En el número 16 de su periódico, el señor M. Hess, desde París, arroja sospechas sobre los miembros franceses, a quienes desconoce por completo, del Comité Central de Londres de la Asociación Internacional de los Trabajadores, con estas palabras:

«En realidad, no se sabe si importaría que algunos amigos del Palais-Royal² pertenecieran también a la Asociación de Londres, pues es una asociación pública, etc.»

En un número anterior,¹ mientras parloteaba sobre el periódico L’Association, el mismo señor M. H. hizo insinuaciones semejantes acerca de los amigos parisinos del Comité de Londres. Declaramos que sus insinuaciones son una calumnia absurda.

Por lo demás, nos complace encontrar en este incidente la confirmación de nuestra convicción de que el proletariado de París se opone tan irreconciliablemente como siempre al bonapartismo en sus dos formas, la forma de las Tullerías y la del Palais-Royal, y que nunca por un momento consideró el plan de vender su honor histórico (¿o deberíamos decir, en vez de «su honor histórico», «su primogenitura histórica como portador de la revolución»?) por un plato de lentejas. Recomendamos este ejemplo a los obreros alemanes.³

Londres y Manchester