Observación general sobre este período: Cuando lord Westmoreland fue retirado de Irlanda, en 1795, Irlanda se hallaba en un estado de prosperidad el más sin parangón y progresivo. Curran insinuó incluso la intención de procesar a Westmoreland por haber permitido que una parte de los 12.000 soldados (que, según lo estipulado, debían permanecer siempre en Irlanda) fuera destacada fuera de ese reino para servicio en el extranjero.

A) DE 1782 A 1783. (EL FIASCO DEL PROYECTO DE REFORMA Y LA GRAN DERROTA DE LOS VOLUNTARIOS)

Se presentaron en la Cámara de los Comunes irlandesa proyectos de ley para aliviar, mediante concesiones parciales, la situación deprimida de los católicos, y alguna recompensa por su celo y patriotismo, y habían llegado a sus últimas fases en la Cámara de los Comunes, sin oposición efectiva. Se opuso a ellos el fanatismo en sus últimas fases, instigado por los poderes del Castillo. Sin embargo, esos proyectos de ley que relajaban la severidad del Código Penal pasaron por ambas Cámaras. Las concesiones, aunque muy limitadas, aún procuraron gran satisfacción a los católicos, como el primer brote de un principio de tolerancia. Grattan aún creía en los whigs. Pero al fin el propio Fox, hastiado por un prolongado curso de lento engaño, confirmó de una vez las opiniones del pueblo irlandés y proclamó abiertamente a Irlanda la insuficiencia de todas las medidas que hasta entonces se habían adoptado. Aprovechó la ocasión en el Parlamento británico, al aludirse allí a la derogación del estatuto 6 de Jorge I, para declarar

«que la derogación de ese estatuto no podía quedar aislada, sino que debía ir acompañada de un ajuste definitivo y de una base sólida de conexión permanente», que «se presentarían ante el Parlamento irlandés algunos planes de esa naturaleza por los ministros irlandeses y se entablaría un tratado, el cual, una vez avanzado, podría ser adoptado por ambos Parlamentos y convertirse finalmente en un arreglo irrevocable entre los dos países».

Con ese discurso, la ilusión irlandesa de un ajuste definitivo se disipó en un instante, y la duplicidad del virrey quedó probada de manera indiscutible.

Flood todavía contaba con un apoyo débil en la Cámara de los Comunes irlandesa, pero [contaba con el apoyo] de los Voluntarios.

El 19 de julio de 1782, Flood solicitó autorización para presentar un proyecto de ley «para afirmar el derecho único y exclusivo del Parlamento irlandés a dictar leyes que afecten a ese país, en todos los asuntos externos e internos, cualesquiera que éstos sean».

Incluso la presentación de este proyecto de ley fue rechazada sin votación. ¡Grattan!

Por otra parte, [el Parlamento] aprobó la insensata moción de Grattan:

«que se denegó la autorización para presentar el proyecto de ley del señor Flood, porque el derecho único y exclusivo de legislar para Irlanda en todos los casos, tanto internos como externos, había sido afirmado por el Parlamento de Irlanda, y había sido plena, definitiva e irrevocablemente reconocido por el Parlamento británico»

(lo que no era cierto). (¡El propio Fox había declarado lo contrario!) (A causa de su escepticismo, Flood había sido destituido de su cargo de Vice-Tesorero.)

El 27 de julio de 1782, el Parlamento fue prorrogado. En el discurso de prórroga, Portland declaró, entre otras cosas:

«Vuestras reivindicaciones estuvieron guiadas por el mismo espíritu que dio origen y estabilidad a la libertad de Gran Bretaña, y no podían dejar de tener éxito, tan pronto como los consejos de ese Reino fueran influidos por los amigos declarados de la Constitución.

»Convenced a los habitantes de vuestros distintos distritos, como vosotros mismos estáis convencidos, de que toda causa de pasados recelos y descontentos ha quedado definitivamente eliminada; de que ambos países han empeñado mutuamente su buena fe, y de que su mejor seguridad será una adhesión inviolable a ese pacto; de que la confianza implícita que Gran Bretaña ha depositado en el honor, la generosidad y la franqueza de Irlanda, empeña vuestro carácter nacional a una reciprocidad de sentimientos igualmente liberal y amplia. Convencedlos de que los dos reinos son ahora uno, indisolublemente unidos en la unidad de

Murió el marqués de Rockingham (1782). Coalición de Fox y lord North. Portland fue sustituido por el conde Temple (que más tarde se convertiría en marqués de Buckingham) (su secretario principal era su hermano, el señor, después lord, Grenville) (15 de septiembre de 1782 - 3 de junio de 1783). Temple realizó pequeñas reformas. Aunque no obtuvo crédito del pueblo en general, logró considerables avances entre la aristocracia de los patriotas (Charlemont, Grattan, etc.).

Los Voluntarios armados habían asumido ahora una capacidad deliberativa: desfilaban como soldados y debatían como ciudadanos. Más de 150.000 Voluntarios aparecían ahora en los registros de revista de los regimientos. Fuerte adhesión de católicos a ellos. Resolvieron no obedecer, ni permitir que se obedecieran, ningún estatuto o ley promulgada anteriormente en Inglaterra, y oponerse a su ejecución con sus vidas y haciendas. Los magistrados se negaban a actuar bajo ellas, los jueces estaban sumamente perplejos, no podía proseguirse ninguna causa legal con arreglo a las leyes británicas, aunque mencionaran a Irlanda; ningún abogado las defendería, ningún jurado fallaría a su favor, la aplicación de muchas leyes importantes, hasta entonces en vigor, quedó necesariamente suspendida.

El Parlamento se dividió entre Flood y Grattan, éste último (del bando whig) siempre en mayoría. Esta división de la nación era lo que la administración británica quería fomentar. Se vio frustrada por la conducta imprudente de algunos miembros del Parlamento británico.

En la Cámara de los Comunes (británica), Sir George Young (titular de un cargo sinecura en Irlanda, aunque no irlandés, a saber, Vice-Tesorero de Irlanda) se opuso al proyecto de ley de concesiones a Irlanda y a la derogación del estatuto 6 de Jorge I. Protestó contra la facultad del Rey y del Parlamento para aprobar tales proyectos. (No podía actuar contra la voluntad de los ministros.)

Lord Mansfield, no obstante la derogación del estatuto 6 de Jorge I, procedió a admitir, en el Tribunal del King's Bench, en Westminster, una apelación procedente del King's Bench de Irlanda, observando que «no conocía ninguna ley que privara al tribunal británico de su jurisdicción establecida». El interés del dinero era del 5% en Inglaterra y del 6% en Irlanda. Mansfield había colocado sumas muy cuantiosas en hipotecas irlandesas para ganar el 1% adicional. Consideraba que no era probable que obtuvieran ninguna ventaja adicional si se quitaba la jurisdicción de apelación a los tribunales británicos y se transfería a la propia Irlanda; de ahí su reticencia a desprenderse de ella.

Lord Abingdon, en la Cámara de los Lores, negó totalmente la autoridad del Rey y del Parlamento de Inglaterra para emancipar a Irlanda; solicitó autorización para presentar un proyecto de ley declaratoria que reafirmara el derecho de Inglaterra a legislar externamente en los asuntos de Irlanda.

Los Voluntarios batieron llamada a las armas en todo el reino; más de 120.000 desfilaron. Toda confianza en Gran Bretaña se disipó. Flood ganó mucho terreno entre el pueblo. Ahora, nuevo pánico del ministerio británico. Sin esperar más protestas perentorias de Irlanda, aprobaron el siguiente estatuto:

En el vigésimo tercer año del reinado de Jorge III (1783).
Capítulo XXVIII. Ley para eliminar y prevenir todas las dudas que han surgido o pudieran surgir respecto a los derechos exclusivos del Parlamento y los tribunales de Irlanda, en materia de legislación y judicatura; y para prevenir que ningún auto de error o apelación de cualquiera de los tribunales de Su Majestad en ese reino sea recibido, oído y juzgado en cualquiera de los tribunales de Su Majestad en el reino de Gran Bretaña. Considerando que ... han surgido dudas acerca de si las disposiciones de la mencionada (su última) Acta son suficientes para asegurar al pueblo de Irlanda los derechos por ellos reclamados, de estar vinculados únicamente por leyes promulgadas por Su Majestad y el Parlamento de ese reino, en todos los casos, cualesquiera que éstos sean, etc., etc. ... declárase y promúlgase ... que el citado derecho reclamado por el pueblo de Irlanda, de estar vinculado únicamente por leyes promulgadas por Su Majestad y el Parlamento de ese reino, en todos los casos, cualesquiera que éstos sean, y de que todas las acciones y demandas en derecho o equidad, que puedan incoarse en ese reino, se decidan en los tribunales de Su Majestad en el mismo de manera definitiva, y sin apelación alguna de los mismos, quedará, y por la presente se declara que queda establecido y determinado para siempre, y en ningún tiempo ulterior será cuestionado ni susceptible de serlo.

Y promúlgase además ... que ningún auto de error o apelación será recibido o juzgado, ni ningún otro procedimiento será oído por o en cualquiera de los tribunales de Su Majestad en este reino, en cualquier acción o demanda en derecho o equidad, incoada en cualquiera de los tribunales de Su Majestad en el reino de Irlanda, etc., etc.

Esta medida, presentada en la Cámara de los Comunes británica por el Sr. Townshend, pasó por ambas Cámaras y recibió la sanción real sin debate y con muy poca observación. En Inglaterra se la presentó como una mera parte declaratoria consecuente de un arreglo constitucional general pactado entre las dos naciones. Esta medida llegó demasiado tarde para satisfacer al pueblo irlandés en cuanto a la pureza de su propio Parlamento. Le convenció de su ineficacia o corrupción, o de lo contrario el Acta de Renuncia del Parlamento británico habría sido completamente innecesaria. Tenían que asegurar sus libertades. El Acta de Renuncia de Irlanda había desacreditado al Parlamento irlandés ante el pueblo irlandés.

El Sr. Flood se había convertido en el más prominente entre los patriotas irlandeses. Grattan, su enemigo. La discusión sobre el Acta de Renuncia inglesa condujo a la conclusión de la necesidad de reformar su propio Parlamento, porque, sin su reforma integral, no había seguridad alguna contra la inestabilidad de los acontecimientos y la duplicidad de Inglaterra.

Sistema de burgos podridos.* Muchos miembros de la Cámara de los Comunes irlandesa eran designados por individuos (traficantes de burgos) y por pares, quienes de este modo votaban por delegación en la Cámara de los Comunes. El Rey nombraba constitucionalmente a los pares, y los pares creaban a los comunes. La representación del pueblo en la Cámara de los Comunes se compraba con dinero, y el ejercicio de esa representación se vendía por cargos. Estas compras, realizadas por servidores del gobierno ejecutivo, en fideicomiso, para los usos y propósitos de sus ministros a fin de sacar adelante medidas. Los Voluntarios examinaron los hechos. Un par nombraba a 9 comunes, etc. Muchos individuos vendían abiertamente su patronazgo por dinero al mejor postor, otros devolvían miembros a la Cámara por designación del virrey o de su secretario; y resultó que el número de representantes elegidos libremente por el pueblo no componía ni la cuarta parte de la Cámara de los Comunes irlandesa. Los Voluntarios determinaron finalmente exigir una reforma del Parlamento. Delegados de varios regimientos de Voluntarios se reunieron de nuevo en Dungannon para considerar la conveniencia y los medios de una reforma inmediata del Parlamento. Flood [tenía] ahora una gran influencia. 300 delegados, hombres de gran influencia, muchos de ellos miembros de la Cámara de los Lores y de la Cámara de los Comunes, elegidos por distintos cuerpos.

El 10 de noviembre de 1783 fue proclamado para la primera sesión de la Gran Convención Nacional de Irlanda en Dublín. [Los delegados] llegaron allí escoltados por pequeños destacamentos de Voluntarios de sus respectivos condados. La Rotonda fue elegida como lugar de reunión (frente a la magnífica cúpula de la Cámara de los Comunes del Parlamento). El obispo de Derry y el conde de Charlemont eran rivales por la presidencia. Los ministros británicos sabían que si se efectuaba una reforma del Parlamento en Irlanda, no se podría negar por mucho tiempo a Inglaterra. Luego estaban los celos comerciales de Inglaterra. Charlemont, su tonto. Mediante intrigas, él (apoyado por Grattan) [fue] elegido antes de que llegara el conde de Bristol, obispo de Derry. Colisión en la Convención entre Flood y el obispo por un lado, Charlemont y sus amigos por el otro.

Tras mucha deliberación, un plan de reforma redactado por el Sr. Flood y aprobado por la Convención fue encargado para que él lo presentara de inmediato al Parlamento, y las sesiones de la Convención se declararon permanentes hasta que el Parlamento decidiera la cuestión. El Sr. Flood cumplió sus instrucciones y solicitó autorización para presentar un proyecto de ley de reforma del Parlamento. El Gobierno sabía que el triunfo del Parlamento implicaba no solo la destrucción de la Convención, sino también la de los Voluntarios.

El Gobierno rehusó conceder permiso para presentar el proyecto de ley de Flood,* porque se originaba en las deliberaciones de ellos (los Voluntarios). (Yelverton, ahora Fiscal General.) (Furibundo discurso de Fitzgibbon.) Debate de inusitada violencia. El proyecto de ley fue rechazado por 158 votos contra 49; los 158 de la mayoría eran empleados del gobierno y precisamente las personas sobre las cuales se pretendía que operara la reforma. Los mismos 158 empleados que aprobaron el Acta de Unión en 1800, la cual, si la Reforma hubiera triunfado, nunca habría podido ser aprobada. Se aprobó una moción dirigida al Rey (presentada por Conolly) que ofendía a los Voluntarios. «Earl Charlemont, suprimiendo esta noticia, dijo a los Voluntarios que había recibido una nota de la Cámara de los Comunes que no dejaba esperanzas de una pronta decisión, que la Convención debía aplazarse hasta el lunes, para decidir luego sobre medidas ulteriores, si el proyecto de ley era rechazado». Había decidido en secreto que no volvieran a reunirse. El lunes por la mañana se presentó en la Rotunda antes de la hora habitual de sesión; solo estaban presentes sus propios partidarios inmediatos. Levantó la sesión de la Convención sine die. Cuando llegó el resto de los delegados, la puerta se cerró, la Convención se disolvió. El Obispo pasó a ser el hombre popular. Charlemont decayó. Él, un fanático, odiaba a los católicos; el Obispo era todo lo contrario. La exclusión por un lado y la tolerancia por el otro se convirtieron en el tema de los partidarios. La disputa se enconó. El pueblo comenzó a dividirse. Esto produjo todo el daño que el Gobierno esperaba.

Un cuerpo del Norte, autodenominado «Bull of Rights Battalion», dice en una Alocución al Obispo, entre otras cosas:

«Las sombrías nubes de la superstición y la intolerancia, esos motores de la desunión, habiendo sido expulsadas del reino, los intereses de Irlanda ya no pueden sufrir por la diversidad de confesiones religiosas. Todos están unidos en la persecución de un gran objetivo: la exterminación de la corrupción de nuestra Constitución; y Vuestra Ilustrísima y vuestros virtuosos coadjutores, al promover la libertad civil y religiosa, no pueden carecer del auxilio de todas las confesiones».

El Obispo respondió en el mismo tono (con fecha 14 de enero de 1784); en su conclusión dijo:

«La hora ha llegado … en que Irlanda necesariamente debe valerse de toda su fuerza interna para rechazar las intrusiones extranjeras, o bien aquietarse una vez más bajo esas intrusiones, para ejercer de nuevo y mejor la tiranía de una parte de la comunidad sobre los derechos más queridos e inalienables de los demás. Porque un millón de protestantes divididos nunca pueden, en la balanza del Gobierno Humano, ser contrapeso contra 3 millones de católicos unidos. Pero, caballeros del Bill of Rights Battalion, apelo a vosotros mismos y os emplazo a la consecuencia. La tiranía no es Gobierno, y la Lealtad solo se debe a la Protección».

El Gobierno resolvió (demasiado impotente para actuar) vigilar la marcha de los acontecimientos. Muchos de los mejores patriotas consideraban que el lenguaje del Obispo era demasiado fuerte. La idea de coaccionar al Parlamento perdió terreno muy rápidamente. Nada de lenguaje militar hacia el Parlamento, etc.

El pueblo quedó escindido, pero el Gobierno permanecía compacto; el Parlamento estaba corrompido, los Voluntarios paralizados, y el alto espíritu de la Nación mostraba una rápida decadencia.

El débilmente insensato Charlemont, tras la disolución de la Convención, recomendó que se presentara al Parlamento un proyecto de reforma que emanase únicamente de cuerpos civiles, desvinculados del carácter militar. Como era de esperar, los empleados del gobierno, que habían desdeñado el proyecto militar por ser militar, rechazaron ahora el proyecto civil por ser popular. Las asambleas de los Voluntarios quedaron suspendidas; sus revistas continuaron, para divertir la lánguida vanidad de su iluso general.

El sistema moderado (parlamentario burgués) fue ahora ganando terreno. Los Voluntarios de Irlanda sobrevivieron a estos golpes durante algunos años. Los oradores whigs (Grattan, etc.) perdieron terreno e influencia.

Diciembre de 1783. Pitt, Ministro. ¡Duque de Rutland, Virrey!

* 29 de noviembre de 1783. Véase H. Grattan, The Speeches..., Vol. I, pág. 191.— Ed.  
4 de diciembre de 1783.— Ed.