Este Congreso fue precedido por el de la Federación del Jura,¹ que rechazó las resoluciones de La Haya, en particular la que expulsaba a Bakunin y Guillaume. Como consecuencia, la Federación fue suspendida por el Consejo General.²

¹ N° 1243, 19 de diciembre de 1871. — Ed.  
² N° 20/21, 10 de noviembre de 1872 (véase también este volumen, pág. 300). — Ed.

La Alianza estuvo plenamente representada en el congreso antiautoritario. Junto a los españoles y los jurásicos, había seis delegados italianos, entre ellos Costa, Cafiero, Fanelli y el propio Bakunin; dos delegados afirmaron representar a «varias secciones francesas», y otros dos delegados estadounidenses. En total, quince «aliados». Este Congreso ofreció finalmente a Bakunin «todas las garantías de un proceso imparcial y serio»*; y también aquí reinó la unanimidad completa. Estos hombres, de los cuales al menos la mitad no pertenecía a la Internacional, se erigieron en miembros de un tribunal supremo llamado a pronunciar la sentencia definitiva sobre los actos de un Congreso General de nuestra Asociación. Anunciaron su rechazo absoluto de todas las resoluciones aprobadas por el Congreso de La Haya y se negaron a reconocer en modo alguno las atribuciones del nuevo Consejo General elegido por éste. Finalmente, formaron, en nombre de sus federaciones y sin mandato alguno al efecto, una alianza ofensiva y defensiva, un «pacto de amistad, de solidaridad y de defensa mutua», contra el Consejo General y todos aquellos que reconocieran las resoluciones del Congreso de La Haya. Definieron su anarquismo abstencionista en la siguiente resolución, que era una condena directa de la Comuna de París:

«El Congreso declara: 1) que la destrucción de todo poder político es el primer deber del proletariado; 2) que toda organización de un poder político supuestamente provisional y revolucionario destinada a llevar a cabo esta destrucción no puede ser sino una nueva superchería y será tan peligrosa para el proletariado como todos los gobiernos actualmente existentes;»*

Finalmente, se decidió invitar a las demás federaciones autonomistas a adherirse al nuevo pacto y celebrar un segundo congreso antiautoritario seis meses más tarde.

Quedó así proclamada la escisión en el seno de la Internacional. A partir de ese momento, el Comité del Jura asumió abiertamente la dirección de los asuntos de los disidentes. La parte de la Internacional que lo seguía no era más que la antigua Alianza pública reconstituida, que servía de cobertura e instrumento a la Alianza secreta.

Al regresar a España, los cuatro hijos de Aymon, miembros de la Alianza española,* publicaron un manifiesto lleno de calumnias contra el Congreso de La Haya y de adulaciones para con el de Saint-Imier.* El Consejo Federal apoyó este libelo y, por orden del centro suizo, convocó en Córdoba para el 25 de diciembre de 1872 el congreso regional que no debía celebrarse hasta abril de 1873. El centro suizo, por su parte, se apresuró a revelar a todos la posición subordinada que el Consejo venía ocupando junto a él. Por encima del Consejo español, el Comité del Jura envió a todas las federaciones locales de España las resoluciones de Saint-Imier.

* N° 17/18, 15 de septiembre-1 de octubre de 1872, pág. 12. — Ed.

En el Congreso de Córdoba, sólo estuvieron representadas 36 federaciones de un total de 101 (cifra oficial dada por el Consejo Federal); de modo que fue, si los hay, un congreso minoritario. Las federaciones recién formadas estuvieron representadas por numerosos delegados; Alcoy tenía seis, y sin embargo esta federación nunca antes había estado representada en un congreso regional. Incluso en la época del Congreso de La Haya, todavía no existía, pues no había aportado ni un voto ni un céntimo a la delegación española. Las federaciones importantes y activas, como Gracia (500 miembros), Badalona (500), Sabadell (125), Sans (1.061), brillaron por su ausencia. En una lista de cuarenta y ocho delegados, había catorce miembros notorios de la Alianza, de los cuales diez representaban a federaciones de las que no eran miembros y que probablemente ni siquiera los conocían. Segura de la mayoría que había amaño, la Alianza se dio rienda suelta. Se desecharon los estatutos de la federación regional, redactados en Valencia y aprobados en Zaragoza; se descabezó a la Federación española y se reemplazó su Consejo Federal por una simple comisión de correspondencia y estadística que ni siquiera conservó la función de remitir las cotizaciones españolas al Consejo General. Finalmente, la Alianza rompió con la Internacional, rechazando las resoluciones del Congreso de La Haya y adoptando el pacto de Saint-Imier. Llegó tan lejos en su anarquía que repudió de antemano el próximo Congreso General y lo sustituyó por un nuevo congreso antiautoritario

«en caso de que el primero no restituya la dignidad e independencia de la Internacional repudiando el Congreso de La Haya».

En La Haya, la Alianza quiso imponer, mediante el mandato imperativo español, la forma de votación que más le convenía en aquel momento. En Córdoba, llegó incluso a prescribir, con nueve meses de antelación, las resoluciones que debía adoptar el próximo Congreso General. Hay que reconocer que la autonomía de las secciones y federaciones no podía llevarse más lejos.

Al expulsar a la Alianza y a sus jefes de la Internacional, el Congreso de La Haya dio un nuevo impulso al movimiento antialiancista en España. La Nueva Federación Madrileña recibió, en su campaña recién emprendida, el apoyo de las federaciones de Zaragoza, Vitoria, Alcalá de Henares, Gracia, Lérida, Denia, Pont de Vilumara, Toledo, Valencia, la nueva federación de Cádiz, etc. La circular del Consejo Federal que convocaba el Congreso de Córdoba le pedía erigirse en juez de las resoluciones aprobadas en el Congreso General de La Haya.* Esto constituía una violación flagrante no sólo de los Estatutos Generales, sino también de los estatutos regionales españoles, cuyo artículo 13 decía:

«El Consejo Federal aplicará y hará aplicar los acuerdos de los congresos regionales e internacionales.»

La Nueva Federación Madrileña reaccionó con una circular a las demás federaciones locales* en la que declaraba que con este acto el Consejo Federal se había colocado fuera de la Internacional, y les pedía que lo sustituyeran por un nuevo consejo provisional cuya misión sería la estricta observancia de los Estatutos y no la obediencia pasiva a las órdenes de la Alianza. Esta propuesta fue aceptada; se nombró un nuevo Consejo Federal con sede en Valencia. En su primera circular (2 de febrero de 1873), se declaró «fiel guardián de los Estatutos de la Internacional, tal como fueron redactados y sancionados en los congresos internacionales y regionales», y protestó enérgicamente contra quienes pretendían sembrar «¡la anarquía en la Internacional, la anarquía antes de la revolución, el desarme antes del triunfo! ¡Qué alegría para la burguesía!».

Los belgas celebraron su congreso al mismo tiempo que los españoles y asimismo rechazaron las resoluciones de La Haya. El Consejo General les respondió, al igual que a los secesionistas españoles, con la resolución del 26 de enero de 1873, que declaraba que «todas las sociedades o individuos que se nieguen a reconocer las resoluciones del Congreso, o que deliberadamente descuiden el cumplimiento de los deberes impuestos por los estatutos y reglamentos administrativos, se colocan fuera de la Asociación Internacional de los Trabajadores y dejan de pertenecer a ella». El 30 de mayo completó esta declaración con la siguiente resolución:

«Considerando que el Congreso de la federación belga, celebrado en Bruselas los días 25 y 26 de diciembre de 1872, resolvió declarar nulos y sin efecto los acuerdos del 5º Congreso General;

»Considerando que el Congreso de una parte de la federación española, celebrado en Córdoba del 25 de diciembre [de 1872] al 2 de enero de 1873, resolvió repudiar los acuerdos del 5º Congreso General y adoptar las resoluciones de una reunión antiinternacional;

»Considerando que una reunión, celebrada en Londres el 26 de enero de 1873, resolvió repudiar lo actuado por el 5º Congreso General;

»El Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, en cumplimiento de los estatutos y reglamentos administrativos y de conformidad con su resolución del 26 de enero de 1873, por la presente declara:

»Todas las federaciones regionales y locales, secciones e individuos que hayan participado en los susodichos congresos y reuniones de Bruselas, Córdoba y Londres y reconozcan sus resoluciones, se han colocado fuera de la Asociación Internacional de los Trabajadores y han dejado de ser miembros de la misma.»

Al mismo tiempo, declaró una vez más que no existe ninguna federación regional italiana de la Internacional, ya que ninguna organización que se llame con ese nombre ha cumplido las condiciones mínimas de admisión y afiliación impuestas por los Estatutos y Reglamentos Administrativos. Sin embargo, en distintos puntos de Italia existen secciones que están en regla con el Consejo General y se mantienen en comunicación con él.

Por su parte, los jurásicos celebraron otro congreso los días 27 y 28 de abril en Neuchâtel. Hubo diecinueve delegados presentes de diez secciones suizas y una llamada sección de Alsacia; dos secciones suizas y una francesa no enviaron delegados. La Federación del Jura pretendía así contar con doce secciones en Suiza. Pero el delegado de Moutier* declaró que sólo había venido a hablar en favor de la reconciliación con la Internacional, y que tenía un mandato imperativo para no participar en los trabajos del congreso. En efecto, Moutier se había separado de la Federación del Jura después del Congreso de Saint-Imier. Quedaron, pues, once secciones. El hecho de que el informe del Comité* se abstuviera escrupulosamente de dar la menor indicación sobre su situación interna y su fuerza nos da derecho a suponer que no tenían más vitalidad que en la época del Congreso de Sonvillier. En compensación, el informe despliega en orden de batalla las fuerzas exteriores de los jurásicos, los aliados que la Alianza ganó tras el Congreso de La Haya. Según este informe, se trataba casi en su totalidad de federaciones de la Internacional:

«Italia» —Pero ya hemos visto que no existe ninguna federación italiana.

«España» — Aunque la mayoría de los miembros españoles de la Internacional se han pasado al campo secesionista, acabamos de ver que la Federación española todavía existe y mantiene comunicación regular con el Consejo General.

«Francia, en lo que allí está seriamente organizado», es decir, la «sección de Francia», que se excusó ante el Congreso de Neuchâtel por no haber enviado delegado. Nos guardamos muy bien de revelar a los jurásicos lo que en Francia sigue estando «seriamente organizado», pese a las últimas persecuciones, que han demostrado sobradamente de qué lado estaba esa organización seria y que, como siempre, han preservado solícitamente a los escasos miembros de la Alianza en Francia.

«Toda Bélgica» —es la víctima de la Alianza, cuyos principios está lejos de compartir.

«Holanda, salvo una sección» —es decir, dos secciones holandesas apoyaron no el pacto de Saint-Imier, sino la declaración antiseparatista de la minoría de La Haya.

«¡Inglaterra, salvo unos pocos disidentes!» — Los «disidentes», es decir, la inmensa mayoría de las secciones inglesas de la Internacional, celebraron su Congreso el 1 y 2 de junio en Manchester, donde veintiséis delegados que representaban a veintitrés secciones ** estaban presentes; mientras que la «Inglaterra» de los jurásicos no tenía secciones ni Consejo Federal, y mucho menos un Congreso.

«¡América, salvo unos pocos disidentes!» — La Federación Americana de la Internacional existe y funciona con regularidad en completa armonía con el Consejo General. Tiene su Consejo Federal y sus Congresos. La «América» del Comité del Jura está compuesta puramente por esos burgueses traficantes de amor libre, papel moneda, cargos públicos y sobornos, que fueron representados tan magníficamente en el Congreso de La Haya por Mr. West que incluso los delegados del Jura no se atrevieron a hablar ni votar a su favor.

Núm. 9, 1 de mayo de 1873.— Ed.

«Los eslavos» —es decir, la «sección eslava de Zúrich», que, como siempre, figura como toda una raza. Los polacos, los rusos y los eslavos austríacos y húngaros de la Internacional, enemigos declarados de los secesionistas, no cuentan.

Esto era a lo que se reducían los aliados de la Alianza. Si las once secciones del Jura no eran más reales que la mayoría de esos aliados, su comité tenía buenas razones para guardar silencio sobre ellas.

En este orden de batalla de la Alianza, Suiza brillaba por su ausencia. Había muy buenas razones para ello. Un mes más tarde, el 1 y 2 de junio, se celebró en Olten un Congreso general de los trabajadores suizos para organizar la resistencia y las huelgas.* Cinco jurásicos* predicaron allí el evangelio de la autonomía absoluta de las secciones; hicieron que el Congreso perdiera más de la mitad de su tiempo. Finalmente, hubo que someter la cuestión a votación. El resultado fue que de ochenta delegados, setenta y cinco votaron contra los cinco jurásicos, que no tuvieron más remedio que abandonar la sala.

Sin embargo, en sus reuniones secretas, la Alianza no parecía suscribir, por lo que respecta a sus fuerzas reales, las ilusiones que quería imponer al público. En ese mismo Congreso de Neuchâtel, hizo que se adoptara la siguiente resolución:

«Considerando que, de conformidad con los Estatutos Generales, el Congreso General de la Internacional se reúne cada año sin necesidad de ser convocado por el Consejo General, la Federación del Jura propone a todas las federaciones de la Internacional que se reúnan para un Congreso General el lunes 1 de septiembre, en una ciudad suiza.»

Y para impedir que este congreso repitiera los «errores fatales de La Haya», se pidió que los delegados de la Alianza y sus aliados se reunieran, el 28 de agosto, para un congreso antiautoritario. Del debate sobre esta proposición se desprende que

«para nosotros, el único Congreso General de la Internacional será el convocado directamente por las propias federaciones, y no el que el llamado Consejo General de Nueva York pudiera intentar convocar».b

He aquí, pues, la escisión llevada al extremo con todas las consecuencias que ello implica. Los miembros de la Internacional asistirán al congreso que el Congreso anterior ha encargado al Consejo General que convoque en una ciudad suiza de su elección. Los miembros de la Alianza y su cortejo de incautos acudirán a un congreso convocado por ellos mismos en virtud de su autonomía. Les deseamos un buen viaje.

VIII