En Irlanda se llama derecho de propiedad al saqueo e incluso al exterminio del arrendatario y de su familia por el terrateniente, mientras que la rebelión desesperada del agricultor contra su despiadado verdugo se califica de atentado agrario. Estos ATENTADOS AGRARIOS, que en realidad son muy poco numerosos pero que el caleidoscopio de la prensa inglesa multiplica y exagera fuera de toda proporción conforme a las órdenes recibidas, han, como sabrán, proporcionado el pretexto para restablecer el régimen de terror blanco en Irlanda. Y este régimen de terror permite a su vez a los terratenientes redoblar su opresión con impunidad.

Ya he mencionado que el proyecto de ley de tierras consolida el latifundismo so pretexto de prestar ayuda a los arrendatarios. Sin embargo, para echar tierra a los ojos y tranquilizar su conciencia, Gladstone se vio obligado a otorgar esta nueva vida al despotismo de los terratenientes sometiéndolo a ciertas formalidades legales. Baste decir que en el futuro, como en el pasado, la palabra del terrateniente se convertirá en ley si consigue imponer a sus arrendatarios a su antojo las rentas más fabulosas e imposibles de pagar o, en el caso de los contratos de tenencia, hace que sus granjeros firmen contratos que los atarán a una esclavitud voluntaria.

¡Y cómo se regocijan los terratenientes! Un diario de Dublín, el *Freeman*, publica una carta del padre P. Lavelle, autor de *El terrateniente irlandés desde la Revolución*, en la que dice:

«He visto montones de cartas dirigidas a los arrendatarios por su terrateniente, el valiente capitán y “absentista” que vive en Inglaterra, advirtiéndoles que a partir de ahora sus rentas se elevarán un 25%. ¡Esto equivale a una orden de desahucio! ¡Y esto de un hombre que no hace nada por la tierra, salvo vivir de sus productos!»

Por su parte, el *Irishman* publica los nuevos contratos de tenencia dictados por lord Dufferin, miembro del gabinete de Gladstone que inspiró el proyecto de ley de tierras e introdujo el proyecto de ley de coerción en la Cámara de los Lores. Añádase la rapaz astucia de un experto prestamista y la despreciable triquiñuela del abogado a la insolencia feudal, y se tendrá una idea aproximada de los nuevos contratos de tenencia inventados por el noble Dufferin.

Ahora resulta fácil ver que ¡el régimen de terror ha llegado justo a tiempo para introducir el régimen del proyecto de ley de tierras! Supongamos, por ejemplo, que en un determinado condado irlandés los agricultores se niegan ya sea a permitir un aumento del 25% en las rentas, ya sea a firmar los contratos de tenencia de Dufferin. Los terratenientes del condado harán entonces que sus lacayos o la policía les envíen cartas amenazadoras anónimas, como han hecho en el pasado. También esto se considera un «atentado agrario». Los terratenientes informan de ello al virrey, lord Spencer. ¡Lord Spencer declara entonces que el distrito está sujeto a las disposiciones de la Ley de Coerción, que acto seguido aplican los mismos terratenientes, en su calidad de magistrados, contra sus propios arrendatarios!

¡Los periodistas lo bastante imprudentes para protestar no solo serán procesados por sedición, sino que se les confiscarán las imprentas sin la menor apariencia de proceso legal!

Debería resultar ya obvio por qué el jefe de vuestro ejecutivo felicitó a Gladstone por las mejoras que había introducido en Irlanda, y por qué Gladstone devolvió el cumplido felicitando a vuestro ejecutivo por sus concesiones constitucionales. «A Roland for an Olivier», dirán aquellos de vuestros lectores que conozcan a Shakespeare. Pero otros, más versados en el *Moniteur* que en Shakespeare, recordarán la carta enviada por el jefe de vuestro ejecutivo al difunto lord Palmerston que contenía las palabras «¡No obremos como bellacos!».

Ahora volveré a la cuestión de los presos políticos, no sin motivo.

La publicación de la primera carta de Rossa en *La Marseillaise* produjo un gran efecto en Inglaterra: el resultado será una investigación.

El siguiente despacho fue impreso por todos los periódicos de Estados Unidos:

«*La Marseillaise* dice que a O’Donovan Rossa lo desnudaban una vez al día y lo examinaban, que lo mataban de hambre, que lo encerraban en una celda oscura, que lo enganchaban a un carro y que la muerte de sus compañeros de prisión fue causada por el frío al que estaban expuestos.»

El corresponsal del *Irishman* en Nueva York dice:

«La *Marseillaise* de Rochefort ha puesto el sufrimiento de los presos fenianos ante los ojos del pueblo americano. Tenemos una deuda de gratitud con...»

La carta de Rossa ha sido publicada también por la prensa alemana.

De ahora en adelante, el gobierno inglés ya no podrá cometer sus atropellos en silencio. El señor Gladstone no ganará nada con su intento de silenciar a la prensa irlandesa. Cada periodista encarcelado en Irlanda será sustituido por cien periodistas en Francia, Alemania y América.

¿Qué pueden las políticas mezquinas y anticuadas del señor Gladstone contra el espíritu internacional del siglo XIX?