Una dolencia nerviosa que me ha asaltado periódicamente en el curso de los últimos diez años me ha impedido responder antes a su carta del 16 de febrero. Lamento no poder proporcionarle, destinada a la publicación, una exposición sucinta de la cuestión que ha tenido a bien plantearme. Hace meses prometí al Comité de San Petersburgo* entregarles un trabajo sobre el mismo tema. Confío, sin embargo, en que unas pocas líneas basten para disipar las dudas que pueda usted abrigar en cuanto al malentendido respecto a mi llamada teoría.

Al analizar la génesis de la producción capitalista digo:

«En la base del sistema capitalista se halla, por tanto, la separación completa del productor respecto a los medios de producción... la base de todo este desarrollo es la expropiación del productor agrícola. Hasta hoy, esto no se ha llevado a cabo de manera radical en parte alguna, salvo en Inglaterra... Pero todos los demás países de Europa occidental están atravesando el mismo proceso» (El Capital, ed. francesa, pág. 315).

De ahí que la «inevitabilidad histórica» de este proceso quede expresamente limitada a los países de Europa occidental. La causa de esa limitación se indica en el siguiente pasaje del capítulo XXXII:

«La propiedad privada, basada en el trabajo personal ... será suplantada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación del trabajo ajeno, en el trabajo asalariado» (loc. cit., pág. 341).

En este movimiento occidental, por tanto, lo que tiene lugar es la transformación de una forma de propiedad privada en otra forma de propiedad privada. En el caso de los campesinos rusos, su propiedad comunal, por el contrario, tendría que transformarse en propiedad privada.

Por consiguiente, el análisis expuesto en El Capital no aduce razones ni en pro ni en contra de la viabilidad de la comuna rural; pero el estudio especial que he hecho de ella, y para el cual he utilizado materiales extraídos de fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia; mas para que pueda funcionar como tal, sería necesario eliminar primero las influencias deletéreas que la asaltan por todos lados, y asegurarle luego las condiciones normales de un desarrollo espontáneo.

Tengo el honor de ser, querida Ciudadana, suyo muy fielmente,

Karl Marx