Frederick Engels
[LETTER TO THE EDITORS
OF THE GAZZETTINO ROSA]

ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
256, High Holborn, Londres.—W. C.
Londres, 7 de febrero

AL CIUDADANO DIRECTOR DEL GAZZETTINO ROSA

Ciudadano:

Desde hace varios meses, Il Libero Pensiero de Florencia no cesa de atacar a la Internacional, como si la gran asociación obrera pudiera sentir celos de la sociedad de prebendados racionalistas que este periódico promueve. Hasta ahora me había parecido superfluo responder a esos ataques, pero cuando la citada publicación desciende hasta difundir en Italia rumores de índole bismarckiana contra la Internacional y su Consejo General, ha llegado el momento de protestar. He enviado, por consiguiente, la siguiente carta a Il Libero Pensiero, y quisiera que usted la publicara también en el Gazzettino Rosa.

Saludos fraternales,
F. Engels,
Secretario del Consejo General para Italia

AL SR. LUIGI STEFANONI, DIRECTOR DE IL LIBERO PENSIERO

Muy señor mío:

El número 1 de Il Libero Pensiero, del 4 de enero de 1872, contiene un artículo titulado «L’Internazionale ed il Consiglio supremo di Londra», al cual debo presentar una breve réplica.

En dicho artículo se dice:

«Quisiéramos preguntar con qué mandato representa el Sr. Engels a Italia.»

No pretendo ni he pretendido nunca representar a Italia. Tengo la responsabilidad especial de la correspondencia con Italia, cargo en el cual es mi deber representar al Consejo, no a Italia.

A continuación el artículo ofrece traducciones de varias piezas de la correspondencia de Londres, tomadas del Neuer Social-Demokrat de Berlín, piezas que rebosan de las más infames calumnias contra el Consejo General y toda la Internacional. A ello no voy a responder. Con ese periódico no se polemiza. En toda Alemania es bien sabido lo que es el Neuer Social-Demokrat: un periódico financiado por Bismarck, órgano del socialismo gubernamental prusiano. Si usted desea información más detallada sobre ese papel, escriba a su corresponsal Liebknecht en Leipzig y obtendrá todo lo que quiera. Permítame tan solo añadir que, si tiene usted interés en recoger tales calumnias contra la Internacional, las hallará en abundancia en el Figaro, el Gaulois, el Petit-Journal y los demás periódicos del demi-monde parisiense, en el London Standard, el Journal de Genève, el Vienna Tages-Presse y el Moscow Gazette, autoridades que le ahorrarán la necesidad de citar a ese pobre diablo de Schneider.

En una nota de la redacción se lee:

«Acaso esto alude a la sociedad secreta comunista fundada por Karl Marx en Colonia en 1850; al ser descubierta, como de costumbre, muchos pobres diablos cayeron en las garras de la policía prusiana, mientras los principales organizadores huían a lugar seguro en Londres.»

Quien le haya dicho esto le ha mentido. Yo fui miembro de esa sociedad. No fue fundada ni por Marx, ni en 1850, ni en Colonia. Existía ya por lo menos diez años antes. Marx y yo llevábamos ya un año en Inglaterra, proscritos arrojados del país por el gobierno prusiano, cuando la sección de Colonia, por su propia imprudencia, cayó en manos de la policía. Si desea usted más información, puede preguntar al señor Becker, alcalde de Dortmund y miembro de los parlamentos prusiano y alemán; a Klein, médico y concejal municipal de Colonia; a Bürgers, redactor de la Wiesbadenen Zeitung; a Lesser, sastre y miembro del Consejo General de la Internacional en Londres. Todos ellos fueron condenados en aquel proceso contra los comunistas.

Le ruego que publique esta rectificación en su próximo número.

Le saluda atentamente,
Frederick Engels