Primer borrador de La guerra civil en Francia

El Gobierno...

Escrito por K. Marx entre mediados de abril y el 23 de mayo de 1871

(VIII), 1934

437

[PRIMER BORRADOR DE LA GUERRA CIVIL EN FRANCIA]

EL GOBIERNO DE DEFENSA

Cuatro meses después del comienzo de la guerra, cuando el Gobierno de Defensa había arrojado una carnada a la Guardia Nacional de París permitiéndole mostrar sus capacidades combativas en Buzenval,¹ el Gobierno consideró llegado el momento oportuno para preparar a París para la capitulación. A la asamblea de los alcaldes de París para la capitulación, Trochu, en presencia de y apoyado por Jules Favre y otros de sus colegas, reveló por fin su «plan». Dijo literalmente:

«La primera pregunta que me dirigieron mis colegas la noche del 4 de septiembre fue ésta: ¿Puede París sostener, con alguna probabilidad de éxito, un asedio contra el ejército prusiano? No vacilé en responder negativamente. Algunos de mis colegas aquí presentes darán fe de la verdad de estas mis palabras y de la persistencia de mi opinión. Les dije en estos mismos términos que, en el estado de cosas existente, el intento de París de sostener un asedio contra el ejército prusiano sería una locura. Sin duda, añadí, esto podría ser una locura heroica, pero no sería otra cosa... Los acontecimientos no han desmentido mi previsión.»²

Así pues, el plan de Trochu, desde el mismo día de la proclamación de la República, era la capitulación de París y de Francia. De hecho, era el comandante en jefe de los prusianos. En una carta a Gambetta, el propio Jules Favre confesó que el enemigo a abatir no era el soldado prusiano, sino el «demagogo revolucionario» de París. Las altisonantes promesas hechas al pueblo por el Gobierno de Defensa eran, por tanto, otras tantas mentiras deliberadas. Su «plan» lo llevaron a cabo sistemáticamente al confiar la defensa de París a generales bonapartistas, al desorganizar la Guardia Nacional y al organizar el hambre bajo la mala administración de Jules Ferry. Las tentativas de los obreros de París del 5 de octubre, del 31 de octubre, etc., de sustituir a estos traidores por la Comuna, fueron sofocadas como conspiraciones con el prusiano.³ Después de la capitulación, se arrojó la máscara (se la echó a un lado). Los capituladores⁴ se convirtieron en gobierno por la gracia de Bismarck.⁵ Siendo sus prisioneros, estipularon con él un armisticio general cuyas condiciones desarmaron a Francia e hicieron imposible toda resistencia ulterior. Resucitados en Burdeos como el Gobierno de la República, esos mismos capituladores, a través de Thiers, su exembajador, y de Jules Favre, su ministro de Asuntos Exteriores, imploraron fervientemente a Bismarck, en nombre de la mayoría de la llamada Asamblea Nacional, y mucho antes del levantamiento de París, que desarmara y ocupara París y aplastara a «su canalla», como el propio Bismarck dijo con sorna a sus admiradores en Frankfurt, a su regreso de Francia a Berlín.⁶ Esta ocupación de París por los prusianos: tal era la última palabra del «plan» del Gobierno de Defensa. La cínica desfachatez con que, desde su instalación en Versalles, los mismos hombres adulan y apelan a la intervención armada de Prusia, ha dejado estupefacta incluso a la prensa venal de Europa. Las heroicas hazañas de la Guardia Nacional de París, desde que ya no luchan bajo las órdenes de los capituladores sino contra ellos, han obligado incluso a los más escépticos a estampar la palabra «traidor» en las frentes de bronce de los Trochu, Jules Favre y Cía. Los documentos incautados por la Comuna han proporcionado por fin las pruebas jurídicas de su alta traición.⁷ Entre estos papeles hay cartas de los sableadores bonapartistas⁸ a quienes se había confiado la ejecución del «plan» de Trochu, en las que estos infames miserables hacen chistes y se burlan de su propia «defensa de París». (Cf. por ejemplo la carta de Alphonse Simon Guiod, comandante supremo de la artillería del ejército de defensa de París y Gran Cruz de la Legión de Honor, a Suzanne, general de división de artillería, publicada por el Journal officiel de la Comuna.)⁹

Es, pues, evidente que los hombres que ahora forman el gobierno de Versalles sólo pueden salvarse de la suerte de traidores convictos mediante la guerra civil, la muerte de la República y una restauración monárquica al abrigo de las bayonetas prusianas.

Pero —y esto es lo más característico de los hombres del Imperio, así como de los hombres que sólo en su suelo y dentro de su atmósfera pudieron crecer hasta convertirse en falsos tribunos del pueblo—, la república victoriosa no sólo los marcaría como traidores, sino que tendría que entregarlos como criminales comunes al tribunal penal. ¡Mírese tan sólo a Jules Favre, Ernest Picard y Jules Ferry, los grandes hombres, bajo Thiers, del Gobierno de Defensa!

Una serie de documentos judiciales autenticados, que abarcan unos veinte años, publicados por el señor Milliére, representante en la Asamblea Nacional,¹⁰ demuestra que Jules Favre, viviendo en concubinato adúltero con la mujer de un borracho residente en Argel,¹¹ había, mediante una complicadísima concatenación de audaces falsificaciones, conseguido apoderarse, a nombre de sus bastardos, de una cuantiosa sucesión que lo convirtió en un hombre rico, y que sólo la connivencia de los tribunales bonapartistas lo salvó de ser desenmascarado en un pleito emprendido por los legítimos reclamantes. ¡Jules Favre, pues, ese untuoso portavoz de la familia, la religión, la propiedad y el orden, ha incurrido hace ya mucho en las penas del Código Penal! La servidumbre penal de por vida sería su suerte inevitable bajo todo gobierno honesto. Ernest Picard, el actual ministro del Interior de Versalles, nombrado por sí mismo el 4 de septiembre ministro del Interior del Gobierno de Defensa,¹² después de haber intentado en vano ser nombrado por Luis Bonaparte, este Ernest Picard es el hermano de un tal Arthur Picard. Cuando, junto con Jules Favre y Cía., tuvo la desvergüenza de proponer a este digno hermano suyo como candidato por Seine-et-Oise para el Cuerpo Legislativo, el gobierno imperialista publicó dos documentos: un informe de la Prefectura de Policía (31 de julio de 1867) que declaraba que este Arthur Picard había sido excluido de la Bolsa como «escroc»,¹³ y otro documento del 11 de diciembre de 1868, según el cual Arthur había confesado el robo de 300.000 francos cometido por él como director de una de las sucursales de la Société Générale,¹⁴ rue Palestro, n.º 5.¹⁵ Ernest no sólo hizo a su digno Arthur redactor jefe de un periódico propio, el Électeur libre, fundado bajo el Imperio y continuado hasta hoy, un periódico en el que los republicanos son denunciados a diario como «ladrones, bandidos y partageux»¹⁶, sino que, una vez convertido en ministro del Interior de la «Defensa», Ernest empleó a Arthur como su intermediario financiero entre el ministerio del Interior y la Bolsa, para descontar allí los secretos de Estado que se le confiaban. Toda la correspondencia «financiera» entre Ernest y Arthur ha caído en manos de la Comuna. ¡Como el lacrimoso Jules Favre, Ernest Picard, el Joe Miller del Gobierno de Versalles, es un hombre incurso en el Código Penal y en las galeras!

Para completar este trío, Jules Ferry, un pobre abogado sin pleitos antes del 4 de septiembre, no contento con organizar el hambre de París, se las ingenió para amasar una fortuna con este hambre. ¡El día en que tuviera que rendir cuentas de sus malversaciones durante el sitio de París sería su día del juicio!

¡No es de extrañar, entonces, que estos hombres, que sólo pueden esperar escapar de la prisión en una monarquía, protegidos por las bayonetas prusianas, que sólo en el tumulto de la guerra civil pueden ganar su libertad condicional; estos desesperados fueran elegidos en seguida por Thiers y aceptados por los rústicos como los instrumentos más seguros de la Contrarrevolución!

¡No es de extrañar que cuando, a principios de abril, los guardias nacionales capturados fueron expuestos en Versalles a los feroces ultrajes de los «corderos» de Piétri y de la chusma versallesca, el señor Ernest Picard, «con las manos en los bolsillos del pantalón, caminara de grupo en grupo haciendo chistes», mientras que «en el balcón de la Prefectura, la señora Thiers, la señora Jules Favre y un grupo de damas similares, con aspecto de excelente salud y ánimo»,¹⁷ se regocijaran en esa escena repugnante! ¡No es de extrañar entonces que, mientras una parte de Francia se retuerce bajo los talones de los conquistadores, mientras París, el corazón y la cabeza de Francia, derrama a diario torrentes de su mejor sangre en defensa propia contra los traidores internos, ... los Thiers, Favres y Cía. se entreguen a festines en el Palacio de Luis XIV, como, por ejemplo, la gran fiesta ofrecida por Thiers en honor de Jules Favre a su regreso de Ruán (adonde había sido enviado a conspirar con [adular a] los prusianos). ¡Es la orgía cínica de criminales evadidos!

Si el Gobierno de Defensa primero hizo de Thiers su embajador en el extranjero, yendo a mendigar por todas las cortes de Europa para vender a cambio un rey para Francia por su intervención contra Prusia, si más tarde lo enviaron de gira por las provincias francesas, para conspirar con los castillos¹⁸ y preparar en secreto las elecciones generales que, junto con la capitulación, tomarían a Francia por sorpresa, Thiers, por su parte, hizo de ellos sus ministros y altos funcionarios. Eran hombres seguros.

Hay una cosa bastante misteriosa en el proceder de Thiers: su temeridad al precipitar la revolución de París. No contento con aguijonear a París con las manifestaciones antirrepublicanas de sus rústicos, con las amenazas de decapitar y descapitalizar a París¹⁹ (con la ley de Dufaure [ministro de Justicia de Thiers] del 10 de marzo sobre los vencimientos de las letras, que hacía pesar la bancarrota sobre el comercio de París),²⁰ con el nombramiento de embajadores orleanistas, con el traslado de la Asamblea a Versalles, con la imposición de un nuevo impuesto a los periódicos, con la confiscación de los periódicos republicanos de París, con la revivificación del estado de sitio, proclamado primero por Palikao y anulado con la caída del gobierno imperialista el 4 de septiembre, con el nombramiento de Vinoy, el décembriseur²¹ y exsenador, como gobernador de París, de Valentin, el gendarme imperialista, como prefecto de policía, y de Aurelle de Paladines, el general jesuita, como comandante en jefe de la Guardia Nacional de París, no contento con todo esto, abrió la guerra civil con fuerzas endebles, mediante el ataque de Vinoy a las colinas de Montmartre, con la tentativa de despojar primero a los guardias nacionales de los cañones que les pertenecían y que sólo les fueron dejados por la convención de París porque eran de su propiedad,²² y desarmar así a París.

¿De dónde ese ansia febril de en finir⁽ᵈ⁾? Desarmar y someter a París era, desde luego, la primera condición de una contrarrevolución monárquica, pero un intrigante tan astuto como Thiers solo podía arriesgar el futuro de la difícil empresa emprendiéndola sin la debida preparación, con medios ridículamente insuficientes, de no ser bajo el imperio de algún móvil abrumadoramente urgente. El motivo era este. Mediante su ministro de Hacienda, Pouyer-Quertier, Thiers había concertado un empréstito de dos millardos a pagar al contado inmediatamente, y algunos millardos más a ciertos plazos.⁽ᶜ⁾ En este negocio de empréstito, un verdadero regio pot-de-vin (drink-money)⁽ᵃ⁾ fue reservado a esos grandes ciudadanos Thiers, Jules Favre, Ernest Picard, Jules Simon, Pouyer-Quertier, etc. Pero la operación tenía un inconveniente. Antes de sellar definitivamente el tratado, los contratistas exigían una garantía: la tranquilización de París.⁽ᵇ⁾ De ahí las temerarias medidas de Thiers. De ahí el odio feroz contra los obreros de París, bastante perversos para entorpecer tan buen negocio.

En cuanto a los Jules Favre, Picard, etc., ya hemos dicho bastante para probar que eran los dignos cómplices de semejante jobbery. En cuanto al propio Thiers, es notorio que durante sus dos ministerios bajo Luis Felipe realizó 2 millones, y que durante su presidencia del Consejo (que data de marzo de 1840) fue zaherido desde la tribuna de la Cámara de Diputados por sus peculados en la Bolsa, ante lo cual derramó lágrimas, mercancía de la que dispone con tanta liberalidad como Jules Favre y el célebre cómico Frédérick Lemaître. No es menos notorio que la primera medida adoptada por el señor Thiers para salvar a Francia de la ruina financiera que la guerra le había infligido fue —asignarse a sí mismo un sueldo anual de 3 millones de francos, exactamente la suma que Luis Bonaparte obtuvo en 1850 como contrapartida del señor Thiers y su tropa en la Asamblea Legislativa por permitirles abolir el sufragio universal.* Tal donación de 3 millones al señor Thiers fue la primera palabra de «la república económica» cuya perspectiva había abierto a sus electores parisinos en 1869. En cuanto a Pouyer-Quertier, es un fabricante de hilados de algodón en Ruán. En 1869 fue el jefe del cónclave de fabricantes que proclamó la necesidad de una reducción general de salarios para la «conquista» del mercado inglés, intriga entonces desbaratada por la Internacional.** Pouyer-Quertier, por lo demás ferviente y aun servil partidario del Imperio, solo le encontraba una falta: su tratado comercial con Inglaterra,* perjudicial para sus propios intereses fabriles. Su primer paso como ministro de Hacienda de Thiers fue denunciar aquel tratado «odioso» y proclamar la necesidad de restablecer los antiguos derechos protectores para su propia fábrica. Su segundo paso fue el patriótico intento de golpear a Alsacia mediante el restablecimiento de los antiguos derechos protectores, con el pretexto de que en este caso no se oponía ningún tratado internacional a su reintroducción. Con este golpe maestro, su propia fábrica de Ruán se habría desembarazado de la peligrosa competencia de las fábricas rivales de Mulhouse.* Su último paso fue hacer presente a su yerno, el señor Roche Lambert, de la receptoría general del Loiret, uno de los ricos despojos que caen en el regazo de los burgueses gobernantes, y que Pouyer-Quertier tanto

* Mulhouse.— Ed.

había censurado a su predecesor imperialista, el señor Magne, por haber dotado a su propio hijo con aquel gran puesto de jobbing. Este Pouyer-Quertier era, pues, exactamente el hombre para perpetrar el susodicho negocio.

30 de marzo, Rappel. Jules Ferry, ex alcalde de París, expidió el 28 de marzo una circular ordenando a los empleados de los derechos municipales suspender de inmediato toda recaudación para la ciudad de París.*

Pequeñas bribonadas de Estado…, carácter mezquino… conciencia ulcerada… eterno suscitador de intrigas parlamentarias… pequeivos expedientes y artificios… ensayando sus homilías de liberalismo, de las «libertés nécessaires»**… ávidamente empeñado en… sólidas razones para sopesar las posibilidades de fracaso… argumentos convincentes que contrapesan… especie de heroísmo en la bajeza exagerada… afortunadas estratagemas parlamentarias…

El señor E. Picard es un estafador que durante todo el sitio especuló en la Bolsa sobre las derrotas de nuestros ejércitos.

masacre, traición, incendio premeditado, asesinato, calumnia, mentiras.»

En su discurso a la asamblea de alcaldes, etc. (25 de abril), el propio Thiers dice que los

«asesinos de Clément Thomas y Lecomte» son un puñado de criminales, «como aquellos a quienes se puede considerar justamente cómplices de estos crímenes por complicidad y auxilio, es decir, un número muy reducido de individuos».⁽ᵈ⁾

Dufaure

Dufaure quiere someter a París mediante procesos de prensa en provincias. Monstruoso llevar periódicos ante un jurado por predicar la «Conciliación».

Dufaure desempeña un gran papel en la intriga de Thiers. Con su ley del 10 de marzo, sublevó a todo el comercio endeudado de

París. Con su ley sobre los alquileres de París, amenazó a todo París.* Ambas leyes estaban destinadas a castigar a París por haber salvado el honor de Francia y retrasado seis meses la capitulación ante Bismarck. Dufaure es orleanista y un «liberal» en el sentido parlamentario de la palabra. Por consiguiente, ha sido siempre el ministro de la represión y del estado de sitio.

Aceptó su primera cartera el 13 de mayo de 1839, tras la derrota de la dernière prise d’armes⁽ᵉ⁾ del partido republicano;⁽ᵇ⁾ fue, por tanto, el ministro de la represión despiadada del gobierno de Julio de aquel tiempo.

Cavaignac, obligado el 29 de octubre (1848) a levantar el estado de sitio, llamó a su ministerio a dos ministros de Luis Felipe (Dufaure, para Interior, y Vivien). Los nombró a instancias de la calle Poitiers (Thiers), que exigía garantías. De ese modo esperaba asegurarse el apoyo de los dinásticos para la inminente elección presidencial. Dufaure empleó los medios más ilegales para asegurar la candidatura de Cavaignac. Jamás se había ejercido la intimidación y la corrupción electoral en mayor escala. Dufaure inundó Francia con impresos difamatorios contra los demás candidatos, especialmente contra Louis Bon., lo que no le impidió convertirse más tarde en ministro de Luis Bonaparte. Dufaure volvió a ser el ministro del estado de sitio el 13 de junio de 1849 (contra la manifestación de la Guardia Nacional en protesta por el bombardeo de Roma, etc., por el ejército francés). Ahora vuelve a ser el ministro del estado de sitio, proclamado en Versalles (para el departamento de Seine-et-Oise). Poder concedido a Thiers para declarar en estado de sitio cualquier departamento que se le antoje. Dufaure, como en 1839, como en 1849, quiere nuevas leyes represivas, nuevas leyes de prensa, una ley para «abreviar las formalidades de los consejos de guerra».** En una circular a los procureurs-généraux, denuncia el grito de «conciliación» como un delito de prensa que debe ser severamente perseguido.⁽ᶜ⁾ Es característico de la magistratura francesa que un solo procureur-général (el de Mayenne)⁽ᵈ⁾ escribiera a Dufaure para

«dimitir… No puedo servir a una Administración que me ordena, en un momento de guerra civil, lanzarme a las luchas de partido y perseguir a ciudadanos a quienes mi conciencia tiene por inocentes por haber pronunciado la palabra conciliación.» ⁽ᵉ⁾

Perteneció a la «Union libérale» en 1847, que conspiró contra Guizot, así como perteneció a la «Union libérale» de 1869, que conspiró contra Luis Bonaparte.*

En cuanto a la ley del 10 de marzo y la ley de alquileres, conviene observar que tanto Dufaure como Picard, ambos abogados, tienen a sus mejores clientes entre los propietarios de casas y los grandes bolsistas, reacios a perder nada con el sitio de París.

Ahora, como después de la Revolución de Febrero de 1848, estos hombres le dicen a la República lo que el verdugo a Don Carlos: «Je vais t’assassiner, mais c’est pour ton bien». (Voy a asesinarte, pero por tu propio bien.)

Lecomte y Clément Thomas

Tras el intento de Vinoy de tomar las Buttes Montmartre (el 18 de marzo, fueron fusilados en los jardines del Château Rouge, a las 4 de la tarde del mismo día 18), los generales Lecomte y Clément Thomas fueron hechos prisioneros y fusilados por los mismos soldados excitados del 81.º de línea. Fue un acto sumario de justicia de Lynch, ejecutado pese a las instancias de algunos delegados del Comité Central. Lecomte, un degollador con charreteras, había ordenado cuatro veces a su tropa, en la place Pigalle, cargar contra una reunión inerme de mujeres y niños. En lugar de disparar contra el pueblo, los soldados lo fusilaron a él. Clément Thomas, antiguo sargento de intendencia, «general» improvisado en vísperas de las masacres de Junio (1848)* por los hombres del National, del que había sido gérant,*⁽ᵃ⁾ no había hundido nunca su espada más que en la sangre de la clase obrera de París. Fue uno de los siniestros conspiradores que deliberadamente provocaron la insurrección de Junio y uno de sus más atroces ejecutores. Cuando el 31 de octubre de 1870 los guardias nacionales proletarios de París sorprendieron al «Gobierno de la Defensa» en el Hôtel de Ville y los tomaron presos, estos hombres, que se habían nombrado a sí mismos, estos gens de paroles,⁽ᵇ⁾ como los llamó recientemente uno de ellos, Picard, dieron su palabra de honor de que cederían el puesto a la Comuna. Dejados así escapar,

⁽ᵃ⁾ Responsable editor.— Ed.
⁽ᵇ⁾ Hombres de palabra.— Ed.

⁽ᶜ⁾ Plazos de pago.— Ed.
⁽ᵈ⁾ Ponerle fin.— Ed.
⁽ᵉ⁾ El último alzamiento armado.— Ed.
⁽ᵇ⁾ La frase siguiente comenzaba con las palabras «El 2 de junio de 1849», que Marx tachó posteriormente.— Ed.
⁽ᶜ⁾ J. Dufaure, Circulaire aux procureurs généraux. Versailles, 23 avril 1871, Le Mot d’Ordre, núm. 62, 26 de abril de 1871.— Ed.
⁽ᵈ⁾ Louis Vacheron.— Ed.
⁽ᵉ⁾ “The French Assembly”, The Daily News, núm. 7800, 29 de abril de 1871.— Ed.

sin pagar nada por ello, lanzaron a los bretones de Trochu sobre sus confiados captores. Uno de ellos, sin embargo, M. Tamisier, renunció a su dignidad de comandante en jefe de la Guardia Nacional. Se negó a romper su palabra de honor. Entonces había sonado de nuevo la hora de Clément Thomas. Fue nombrado en lugar de Tamisier comandante en jefe de la Guardia Nacional. Era el hombre idóneo para el «plan» de Trochu. Jamás hizo la guerra a los prusianos; hizo la guerra a la Guardia Nacional, a la que desorganizó, dividió, calumnió, eliminando a todos sus oficiales hostiles al «plan» de Trochu, enfrentando a un cuerpo de la Guardia Nacional con otro, y a la que sacrificó en «salidas» planeadas de manera que la cubrieran de ridículo. Perseguido por el espectro de sus víctimas de junio, este hombre, sin cargo oficial alguno, debía necesariamente reaparecer en el teatro de guerra del 18 de marzo, donde husmeó otra masacre del pueblo de París. Cayó víctima de la ley de Lynch en el primer momento de exasperación popular. Los hombres que habían entregado París a las tiernas mercedes del decembrisador *Vinoy*, para matar la República y embolsarse los *pots-de-vin* estipulados por el contrato Pouyer-Quertier, clamaban ahora: ¡Asesinos, asesinos! Su aullido halló eco en la prensa de Europa, tan ávida de la sangre de los «proletarios». Se representó una farsa de histérica «sensibilidad» en la Asamblea rural,¹ y, como antes y como ahora, los cadáveres de sus amigos eran las armas más bienvenidas contra sus enemigos. Se hizo a París y al Comité Central responsables de un accidente fuera de su control. Sabido es cómo en las jornadas de junio de 1848 los «hombres del orden» estremecieron Europa con el grito de indignación contra los insurrectos por el asesinato del Arzobispo de París.* Incluso entonces sabían perfectamente, por el testimonio de M. Jacquemet, vicario general del Arzobispo, que le había acompañado a las barricadas, que el Obispo había sido muerto a tiros por las tropas de «Cavaignac», y no por los insurrectos,ⁱ pero su cadáver sirvió a su propósito. M. Darboy, el actual Arzobispo de París, uno de los rehenes tomados por la Comuna en legítima defensa contra las salvajes atrocidades del gobierno de Versalles, parece, sin embargo, según se desprende de su carta a Thiers,⁶ abrigar la extraña aprensión de que Papá Transnonain¹⁰ esté ansioso por especular con su cadáver, como objeto de santa indignación. Apenas pasaba un día sin que los

* D. A. Affre.— Ed.

ⁱ La referencia es a la declaración de Jacquemet del 26 de junio de 1848, publicada en *La Situation*, nº 185, 25 de abril de 1871.— Ed.

⁶ G. Darboy, «Prison de Mazas, le 8 avril 1871», *Le Rappel*, nº 669, 13 de abril de 1871.— Ed.

Primer borrador.—El gobierno de defensa 447

periódicos de Versalles anunciaran su ejecución, la cual las continuas atrocidades y la violación de las normas de guerra por parte del «orden» habrían sellado de parte de cualquier gobierno que no fuera el de la Comuna. Apenas había logrado el gobierno de Versalles un primer éxito militar, cuando el capitán Desmarets, que al frente de sus gendarmes asesinó al caballeroso Flourens, fue condecorado por Thiers. Flourens había salvado la vida de los «hombres de la defensa» el 31 de octubre.ⁱ Vinoy, el prófugo (tránsfuga), fue nombrado gran cruz de la Legión de Honor, porque hizo fusilar a nuestro valiente camarada Duval, cuando fue hecho prisionero, dentro de los reductos, porque como segunda entrega, hizo fusilar a una docena de soldados prisioneros de las tropas de línea que se habían unido al pueblo de París e inauguraron esta guerra civil con los «métodos de diciembre».²³ El general Galliffet —«el esposo de esa encantadora marquesa cuyos atavíos en los bailes de máscaras eran una de las maravillas del Imperio», como lo expresa delicadamente un plumífero londinense— «sorprendió» cerca de Rueil a un capitán, un teniente y un soldado de la Guardia Nacional, los hizo fusilar en el acto, y publicó inmediatamente una proclama para glorificarse del hecho.ⁱ Estos son algunos de los asesinatos narrados y glorificados oficialmente por el gobierno de Versalles. 25 soldados del 80º Regimiento de línea fusilados como «rebeldes» por el 75º.ⁱ

«Todo hombre que vistiera el uniforme del ejército regular y fuera capturado en las filas de los comuneros era inmediatamente fusilado sin la menor piedad. Las tropas del gobierno eran perfectamente feroces.»⁶

«M. Thiers comunicó a la Asamblea los alentadores pormenores de la muerte de Flourens.»

Versalles, 4 de abril. Thiers, ese enano contrahecho, informa sobre sus prisioneros traídos a Versalles (en su proclama):

«Jamás fisonomías más degradadas de una democracia degradada habían herido la mirada afligida de los hombres honestos.»⁴ (¡Los hombres de Piétri!)
«Vinoy protesta contra toda clemencia hacia los oficiales insurrectos o los soldados de línea.»

El 6 de abril, decreto de la Comuna sobre represalias (y rehenes):

ⁱ Nota sobre la proclama del general de Galliffet, 3 de abril de 1871, *The Daily News*, nº 7783, 10 de abril de 1871.— Ed.

ⁱ «París, lunes 3 de abril de 1871», *The Daily Telegraph*, nº 4931, 4 de abril de 1871.— Ed.

⁶ «Todo hombre que vistiera...», *The Daily Telegraph*, nº 4932, 5 de abril de 1871.— Ed.

⁴ Proclama de L. A. Thiers del 4 de abril de 1871, *The Daily News*, nº 7779, 5 de abril de 1871.— Ed.

⁶ «Versalles, 5 de abril», *The Daily News*, nº 7781, 7 de abril de 1871.— Ed.

«Considerando que el gobierno de Versalles pisotea abiertamente las leyes de la humanidad y las de la guerra, y que se ha hecho culpable de horrores como ni siquiera los invasores de Francia se han deshonrado cometiendo... se decreta, etc.» (Siguen los puntos.)⁷

5 de abril. Proclama de la Comuna:

«Cada día los bandidos de Versalles degüellan o fusilan a nuestros prisioneros, y cada hora nos enteramos de que se ha cometido otro asesinato... El pueblo, incluso en su cólera, detesta el derramamiento de sangre, como detesta la guerra civil, pero es su deber protegerse contra los salvajes atentados de sus enemigos, y cueste lo que cueste, será ojo por ojo, diente por diente.»ⁱ

«La policía que combate contra París recibe 10 francos al día.»

Versalles, 11 de abril. Detalles horripilantes del fusilamiento a sangre fría de prisioneros, no desertores, relatados con evidente fruición por oficiales generales y otros testigos presenciales.

En su carta a Thiers, Darboy protesta

«contra los atroces excesos que añaden horror a nuestra guerra fratricida».⁶

En el mismo tono escribe Deguerry (cura de la Madeleine):

«Estas ejecuciones despiertan enorme cólera en París y bien pueden provocar terribles represalias». «Así, ya se ha tomado la decisión de ejecutar a dos de los numerosos rehenes que mantienen por cada nueva ejecución. Juzgue usted mismo cuán perentoria y absolutamente necesaria es aquello que, como sacerdote, le estoy pidiendo que haga.»⁶

En medio de estos horrores, Thiers escribe a los prefectos:
«L'assemblée siêge paisiblement.» (Elle aussi a le cœur léger.)¹

⁷ Decreto del 5 de abril de 1871 sobre represalias y rehenes, *The Daily News*, nº 7781, 7 de abril de 1871. La frase entre paréntesis está en alemán en el original. Véase también *Journal officiel* (París), nº 96, 6 de abril de 1871.— Ed.

ⁱ La Proclama de la Comuna del 5 de abril de 1871 se cita según «La Guerra Civil en Francia» en *The Daily News*, nº 7781, 7 de abril de 1871. Véase también *Journal officiel* (París), nº 96, 6 de abril de 1871. Marx escribió la frase siguiente en francés.— Ed.

⁶ G. Darboy, «Prison de Mazas, le 8 avril 1871», *Le Rappel*, nº 669, 13 de abril de 1871.— Ed.

⁴ A partir de aquí Marx cita en francés.— Ed.

⁶ G. Deguerry, «A Messieurs les membres du gouvernement a Versailles», *Le Rappel*, nº 669, 13 de abril de 1871.— Ed.

¹ «La Asamblea sesiona apaciblemente.» (Ella también se toma las cosas a la ligera.) Referencia a la declaración de Ollivier de que asumiría la responsabilidad de la guerra «con el corazón ligero», hecha en vísperas de la declaración de guerra a Prusia y citada en Th. Astrie, «L'homme rouge», *La Situation*, nº 176, 14 de abril de 1871.— Ed.

Primer borrador.—El gobierno de defensa 449

Thiers y la *commission des quinze* de sus rurales²⁴ tuvieron la fría desfachatez de «desmentir oficialmente» las «pretendidas ejecuciones sumarias y represalias atribuidas a las tropas de Versalles».ⁱ

Pero Papá Transnonain, en su circular del 16 de abril sobre el bombardeo de París:

«Si se han disparado algunos cañonazos, no es obra del ejército de Versalles, sino de algunos insurrectos que quieren hacer creer que combaten, mientras no se atreven a mostrarse.»

Thiers ha probado que supera a su héroe, Napoleón I, al menos en una cosa: los boletines mentirosos. (¡Por supuesto, París se bombardea a sí misma, para poder calumniar a M. Thiers!)

Ante estas atroces provocaciones de los esquirolares bonapartistas, la Comuna se ha contentado con tomar rehenes y amenazar con represalias, ¡pero sus amenazas han quedado en letra muerta! Ni siquiera los gendarmes disfrazados de oficiales, ni siquiera los *sergents de ville* capturados, a quienes se les incautaron bombas explosivas, fueron llevados ante un consejo de guerra. ¡La Comuna se ha negado a mancharse las manos con la sangre de estos sabuesos!

Pocos días antes del 18 de marzo, Clément Thomas presentó al ministro de la guerra Le Flô un plan para el desarme de tres cuartas partes de la Guardia Nacional.

«La flor de la canalla», dijo, «se ha agolpado en torno a Montmartre y actúa en contubernio con Belleville.»ⁱ

La Asamblea Nacional

La asamblea elegida el 8 de febrero bajo la presión del enemigo, a quien los hombres del gobierno de Versalles habían entregado todos los fuertes y abandonado a París indefenso, esta Asamblea de Versalles ha sido convocada con el único propósito, claramente enunciado en la propia Convención⁶ firmada en Versalles el 28 de enero, a saber, decidir si la guerra podía continuar o se concluía la paz, y en este último caso, acordar los términos de la paz y asegurar la más pronta evacuación posible del territorio francés.⁶

ⁱ «La commission des Quinze...», *Le Rappel*, nº 673, 17 de abril de 1871.— Ed.

ⁱ «La Sociale publie une curieuse lettre...», *Le Vengeur*, nº 21, 19 de abril de 1871. Marx cita en francés en el original y da la frase francesa «tres cuartas partes» en la frase anterior.— Ed.

⁶ Sobre el armisticio y la capitulación de París.— Ed.

⁴ Marx escribió este párrafo en francés.— Ed.

Chanzy. Arzobispo de París, etc.

La liberación de Chanzy tuvo lugar casi simultáneamente con la retirada de Saisset. Los periodistas realistas fueron unánimes en decretar la muerte del general. Deseaban endosar ese amable proceder a los rojos. Tres veces se había ordenado su ejecución, y ahora realmente iba a ser fusilado.

Tras el affaire Vendôme*: Hubo consternación en Versalles. Se esperaba un ataque contra Versalles el 23 de marzo, pues los líderes de la agitación comunal habían anunciado que marcharían sobre Versalles si la Asamblea emprendía alguna acción hostil. La Asamblea no lo hizo. Por el contrario, votó como urgente una proposición para celebrar elecciones comunales en París, etc. Con las concesiones, la Asamblea admitió su impotencia. Al mismo tiempo, intrigas realistas en Versalles. Generales bonapartistas y el duque de Aumale.²⁶ Favre confesó haber recibido una carta de Bismarck, anunciando que, a menos que se restaurara el orden para el 26 de marzo, París sería ocupada por las tropas alemanas. Los rojos vieron claramente su pequeño artificio.ⁱ El affaire Vendôme fue provocado por el falsificador, ese infame jesuita J. Favre, quien el (¿21 de marzo?) subió a la tribuna de la Asamblea de Versalles para insultar al pueblo que lo había rescatado de la insignificancia, y para sublevar a París contra los departamentos.

30 de marzo, Proclama de la Comuna:

Hoy, los criminales, a quienes ni siquiera quisisteis perseguir, abusan de vuestra magnanimidad para organizar un foco de conspiración monárquica a las puertas mismas de la ciudad. Han estado incitando a la guerra civil. Han recurrido a todos los medios de corrupción, han actuado como cómplices de todos, y han llegado al extremo de mendigar ayuda a los extranjeros. a

Thiers

El 25 de abril, en su recepción a los alcaldes, adjuntos y concejales municipales de las comunas suburbanas del Sena, Thiers dijo:

«La república está ahí. El jefe del poder ejecutivo no es más que un simple ciudadano.» d

Primer borrador — El gobierno de defensa 451

El progreso de Francia de 1830 a 1871, según el señor Thiers, consiste en esto: en 1830 Luis Felipe era «la mejor de las Repúblicas». En 1871, el fósil ministerial del reinado de Luis Felipe, el pequeño Thiers mismo, es la mejor de las Repúblicas.

El señor Thiers comenzó su régimen con una usurpación. La Asamblea Nacional lo nombró jefe del ministerio de la Asamblea; él se nombró a sí mismo jefe del ejecutivo de Francia.

La Asamblea y la Revolución de París

La Asamblea, convocada al dictado del invasor extranjero, fue, como se establece claramente en la convención de Versalles del 28 de enero, elegida sólo con un único propósito: decidir la continuación de la guerra o acordar las condiciones de paz. Al llamar al pueblo francés a las urnas electorales, los capituladores de París mismos definieron claramente esa misión específica de la Asamblea, y esto explica en gran parte su propia composición. La continuación de la guerra se había vuelto imposible por los propios términos del armisticio aceptado humildemente por los capituladores, por lo que la Asamblea no tenía en realidad más que registrar una paz deshonrosa, y para esta tarea específica los peores hombres de Francia eran los mejores.

La República fue proclamada el 4 de septiembre, no por los leguleyos que se instalaron en el Hôtel de Ville como gobierno de defensa, sino por el pueblo de París. Fue aclamada en toda Francia sin una sola voz disidente. Conquistó su propia existencia mediante una guerra de cinco meses cuya piedra angular fue la prolongada resistencia de París. Sin esta guerra, llevada a cabo por la República y en nombre de la República, el Imperio habría sido restaurado por Bismarck tras la capitulación de Sedán, los leguleyos con el señor Thiers a la cabeza habrían tenido que capitular no por París, sino por garantías personales contra un viaje a Cayena, e y la Asamblea rural nunca habría visto la luz. Se reunió sólo por gracia de la revolución republicana, iniciada en París. No siendo una asamblea constituyente, como el propio señor Thiers ha repetido hasta la náusea, no habría tenido, si no como mero cronista de los incidentes pasados de la Revolución Republicana, ni siquiera el derecho a proclamar la destitución de la dinastía bonapartista. El único poder legítimo, por tanto, en Francia es la Revolución misma, cuyo centro está en París. Esa revolución no se hizo contra Napoleón el pequeño, sino contra las condiciones sociales y políticas que engendraron el Segundo Imperio, que recibieron su último acabado bajo su dominio y que, como la guerra con Prusia reveló de manera flagrante, dejarían a Francia convertida en un cadáver si no eran reemplazadas por las fuerzas regeneradoras de la clase obrera francesa. Los intentos de la Asamblea rural, que sólo tiene un poder de apoderado de la Revolución para firmar el desastroso pagaré entregado por su actual «ejecutivo» al invasor extranjero, su intento de tratar a la Revolución como su propio capitulador, es, por tanto, una usurpación monstruosa. Su guerra contra París no es más que una cobarde Chouannerie f al amparo de las bayonetas prusianas. Es una vil conspiración para asesinar a Francia, con el fin de salvar los privilegios, los monopolios y los lujos de las clases degeneradas, decrépitas y putrefactas que la han arrastrado al abismo del que sólo puede salvarla la mano hercúlea de una verdadera revolución social.

El mejor ejército de Thiers

Incluso antes de convertirse en «estadista», el señor Thiers había demostrado sus poderes de mentiroso como historiador. Pero la vanidad, tan característica de los hombres enanos, lo ha traicionado esta vez llevándolo a lo sublime de lo ridículo. Su ejército del orden, la hez de la soldadesca bonapartista, recién reimportada, por gracia de Bismarck, de las prisiones prusianas, g los zuavos pontificios, h los chuanes i de Charette, los vendeanos de Cathelineau; los «municipales» j de Valentin, los ex-sergents de ville de Piétri y los gendarmes corsos de Valentin que bajo L. Bonaparte no eran más que los espías del ejército pero bajo el señor Thiers forman su flor bélica, todo bajo la supervisión de mouchards con charreteras k y bajo el mando de los mariscales decembristas fugitivos que no tenían honor que perder —a esta cuadrilla abigarrada, desgarbada y avergonzada, el señor Thiers la califica de «el mejor ejército que Francia haya poseído jamás» l. Si permite que los prusianos sigan acuartelados en St. Denis, es sólo para asustarlos con la vista del «mejor ejército» de Versalles.

Thiers

Pequeñas bribonadas de Estado. Eterno suscitador de intrigas parlamentarias, el señor Thiers nunca fue más que un periodista «hábil» y un astuto «esgrimista de palabras», un maestro de la bribonería parlamentaria, un virtuoso del perjurio, un artesano de todas las pequeñas estratagemas, pérfidas bajezas y sutiles ardides de la guerra partidista parlamentaria. Este gnomo malicioso encantó a la burguesía francesa durante medio siglo porque es la expresión intelectual más fiel de su propia corrupción de clase. Cuando estaba en las filas de la oposición, una y otra vez ensayaba su gastada homilía de las «libertés nécessaires», m para pisotearlas cuando estaba en el poder. Cuando estaba fuera del cargo, solía amenazar a Europa con la espada de Francia. ¿Y cuáles fueron en realidad sus realizaciones diplomáticas? Embuchar en 1841 la humillación del tratado de Londres, n apresurar la guerra con Prusia con sus declamaciones contra la unidad alemana, comprometer a Francia en 1870 con su gira mendicante por todas las cortes de Europa, firmar en 1871 la capitulación de París, aceptar una «paz a cualquier precio» e implorar a Prusia una concesión: permiso y medios para provocar una guerra civil en su propio país pisoteado. Para un hombre de su calaña, las agencias subterráneas de la sociedad moderna siguieron siendo, por supuesto, siempre desconocidas, pero incluso los cambios palpables en su superficie no logró comprenderlos. Por ejemplo, cualquier desviación del viejo sistema proteccionista francés la denunciaba como un sacrilegio y, como ministro de Luis Felipe, llegó al extremo de tratar con desdén la construcción de ferrocarriles como una quimera insensata e incluso bajo Luis Bonaparte se opuso con ahínco a toda reforma de la podrida organización del ejército francés. Un hombre sin ideas, sin convicciones y sin valor.

Un «revolucionario» profesional en el sentido de que, en su afán de ostentación, de ejercer el poder y meter las manos en el erario nacional, nunca tuvo escrúpulos, cuando estaba desterrado a las bancas de la oposición, en agitar las pasiones populares y provocar una catástrofe para desplazar a un rival; al mismo tiempo es el hombre más superficial de la rutina, etc. A la clase obrera la vilipendiaba como «la vil multitud». Uno de sus antiguos colegas en las asambleas legislativas, contemporáneo suyo, capitalista, y sin embargo miembro de la Comuna de París, el señor Beslay, se dirige a él en un mensaje público:

«El sojuzgamiento (asservissement) del trabajo al capital, tal es la “piedra angular” de su política, y el día en que vio la República del Trabajo instalada en el Hôtel-de-Ville, no ha cesado de gritar a Francia: “¡Son criminales!”» o

No es de extrañar que el señor Thiers haya dado órdenes mediante su ministro del Interior, Ernest Picard, de impedir que «la Asociación Internacional» se comunique con París. p (Sesión de la Asamblea. 28 de marzo.) Circular de Thiers a prefectos y subprefectos:

«Los buenos obreros, tan numerosos en comparación con los malos, deben saber que, si el pan vuelve a volar de sus bocas, se lo deben a los adeptos de la Internacional, que son los tiranos del trabajo, de quienes pretenden ser los liberadores.» q

Sin la Internacional... r

(Ahora la historia del dinero.) (Él y Favre transfirieron su dinero a Londres.)

Es un proverbio que cuando los bribones riñen, la verdad sale a la luz. No podemos, pues, terminar mejor el retrato de Thiers que con las palabras del London Moniteur del amo de sus generales de Versalles. Dice el Situation en su número del 21 de marzo:

«El señor Thiers nunca ha sido ministro sin empujar a los soldados a la masacre del pueblo, él el parricida, el hombre del incesto, el peculador, el plagiario, el traidor, el ambicioso, el impotente.»

Astuto en ardides y tretas ingeniosas.

Aliado con los republicanos antes de la Revolución de Julio, se deslizó hasta su primer ministerio bajo Luis Felipe desplazando a Laffitte, su antiguo protector. Su primer acto fue arrojar a la prisión a su viejo colaborador Armand Carrel. Se insinuó ante Luis Felipe como espía y comadrón de la duquesa de Berry, s pero su actividad se centró en la masacre de los republicanos parisinos insurrectos en la Rue Transnonain y en las leyes de septiembre contra la prensa, t para ser luego desechado como un instrumento que se había mellado. Habiendo intrigado de nuevo hasta alcanzar el poder en 1840, planeó las fortificaciones de París, u a las que se opuso todo el partido democrático, excepto los republicanos burgueses del National, por considerarlas un atentado contra la libertad de París. El señor Thiers respondió a sus protestas desde la tribuna de la Cámara de los Diputados:

«¿Cómo? ¿Imaginar que unas obras de fortificación podrían poner en peligro la libertad?... Esto es estar completamente fuera de contacto con la realidad. Y, ante todo, calumniáis a cualquier gobierno al suponer que algún día podría intentar mantenerse bombardeando la capital. ¿De verdad creéis que después de haber agujereado con sus bombas la cúpula de Los Inválidos o el Panteón, después de haber barrido con su fuego los hogares de vuestras familias, podría presentarse ante vosotros y pediros que lo confirmarais en el cargo? Pero eso sería cien veces más imposible después de su victoria que antes.» v

En efecto, ni el gobierno de Luis Felipe ni el de la Regencia bonapartista se atrevieron a retirarse de París y bombardearlo. Este uso de las fortificaciones estaba reservado al señor Thiers, su primer instigador.

Cuando el Rey Bomba de Nápoles w bombardeó Palermo en enero de 1848, el señor Thiers declaró nuevamente en la Cámara de los Diputados:

—Sabéis, señores, lo que ocurre en Palermo: todos os estremecéis de horror al oír que durante 48 horas una gran ciudad ha sido bombardeada. ¿Por quién? ¿Acaso por un enemigo extranjero que ejerciese los derechos de la guerra? No, señores, fue por su propio gobierno. ¿Y por qué? Porque aquella ciudad desdichada reclamaba sus derechos. Pues bien, por reclamar sus derechos, ha recibido 48 horas de bombardeo. [...] Permitidme apelar a la opinión de Europa. Será un servicio a la humanidad alzarse y, desde la que acaso sea la mayor tribuna de Europa, hacer oír unas palabras de indignación contra actos semejantes. Señores, un grito de indignación general recorrió todos los ámbitos del mundo cuando, hace 50 años, para evitar un largo asedio los austriacos, ejerciendo los derechos de la guerra, quisieron bombardear Lille; cuando más tarde, ejerciendo los mismos derechos de la guerra, los ingleses bombardearon Copenhague, y cuando, hace bien poco, el regente Espartero, que había prestado servicios a su país, quiso bombardear Barcelona para sofocar una insurrección.

Poco más de un año después, Thiers hacía el más fogoso apologista del bombardeo de Roma por las tropas de la república francesa,* y ensalzaba a su amigo, el general Changarnier, por haber pasado a sable a los guardias nacionales parisinos que protestaban contra esta violación de la Constitución francesa.

Pocos días antes de la Revolución de Febrero de 1848, consumido por el largo destierro del poder al que Guizot lo había condenado, oliendo la creciente agitación de las masas, que —eso esperaba— le permitiría desplazar a su rival e imponerse a Luis Felipe, Thiers exclamaba en la Cámara de Diputados:

“Je suis du parti de la Révolution non seulement en France, mais dans toute l’Europe. Je désire que le gouvernement de la Révolution reste entre les mains des hommes modérés... Mais quand ce gouvernement tomberait entre les mains des esprits ardents, même dans celles des radicaux, je n’abandonnerai pas ma cause. Je serai toujours du parti de la Révolution.” a

Sofocar la Revolución de Febrero fue su ocupación exclusiva desde el día en que se proclamó la República hasta el golpe de Estado.

Los primeros días después de la explosión de Febrero se ocultó angustiosamente, pero los obreros de París lo despreciaban demasiado para odiarlo. Aun así, con su notoria cobardía —que hizo que Armand Carrel respondiera a su jactancia de que «él moriría un día a orillas del Rin»: «Tú morirás en una cloaca»—, no osó desempeñar papel alguno en la escena pública antes de que las fuerzas populares estuvieran quebrantadas por la masacre de los insurrectos de Junio. Se limitó primero a la dirección secreta de la conspiración de la Reunión de la Rue de Poitiers*° que desembocó en la Restauración del Imperio, hasta que la escena quedó lo bastante despejada para reaparecer públicamente en ella.

Durante el sitio de París, al preguntársele si París estaba a punto de capitular, Jules Favre respondió que, para pronunciar la palabra capitulación, ¡hacía falta el bombardeo de París!b Esto explica sus melodramáticas protestas contra el bombardeo prusiano, y por qué este último fue un bombardeo de pega, mientras que el bombardeo de Thiers es una dura realidad.

Charlatán parlamentario.

Lleva cuarenta años en escena. Jamás ha puesto en marcha una sola medida útil en ningún ámbito del Estado ni de la vida. Vanidoso, escéptico, epicúreo: nunca ha escrito ni hablado por las cosas. A sus ojos, las cosas mismas no son más que pretextos para lucir su pluma o su lengua. Salvo su sed de cargos, de dinero y de ostentación, no hay nada real en él, ni siquiera su chovinismo.

En el genuino estilo de los vulgares periodistas profesionales, ora se burla en sus boletines del mal aspecto de sus prisioneros versallescos, ora comunica que los rurales están “à leur aise”,© ora se cubre de ridículo con su boletín sobre la toma de “Moulin-Saquet” (4 de mayo), donde se hicieron 300 prisioneros.

“El resto de los insurrectos ha huido en desbandada, dejando 150 muertos y heridos en el campo de batalla”, y añade con irritación: “Tal es la victoria que la Comuna podrá celebrar mañana en sus boletines. ... ¡París no tardará en verse libre de los terribles tiranos que lo oprimen!” a

París —el “París” de la masa del pueblo parisino que lucha contra él— no es “París”. “París —ése es el rico, el capitalista, el ocioso”b (¿por qué no el guisado cosmopolita?). Éste es el París del señor Thiers. El verdadero París, el París que trabaja, piensa y lucha, el París del pueblo, el París de la Comuna, es una “vil multitud”. Éste es todo el argumento del señor Thiers, no sólo para París, sino para Francia. El París que muestra su valor en la “pacífica procesión” y en la “escapada” de Saisset, que ahora se apiña en Versalles, en Rueil, en St. Denis, en St. Germain-en-Laye, seguido por las cocottes que se pegan a los “hombres de la religión, la familia, el orden y la propiedad” (el París de las clases realmente “peligrosas”, de las clases explotadoras y ociosas) (“les francs-fileurs” *°*) y que se divierte contemplando con el telescopio la batalla en curso, para quien “la guerra civil no es más que un agradable divertimento”: ése es el París del señor Thiers, como la emigración de Coblenza*!° era la Francia del señor de Calonne. En su estilo de periodista vulgar, ni siquiera sabe guardar una fingida dignidad, sino que asesina a las mujeres y muchachas, y a los niños hallados bajo las ruinas de Neuilly, para no apartarse de la etiqueta de la “legitimidad”. Necesita iluminar las elecciones municipales que ha ordenado en Francia con la conflagración de Clamart, incendiado con bombas de petróleo. Los historiadores romanos redondean el carácter de Nerón contándonos que el monstruo se gloriaba de ser versificador y comediante. Pero elevad al poder a un simple periodista profesional y charlatán parlamentario como Thiers, y superará a Nerón.

No hace más que representar su papel de instrumento ciego de los intereses de clase al permitir que los “generales” bonapartistas se venguen de París; pero representa su papel personal en la pequeña farsa secundaria de los boletines, discursos y proclamas, en los que se traslucen la vanidad, la vulgaridad y el gusto más rastrero del periodista.

Se compara con Lincoln y a los parisinos con los esclavistas sublevados del Sur. ¡Los sudistas lucharon por la esclavitud del trabajo y por la secesión territorial de los Estados Unidos. París luchó por la emancipación del trabajo y por la secesión del poder de los parásitos estatales de Thiers, de los aspirantes a esclavistas de Francia!

En su discurso a los alcaldes:

“¡Podéis confiar en mi palabra, que jamás he quebrantado!”
“La Asamblea es una de las más liberales que jamás haya elegido Francia.”

Él salvará la República

“siempre que el orden y el trabajo no sean continuamente amenazados por quienes pretenden ser los guardianes especiales del bienestar de la República”.a

En la sesión de la Asamblea del 27 de abril, dijo:

“La Asamblea es más liberal que él.”b

Él, cuyo triunfo retórico fue siempre la denuncia de los tratados de Viena, firma el tratado de París,* no sólo la desmembración de una parte de Francia, no sólo la ocupación de casi ½ de ella, ¡sino los millardos de indemnización, sin siquiera pedir a Bismarck que especifique y pruebe sus gastos de guerra! ¡Ni siquiera permite a la Asamblea de Burdeos discutir los párrafos de su capitulación!

Él, que durante toda su vida había zaherido a los Borbones por haber vuelto a la zaga de ejércitos extranjeros y por su indigno comportamiento con los aliados que ocupaban Francia después de la paz,* ¡no pide a Bismarck en el tratado más que una concesión: 40.000 soldados para someter a París*° (como declaró Bismarck en la Dieta)! París estaba, para todos los fines de la defensa interior y de la agresión extranjera, plenamente asegurado por su Guardia Nacional armada, pero Thiers añadió de inmediato a la capitulación de París ante el extranjero el carácter de capitulación de París ante sí mismo y Compañía. Esta estipulación era una estipulación para la guerra civil. Esa guerra la inicia él mismo no sólo con el permiso pasivo de Prusia, sino con las facilidades que ella le presta, con las tropas francesas cautivas que magnánimamente le envía desde las mazmorras alemanas. En sus boletines, en sus discursos y en los de Favre en la Asamblea, se arrastra por el polvo ante Prusia y amenaza a París cada ocho días con su intervención, después de no haber logrado que se produjera, tal como declaró el propio Bismarck.* ¡Los Borbones eran la dignidad misma comparados con este charlatán, este gran apóstol del chovinismo!

Tras el derrumbamiento de Prusia (paz de Tilsit, 1807), su gobierno sintió que sólo podía salvarse a sí mismo y al país mediante una gran regeneración social. Naturalizó en Prusia —en pequeña escala, dentro de los límites de una monarquía feudal— los resultados de la Revolución francesa. Liberó al campesino, etc.* Después de la derrota de Crimea —que, por mucho que Rusia hubiera podido salvar su honor con la defensa de Sebastopol y deslumbrar al extranjero con sus triunfos diplomáticos en París, dejó al desnudo en el interior la podredumbre de su sistema social y administrativo—, su gobierno emancipó a los siervos y reformó todo su sistema administrativo y judicial.* En ambos países, la audaz reforma social estuvo limitada y restringida en su carácter porque fue otorgada desde el trono y no conquistada por el pueblo. Con todo, se produjeron grandes cambios sociales que eliminaron los peores privilegios de las clases dominantes y cambiaron la base económica de la vieja sociedad. Sintieron que la grave enfermedad sólo podía curarse con medidas heroicas. Sintieron que sólo podían responder a los vencedores con reformas sociales, llamando a la vida elementos de regeneración popular. ¡La catástrofe francesa de 1870 no tiene parangón en la historia del mundo moderno! Mostró a la Francia oficial, a la Francia de Luis Bonaparte, a la Francia de las clases dominantes y de sus parásitos estatales, como un cadáver putrefacto. Y el primer intento de los infames que se apoderaron de su gobierno mediante una sorpresa al pueblo y que continúan detentándolo mediante una conspiración con el invasor extranjero, ¿cuál es su primer intento? Asesinar, bajo el patrocinio de Prusia, por medio de la soldadesca de L. Bonaparte y la policía de Piétri, la gloriosa obra de regeneración popular comenzada en París, convocar a todos los viejos espectros legitimistas, derrotados por la Revolución de Julio,

a Discurso de L. A. Thiers en la sesión de la Cámara de Diputados del 13 de enero de 1841, Le Vengeur, n.º 14, 12 de abril de 1871. Marx cita en francés. — Ed.

b Discurso de L. A. Thiers en la sesión de la Cámara de Diputados del 31 de enero de 1848, Le Rappel, n.º 673, 17 de abril de 1871; Le Vengeur, n.º 21, 19 de abril de 1871. Marx cita en francés. — Ed.

c A sus anchas. — Ed.

d “Voici, sur le même fait, le bulletin...”, Le Rappel, n.º 692, 6 de mayo de 1871. Marx da una cita en francés. — Ed.

e “La Comuna de París...”, The Times, n.º 27028, 4 de abril de 1871. — Ed.

f “Méditation des municipalités de la Seine”, Le Rappel, n.º 684, 28 de abril de 1871. Marx cita en francés; la frase “Él salvará la República” está en alemán. — Ed.

g Marx da la primera parte de la frase en alemán y cita del discurso en francés. — Ed.

h Véase informe desde Alemania bajo el título general “Révélations”, La Situation, n.º 156, 21 de marzo de 1871. — Ed.

La revolución, los fósiles estafadores de Luis Felipe, derrotados por la revolución de febrero, ¡y celebran una orgía de contrarrevolución! ¡Semejante heroísmo en el autoenvilecimiento exagerado es algo inaudito en los anales de la historia! Pero, lo más característico, en lugar de suscitar un clamor general de indignación por parte de la Europa oficial y de América, evoca una corriente de simpatía y de furiosa denuncia de París. ¡Fósiles, villanos, hombres tarados!* Esto demuestra que París, fiel a sus antecedentes históricos, busca la regeneración del pueblo francés convirtiéndolo en el paladín de la regeneración de la vieja sociedad, ¡haciendo de la regeneración social de la humanidad el asunto nacional de Francia! Es la emancipación de la clase productora de las clases explotadoras, de sus secuaces y de sus parásitos del Estado lo que demuestra la verdad del refrán francés: "les valets du diable sont pire que le diable himself".** ¡París ha enarbolado la bandera de la humanidad!

18 de marzo. El gobierno impuso

"un timbre de 2 céntimos a cada ejemplar de todo periódico, sea cual fuere su naturaleza".
"prohibición de fundar nuevos diarios hasta que se levante el estado de sitio".

Las diferentes fracciones de la burguesía francesa tuvieron sucesivamente sus reinados: los grandes terratenientes bajo la Restauración (los viejos Borbones), los capitalistas bajo la monarquía parlamentaria de Julio (Luis Felipe), mientras sus elementos bonapartistas y republicanos permanecían en la penumbra, irritados. Sus disputas e intrigas de partido se llevaban a cabo, por supuesto, bajo pretextos de bienestar público, y cuando una revolución popular se había deshecho de estas monarquías, la otra se instalaba. Todo esto cambió con la República (febrero). Todas las fracciones de la burguesía se combinaron en el Partido del Orden, es decir, el partido de los [terratenientes] y los capitalistas, unidos para mantener la subyugación económica del trabajo y la maquinaria estatal represiva que la apoyaba. En lugar de una monarquía, cuyo solo nombre significaba la prevalencia de una fracción burguesa sobre la otra, una victoria de un lado y una derrota del otro (el triunfo de un lado y la humillación del otro), la República era la anónima sociedad por acciones de las fracciones burguesas combinadas, de todos los explotadores del pueblo asociados, y, en verdad, legitimistas, bonapartistas, orleanistas, burgueses republicanos, jesuitas y volterianos se abrazaban unos a otros. Ya sin el refugio protector de la corona, sin posibilidad ya de interesar al pueblo en sus disputas de partido disfrazándolas de luchas por el interés popular, sin subordinación ya de los unos a los otros. Antagonismo directo y confesado de su dominación de clase a la emancipación de las masas productoras: orden, nombre para las condiciones económicas y políticas de su dominación de clase y la servidumbre del trabajo; esta forma anónima o republicana del régimen burgués —esta República Burguesa, esta República del Partido del Orden— es el más odioso de todos los regímenes políticos. Su cometido directo, su única raison d'être* es aplastar al pueblo. Es el terrorismo de la dominación de clase.

* Fósiles, villanos, hombres de mala fama. — Ed.
** "Los lacayos del diablo son peores que el diablo mismo". — Ed.
* Razón de ser. — Ed.

Primer borrador — El gobierno de defensa 461

La cosa se hace de este modo. El pueblo, habiendo luchado y hecho la Revolución, proclamado la República y hecho sitio a una Asamblea Nacional, los burgueses cuyas conocidas profesiones republicanas son garantía de su "República", son empujados al primer plano del escenario por la mayoría de la Asamblea, compuesta por los vencidos y confesos enemigos de la República. A los republicanos se les confía la tarea de incitar al pueblo a la trampa de una insurrección que será aplastada a sangre y fuego. Este papel fue desempeñado por el partido del National con Cavaignac a la cabeza*, tras la Revolución de Febrero (por la Insurrección de Junio). Por su crimen contra las masas, estos republicanos pierden entonces su imperio. Han hecho su trabajo y, si se les permite todavía apoyar al partido del orden en su lucha general contra el proletariado, son al mismo tiempo desplazados del gobierno, forzados a replegarse a las últimas filas, y sólo se les tolera "a beneficio de inventario". Los burgueses monárquicos combinados se convierten entonces en los padres de la República, comienza el verdadero dominio del "Partido del Orden". Las fuerzas materiales del pueblo, rotas por el momento, la obra de la reacción —la demolición de todas las concesiones conquistadas en cuatro revoluciones— empieza pieza por pieza. Se enfurece al pueblo hasta la locura no sólo por las acciones del partido del orden, sino por el cínico descaro con que se le trata como a un vencido, con el que, en su propio nombre, en nombre de la República, esa baja calaña lo domina de manera suprema. Por supuesto, esa forma espasmódica de despotismo de clase anónimo no puede durar mucho, sólo puede ser una fase transitoria. Sabe que está sentado sobre un volcán revolucionario. Por otra parte, si el partido del orden está unido en su guerra contra la clase obrera, en su calidad de partido del orden, el juego de intrigas de sus diferentes fracciones unas contra otras, cada una por la prevalencia de su interés particular en el viejo orden social, cada una por la Restauración de su propio pretendiente y sus ambiciones personales, se desata con toda su fuerza apenas su dominio parece asegurado (garantizado) por la destrucción de las fuerzas revolucionarias materiales. Esta combinación de una guerra común contra el pueblo y una conspiración común contra la República, combinada con las disputas internas de sus gobernantes y su juego de intrigas, paraliza la sociedad, disgusta y confunde a las masas de la clase media y "perturba" los negocios, manteniéndolas en un estado crónico de inquietud. Todas las condiciones del despotismo son creadas (han sido engendradas) bajo este régimen, pero un despotismo sin quietud, un despotismo con la anarquía parlamentaria a su cabeza. Entonces ha llegado la hora del golpe de Estado, y el lote de incapaces tiene que dejar paso a cualquier pretendiente afortunado, que pone fin a la forma anónima de la dominación de clase. De este modo Luis Bonaparte puso fin a la República Burguesa tras sus 4 años de existencia. Durante todo ese tiempo Thiers fue el "alma condenada"* del partido del orden, que en nombre de la República hacía la guerra a la República, una guerra de clase contra el pueblo, y, en realidad, creó el Imperio. Desempeñó exactamente el mismo papel entonces que ahora, sólo que entonces no era más que un intrigante parlamentario, ahora como Jefe del Ejecutivo. Si no es vencido por la Revolución, será ahora, como entonces, un instrumento burlado. Cualquiera que sea el gobierno compensatorio que se instaure, su primer acto será deshacerse del hombre que entregó Francia a Prusia y bombardeó París.

Thiers tenía muchos agravios contra Luis Bonaparte. Este lo había utilizado como un instrumento y un incauto. Le había aterrorizado con su arresto después del golpe de Estado. Le había anulado al suprimir el régimen parlamentario, el único bajo el cual un mero parásito del Estado, como Thiers, un mero charlatán, puede desempeñar un papel político. Por último, pero no menos importante, Thiers que había sido el histórico limpiabotas de Napoleón*, había descrito sus hazañas durante tanto tiempo que llegó a imaginarse que las había ejecutado él mismo. La caricatura legítima de Napoleón I no era a sus ojos Napoleón el pequeño, sino el pequeño Thiers. Con todo, no hubo infamia alguna cometida por Luis Bonaparte que no hubiera sido respaldada por Thiers, desde la ocupación de Roma por las tropas francesas hasta la guerra con Prusia.

Sólo un hombre de su cabeza hueca puede imaginarse por un momento que una República con su cabeza sobre sus hombros, con una Asamblea Nacional medio legitimista, medio orleanista, con un ejército bajo jefes bonapartistas, si resulta victoriosa, no lo hará a un lado.

No hay nada más grotescamente horrendo que un Tom Pouce pretendiendo hacer de Timur Tamerlán. En él los actos de crueldad no son sólo una cuestión de oficio, sino una cosa de exhibición teatral, de fantástica vanidad. ¡Escribir sus "boletines", mostrar su "severidad", tener "sus" tropas, "su" estrategia, "sus" bombardeos, "sus" bombas de petróleo, ocultar "su" cobardía bajo la sangre fría con que permite a los esbirros decabristas vengarse de París! ¡Semejante heroísmo en la bajeza exagerada! ¡Se regocija en el importante papel que desempeña y el ruido que hace en el mundo! ¡Se figura ser un gran hombre!, ¡y qué gigantesco (titánico) debe parecer él, el enano, el charlatán parlamentario, a los ojos del mundo! ¡En medio de las horrendas escenas de esta guerra, uno no puede dejar de sonreír ante las ridículas cabriolas que da la vanidad de Thiers! El señor Thiers es un hombre de viva imaginación, corre por su sangre una vena de artista, y una vanidad de artista capaz de engañarlo haciéndole creer sus propias mentiras, y una creencia en su propia grandeza.

Por todos los discursos, boletines, etc. de Thiers, corre una vena de exaltada vanidad.

ese affreux* Triboulet.

Espléndido bombardeo (con bombas de petróleo) desde el Mont Valérien sobre una parte de las casas de Ternes dentro de la muralla, con una grandiosa conflagración y un pavoroso trueno de cañones que sacude todo París. Bombas lanzadas a propósito sobre los barrios de Ternes y de los Campos Elíseos.

Bombas explosivas, bombas de petróleo.

La Comuna

El glorioso penny-a-liner** británico ha hecho el espléndido descubrimiento de que esto no es lo que solemos entender por autogobierno. Por supuesto, no lo es. No es la autoadministración de las ciudades por regidores que engullen sopa de tortuga, juntas parroquiales que amañan negocios y feroces guardianes de asilos de pobres. No es la autoadministración de los condados por los poseedores de vastos acres, largas bolsas y cabezas huecas. No es la abominación judicial de "los Grandes No Remunerados".*' No es el autogobierno político del país a través de un club oligárquico y la lectura del periódico The Times. Es el pueblo actuando para sí por sí mismo.

¡En medio de esta guerra de caníbales, los "literarios" chillidos del repugnante gnomo sentado a la cabeza del gobierno!

¡El feroz trato dado a los prisioneros de Versalles no se interrumpió un solo instante, y su asesinato a sangre fría se reanudó tan pronto como Versalles se hubo convencido de que la Comuna era demasiado humana para ejecutar su decreto de represalias!

El Paris Journal (en Versalles) dice que 13 soldados de línea hechos prisioneros en la estación de ferrocarril de Clamart fueron fusilados sin más, ¡y todos los prisioneros que llevan uniformes de línea que lleguen a Versalles serán ejecutados cada vez que se aclaren las dudas sobre su identidad!

El señor Alejandro Dumas hijo cuenta que un joven que ejercía las funciones, si no llevaba el título, de general, fue fusilado después de haber marchado (en custodia) unos cientos de varas por un camino.

5 de mayo, Mot d'Ordre: Según La Liberté, que se publica en Versalles, "todos los soldados del ejército regular hallados en Clamart entre los insurgentes fueron fusilados en el acto" (¡por Lincoln Thiers!) (Lincoln reconoció los derechos de beligerancia). "¡Éstos son los hombres que denuncian en las paredes de todas las comunas francesas a los parisinos como asesinos!" ¡Los bandidos!*

Desmarets.

Una diputación de la Comuna fue a Bicétre (27 de abril) para investigar el caso de cuatro guardias nacionales del 185º batallón de campaña y allí vio a un superviviente (gravemente herido) Scheffer.

"El herido dijo que el 25 de abril él y tres de sus camaradas fueron alcanzados en Belle Épine, cerca de Villejuif, por un destacamento de cazadores montados, que les ordenaron rendirse. Como era del todo imposible oponer resistencia a las fuerzas que los rodeaban, depusieron las armas y se rindieron. Pero al llegar a Versalles, fueron fusilados."

* El instrumento. — Ed.
b La referencia es a Histoire de la Révolution française e Histoire du Consulat et de l'Empire de Thiers. — Ed.
* Atroz. — Ed.
** Escritor a tanto la línea. — Ed.

[4] La primera mitad del párrafo, hasta el paréntesis, está en francés en el original.— Ed.

Primer borrador.— El gobierno de defensa 465

Los soldados los rodearon y los tomaron prisioneros sin recurrir a la violencia ni a amenazas contra ellos. Llevaban unos minutos prisioneros cuando apareció un capitán de los cazadores montados y se lanzó sobre ellos revólver en mano. Sin decir palabra, disparó contra uno de ellos y lo mató en el acto; luego disparó también contra el guardia Scheffer, que recibió un tiro en el pecho y cayó junto a su camarada. Los otros dos guardias, aterrados por este ataque cobarde, intentaron huir, pero el desenfrenado capitán corrió tras los dos prisioneros y los mató a ambos a tiros de revólver. Tras estos actos salvajes y ultrajantes, los cazadores se retiraron con su jefe, dejando a sus víctimas tendidas en el suelo.[4]

El New York Tribune supera a los periódicos londinenses.

La «Asamblea Nacional más liberal y más libremente elegida que haya existido jamás en Francia» del señor Thiers es totalmente coherente con su «mejor ejército que haya poseído jamás Francia».[a] ¡Las elecciones municipales, realizadas bajo el propio Thiers el 30 de abril, muestran sus relaciones con el pueblo francés! De 700.000 concejales (en números redondos) elegidos por las 35.000 comunas que aún quedan en la Francia mutilada, 200 son legitimistas, 600 orleanistas, 7.000 bonapartistas declarados, y todo el resto republicanos o comunistas. (Corresponsalía de Versalles, Daily News, 5 de mayo.) ¿Se necesita alguna otra prueba de que esta Asamblea, con la momia orleanista Thiers a la cabeza, no representa más que una minoría usurpadora?[b]

París

El señor Thiers presentó una y otra vez a la Comuna como el instrumento de un puñado de «presidiarios» y «presidiarios con licencia», de la escoria de París. ¡Y este «puñado» de desesperados mantiene en jaque desde hace más de 6 semanas al «mejor ejército que haya poseído jamás Francia», acaudillado por el invencible Mac Mahon e inspirado por el genio del propio Thiers!

Las hazañas de los parisinos no solo lo han refutado. Todos los sectores de París han hablado.

«No debéis confundir el movimiento de París con la toma de Montmartre, que no fue sino su ocasión y punto de partida; este movimiento es general y profundo en la conciencia de París; incluso la mayoría de quienes, por una razón u otra, se mantienen apartados de él, no niegan que es socialmente legítimo.»[c]

¿Quién dice esto? Los delegados de las cámaras sindicales, hombres que hablan en nombre de 7.000 a 8.000 comerciantes e industriales. Han ido a decirlo a Versalles... La Liga de la reunión republicana... la manifestación de los francmasones,[d] etc.

La provincia

Les provinciaux espiégles.[e]

Si Thiers se figuró por un momento que las provincias eran realmente antagónicas al movimiento de París, haría todo lo posible por dar a las provincias las mayores facilidades para conocer ese movimiento y todos «sus horrores». Les rogaría que lo contemplaran en su descarnada realidad, para que se convencieran con sus propios ojos y oídos de lo que es. ¡Pero no! Él y sus «hombres de la defensa» intentan mantener sojuzgadas a las provincias, impedir su levantamiento general en favor de París, mediante un muro de mentiras, del mismo modo que durante el asedio prusiano mantuvieron alejadas de París las noticias de las provincias. Solo se permite a las provincias mirar a París a través de la cámara oscura de Versalles. (Nada más que las mentiras y calumnias de los periódicos de Versalles llegan a los departamentos y reinan allí sin rival.)[f] Pillajes y asesinatos de 20.000 presidiarios con licencia deshonran la capital.

«La Liga considera que es su deber primordial arrojar luz sobre los hechos y restablecer las relaciones normales entre la provincia y París.»[g]

Como estaban, cuando se les sitiaba en París, así están ahora cuando la sitian a su vez.

«Como en el pasado, la mentira es su arma favorita. Suprimen y confiscan los periódicos de la capital, interceptan los partes y escudriñan la correspondencia, de tal manera que la provincia queda reducida a tener las noticias que a Jules Favre, Picard y compañía les place dejarle llegar, sin que sea posible verificar su veracidad.»[h]

Los boletines de Thiers, las circulares de Picard, las de Dufaure... Los carteles en las comunas. La prensa felona de Versalles y los alemanes. El petit Moniteur.[i] La reintroducción de pasaportes para viajar de un lugar a otro. Un ejército de mouchards[j] diseminado por todas partes. Detenciones (en Ruán, etc., bajo la autoridad prusiana), etc. Miles de comisarios de policía dispersos en los alrededores de París han recibido del prefecto de la gendarmería, Valentin, la orden de confiscar los periódicos de cualquier tendencia publicados en la ciudad insurrecta y de quemarlos públicamente, como se hacía en los buenos tiempos de la Santa Inquisición.[k]

El gobierno de Thiers apeló primero a las provincias*[l] para que formaran batallones de guardias nacionales y los enviaran a Versalles contra París.

«La provincia —como dice el Journal de Limoges— mostró su descontento negándose a enviar los batallones de voluntarios que le pedían Thiers y sus ruraux.»[m]

Los pocos idiotas bretones, que luchan bajo una bandera blanca, llevando cada uno sobre el pecho un corazón de Jesús de tela blanca y gritando «¡vive le roi!»[n], son el único ejército «provincial» reunido en torno a Thiers.

Las elecciones. Vengeur, 6 de mayo.

La ley de prensa del señor Dufaure (8 de abril)[ñ] confesadamente dirigida contra los «excesos» de la prensa provincial.

Luego, las numerosas detenciones en la provincia. Se la somete a las leyes de sospechosos. ¡Bloqueo intelectual y policial de la provincia!

23 de abril, El Havre: El consejo municipal ha enviado a tres de sus miembros a París y Versalles con instrucciones de ofrecer mediación, con el fin de terminar la guerra civil sobre la base del mantenimiento de la República y la concesión de franquicias municipales a toda Francia... 23 de abril, delegados de Lyon recibidos por Picard y Thiers: «guerra a cualquier precio» es su respuesta.

El discurso de los delegados de Lyon es entregado a la Asamblea por Greppo el 24 de abril.[o]

Los municipios de las ciudades de provincia cometieron la gran impudencia de enviar sus diputaciones a Versalles para exhortarlos a conceder lo que París exigía; ni una sola comuna de Francia ha enviado un mensaje aprobando los actos de Thiers y los ruraux; los periódicos provinciales, al igual que estos consejos municipales, como se queja Dufaure en su circular a los procuradores generales contra la conciliación,

«ponen en el mismo plano a la Asamblea elegida por sufragio universal y a la autodenominada Comuna de París; reprochan a la primera no haber reconocido [...] y, lo que es peor, estos consejos municipales, por ejemplo, el de Auch, “han exigido unánimemente que se proponga de inmediato un armisticio con París, y que la Asamblea elegida el 8 de febrero se disuelva porque su mandato ha expirado”. (Dufaure, l’assemblée de Versailles, 26 de abril)»[p]

Debe recordarse que estos eran los viejos consejos municipales, no los elegidos el 30 de abril. Sus delegaciones, tan numerosas, que Thiers decidió no recibirlas ya personalmente, sino remitirlas a un subalterno ministerial.

Por último, las elecciones del 30 de abril, el juicio final de la Asamblea y la sorpresa electoral de la que había surgido. Si, pues, las provincias hasta ahora no han hecho más que una resistencia pasiva contra Versalles sin sublevarse por París, hay que explicarlo por las fortalezas que las viejas autoridades aún conservan aquí, el letargo en que el Imperio sumió y la guerra mantuvo a la provincia. Es evidente que solo el ejército de Versalles, el gobierno y la muralla china de mentiras se interponen entre París y las provincias. Si esa muralla cae, estas se unirán a aquel.

Es de lo más característico que los mismos hombres (Thiers y Cía.) que en mayo de 1850 abolieron, mediante una conspiración parlamentaria (Bonaparte los ayudó para atraerlos a una trampa, tenerlos a su merced y proclamarse tras el golpe de Estado como restaurador del sufragio universal contra el partido del orden y su Asamblea), el sufragio universal, porque bajo la República aún podía jugarles malas pasadas, sean ahora sus fanáticos adeptos y lo conviertan en su título «legítimo» contra París, después de que bajo Bonaparte recibiera una organización tal que no era sino un mero juguete en manos del Ejecutivo, una mera máquina de engaño, sorpresa y falsificación por parte del Ejecutivo. Congreso de la Liga de las Ciudades[q] (¡Rappel, 6 de mayo!)

Trochu, Jules Favre y los provincianos de Thiers

Cabe preguntarse cómo estos farsantes e intrigantes parlamentarios caducos, como Thiers, Favre, Dufaure, Garnier-Pagés (reforzados solo por unos cuantos pillos de la misma calaña), siguen reapareciendo, después de cada revolución, en la superficie y usurpando el poder ejecutivo; estos hombres que siempre explotan y traicionan la Revolución, fusilan al pueblo que la hizo y secuestran las pocas concesiones liberales arrancadas a gobiernos anteriores (¿a las que ellos mismos se opusieron?).

La cosa es muy sencilla. En primer lugar, aunque sean muy impopulares, como Thiers después de la Revolución de Febrero, la magnanimidad popular los perdona. Después de cada insurrección victoriosa del pueblo, el grito de conciliación, lanzado por los implacables enemigos del pueblo, es coreado por el pueblo en los primeros momentos de entusiasmo por su propia victoria. Pasado ese primer momento, hombres como Thiers y Dufaure se eclipsan mientras el pueblo posee el poder material y actúan en la oscuridad. Reaparecen tan pronto como aquel es desarmado y son aclamados por la burguesía como sus chefs de file.

[a] [Rapport de la Commission d’enquête de la Commune], Le Mot d’Ordre, núm. 65, 29 de abril de 1871; véase también Journal officiel (París), núm. 118, 28 de abril de 1871. Estos dos párrafos están en francés en el original.— Ed.

[b] El siguiente texto está tachado en el manuscrito: «Esta senil chambre introuvable, elegida bajo un falso pretexto, se compone casi exclusivamente de legitimistas y orleanistas.»— Ed.

[c] «Rapport des délégués des chambres syndicales. Au syndicat de l’Union nationale», citado según A. Vacquerie, «Une poignée de factieux», Le Rappel, núm. 669, 13 de abril de 1871; véase también Journal officiel (París), núm. 102, 12 de abril de 1871. Marx cita en francés.— Ed.

[d] Francmasones.— Ed.

[e] Los provinciales pícaros. Citado de «Ceci est vraiment merveilleux...», Le Rappel, núm. 669, 13 de abril de 1871.— Ed.

[f] La frase entre paréntesis está en francés.— Ed.

[g] «Le comité de l’Union républicaine pour les droits de Paris...», Le Rappel, núm. 673, 17 de abril de 1871. Marx cita en francés.— Ed.

[h] «La circulaire de M. Thiers», Le Vengeur, núm. 21, 19 de abril de 1871. Marx cita en francés en el original y utiliza la expresión inglesa «sift the letters».— Ed.

[i] Se refiere al Moniteur des Communes.— Ed.

[j] Espías.— Ed.

[k] Marx da la frase en francés en el original.— Ed.

[l] El manuscrito contiene el siguiente texto escrito encima de esta frase: «hizo un llamamiento ansioso... antes de haber conseguido un ejército de prisioneros de Bismarck».— Ed.

[m] Comunicación del periódico de Limoges La Défense républicaine en Le Mot d’Ordre, núm. 65, 29 de abril de 1871.— Ed.

[n] «¡Viva el rey!» — Ed.

[ñ] Citado en francés de «Qui, c’en est fait...», Le Vengeur, núm. 38, 6 de mayo de 1871.— Ed.

[o] «Adresse des Délégués de Lyon à l’Assemblée nationale et à la Commune de Paris», Le Mot d’Ordre, núm. 63, 27 de abril de 1871. Marx da esta frase y el final de la anterior en francés y las palabras «is their reply» en alemán.— Ed.

[p] J. Dufaure, [Circulaire aux procureurs généraux. Versalles, 23 de abril de 1871], Le Mot d’Ordre, núm. 62, 26 de abril de 1871. Marx cita en francés.— Ed.

[q] Congreso de la Liga de las Ciudades.

O, como Favre, Garnier Pagés, Jules Simon, etc. (reclutados por unos pocos más jóvenes de su misma calaña) y el propio Thiers después del 4 de septiembre, fueron la «respetable» oposición republicana bajo Luis Felipe: después la oposición parlamentaria bajo L. Bonaparte. Los regímenes reaccionarios que ellos mismos han iniciado cuando la revolución los eleva al poder les aseguran las filas de la oposición, deportando, matando, exiliando a los verdaderos revolucionarios. El pueblo olvida su pasado; la clase media los considera como sus hombres; su pasado infame queda olvidado,⁾

⁾ Jefes de fila.— Ed.

y así reaparecen para recomenzar su traición y su obra de infamia.

Noche del 1 al 2 de mayo: la aldea de Clamart había estado en manos de los militares, la estación de ferrocarril en las de los insurrectos. (Esta estación domina el fuerte de Issy.) Por sorpresa (sus patrullazos fueron dejados entrar por un soldado de guardia, habiéndoseles vendido el santo y seña), el 23.° batallón de cazadores penetró, sorprendió a la guarnición —la mayoría durmiendo en sus camas—, hizo solo 60 prisioneros y pasó a bayoneta a 300 de los insurrectos. Dazu* soldados de línea fueron luego fusilados sin miramientos. Thiers, en su circular del 2 de mayo a los prefectos, autoridades civiles y militares, tiene el descaro de decir:

«Ella (la Comuna) detiene a los generales (¡Cluseret!) solo para fusilarlos, y…»⁾

⁾ L. A. Thiers, [Circulaire à toutes les autorités civiles et militaires. Versailles, 2 mai 1871], Journal officiel (Versailles), n.º 123, 3 de mayo de 1871.— Ed.

Las tropas al mando del general Lacretelle tomaron el reducto de Moulin-Saquet, situado entre el fuerte de Issy y Montrouge, mediante un golpe de mano.⁾ La guarnición fue sorprendida por traición del comandante Gallien, que había vendido el santo y seña a las tropas versallenses. 150 federales pasados a bayoneta y más de 300 hechos prisioneros.

⁾ Golpe de mano.— Ed.

M. Thiers, dice el corresponsal del Times, fue débil cuando debió haber sido firme (el cobarde siempre es débil mientras teme el peligro para sí mismo), y firme cuando todo podía ganarse con algunas concesiones (el bellaco siempre es firme cuando el empleo de la fuerza material desangra a Francia, le da a él aires de grandeza, pero personalmente está a salvo. Esa es toda su habilidad. Como Antonio, Thiers es un «hombre honrado»).⁾

⁾ «The Commune of Paris...», The Times, n.º 27055, 5 de mayo de 1871.— Ed.
⁾ W. Shakespeare, Julio César, acto III, escena II.— Ed.

¡El parte de Thiers sobre Moulin-Saquet (4 de mayo)!⁾

⁾ Luego sigue el texto en francés hasta el final del apartado.— Ed.

Primer borrador.—El gobierno de la defensa 47)

«Liberación de París de los espantosos tiranos que lo oprimen» («los versallenses iban disfrazados de guardias nacionales») («la mayoría de los federales dormían y fueron muertos o hechos prisioneros en sueños»).⁾

«Blanqui arrojado a la cárcel agonizante, Flourens hecho pedazos por los gendarmes, Duval fusilado por Vinoy: los tuvieron en sus manos el 31 de octubre y no hicieron nada contra ellos.»

⁾ «Voici, sur le même fait, le bulletin...», Le Rappel, n.º 692, 6 de mayo de 1871. El siguiente pasaje, escrito por Marx en francés, está tachado en el manuscrito: «Picard: “nuestra artillería no bombardea; cierto, cañonea”» (Moniteur des communes, periódico de Picard).— Ed.

472,

LA COMUNA

* Además. — Ed.