“F. ENGELS INFORME DEL CONSEJO GENERAL SOBRE LA SITUACION EN ESPAÑA, PORTUGAL E ITALIA 1. ESPAÑA En España, la Internacional se fundó primero como simple apéndice de la sociedad secreta de Bakunin, la Alianza, a la que debía servir de una especie de base de reclutamiento y, a la vez, de palanca para manipular en todo el movimiento proletario. Vais a ver ahora que la Alianza también intenta hoy abiertamente volver a colocar la Internacional en España en la misma posición subordinada en que la tenía antes. Debido a esa dependencia, las doctrinas peculiares de la Alianza: la abolición inmediata del Estado, la anarquía, el antiautoritarismo, la abstención de todo acto político, etc., se predicaban en España como doctrinas de la Internacional. Al mismo tiempo, cada miembro destacado de la internacional era incluido de golpe en la organización secreta e imbuido en la creencia de que este sistema de dirección de la asociación pública por la sociedad secreta existía en todas partes y era de cajón.

Eso ocurrió en 1869, y el primero que introdujo la Internacional en España, y con ella la Alianza, fue el italiano Fanelli quien, a despecho de sus convicciones abstencionistas, es ahora miembro del Parlamento italiano. En junio de 1870 se celebró el primer Congreso de la Internacional española en Barcelona, donde se adoptó el plan de organización que luego se desplegó por completo en la Gonferencia de Valencia (septiembre de 1871), que está en vigor actualmente y que ha dado ya los mejores resultados. Lo mismo que en todos los demás sitios, la participación que nuestra Asociación tuvo (a la par con la que se le achaADA RT a o a 2 có) en la revolución de la Comuna de París, dio también en España preponderancia a la Internacional. Esta preponderancia y las primeras persecuciones gubernamentales, que siguieron inmediatamente después, acrecentaron muchísimo nuestras filas en España. Sin embargo, al momento de convocarse la Conferencia de Valencia no existían en el país más que trece federaciones locales, aparte de algunas secciones aisladas en varios lugares. : La Conferencia de Valencia dejó el Consejo Federal en Madrid, donde quedó residenciado por acuerdo del Congreso de Barcelona, y lo dejó compuesto casi igual que antes; pero no fue reelegido un miembro importante suyo, Tomás González Morago (delegado al Congreso de La Haya). Cuando, durante las primeras persecuciones gubernamentales, en junio de 1871, el Consejo Federal hubo de buscar refugio por algún tiempo en Lisboa, Morago abandonó su puesto a la hora del peligro; esta fue la causa de su exclusión del nuevo Consejo Federal. A raíz de entonces comenzó una guerra oculta que acabó en una escisión abierta. Inmediatamente después de la Conferencia de Valencia se celebró la de Londres (septiembre de 1871). Los españoles enviaron a un delegado, Anselmo Lorenzo, y él fue el primero que llevó a España la noticia de que la Alianza secreta era inconcebible en nuestra Asociación y que, todo lo contrario, el Consejo General y la mayoría de las federaciones estaban decididamente en contra de la Alianza, pues su existencia ya se conocía entonces.

Poco después, Sagasta comenzó sus persecuciones contra la Internacional y la puso fuera. de la ley. Morago, a la sazón miembro del Consejo local de Madrid, volvió a abandonar su puesto y dimitió. Pero a las amenazas del Gobierno no siguieron acciones de alguna importancia; es verdad que se denegó a la Internacional el derecho de reunión pública, pero las secciones y consejos siguieron reuniéndose sin que los molestasen. El único efecto que tuvo esta prohibición gubernamental fue un crecimiento enorme del número de afiliados a la Internacional. Para el Congreso de Zaragoza, en abril de 1872, la Asociación contaba con setenta - federaciones locales regularmente constituidas, y en otras cien localidades se desplegaba vasta labor de organización y propaganda. Había más de ocho oficios organizados en uniones de todo el país, dirigidas por la Internacional, y estaba a punto de constituirse una gran unión de todos los obreros fabriles de España (mecánicos, hilanderos y tejedores). Mientras tanto, la guerra oculta en el seno de la Internacional proseguía y comenzaba a tomar un sesgo distinto y más grave. La antipatía personal que los miembros del nuevo Consejo Federal elegido en Valencia inspiraban a Morago (que, a pesar de sus reiteradas deserciones, tenía mucha influencia en Madrid) ya no era el único móvil de esta pugna. Los líderes de la Alianza secreta, sobre todo los de grados supcriores, que recibían instrucciones directas de Bakunin, y Morago se contaba entre ellos, habían montado en cólera debido a las resoluciones de la Conferencia de Londres sobre la sección descubierta de la Alianza y la acción política de la clase obrera. Esta cólera se expresó en la circular de Souvillier, de la Federación del Jura, en la que se reclamaba la convocación inmediata de un congreso extraordinario. El Consejo Federal de España, de acuerdo con muchas secciones, no se atrevía a ponerse en este problema contra el Consejo General y la Conferencia de Londres, y eso fue para aquéllos un crimen más. Por si fuera poco, en enero de 1872 llegó a Madrid Pablo Lafargue y entabló amistad con los miembros del Consejo Federal, no tardando en convencerlos, con numerosos hechos, de que todo el asunto del Jura era una intriga basada en una calumnia para desorganizar la Internacional. Desde este momento, la suerte del Consejo Federal quedó decidida. Como sus miembros eran al mismo tiempo redactores de La Emancipación, el consejo local riñó con el periódico y logró que los expulsaran de la Federación local de Madrid. Esta expulsión fue anulada por el Congreso de Zaragoza; pero se había alcanzado el fin inmediato, que era hacer imposible, por rencillas personales, la permanencia en Madrid del Consejo Federal, que hubo de trasladarse realmente a Valencia, y su composición cambió por completo. De los miembros del Consejo anterior reelegidos, Mora dimitió en el acto y Lorenzo no tardó en presentar también su dimisión debido a las disensiones que surgieron. Los restantes eran en su mayoría miembros de la Alianza secreta”.

* En el manuscrito sigue, tachado: “Conforme se iba aproximando la fecha de convocación del Congreso de la Internacional, fijada para septiembre de 1872, las maniobras de la Alianza cnderezadas a asegurarse la mayoría en este congreso eran más evidentes cada día”. (N. de la Edit.)

Después del Congreso de Zaragoza, la escisión entre los miembros de la Alianza y los que daban preferencia a la Internacional iba siendo más evidente cada día. Por último, el 2 de junio de 1872, los miembros del anterior Consejo Federal (Mesa, Mora, Pauly, Pagés y otros), que constituían a la vez la mayoría de la sección madrileña de la Alianza, dirigieron una circular a todas las secciones de esta sociedad secreta, anunciando que se disolvían como tal sección e invitándolas a seguir su ejemplo. Al día siguiente, todos ellos fueron expulsados de la Federación madrileña de la Internacional con falsos pretextos e incurriéndose en' una flagrante infracción de los Estatutos. De los ciento treinta miembros que componían la Federación, asistieron a la votación sólo quince. Entonces los expulsados formaron una nueva federación, pero el Consejo Federal se negó a reconocerla. El Consejo General, al que ellos apelaron, la reconoció sin consultar al Consejo Federal Español, y este acto fue aprobado por el Congreso de La Haya. La razón por la que el anterior Consejo General no consultara al Consejo Español en esa ocasión fue la siguiente: recibidas al fin pruebas stficientes de la existencia y actividad de la Alianza en España, y de que la mayoría de los miembros, si no todos, del Consejo Español pertenecían a ella, el Consejo General escribió al Español, pidiéndole explicaciones e informes sobre la sociedad secreta”. En la respuesta, fechada el 3 de agosto de 1872, el Consejo Federal Español tomó abiertamente bando por la Alianza, declarando además que ésta se había disuelto. Consultar a un Consejo que, en la pugna entre la Internacional y una sociedad secreta actuante en sus filas, había tomado ya la parte de la sociedad secreta sería, evidentemente, más que superfluo, y el Congreso de La Haya dio su aprobación completa a este acto del Consejo General.

Con objeto de asegurar la elección de hombres de la Alianza para delegados al Congreso de La Haya, el Consejo Federal, mediante una circular privada que no se puso en conocimiento del Consejo General, hizo maniobras que fueron descubiertas en el Congreso de La Haya y que, de no haber tenido la mayoría de éste una tolerancia insólita, habrían sido suficientes para invalidar las credenciales de los cuatro delegados enviados por la Federación Española. * Véase el presente volumen, págs. 174-176. (N. de la Edit.) Asi, el estado de las cosas en España es ahora como sigue: En España existen sólo dos federaciones locales: la Nueva Federación Madrileña y la Federación de Alcalá de Henares, que reconocen abierta y totalmente las resoluciones del Congreso de La Haya y al nuevo Consejo General. A menos que estas federaciones logren atraer a su lado el grueso de la Internacional en España, formarán el núcleo de una nueva federación española.

La inmensa mayoría de la Internacional en España se encuentra todavía bajo la dirección de la Alianza, que predomina en el Consejo Federal y en los consejos locales más importantes. Pero hay muchos síntomas evidenciadores de que las resoluciones del Gongreso.han hecho gran impacto en las masas españolas. Allí la Internacional tiene mucho peso, y su expresión oficial, el Congreso, ejerce inmensa influencia moral. Así, los hombres de la Alianza se las ven y se las desean para convencer a las masas de que les asiste la razón. La oposición comienza a ser imponente. Los obreros fabriles de Cataluña, con una unión de oficio de cuarenta mil afiliados, se van poniendo en cabeza y piden la convocación de un congreso español extraordinario para” escuchar los informes de los delegados al Congreso de la Haya y examinar la conducta del Consejo Federal. El órgano de la Nueva Federación Madrileña, La Emancipación, quizás el mejor periódico que la Internacional posee actualmente en sitio alguno, denuncia a la Alianza todas las semanas, y por los números que he enviado al ciudadano Sorge, el Consejo General puede convencerse de la energía, el sentido común y el discernimiento teórico de los principios de nuestra Asociación que pone en la lucha. Su actual director, José Mesa, es sin duda el hombre más destacado que tenemos en España tanto por su carácter como por su talento e, indiscutiblemente, uno de los mejores que tenemos en parte alguna. He aconsejado, por mi cuenta, a nuestros amigos españoles que no se den demasiada prisa en convocar el Congreso Extraordinario y que se preparen para él lo mejor que puedan. Entretanto, he enviado a La Emancipación informaciones del Congreso y otros artículos? y seguiré contribuyendo de la misma manera, pues Mesa no puede hacerlo * Véase el, presente volumen, págs. 190-195. (N. de la Edu.) todo, a pesar de la excepcional energía que posee. Y no me cabe la menor duda de que si nuestros amigos de España están bien secundados con acciones del Consejo General. sortearemos allí todos los obstáculos y rescataremos de la influencia de los charlatanes de la Alianza una de las mejores organizaciones de la Internacional.

Publicado por primera vez en la lengua del original (inglés) en el libro Briefe und Auszúge aus Briefen von ]. P. Becher, ]. Dietzgen, F. Engels, K. Marx u. A an F. A. Sorge und Andere, Stuttgart, 1906.

Londres, 31 de octubre de 1872 Federico Engels, ex secretario por España Se publica según el texto de, libro.