La segunda * carta se refiere a asuntos de la Asociación Internacional de los Trabajadores, en particular al aplazamiento del congreso. Marx rechaza enfáticamente la propuesta de Liebknecht de aplazar el congreso hasta octubre,** aunque tal aplazamiento sería muy bienvenido por el propio Consejo General, ya que los documentos del congreso no están aún listos. Pero los franceses, escribió Marx, ya estaban descontentos de que el congreso se celebrase en Maguncia y no al menos en Verviers, mientras que los parisinos querían especialmente que se celebrara en París. No debemos dar ningún motivo de descontento. Marx teme que si se sanciona el plan de Liebknecht de aplazamiento, habrá un congreso de minoría de los franceses y de los suizos de habla francesa bajo la dirección de Bakunin, y dice: «Los mezquinos celos nacionales han penetrado demasiado hondo en la sangre de la gente para que se los pueda hacer desaparecer con argumentos en un solo día».