APÉNDICES

Brisa fresca, 12 km por hora, viento en aumento, mar gruesa después del mediodía, el viento rola cada vez más hacia el Norte; por la tarde, MEDIO TEMPORAL, fuertes balances del largo navío; el capitán Soulsby se cae y se rompe una costilla, un pasajero inglés se lastima gravemente la cara en circunstancias similares, la vela mayor se suelta del motón inferior.

7 de julio. Imposible poner un pie en cubierta, violento balanceo hasta que, al caer la tarde, el viento amaina por fin y podemos subir a cubierta, con el faro de Holmen a la vista. El mar se apacigua cada vez más, pero queda picado.

8 de julio, 7 a. m. Vingan, luego entrada a los escollos de Götaälv, roches moutonnées por doquier, los efectos del hielo visibles a mil pasos. Al poco el río se estrecha, con verdes valles entre las rocas graníticas, luego algunos árboles también, por fin las inmediaciones de Gotemburgo, encantadoras y extrañas por la achaparrada amplitud de las casas anchas.

Gotemburgo propiamente dicha, ciudad moderna en medio de entornos propios de la vieja Suecia; por dentro toda de piedra, por fuera toda de madera. Canales holandeses con hedor holandés en las calles. Los suecos parecen mucho más alemanes que ingleses; entre ellos, elemento finlandés extranjero. En general, las mujeres tienen la tez pobre; facciones toscas, pero no repulsivas; los hombres son más atractivos, aunque recuerdan también más al filisteo alemán del interior. Las personas que andan en la cuarentena parecen todas filisteos de Baden.

Se tolera el inglés. Predomina el alemán. La dependencia comercial y literaria de Alemania es muy patente. Las estaciones de ferrocarril, los edificios públicos, las casas particulares, los chalés, todo al estilo alemán, con ligeras variantes por razones climáticas. De Inglaterra, sólo los parques y su pulcritud, y una iglesia de estilo neogótico inglés. Se puede hablar alemán en toda tienda; incluso en los hoteles se ruega a quienes hablan inglés que, de ser posible, hablen alemán.

Claveles y espino blanco en plena flor, todo como el 8 de mayo. En el follaje predominan hermosas variedades de olmos, junto con fresnos. Verde como una primavera inglesa. Todo ello salpicado de desnudas roches moutonnées graníticas.

El modo de vida es muy continental, nada inglés a pesar del consumo de oporto falso y cherry brandy. El estilo de los hoteles —habitaciones, desayuno, cocina— todo continental. También la mezcla de clases en las cervecerías. Aperitivos (Appetitsup) y entremeses (smörgåsbord) (25 öre).

Estatura de la gente: mediana y fornida, 5 pies 6 pulgadas (del Rin). Los soldados de artillería a caballo (varfvade) son más altos. Oficiales y tropa tienen más bien aire de milicianos, que recuerda a los suizos. Los marineros de Hull se parecen más a holsteinenses, bajo sajones, frisones, anglos y daneses que a suecos. A los suecos de aquí les falta expresión viril en el rostro; en su mayoría son facciones fofas e hinchadas, salvo algunos marinos de fisonomía frisona y complexión fibrosa. Los soldados parecen westfalianos, los oficiales también: NI RASOS NI OFICIOSOS.

Como siempre, no puede uno dejar de pensar en lo mucho que se hace en todas partes del Continente por la salud y el recreo del pueblo, en comparación con la aristocrática Inglaterra.

Efecto cómico causado por las 2 dulces damas inglesas, a las que todas las suecas miraban fijamente.

Viaje a Estocolmo. Disposición del vapor: camarote de popa para dormir, camarote de proa para comer. Comida sustanciosa. Ensalada con crema. Dulces. La gente del interior muestra más carácter en las facciones, los hombres son más apuestos, más fuertes y más altos; las MUJERES, SENCILLAS PERO HOGAREÑAS Y NADA DESAGRADABLES, también altas y de complexión robusta. Su carácter recuerda cada vez más a las gentes de la Selva Negra, a los suizos y a los tiroleses (¿los godos tiroleses de Steub?). Señores rurales. También la lengua suena mucho a alto alemán sin guturales.

Hasta Trollhättan, la campiña del Götaälv es hermosa, aunque apagada. Cuatro cascadas una encima de otra. Montañas que no pasan de 600 a 800 pies de altura, pero impresionantes. Luego el lago Vänern con Kinnekullenª, llano y monótono. El Vättern, lo mismo. Las fortificaciones de Karlsborg no están mal trazadas, largas líneas, poligonales, pero ¿acaso la montaña de detrás no es dominante ahora? Los lagos son hermosos pero todos iguales. Bosques interminables de abetos, y dañados, por añadidura. Ninguno de los majestuosos y recios abetos de Suiza. PINO SILVESTRE.

El valle del Motalaälv, en parte de nuevo cultivado, es hermoso en los sitios donde los árboles —olmos y abedules— bordean el canal.

El mar salpicado de escollos se vuelve cada vez más hermoso hacia Estocolmo. Cambio en la formación: caliza aquí y allá y meteorización más intensa, de ahí laderas más suaves y praderas alpinas que se alzan directamente desde el mar. Canteras de mármol en dos islas. Cuanto más se acerca uno a Estocolmo, más altos y más bellos se hacen los escollos. Precioso paisaje a lo largo del lago Mälar; bosques, campos y quintas que se alternan.

El Norrbro [Puente Norte] de Estocolmo recuerda al Pont des Bergues de Ginebra. Mosebacken, espléndido. Hermosa vista también desde el observatorio. Lanchas de vapor al Djurgården [parque zoológico]. Este último es sumamente hermoso como parque. Muchos restaurantes y cafés. Estilo francés con mesitas a la carta, nada de table-d’hôte. Costumbre de los estocolmenses de comer en restaurantes. Por todas partes, el brännvinsbord [tentempié con aguardiente]. La cerveza Paiestko-öl [cerveza] mejor que en Alemania. Bebidas y comidas excesivamente dulces (karger). La cerveza sueca no es peor, pero o demasiado dulce o demasiado agria. Vinos —un Burdeos hiper-hermitageado, un petit bourgogne con adición de vino del sur de Francia—, bebida principal en la mesa. Por lo demás, la cocina corriente más alemana que francesa.

Estocolmo tiene más aire de capital, las lenguas extranjeras son menos coulant, aunque se habla alemán en toda tienda. La moda masculina, decididamente inglesa en Gotemburgo, es aquí predominantemente francesa. Hipocresía respecto al brännvinsbord cuando hay damas delante; diversiones pueriles: tiovivos, teatros de títeres, volatineros y mala música. Las excursiones en barco siguen siendo el mejor «mekanismen». Y, sin embargo, carácter luterano, serio o hipócrita, del pueblo, que no tolera diversiones públicas al estilo Tivoli en gran escala.

Los soldados, incluso la Guardia, desaliñados a la manera miliciana, los oficiales igual. Sin garbo ALGUNO. Tampoco muy altos, no resisten la comparación con los hombres del 69.º. Uniforme ecléctico y correajes anticuados. Los centinelas charlan. Barbas. Los húsares de Malmö —tan pesados como soldados de a caballo de línea— son los hombres más apuestos.

Los trenes —¡válgame Dios!—. Tres veces la campana, una el silbato. 5 minutos = 15 a 20. Cantinas sencillas pero buenas, todo cuesta 1 riksdaler. Paisaje pintoresco, si bien al cabo de las dos primeras horas monótono, y a la larga aburrido de puro repetirse. La abundancia de lagos se explica fácilmente por el efecto del hielo. Los valles son en su mayoría antiguos lechos marinos o turberas.

Linda treta ésta de mandar al pueblo a Malmö para poner fin a una serie de negociaciones diplomáticas.

Copenhague. Realmente se parece más a una hovedstaden [capital] en tamaño y estilo de vida que Estocolmo, aunque todavía es pequeña y modesta. Decidido predominio de alemanes, incluso en las calles. Niños alegres, diversiones de todas clases, sobre todo para los niños. Por lo menos un centenar de tiovivos. Los adultos, también infantiles; ballet, circo, etc.; incluso la crueldad infantil, que halla la mayor satisfacción en atormentar a otros niños. Tivoli del más característico tipo.

Árboles hermosos por todas partes en Copenhague. Impresionante entrada al puerto. Viejos buques de guerra, muy pintorescos. El ambiente de una capital campesina que explota a 1,5 millones de campesinos, inconfundible por doquier.

ª Nombre de una colina.— Ed.