cosa misma, es una opinión introducida desde fuera. Y como de ella nada puede resultar, el negador tiene que estar enemistado con el mundo, encontrando hosco defectos en todo lo que existe o ha existido, en todo el desarrollo histórico. Cierto que los griegos de la Antigüedad realizaron algunas cosas, pero no sabían nada del análisis espectral, de la química, del cálculo diferencial, de las máquinas de vapor, de las carreteras, del telégrafo eléctrico ni del ferrocarril. ¿Para qué detenerse largamente en los productos de gentes de tan poca importancia? Todo es malo —hasta ahora este tipo de negador es pesimista— salvo nuestro propio y exaltado yo, que somos perfectos, y así nuestro pesimismo se resuelve en optimismo. ¡Y de este modo nosotros mismos hemos perpetrado una negación de la negación!

Incluso la manera que tiene Rousseau de considerar la historia —igualdad originaria, deterioro a causa de la desigualdad, restauración de la igualdad sobre un plano superior— es una negación de la negación.

Dühring predica constantemente idealismo —concepción ideal, etc. Si sacamos conclusiones sobre el porvenir a partir de las relaciones existentes, si percibimos e investigamos el lado positivo de los elementos negativos que operan en el curso de la historia —y hasta el más estrecho de miras progresista, el idealista Lasker, lo hace a su modo—, Dühring lo llama “idealismo” y deduce de ello el derecho a diseñar un proyecto para el futuro que incluye hasta los planes de estudio de las escuelas, un proyecto que, sin embargo, es fantástico porque se basa en la ignorancia. Y pasa por alto el hecho de que, al hacerlo, también él está cometiendo una negación de la negación.

Cap. XIII, págs. 127-128
Negación de la negación y contradicción.

La “nada” de un positivo es una nada determinada, dice Hegel.

“Los diferenciales pueden ser considerados y tratados como ceros reales, que mantienen entre sí una relación determinada por el estado de la cuestión en discusión.” Bossut añade que matemáticamente esto no es un disparate.323

0 puede representar un valor muy determinado si se obtiene por la simultánea desaparición del numerador y del denominador. Ídem 0:0 = A: B, donde C = A:B, y por consiguiente cambia con una variación del valor de A o B (pág. 95, ejemplos). ¿Y no es una “contradicción” que ceros formen razones, es decir, que puedan tener no sólo valor en general, sino incluso valores diversos que se pueden expresar en cifras? 1:2=1:2; 1—1:2—2=1:2; 0:0=1:2.

El propio Dühring dice que esas sumaciones de magnitudes infinitamente pequeñas constituyen lo más alto, etc., de las matemáticas, en palabras llanas, el cálculo integral. ¿Y cómo se hace esto? Tengo dos, tres o más magnitudes variables, es decir, tales que mantienen entre sí una relación determinada al cambiar —por ejemplo, dos magnitudes, x e y—, y he de resolver un problema determinado, no soluble por las matemáticas corrientes, en el que x e y funcionan. Diferencio x e y, esto es, tomo x e y tan infinitamente pequeñas que, en comparación con cualquier magnitud real, por pequeña que sea, desaparecen —de modo que de x e y no queda más que su relación recíproca, sin base material alguna; por consiguiente, dx/dy = 0/0, pero ese 0/0 está expresado en la razón x/y. Que esta razón entre dos magnitudes que han desaparecido, el momento fijo de su desaparición, sea una contradicción, no puede perturbarnos. Y ahora, ¿qué he hecho sino negar x e y, aunque no de tal manera que ya no tenga que preocuparme de ellas, sino del modo que corresponde a la naturaleza del caso? En lugar de x e y tengo su negación, dx y dy, en las fórmulas o ecuaciones que tengo ante mí. Opero luego con estas fórmulas como de ordinario, tratando dx y dy como si fueran magnitudes reales, y en cierto punto niego la negación, es decir, integro la fórmula diferencial y, en lugar de dx y dy, vuelvo a poner las magnitudes reales x e y, y entonces no estoy donde estaba al principio, sino que, mediante este método, he resuelto el problema con el que la geometría y el álgebra corrientes se rompían los dientes en vano.

Para la parte II
Cap. II

Allí donde la esclavitud*** es la forma principal de la producción, convierte el trabajo en una actividad servil, haciéndolo así deshonroso para los hombres libres. De este modo queda cerrada la salida de semejante modo de producción, mientras que, por otra parte, la esclavitud es un obstáculo para una producción más desarrollada, la cual exige urgentemente su eliminación. Esta contradicción significa la condena de toda producción basada en la esclavitud y de todas las comunidades que en ella se fundan. La solución se produce en la mayoría de los casos mediante el sometimiento forzoso de las comunidades en decadencia por otras más fuertes (Grecia por Macedonia y más tarde por Roma). Mientras estas mismas tengan la esclavitud como fundamento, no hay más que un desplazamiento del centro y una repetición del proceso sobre un plano más elevado hasta que (Roma), finalmente, un pueblo conquista reemplazando la esclavitud por otra forma de producción. O bien la esclavitud es abolida por la fuerza o voluntariamente, con lo cual el modo de producción anterior perece y el cultivo en gran escala es desplazado por pequeños campesinos colonos, como en América. Por lo demás, también Grecia pereció a causa de la esclavitud; ya Aristóteles decía que el trato con los esclavos desmoralizaba a los ciudadanos, sin mencionar el hecho de que la esclavitud hace imposible el trabajo para estos últimos. (La esclavitud doméstica, tal como existe en Oriente, es otra cosa. Allí no constituye la base de la producción directamente, sino de modo indirecto, como parte constitutiva de la familia, y pasa imperceptiblemente a formar parte de la familia [esclavas del harén].)

Cap. II

En la censurable historia de Dühring, la fuerza detenta el poder. En el movimiento histórico real y progresivo, sin embargo, lo que domina son las conquistas materiales que se conservan.

Cap. II

¿Cómo se mantiene la fuerza, el ejército? Mediante dinero, por tanto dependiente a su vez de la producción. Cf. la flota ateniense y la política del 380-340. La fuerza ejercida contra los aliados fracasó por falta de medios materiales para librar guerras largas y enérgicas. Los subsidios ingleses, concedidos por la nueva gran industria, derrotaron a Napoleón.

Cap. III
[El partido y la instrucción militar]

Al considerar la lucha por la existencia y las declamaciones de Dühring contra la lucha y las armas, debe destacarse que un partido revolucionario también tiene que saber luchar. Tendrá que hacer la revolución, posiblemente algún día en un futuro próximo, pero no contra el actual Estado burocrático-militar. Políticamente, eso sería tan insensato como el intento de Babeuf de saltar desde el Directorio directamente al comunismo; aún más insensato, pues el Directorio era, después de todo, un gobierno burgués y campesino.’ Pero, a fin de salvaguardar las leyes promulgadas por la propia burguesía, el Partido puede verse obligado a tomar medidas revolucionarias contra el Estado burgués que sustituya al actual Estado. Por consiguiente, el servicio militar obligatorio redunda en nuestro interés y todos deberían aprovecharlo para aprender a luchar, pero particularmente aquellos cuya formación los habilita para adquirir la instrucción de oficial en un año de servicio voluntario.

Cap. IV
Sobre “la fuerza”

Se reconoce que la fuerza opera también con efecto revolucionario, a saber, en todas las épocas “críticas” de importancia decisiva, como la transición a la sociedad, pero incluso entonces sólo a la defensiva contra enemigos reaccionarios del exterior. Sin embargo, la subversión en Inglaterra en el siglo XVI, descrita por Marx, también tuvo su lado revolucionario. Fue una condición básica de la conversión de la propiedad territorial feudal en propiedad territorial burguesa y del desarrollo de la burguesía. La Revolución Francesa de 1789 aplicó igualmente la fuerza en medida considerable; el 4 de agosto no hizo más que sancionar los actos de violencia de los campesinos y fue complementado por la confiscación de los bienes de la nobleza y de la Iglesia.**’ La conquista por la fuerza llevada a cabo por los antiguos germanos, la fundación, sobre territorio conquistado, de Estados en los que dominaba el campo y no la ciudad como en la Antigüedad, estuvo acompañada —precisamente por esta última razón— de la transformación de la esclavitud en la servidumbre más suave o dependencia feudal (en la Antigüedad, la transformación de la tierra de cultivo en pastos fue un rasgo concomitante de los latifundios).

Cap. IV
[Fuerza, propiedad comunitaria, economía y política]

Cuando los indogermánicos migraron a Europa, expulsaron por la fuerza a los habitantes aborígenes y cultivaron la tierra, que era propiedad de la comunidad. Entre los celtas, los germanos y los eslavos, la propiedad comunitaria puede aún rastrearse históricamente, y entre los eslavos, los germanos y también los celtas (rundale) subsiste incluso bajo la forma de sujeción feudal directa (Rusia) o indirecta (Irlanda). La fuerza cesó tan pronto como los lapones y los vascos fueron expulsados

off. En los asuntos internos prevalecía la igualdad o el privilegio concedido voluntariamente. Allí donde la propiedad privada de la tierra por campesinos individuales surgió de la propiedad común, esta división, hasta el siglo XVI, se produjo de manera puramente espontánea entre los miembros de la comunidad. En la mayoría de los casos ocurrió de un modo bastante gradual, y con mucha frecuencia podían encontrarse restos de la posesión común. No se pensaba en emplear la fuerza; esta se aplicó solo contra esos restos (Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, Alemania principalmente en el siglo XIX). Irlanda es un caso especial. Esta propiedad común persistió tranquilamente en la India y en Rusia bajo los más diversos despotismos y conquistas violentas, y constituyó su base. Rusia es la prueba de cómo las relaciones de producción determinan las relaciones políticas de fuerza. Hasta finales del siglo XVII, el campesino ruso sufría poca opresión, gozaba del derecho de movimiento y apenas era un siervo. El primer Romanov ató a los campesinos a la tierra. Con Pedro se inició el comercio exterior de Rusia, que solo tenía productos agrícolas para exportar. Esto trajo consigo la opresión de los campesinos. Esta creció en la misma medida que las exportaciones, por causa de las cuales había sido introducida, hasta que Catalina hizo completa la opresión y completó la legislación al respecto. Esta legislación, sin embargo, permitía a los terratenientes explotar cada vez más a los campesinos, de modo que su yugo se hizo cada vez más difícil de soportar.

Cap. IV

Si la fuerza es la causa de las condiciones sociales y políticas, ¿cuál es la causa de la fuerza? La apropiación de los productos del trabajo ajeno y de la fuerza de trabajo ajena. La fuerza pudo cambiar el consumo de los productos, pero no el modo de producción mismo; no podía transformar el trabajo de servidumbre en trabajo asalariado a menos que existieran las condiciones necesarias y el trabajo de servidumbre se hubiera convertido en un freno para la producción.

Cap. IV

Hasta ahora la fuerza, de ahora en adelante la socialidad. Un deseo piadoso, una exigencia de “justicia”. Tomás Moro planteó esta exigencia ya hace 350 años,¹* pero aún no ha sido satisfecha. ¿Por qué habría de cumplirse ahora? Dühring no sabe qué responder. En realidad, la industria moderna plantea esta exigencia no como una exigencia de justicia, sino como una necesidad de la producción, y eso lo cambia todo.

¹* Véase Th. More, Utopía.—Ed.

612 De los materiales preparatorios

A LA PARTE III

Cap. I

Fourier (Nouveau Monde industriel et sociétaire).*

Elemento de desigualdad: “el hombre, siendo por instinto enemigo de la igualdad”, [pág.] 59.

“Este mecanismo de estafa que se llama civilización”, [pág.] 81.

“Se debería evitar relegarlas” (a las mujeres), “como solemos hacer, a tareas ingratas, a los papeles serviles que les asigna la filosofía que sostiene que las mujeres fueron hechas solo para lavar ollas y remendar pantalones viejos”, [pág.] 141.

“Dios ha dotado al trabajo manufacturero con una dosis de atractivo que corresponde solo a una cuarta parte del tiempo que el hombre social puede dedicar al trabajo.” El resto debe dedicarse a la agricultura, la ganadería, la cocina, los ejércitos industriales, [pág.] 152.

“Tierna moral, la amable y pura amiga del comercio”, [pág.] 161. “Crítica de la moral”, [pág.] 162 y sigs.

En la sociedad actual, “en el mecanismo civilizado”, dominan la “duplicidad de acción, la contradicción entre los intereses individuales y colectivos”; es “una guerra universal de los individuos contra las masas. ¡Y nuestras ciencias políticas se atreven a hablar de unidad de acción!” [pág.] 172.

“Los modernos fracasaron en todas partes en el estudio de la naturaleza porque no conocían la teoría de las excepciones o transiciones, la teoría de los híbridos.” (Ejemplos de “híbridos”: “el membrillo, la nectarina, la anguila, el murciélago, etc.”) [pág.] 191.

PARTE SEGUNDA

(La segunda parte del manuscrito de los escritos preparatorios para el Anti-Dühring consiste en extractos del Cursus der National- und Socialökonomie de Dühring. Aquí solo ofrecemos algunas de las notas marginales de Engels y explicamos brevemente a cuáles de las afirmaciones de Dühring se refieren.]

[Sobre la afirmación de Dühring de que “la actividad volitiva mediante la cual se crean las diversas formas de asociación humana está sujeta a su vez a leyes naturales” [1], Engels comentó:]

Y así, ninguna mención del desarrollo histórico. Mera ley natural eterna. Todo es psicología y esta última, desgraciadamente, está mucho más “atrasada” que la política.

[A propósito de la disertación de Dühring sobre la esclavitud, la servidumbre asalariada y la propiedad basada en la fuerza como “formas constitucionales económico-sociales de naturaleza puramente política” [5], Engels escribió:]

Siempre la creencia de que la economía política solo tiene leyes naturales eternas y que todo cambio y distorsión son provocados por la malvada política.

De los escritos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring 613

De ahí que sea correcto en toda la teoría de la fuerza el hecho de que hasta ahora todas las formas de sociedad han necesitado la fuerza para mantenerse y, en cierta medida, incluso han sido establecidas por la fuerza. Esta fuerza, en su forma organizada, se llama Estado. De modo que tenemos aquí la idea banal de que, tan pronto como el hombre se elevó por encima de las condiciones más salvajes, existieron Estados en todas partes, y el mundo no esperó a Dühring para saberlo. — Pero el Estado y la fuerza son precisamente lo que todas las formas de sociedad hasta ahora existentes han tenido en común, y si intentara explicar, por ejemplo, los despotismos orientales, las repúblicas de la antigüedad, las monarquías macedónicas, el Imperio Romano y el feudalismo de la Edad Media diciendo que todos se basaban en la fuerza, no habría explicado nada todavía. Por consiguiente, las diversas formas sociales y políticas no deben explicarse como debidas a la fuerza, que a fin de cuentas es siempre la misma, sino como debidas a aquello a lo que se aplica la fuerza, a aquello que es despojado: los productos y las fuerzas productivas de la época en cuestión y su distribución, resultante de ellos mismos. Entonces se vería que el despotismo oriental se fundaba en la propiedad común, las repúblicas antiguas en las ciudades dedicadas a la agricultura, el Imperio Romano en los latifundios, el feudalismo en el dominio del campo sobre la ciudad, lo cual tenía sus causas materiales, etc.

[Engels citó lo siguiente de Dühring: “Las leyes naturales de la economía solo pueden revelarse en todo su rigor si se eliminan mentalmente los efectos de las instituciones estatales y sociales” (!) “particularmente las de la propiedad basada en la fuerza y vinculadas a la servidumbre asalariada, y si se tiene cuidado de no considerar estas últimas como consecuencias necesarias de la naturaleza permanente del hombre (!)...” [5]. Engels hizo el siguiente comentario sobre este discurso de Dühring:]

Así pues, ¡las leyes naturales de la economía se descubren solo cuando se hace abstracción mental de toda economía hasta ahora existente; hasta ahora nunca se han manifestado sin distorsión! — ¡Naturaleza permanente del hombre: del mono a Goethe!

Se supone que Dühring explica mediante esta teoría de la “fuerza” cómo es que en todas partes, desde tiempos inmemoriales, la mayoría ha estado formada por los sometidos a la fuerza y la minoría por los que la aplican. Esto solo ya prueba que la relación de fuerza se basa en las condiciones económicas, que no es tan sencillo alterar por medios políticos.

En Dühring no se explica la renta, la ganancia, el interés y el salario; solo se afirma que han sido instituidos por la fuerza. ¿De dónde la fuerza? Non est.⁴

⁴ No hay ninguna, es decir, ninguna respuesta.— Ed.

La fuerza da origen a la posesión, y la posesión al poder económico. Por tanto, fuerza = poder.

Marx ha mostrado en El Capital (Acumulación) cómo en determinada fase del desarrollo las leyes de la producción de mercancías engendran necesariamente la producción capitalista con toda su superchería y que para ello no se requiere fuerza alguna.¹*

¹* Véase K. Marx, Das Kapital, págs. 607-08. Véase la presente edición, vol. 35, Parte VII, Capítulo XXIV, Sección 1. Véase este volumen, págs. 150-51.— Ed.

Cuando Dühring considera la acción política como la potencia decisiva última de la historia y quiere hacernos creer que esto es algo nuevo, no hace sino repetir lo que decían todos los historiadores anteriores, quienes también sostenían que las formas sociales están determinadas únicamente por las formas políticas y no por la producción.

¡Es demasiado bueno!²* ¡Toda la escuela librecambista, comenzando por Adam Smith, y en realidad toda la economía política premarxista, considera las leyes económicas, en la medida en que las entiende, como “leyes naturales” y sostiene que su acción es distorsionada por el Estado, por la “acción del Estado y de las instituciones sociales”!

²* Es demasiado bueno.— Ed.

En todo caso, toda esta teoría no es más que un intento de hacer que Carey fundamente el socialismo: la economía por sí misma es armoniosa, el Estado con su interferencia lo echa todo a perder.

La justicia eterna es un complemento de la fuerza; aparecerá en la pág. 282.

[Las opiniones de Dühring, desarrolladas en su crítica a Smith, Ricardo y Carey, fueron caracterizadas por Engels como sigue: “En su forma más abstracta, la producción puede estudiarse muy bien tomando a Robinson como ejemplo; la distribución, tomando a dos personas solas en una isla e imaginando todas las etapas intermedias entre la completa igualdad y la completa oposición entre amo y esclavo...” Engels cita la siguiente frase de Dühring: “El punto de vista que en último análisis es realmente decisivo para la teoría de la distribución solo puede alcanzarse mediante una seria meditación social”’(!) [10]. A lo que Engels comentó:]

Así pues, primero se hace abstracción de la historia real de las diversas relaciones jurídicas, se las separa de la base histórica sobre la que surgieron y solo en la cual tienen sentido, y se las transfiere a dos individuos, Robinson y Viernes, donde naturalmente aparecen como completamente arbitrarias. Después de haberlas reducido así a pura fuerza, se las transfiere de nuevo a la historia real, y así se demuestra que también aquí todo se basa en la mera fuerza. El hecho de que la fuerza debe aplicarse a un sustrato material y de que precisamente se trata de establecer de dónde ha surgido este, deja indiferente a Dühring.

{Engels citó el siguiente pasaje del Cursus der National- und Socialökonomie de Dühring: “La opinión tradicional compartida por todos los sistemas de economía política considera la distribución solo como lo que podría llamarse un proceso transitorio que se ocupa de una masa de productos creados por la producción y considerados como producto conjunto acabado; ... una fundamentación más profunda debe más bien examinar una distribución que se ocupa de las leyes económicas o económicamente operantes mismas y no solo de las consecuencias transitorias y acumulativas de estas leyes” [10-11]. Engels hizo el siguiente comentario:]

Así pues, no basta con investigar la distribución de la producción corriente. La renta del suelo presupone la propiedad territorial, la ganancia, el capital, el salario, trabajadores desposeídos, poseedores de solo fuerza de trabajo. Por consiguiente, debería indagarse de dónde proviene esto. En la medida en que era su preocupación, Marx lo hizo en el Tomo I con respecto al capital y la fuerza de trabajo desposeída; la investigación del origen de la propiedad territorial moderna pertenece a la renta del suelo y, por tanto, forma parte de su Tomo II.** — ¡La investigación y fundamentación histórica de Dühring se limita a la sola palabra: la fuerza! Aquí hay directa mala fides. Para la explicación de Dühring de la gran propiedad territorial, véase Riqueza y valor; más valdría tratarlos aquí.

616 De los materiales preparatorios

Y así, es la fuerza la que crea las condiciones económicas, políticas, etc., de vida de una época, de un pueblo, etc. Pero, ¿quién crea la fuerza? La fuerza organizada es, ante todo, el ejército. Y nada depende más de las condiciones económicas que precisamente la composición, la organización, el armamento, la estrategia y la táctica de un ejército. El armamento es la base, y éste, a su vez, depende directamente del nivel de la producción. Armas de piedra, de bronce y de hierro, armadura, caballería, pólvora, y luego aquella revolución formidable que la industria moderna ha provocado en el arte de la guerra mediante el fusil de retrocarga rayado y la artillería —productos que sólo la industria moderna, con sus máquinas de funcionamiento rítmico que arrojan productos casi absolutamente idénticos, podía fabricar—. La composición y la organización, la estrategia y la táctica dependen, a su vez, del armamento. La táctica depende también de los medios de comunicación —el despliegue de las tropas y los éxitos alcanzados en la batalla de Jena* serían imposibles con las calzadas actuales— y, por último, ¡de los ferrocarriles! De modo que precisamente la fuerza está dominada, más que ninguna otra cosa, por las condiciones de producción existentes, algo de lo que hasta el capitán Jahnsb se ha dado cuenta. (Kölnische Zeitung — Machiavelli, etc.)a

* Véase este volumen, p. 627.— Ed.
a (Actuar, obrar) de mala fe.— Ed.
b M. Jahns, Macchiavelli und der Gedanke der allgemeinen Wehrpflicht.— Ed.

Hay que hacer especial hincapié en los métodos modernos de guerra, desde el fusil y la bayoneta hasta el fusil de retrocarga, donde la cuestión no la decide el hombre del sable, sino el arma; la línea, o la columna cuando las tropas son malas, pero que tiene que estar cubierta por fusileros (Jena: contra Wellington),* y, finalmente, la dispersión general en tiradores y el paso de la marcha lenta a la carrera.

[Según Dühring, «una mano diestra y una cabeza inteligente han de considerarse como un medio de producción perteneciente a la sociedad, como una máquina cuyo producto pertenece a la sociedad» [D. C. 260]. A lo cual observa Engels:]

¡Pero, mientras una máquina no añade valor, una mano diestra sí lo hace! La ley económica del valor, quant à cela, queda así prohibida y, sin embargo, ha de permanecer en vigor.

[Sobre la concepción de Dühring del «fundamento político-jurídico de toda la socialidad» [D. C. 320-321], Engels hace el siguiente comentario:]

Así se aplica de inmediato el rasero idealista. No la producción misma, sino el derecho.

[Acerca de la «comuna económica» de Dühring [322] y del sistema de división del trabajo, distribución, intercambio y régimen monetario que en ella impera, anota Engels:]

De ahí también el pago de salarios [324] al trabajador individual por la sociedad.

De ahí también el atesoramiento, la usura, el crédito y todas las consecuencias hasta las crisis monetarias y la escasez de dinero inclusive. El dinero hace estallar la comuna económica tan inevitablemente como en el momento actual está a punto de hacer estallar la comuna rusa, y también la comuna familiar, una vez que el intercambio entre los miembros individuales se realiza por mediación del dinero.

[Engels cita la siguiente frase de Dühring, intercalando entre paréntesis su comentario: «El trabajo real en cualquiera de sus formas constituye, por tanto, la ley social de la naturaleza que rige las organizaciones sanas [15] (de donde se sigue que todas las anteriores eran insanas)»... Esto da pie a Engels para observar:]

El trabajo se concibe aquí, o bien como trabajo económico, materialmente productivo, en cuyo caso la frase es un disparate y contradice toda la historia pasada. O bien se concibe el trabajo en una forma más general, de modo que comprenda toda clase de actividad necesaria o útil en una época, como son el gobierno, la administración de justicia y los ejercicios militares, en cuyo caso es una trivialidad enormemente hinchada y no tiene nada que ver con la economía política. Pero intentar impresionar a los socialistas con esta vieja basura llamándolo «natural

617 De los escritos preparatorios de Engels para el Anti-Dühring