Estimado señor: en respuesta a la suya del 26 del pasado, el Consejo me ha encargado comunicarle que la Asociación Internacional no reconoce intereses nacionales especiales entre los trabajadores que, por azar, hayan nacido en diferentes países.

Uno de nuestros objetivos es eliminar de las mentes de los trabajadores cuanto aún pueda quedar de antipatías nacionales y, acaso, de animosidades. Por consiguiente, el Consejo no puede aprobar el tipo de representación que se da a entender en su memorial. El general Cluseret vio ultrajados sus sentimientos por la policía francesa, lo que probablemente fue la razón de que las sociedades obreras le otorgaran credenciales que le indujeron a establecer una comparación entre él y el embajador francés en Washington. El embajador francés en Washington tiene que defender los intereses personales de una dinastía y los intereses de propiedad de los comerciantes franceses. Los obreros de París no tienen tales intereses que proteger al otro lado del Atlántico frente a las probables intrusiones de los trabajadores americanos. Consideramos que los intereses de los trabajadores franceses residentes en los Estados Unidos son estrictamente idénticos a los intereses de todos los demás trabajadores de los Estados Unidos.

Para facilitar la intercomunicación de aquellos a quienes separan las diferencias de lengua y, acaso, de costumbres, tenemos corresponsales que están familiarizados con estos asuntos, y en ellos confiamos para gestionar lo demás.

La comunicación con los Estados Unidos está distribuida entre los secretarios de las diversas nacionalidades del Consejo General. El general Cluseret y el Sr. Pelletier son nuestros corresponsales franceses en América. Se corresponden con nuestro secretario para Francia.* Siegfried Meyer y Vogt son nuestros corresponsales alemanes. Se corresponden con el secretario alemán** aquí, y el secretario general*** gestiona la correspondencia inglesa; y, aparte de dirigentes de sindicatos obreros como el Sr. Jessup, contamos con usted como nuestro corresponsal en caso de que surjan malentendidos entre distintas nacionalidades, para procurar arreglar las cosas; pero no podemos admitir que los franceses o los alemanes tengan un interés opuesto o especial distinto del de los demás trabajadores, y siempre les instamos a que tomen parte activa en el movimiento de los trabajadores del país en que residen y se identifiquen con él, particularmente en América.

En lo que concierne al movimiento de las sociedades secretas, he recibido instrucciones de rogarle que, cuando le sea cómodo, nos favorezca con su opinión acerca de la causa que ha contribuido a generar la necesidad de una acción secreta. Se nos ha aconsejado que les persuadamos a usted y al amigo Jessup a alzarse públicamente en contra, pero suponemos que existe una necesidad para ello, pues de lo contrario no habría entrado en boga; y, además, sería presuntuoso por nuestra parte ofrecer consejo en una cuestión semejante; pero deseamos conocer las razones, para ponerlas en conocimiento de los trabajadores del Viejo Mundo, que justamente acaban de salir de conducir su agitación en secreto.

Le saluda atentamente,
J. George Eccarius, Secretario General

* para Francia.