El ciudadano Marx no podía coincidir con Milner en que ella [la reducción de las horas de trabajo] conduciría a una producción disminuida, porque allí donde se habían introducido las restricciones, los instrumentos de producción se habían desarrollado mucho más que en otros ramos. Tuvo el efecto de introducir más maquinaria e hizo cada vez más imposible la producción en pequeña escala, lo cual, sin embargo, era necesario para llegar a la producción social. La cuestión sanitaria estaba resuelta. Pero una reducción de las horas de trabajo era también indispensable para dar a la clase obrera más tiempo para la cultura intelectual. Las restricciones legislativas eran el primer paso hacia la elevación intelectual y física y la emancipación definitiva de las clases trabajadoras. Nadie negaba, hoy en día, que el Estado debía intervenir en favor de las mujeres y los niños; y la restricción de sus horas conducía, en la mayoría de los casos, a una reducción del tiempo de trabajo de los hombres. Inglaterra había tomado la delantera, otros países se habían visto obligados a seguirla hasta cierto punto. La agitación había comenzado seriamente en Alemania, y se esperaba que el Consejo de Londres tomara la iniciativa. El principio se había decidido en congresos anteriores; había llegado el momento de actuar.