Se recibió un informe de Dinamarca que se refería principalmente a la condición de los trabajadores agrícolas y a la agitación que se desarrolla entre ellos. En Dinamarca sólo hay dos partidos políticos oficiales: los «Doctrinaires», que representan a la clase capitalista, y los «Peasants Friends», como ellos mismos se llaman, que representan a los terratenientes —incluida la nobleza terrateniente— y a los grandes propietarios campesinos. También pretenden representar a los trabajadores agrícolas, pero, como es natural, nunca se ha hecho nada por ellos. La nobleza es relativamente impotente en Dinamarca, de modo que los grandes poseedores campesinos constituyen el grueso del partido «Peasants Friends». Los pequeños agricultores y los trabajadores han sido dirigidos hasta ahora por ellos, pues aunque unos pocos representantes de esta última clase habían sido elegidos para el Parlamento, actuaban bajo la influencia de los grandes poseedores campesinos y eran utilizados por ellos como meros instrumentos.

La Internacional se propone liberar a los pequeños campesinos y a los trabajadores agrícolas de esta sumisión a los hombres que se enriquecen a costa de su trabajo, y se esfuerza por constituirlos en un partido independiente, distinto de los mal llamados «Peasants Friends», pero en íntima unión con los obreros de las ciudades. Este nuevo partido obrero parte de la base sentada por el Congreso de Basilea: la nacionalización de la tierra.¹

«“Es una verdad cada vez más reconocida —dice *Socialisten*, nuestro órgano de Copenhague— que la tierra es propiedad común del pueblo, que el pueblo debe cultivarla en común, disfrutar su producto común y entregar su excedente (renta) al Estado para fines comunes.”²

² L. Pio, “Om vore Landboforhold”, *Socialisten*, núm. 17, 4 de noviembre de 1871. —Ed.

Pero como la tierra en Dinamarca es principalmente propiedad de una numerosa clase de propietarios campesinos, cada uno de los cuales posee de 50 a 100 acres de buena tierra, la expropiación inmediata de un cuerpo tan considerable sería imposible. Se ha propuesto, por tanto, un plan que ofrece muchas ventajas tanto al poseedor como a los trabajadores, a saber, establecer Sociedades Cooperativas Agrícolas compuestas por poseedores campesinos y trabajadores, para el cultivo común de la tierra, actualmente cultivada por ellos individualmente. Las pequeñas y medianas granjas serían así sustituidas por granjas de 500 acres o más, lo que permitiría la introducción de aperos agrícolas, cultivo a vapor y otras mejoras modernas, de las cuales no se puede sacar provecho cuando la agricultura se lleva a cabo en pequeña escala. El capital necesario será adelantado por el Estado con la garantía de la tierra perteneciente a cada asociación; estas proposiciones tienen necesariamente un carácter muy elemental, pero parecen bien adaptadas al intelecto y a la capacidad de la población agrícola, mientras que la constante referencia a la nacionalización de la tierra como fin último del movimiento contribuirá poderosamente a romper esa subordinación política en la que los grandes terratenientes, con la ayuda del cura, del maestro de escuela rural y del funcionario del gobierno, han mantenido hasta ahora a los trabajadores agrícolas.