Una carta procedente de Alemania anunciaba que las Asociaciones Obreras de los Estados del Sur de Alemania van a celebrar un Congreso en Núremberg en la primera semana de septiembre. La primera cuestión que ese Congreso ha de decidir es la adhesión de toda la federación a la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Se llamó la atención sobre un artículo aparecido en *Le Réveil*, un nuevo periódico publicado por los amigos de Ledru-Rollin en París, en el que se comenta de manera aprobatoria la actitud de los miembros del Comité de París y se contrapone la sagacidad política y la conducta moral superior de las clases trabajadoras de Europa a la estupidez intrigante de las clases dominantes. El artículo contiene el siguiente pasaje notable:

«En la unión de ideas y sentimientos que prevalece entre los trabajadores de los distintos países de Europa confiamos para el mantenimiento de la paz. Dentro de pocos días va a reunirse el Congreso de la Asociación Internacional. Todos los países de Europa estarán representados en él, acaso con la excepción de Francia, y ¿será demasiado decir que, por la sabiduría de sus resoluciones, esta asamblea de todos los delegados europeos del trabajo puede convertirse en el consejo anfictiónico de Europa? Sí; si mañana, dominando los principios inmortales de la revolución francesa y tomando en sus manos los sagrados intereses del trabajo, que comprenden el orden, la seguridad y la libertad, este Congreso decretase la paz, la palabra sería acogida con entusiasmo por toda Europa.»