1. EL CONCEPTO DE PLUSVALÍA RELATIVA

Para una jornada laboral dada, el plustrabajo solo puede incrementarse reduciendo el trabajo necesario; esto, a su vez, puede obtenerse —dejando de lado la reducción del salario por debajo del valor— solo reduciendo el valor de la fuerza de trabajo, es decir, reduciendo el precio de los medios de subsistencia necesarios. (Pp. 291-93.) Esto, a su vez, solo se logra aumentando la fuerza productiva del trabajo, revolucionando el modo de producción mismo.

La plusvalía producida mediante la prolongación de la jornada laboral es absoluta; la producida mediante el acortamiento del tiempo de trabajo necesario es plusvalía relativa. (P. 295.)

Para rebajar el valor de la fuerza de trabajo, el incremento de la fuerza productiva debe apoderarse de aquellas ramas industriales cuyos productos determinan el valor de la fuerza de trabajo —medios de subsistencia corrientes, sucedáneos de los mismos y sus materias primas, etc.—. Prueba de cómo la competencia hace que el incremento de la fuerza productiva se manifieste en un menor precio de las mercancías. (Pp. 296-99.)

El valor de las mercancías está en razón inversa a la fuerza productiva del trabajo, al igual que el valor de la fuerza de trabajo, porque este está determinado por el valor de las mercancías. La plusvalía relativa, por el contrario, está en razón directa a la fuerza productiva del trabajo. (P. 299.)

Al capitalista no le interesa el valor absoluto de las mercancías, sino únicamente la plusvalía incorporada en ellas. La realización de la plusvalía implica el reembolso del valor adelantado. Puesto que, según la p. 299, el mismo proceso de incremento de la fuerza productiva reduce el valor de las mercancías y aumenta la plusvalía contenida en ellas, queda claro por qué el capitalista, cuya única preocupación es la producción de valor de cambio, se esfuerza continuamente por deprimir el valor de cambio de las mercancías. (Cf. Quesnay,* p. 300.)

De ahí que, en la producción capitalista, economizar trabajo mediante el desarrollo de la fuerza productiva no apunta en modo alguno a acortar la jornada laboral —esta puede incluso prolongarse—. Podemos leer, por tanto, en economistas del cuño de McCulloch, Ure, Senior y tutti quanti, en una página que el obrero debe gratitud al capital por desarrollar las fuerzas productivas, y en la página siguiente que debe demostrar su gratitud trabajando en el futuro 15 horas en vez de 10. El objetivo de este desarrollo de las fuerzas productivas es solo acortar el trabajo necesario y prolongar el trabajo para el capitalista. (P. 301.) |

2. COOPERACIÓN

Según la p. 288, la producción capitalista requiere un capital individual lo bastante grande para emplear a un número considerable de obreros al mismo tiempo; solo cuando él mismo está completamente liberado del trabajo se convierte el empleador de trabajo en un capitalista hecho y derecho. La actividad de un gran número de obreros, al mismo tiempo, en el mismo campo de trabajo, para la producción del mismo tipo de mercancía, bajo el mando del mismo capitalista, constituye, histórica y lógicamente, el punto de partida de la producción capitalista. (P. 302.)

Al principio, por tanto, solo hay una diferencia cuantitativa en comparación con el pasado, cuando menos obreros eran empleados por un empleador. Pero inmediatamente tiene lugar una modificación. El gran número de obreros ya garantiza que el empleador obtenga trabajo medio real, lo que no ocurre con el pequeño maestro, que pese a todo debe pagar el valor medio de la fuerza de trabajo; en el caso de los pequeños talleres, las desigualdades se compensan para la sociedad en su conjunto, pero no para el maestro individual. De este modo, la ley de la producción de plusvalía se realiza plenamente para el productor individual solo cuando produce como capitalista y pone a trabajar a muchos obreros al mismo tiempo —de ahí que desde el principio se emplee trabajo social medio—. (Pp. 303-04.)

Además: la economía en los medios de producción se logra únicamente mediante la operación en gran escala; una menor transferencia de valor al producto por los componentes del capital constante surge únicamente de su consumo conjunto en el proceso de trabajo de muchos obreros. Así es como los instrumentos de trabajo adquieren un carácter social antes de que lo adquiera el proceso de trabajo mismo (hasta este momento, meros procesos similares yuxtapuestos). (P. 305.)

La economía en los medios de producción debe considerarse aquí solo en la medida en que abarata las mercancías y, por tanto, reduce el valor de la fuerza de trabajo. La medida en que altera la proporción de la plusvalía respecto al capital total adelantado (c+v) no se considerará hasta el Libro III. Esta separación es muy consecuente con el espíritu de la producción capitalista; puesto que hace que las condiciones de trabajo se enfrenten al obrero de manera independiente, la economía en los medios de producción aparece como una operación distinta, que no le concierne y que, por tanto, está desvinculada de los métodos mediante los cuales se incrementa la productividad de la fuerza de trabajo consumida por el capital.

La forma de trabajo de muchas personas, que trabajan metódicamente juntas y unas al lado de otras en el mismo proceso de producción o en procesos de producción conexos, se llama cooperación. (P. 306.) (Concours de forces. Destutt de Tracy.*)

La suma total de las fuerzas mecánicas de los obreros individuales difiere sustancialmente de la fuerza mecánica potencial que se desarrolla cuando muchas manos actúan juntas al mismo tiempo en la misma operación indivisa (levantamiento de un peso, etc.). La cooperación, desde el principio mismo, crea una fuerza productiva que es, en y por sí misma, una fuerza de masas.

Además, en la mayoría de los trabajos productivos, el mero contacto social crea un espíritu de emulación que eleva la eficiencia individual de cada uno, de modo que 12 obreros producen más trabajo en una jornada conjunta de 144 horas que 12 obreros en 12 jornadas de trabajo distintas, o un obrero en 12 días sucesivos. (P. 307.)

Aunque muchos pueden estar haciendo lo mismo o cosas similares, el trabajo individual de cada uno puede representar aún una fase diferente del proceso de trabajo (cadena de personas pasándose algo), con lo cual la cooperación ahorra nuevamente trabajo. Asimismo, cuando un edificio se comienza desde varios lados a la vez. El obrero combinado, u obrero colectivo, tiene manos y ojos delante y detrás y es, en cierta medida, omnipresente. (P. 308.)

En procesos de trabajo complicados, la cooperación permite que los procesos especiales se distribuyan y se realicen simultáneamente, acortando así el tiempo de trabajo para fabricar el producto total. (P. 308.)

En muchas esferas de producción hay períodos críticos en los que se necesitan muchos obreros (cosecha, pesca del arenque, etc.). Aquí solo la cooperación puede ser de ayuda. (P. 309.)

Por un lado, la cooperación extiende el campo de producción y se convierte así en una necesidad para trabajos que requieren una gran continuidad espacial del escenario de trabajo (drenaje, construcción de carreteras, construcción de presas, etc.); por otro lado, contrae el escenario al concentrar a los obreros en un lugar de trabajo, reduciendo así los costes. (P. 310.)

En todas estas formas, la cooperación es la fuerza productiva específica de la jornada laboral combinada, fuerza productiva social del trabajo. Esta última surge de la cooperación misma. En el trabajo conjunto y sistemático con otros, el obrero se despoja de sus limitaciones individuales y desarrolla las capacidades de su especie.

Ahora bien, los asalariados no pueden cooperar a menos que el mismo capitalista los emplee simultáneamente, les pague y les provea de instrumentos de trabajo. De ahí que la escala de la cooperación dependa de cuánto capital tenga un capitalista. El requisito de que esté presente una cierta cantidad de capital para hacer de su propietario un capitalista se convierte ahora en la condición material para la conversión de las numerosas operaciones individuales fragmentadas e independientes en un proceso de trabajo social combinado.

De manera análoga, el mando del capital sobre el trabajo era hasta ahora solo el resultado formal de la relación entre capitalista y obrero; ahora es el prerrequisito necesario para el proceso de trabajo mismo; el capitalista representa precisamente la combinación en el proceso de trabajo. En la cooperación, el control del proceso de trabajo se convierte en función del capital, y como tal adquiere características específicas. (P. 312.)

De acuerdo con el objetivo de la producción capitalista (la mayor autoexpansión posible del capital), este control es al mismo tiempo la función de la mayor explotación posible de un proceso de trabajo social, y por tanto implica el inevitable antagonismo entre explotador y explotado. Además, control de la utilización adecuada de los instrumentos de trabajo. Finalmente, la conexión entre las diversas funciones de los obreros está fuera de ellos, en el capital, de modo que su propia unidad se les enfrenta como la autoridad del capitalista, como una voluntad ajena. El control capitalista es, por tanto, doble (1. un proceso de trabajo social para producir un producto; 2. un proceso de expansión del capital), y en su forma despótico. Este despotismo desarrolla ahora sus propias formas peculiares: el capitalista, recién relevado él mismo del trabajo real, cede ahora la supervisión inmediata a una banda organizada de oficiales y suboficiales, quienes son ellos mismos asalariados del capital. En la esclavitud, los economistas cuentan estos gastos de supervisión como faux frais, pero en la producción capitalista identifican sin reparos el control, en la medida en que está condicionado por la explotación, con la misma función, en la medida en que surge de la naturaleza del proceso de trabajo social. (Pp. 313, 314.)

El mando supremo de la industria se convierte en atributo del capital, al igual que en los tiempos feudales el mando supremo en la guerra y en los tribunales era atributo de la propiedad territorial. (P. 314.)

El capitalista compra 100 fuerzas de trabajo individuales y obtiene a cambio una fuerza de trabajo combinada de 100. No paga por la fuerza de trabajo combinada de los 100. Cuando los obreros entran en el proceso de trabajo combinado, ya dejan de pertenecerse a sí mismos; están incorporados al capital. Así, la fuerza productiva social del trabajo aparece como la fuerza productiva inmanente al capital. (P. 315.)

Ejemplos de cooperación entre los antiguos egipcios. (P. 316.)

La cooperación natural en los comienzos de la civilización, entre los pueblos cazadores, nómadas o en las comunidades indias, se basa: (1) en la propiedad común de los medios de producción; (2) en el apego natural del individuo a la tribu y a la comunidad primitiva.—La cooperación esporádica en la Antigüedad, la Edad Media y en las colonias modernas se basa en el dominio directo y la violencia, mayormente en la esclavitud.—La cooperación capitalista, por el contrario, presupone al asalariado libre. Históricamente, aparece en oposición directa a la economía campesina y a la artesanía independiente (ya sea gremial o no), y en este contexto, como una forma histórica peculiar del proceso de producción capitalista, y que lo distingue. Es el primer cambio experimentado por el proceso de trabajo cuando se somete al capital. Así, aquí de inmediato: (1) el modo de producción capitalista se presenta como una necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un proceso social; (2) esta forma social del proceso de trabajo se presenta como un método del capital para explotar el trabajo más rentablemente incrementando su productividad. (P. 317.)

La cooperación, tal como se ha considerado hasta ahora, en su forma elemental, coincide con la producción en gran escala, pero no constituye una forma fija característica de una época particular de la producción capitalista, y existe todavía hoy, cuando el capital opera en gran escala sin que la división del trabajo o la maquinaria desempeñen un papel importante. Así, aunque la cooperación es la forma básica de toda la producción capitalista, su forma elemental reaparece, como forma particular, junto a sus formas más desarrolladas. (P. 318.)