Ampliaciones y modificaciones del texto del “Anti-Dühring” practicadas por Engels al redactar “La evolución del socialismo desde
LA UTOPÍA HASTA LA CIENCIA”.
[Sobre Saint-Simon]
Saint-Simon fue un hijo de la gran Revolución Francesa, al estallar
la cual no tenía aún treinta años. La Revolución fue la victoria del tercer
Estado, es decir, de la gran masa de la nación, activa
en la producción
y el comercio, sobre los estamentos ociosos,
hasta entonces privilegiados,
de la nobleza y el clero. Pero la victoria del tercer Estado resultó pronto
ser la victoria exclusiva de una pequeña parte de ese estamento, la conquista del poder político por la capa socialmente privilegiada de aquel
estamento, *la burguesía propietaria. Ya durante la revolución esa burguesía se había desarrollado rápidamente por medio de la especulación
con las propiedades inmuebles de la nobleza y el clero, confiscabas y
luego vendidas,
y por medio de la estafa a la nación con los suministros
militares. Precisamente el dominio de esos estafadores fue lo que llevó
a Francia y a la Revolución, bajo el gobierno del Directorio, al borde
de la catástrofe, dando así a Napoleón el pretexto para su golpe de
Estado. Por todo eso en la cabeza de Saint-Simon la contraposición
entre el tercer Estado y los estamentos privilegiados tomó la forma de
una contraposición entre “trabajadores” y “ociosos”. Los ociosos no eran
sólo los viejos privilegiados, sino también todos los que vivían de rentas
sin participar directamente en la producción y el comercio. Y los “trabajadores” no eran sólo los asalariados, sino también los fabricantes, los
comerciantes y los banqueros. Los ociosos habían perdido la capacidad de
dirigir intelectualmente, así como la del mando político: esto estaba claro
y había sido definitivamente sellado por la Revolución. Y las experiencias
del. Terror probaron, en opinión de Saint-Simon, que los desposeídos no
tenían tampoco aquella capacidad. ¿Quién iba, pues, a dirigir y gobernar?
Según Saint-Simon, la ciencia y la industria, ambas reunidas por un nuevo
lazo religioso destinado a restablecer la unidad de las concepciones religiosas rota desde la Reforma, un “nuevo Cristianismo” necesariamente místico
y rigurosamente jerárquico. Pero la ciencia quería decir los eruditos de
escuela, y la industria eran ante todo los burgueses activos, los fabricantes,
los comerciantes, los banqueros. Los burgueses, ciertamente, debían convertirse en una especie de funcionarios públicos, o fiduciarios sociales, pero
mantendrían frente a los obreros una posición de mando y económicamente privilegiada. Señaladamente, los banqueros estaban llamados a ordenar
la total producción social mediante la regulación del crédito. Esta con-
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cepción correspondía plenamente a una época en la cual la gran industria,
y con ella la contraposición entre burguesía y proletariado, estaba apenas
naciendo en Francia. Pero lo que más subraya Saint-Simon es lo siguiente:
lo que más importa siempre y en todas partes es mejorar el destino de
“la clase más numerosa y más pobre” (la classe la plus nómbrense et la
plus pauvre).
[Resumen del capítulo II de la tercera sección del Anti-Diihring]
Resumamos brevemente para terminar nuestro desarrollo:
I.
Sociedad medieval: Pequeña producción individual. Medios de producción a la medida del uso individual, por tanto, espontáneos y limitados,
mezquinos, de efectos enanos. Producción para el consumo inmediato, ya
del productor mismo, ya de su señor feudal. Sólo cuando se produce un
excedente de la producción sobre aquel consumo se ofrece en venta
ese excedente y entra en el intercambio: producción mercantil, por tanto,
apenas naciente; pero ya contiene en sí, en germen, la anarquía de la
producción social.
II. Revolución capitalista: Transformación de la industria, primero por
la colaboración simple y la manufactura. Concentración de los medios de
producción, hasta entonces dispersos, en grandes talleres, y con ello transformación de medios de producción del individuo en medios de producción sociales, una transformación que no afecta en sus líneas generales
a la forma del intercambio. Siguen vigentes las viejas formas de aípropia-
ción. Aparece el capitalista: en su condición de propietario de los medios
de producción se apropia también los productos y los convierte en mercancías. La producción ha llegado a ser un acto social; el intercambio, y
con él la apropiación, siguen siendo actos individuales, actos del individuo:
el producto social es apropiado por el capitalista individual. Contradicción
básica de la que nacen todas las demás contradicciones en las cuales se
mueve la actual sociedad, y que la gran industria manifiesta abiertamente.
A. Separación del productor de los medios de producción. Condena del trabajador a trabajo asalariado de por vida. Contraposición
entre el proletariado y la burguesía.
B. Creciente manifestación y creciente eficacia de las leyes que
rigen la producción mercantil. Lucha sin freno de la competencia.
Contradicción entre la organización social en la fábrica y la anarquía
social en la producción total.
C. Por una parte, perfeccionamiento de la maquinaria por la
competencia, convertido en necesidad para cada fabricante, y equivalente a una creciente exclusión de trabajadores: ejército industrial
de reserva. Por otra parte, expansión ilimitada de la producción, también como ley necesaria de la competencia para cada fabricante.
Por ambos lados inaudito desarrollo de las fuerzas productivas, exceso
de la oferta sobre la demanda, superproducción, saturación de los
mercados, crisis cada diez años, círculo vicioso: sobreabundancia
aquí de medios de producción y de productos
—
sobreabundancia
allí de trabajadores sin trabajo y sin medios de existencia; pero esas
340 BORRADORES Y VARIANTES DEL “ anti-DÜHRING”

dos palancas de la producción y del bienestar social no pueden unirse,
porque la forma capitalista de producción impide que las fuerzas
productivas actúen y que los productos circulen si no se han transformado antes en capital; y esto es precisamente lo que no puede
ser por su propia sobreabundancia. Esta contradicción se ha agudizado hasta el absurdo: el modo de producción se rebela contra la
forma de intercambio. Queda probada la incapacidad de la burguesía
para seguir dirigiendo sus propias fuerzas productivas sociales.
D. Parcial reconocimiento del carácter social de las fuerzas productivas, reconocimiento que se impone a los mismos capitalistas.
Apropiación de los grandes organismos de la producción y el tráfico
primero por sociedades por acciones, luego por trusts, finalmente por
el Estado. La burguesía resulta una clase superflua; todas sus funciones sociales son ahora desempeñadas por empleados a sueldo.
III. Revolución proletaria, disolución de las contradicciones: el proletariado asume el poder público y transforma, mediante ese poder, en
propiedad pública los medios de producción sociales que se le están escapando de las manos a la burguesía. Mediante ese acto libera a los medios
de producción de su anterior cualidad de capital, y da a su carácter social
plena libertad de imponerse. Se hace posible una producción social según
un plan predeterminado. El desarrollo de la producción convierte en anacronismo la ulterior existencia de diversas clases sociales. En la medida
en que desaparece la anarquía de la producción, se anquilosa también la
autoridad política del Estado. Los hombres, finalmente dueños de su propio modo de sociación, se hacen al mismo tiempo con ello dueños de la
naturaleza, dueños de sí mismos: libres.
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