El señor Fox ha desplegado un cuadro más bien fantástico de la política exterior del Antiguo Régimen francés. Según su punto de vista, Francia se alió con Suecia, Polonia y Turquía para proteger a Europa de Rusia. La verdad es que Francia concertó esas alianzas en los siglos XVI y XVII, en una época en que Polonia era todavía un Estado poderoso y en que Rusia, en el sentido moderno de la palabra, aún no existía. Existía entonces un Gran Ducado de Moscovia, mas no un Imperio ruso. Por lo tanto, no fue contra Rusia contra quien Francia concertó esas alianzas con turcos, magiares, polacos y suecos. Las concertó contra Austria y contra el Imperio alemán, como un medio de extender el poder, la influencia y las posesiones territoriales de Francia sobre Alemania, Italia, España. No entraré en detalles. Para mi propósito bastará con decir que, a mediados del siglo XVII, Francia utilizó esas alianzas para provocar el tratado de Westfalia,*? mediante el cual Alemania no solo fue desmembrada —entregándose una parte a Francia y otra a Suecia—, sino que todo pequeño príncipe y barón alemán obtuvo por tratado el derecho de vender su país, y Francia obtuvo un protectorado sobre Alemania. Tras el tratado de Westfalia, en la segunda mitad del siglo XVII, Luis XIV, el verdadero representante de la vieja política borbónica en la época de su fuerza, compró al rey de Inglaterra, Carlos II, para arruinar la república holandesa.1°* Su sistema de vandalismo y perfidia, aplicado luego contra Holanda, Bélgica, España, Alemania y el Piamonte durante unos cuarenta años, no puede caracterizarse mejor que por el hecho de que en un memorándum redactado en 1837 por la cancillería rusa para información del presente zar,1” el sistema de

guerra y diplomacia de Luis XIV desde mediados hasta finales del
siglo XVII se recomienda como el sistema modelo que Rusia debía
seguir.

La Rusia moderna data solo del siglo XVIII, y por eso únicamente a
partir de esa época la resistencia a Rusia pudo haber entrado en la
política de Francia o de cualquier otro Estado europeo.

Paso ahora inmediatamente a la época de Luis XV, que el señor Fox
ha señalado con razón como el momento en que la política exterior
francesa era más favorable a Polonia y más hostil a Rusia.

Ahora bien, tres grandes acontecimientos ocurrieron bajo el reinado de
Luis XV en lo que respecta a Rusia y Polonia: 1) la llamada guerra
de sucesión polaca, 2) la Guerra de los Siete Años y 3) el primer reparto
de Polonia. Consideraré la actitud adoptada por el gobierno francés
respecto a estos acontecimientos.

1. La llamada guerra de sucesión polaca

Tras la muerte de Augusto II (rey de Polonia y elector de Sajonia),
en septiembre de 1733, un partido de la aristocracia polaca quiso
elegir rey a su hijoª. Este contaba con el apoyo de Rusia y Austria,
porque había prometido a la zarinaª no reclamar Curlandia,b antes
feudo de Polonia, y porque había prometido al emperadorc la garantía
de la pragmática sanción.1*’ El otro partido, instigado por Francia,
eligió a Estanislao Leszczynski, quien anteriormente había sido hecho
rey de Polonia por Carlos XII de Suecia y que entonces era suegro de
Luis XV. En consecuencia, estalló una guerra entre Francia, por un
lado, y Rusia y Austria por el otro. Esta es la única guerra que Francia
haya llevado a cabo jamás en proclamado favor de Polonia. Francia
hizo la guerra en Alemania e Italia, pero en lo que respecta a su
protegido polaco, se limitó a enviar 1.500 hombres a Dantzig, entonces
ciudad polaca. Tras durar la guerra dos años, ¿cuál fue su desenlace?
Un tratado de paz (Paz de Viena, octubre de 1735),1’ por el cual el ducado
de Lorena, feudo alemán, fue incorporado a Francia, y la dinastía
borbónica implantada en Nápoles y Sicilia, la misma dinastía de la que
el rey Bombaª fue el último y vívido representante. En todos los demás
aspectos, esta «guerra por el trono de Polonia» terminó reconociendo
al candidato ruso, Augusto III, como rey de Polonia, pero asegurando
al suegro de Luis XV

a Federico Augusto II (más tarde rey Augusto III de Polonia).— Ed.
b Ana Ivánovna.— Ed.
c Carlos VI.— Ed.
d Fernando II (apodado «Bomba» por el bombardeo de Mesina en septiembre
de 1848).— Ed.

Borrador de un discurso sobre la actitud de Francia hacia Polonia 313

la prerrogativa de ser llamado rey y una muy cuantiosa pensión anual
pagada por Polonia. Esta guerra, instigada y llevada a cabo por Francia
bajo falsos pretextos, terminó en la humillación de Polonia, la extensión
del poder ruso y grandes perjuicios para Turquía y Suecia, a las que
Francia había arrastrado también a una falsa posición y abandonado
luego en la estacada. Pero no entraré en esos detalles.

La conducta del gobierno francés no puede excusarse con el pretexto
de que el gobierno británico le impidió, durante esta llamada guerra de
sucesión polaca, actuar en la dirección correcta. Todo lo contrario.
Cuando el emperador Carlos VI apeló a Inglaterra, esta se aferró a la
alianza anglo-francesa que se mantenía desde 1716 y que fue estéril en
todo buen resultado. En cualquier caso: esta vez los buenos designios del
gobierno francés para con Polonia no fueron frustrados por Inglaterra.

Antes de abandonar el tema, debo mencionar que la paz entre
Turquía y Rusia, lograda por mediación francesa (Villeneuve, embajador
francés) en 1739, fue un gran golpe para Polonia.2” Cito a Rulhière;
dice:

«anuló el tratado del Pruth, el único escudo que quedaba a los polacos» («cet unique
bouclier qui restait a la Pologne2’»), y el último artículo del nuevo tratado, firmado en
Belgrado en 1739, declaraba «que todas las convenciones anteriores no tendrían ya
fuerza alguna».3

2. La Guerra de los Siete Años (1756-1763)

Paso ahora a la Guerra de los Siete Años.?2!

El señor Fox os ha dicho que esa guerra fue muy desdichada para
Francia, porque la privó, en beneficio de Inglaterra, de la mayor parte
de sus colonias. Pero esta no es la cuestión que nos ocupa. Lo que
tenemos que indagar es qué papel desempeñó Francia durante esa guerra
respecto a Polonia y Rusia.

Habéis de saber que de 1740 a 1748, durante la llamada guerra de
sucesión austriaca,2 Francia se había aliado con Federico II de Prusia
contra Rusia, Austria e Inglaterra. Durante la Guerra de los Siete Años se
alió con Austria y Rusia contra Prusia e Inglaterra, de modo que, en todo
caso, durante esta guerra Inglaterra era el enemigo oficial y Francia el
aliado confeso de Rusia.

Primero en 1756, bajo el abate Bernis, y luego de nuevo en 1758,
bajo el duque de Choiseul, Francia concluyó su tratado con Austria
(y Rusia) contra Prusia.

a y el último artículo del nuevo tratado firmado en Belgrado en 1739 declaró «que todas las
convenciones anteriores no tendrán ya fuerza alguna». Cf. Rulhière, Histoire de l’Anarchie de Pologne,
t. I, París, 1819.— Ed.

Escuchemos a Rulhière. (Histoire de l’Anarchie de Pologne etc. París,
1819. 2ª ed.)

«Cuando el conde de Broglie llegó en 1752 como embajador a Varsovia, Francia no tenía
partido en Polonia. La gente recordaba las promesas que Francia había dejado tantas veces
incumplidas (auxquelles la France avait déja si souvent manqué). No habían olvidado que tres veces
en un siglo, Francia había reunido en torno a sí poderosas facciones polacas... pero que después
de haberlas formado con ardor (ardeur), siempre las había abandonado con ligereza (elle les avait
chaque fois abandonnées avec légéreté). Había dejado en la miseria a la mayoría de aquellos que se
habían entregado a la seducción de sus pretendidos proyectos para la salvación de la república»
(t. I, 213). («Elle avait laissé dans l’infortune la plupart de ceux qui s’étaient livrés a la séduction de
ces prétendus projets pour le salut de la république.»)

«El duque de Broglie, después de tres años de actividad, había formado un contrapartido
frente a los Czartoryski,ª ganado a la corte polaca, puesto en movimiento a suecos, tártaros y
turcos, abierto comunicación con los cosacos de Ucrania», etc. «Federico II contribuyó a dar vida
a esta formidable coalición contra el [...] había perdido toda influencia en Varsovia. En una palabra,
en los primeros meses de 1756, en el momento en que las hostilidades entre Inglaterra y Francia,
abiertas primero en América, estaban a punto de abrazar a toda Europa, el conde de Broglie tenía
en su mano formar en Polonia una confederación que, apoyada por los subsidios de Francia,
provista por ella de armas y municiones y protegida por tantas naciones fronterizas, habría
apartado enteramente a Polonia del yugo de Rusia y restaurado a esa república leyes, gobierno
y poder. Pero Francia suspendió toda la ayuda (secours) que había prometido y desbarató todas
las medidas de su embajador.» (Rulhière, t. I, p. 225.)

La ligereza con que Francia abusó de su influencia puede verse
—de pasada— por el modo en que trató a Suecia. Primero la incitó
a una guerra con Prusia contra Rusia (en la guerra de sucesión
austriaca), y luego a una guerra con Rusia contra Prusia, siendo Suecia
ambas veces víctima de aquellas intrigas francesas, y ganando Rusia
ambas veces en ese sector.

Bien. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Guerra de los Siete
Años, que Francia llevó a cabo como aliada de Rusia (y Austria) contra
Prusia (e Inglaterra)?

Que los recursos materiales de Polonia se agotaron, que Rusia fundó
su supremacía en Alemania, que Prusia fue convertida en su esclava,
que Catalina II se convirtió en la soberana más poderosa de Europa y
que tuvo lugar el primer reparto de Polonia. Tales fueron las consecuencias
inmediatas de la política francesa durante la Guerra de los Siete Años.

1) Durante la Guerra de los Siete Años los ejércitos rusos trataron
a Polonia como propiedad suya, tomaron allí sus cuarteles de invierno,
etc. Cito a Favier:

a Fryderyk Michał Czartoryski.— Ed.
b Heinrich Gross.— Ed.

Borrador de un discurso sobre la actitud de Francia hacia Polonia 315

«El peligro consistía en que Rusia, mejorando el pretexto de la guerra contra el rey
de Prusia, imponía en el territorio de Polonia el paso de sus tropas, se apropiaba de
los medios de subsistencia e incluso tomaba sus cuarteles de invierno en Polonia.
Al permitirle emplear de nuevo esos medios arbitrarios, aquel vasto país quedaba
entregado a la codicia de los generales rusos, al despotismo de su corte y a todos
los proyectos de futuras usurpaciones que a Rusia pudiera tentarle formar, a partir
de la facilidad de ejercer toda suerte de vejaciones contra una nación dividida,
aislada y abandonada.» (Politique de tous les cabinets de l’Europe etc., 2ª ed. por L. P. Ségur,
Ex-embajador. París, 1801, t. I, p. 300.)

Francia se desacreditó a sí misma al dar a los rusos tan libre
alcance.

«Aquella debilidad por su parte parecía tanto menos excusable cuanto que ... se
hallaba entonces en posición de dictar la ley a Rusia y Austria, y no en absoluto de
recibirla de ellas.»

El conde de Broglie había hecho en vano propuestas en ese sentido...
Francia permitió que Rusia tratara a Polonia como propiedad suya... La
nación polaca, desde aquel momento, consideró a Francia como un mero
instrumento en manos de las cortes de Viena y San Petersburgo.

«Este fue el origen de nuestro descrédito, de nuestra nulidad en el momento de la
elección del conde Poniatowski, y del mal éxito de todo cuanto intentamos o
favorecimos desde aquella época.» (303, 304, l. c. Ségur.) («la nation polonaise ne vit plus
dès lors la France que comme un instrument des cours de Vienne et de Pétersbourg. [...] Voilà
l’origine de notre discrédit, de notre nullité etc.»)

Francia estaba obligada, por el tratado de Oliva (1660),*2 a proteger a la
República polaca.

2) Durante la Guerra de los Siete Años, los rusos utilizaron a Polonia, aunque era ostensiblemente neutral, como base de operaciones contra Prusia. Los polacos lo permitieron bajo la presión diplomática de Francia. De este modo, a los rusos les fue posible durante siete años devastar la Prusia propiamente dicha, Silesia, Pomerania, Brandeburgo e incluso saquear Berlín. De hecho, asolaron la monarquía prusiana como bestias salvajes, mientras que los franceses actuaban del mismo modo en Hannóver, Westfalia, Sajonia, Turingia, etc. Ahora bien, Polonia estaba obligada por el tratado de Wehlau (1660, aproximadamente) a defender a Prusia contra Rusia. Federico II insistió en el cumplimiento de este tratado. Que tenía razón al pedir a los polacos que observaran al menos una completa neutralidad, y no permitieran a los rusos usar su país, etc., lo prueba el hecho de que en todas las dietas celebradas en Polonia desde el comienzo de la Guerra de los Siete Años fue imposible llegar a resolución alguna, porque el partido patriótico declaró que los polacos no podían deliberar mientras los ejércitos rusos ocuparan el suelo polaco y actuaran contra Prusia. En el último año de la guerra (1762), la nobleza de Posen (Gran Polonia) había llegado incluso a formar una confederación contra los rusos.

Si, por ejemplo, Bélgica permitiera a Prusia utilizarla durante siete años, a pesar de su neutralidad, como base de operaciones bélicas contra Francia, ¿no tendría Francia derecho a tratar a Bélgica como enemiga, y, si pudiera, a incorporar a Bélgica o destruir su independencia?

3) El resultado inmediato de la Guerra de los Siete Años fue un tratado entre Prusia y Rusia, por el cual el rey de Prusia se declaró vasallo de Rusia, Poniatowski rey de Polonia, pero se le permitió, en compensación, participar en el reparto de Polonia. Que esto último ya estaba acordado en el tratado de 1764 entre Rusia y Federico II lo demuestra el hecho de que en el mismo año los embajadores de Federico II y Catalina II en Varsovia protestaron solemnemente contra esa “calumnia”, y que unos años más tarde el residente inglés en Berlín escribió a su corte que Austria, aunque al principio protestaba, se vería obligada por sus propios intereses a participar en el reparto de Polonia.

El señor Favier dice: «Nuestra alianza exclusiva con la corte de Viena privó a Federico II de toda esperanza, y lo redujo a la necesidad de unirse a esa misma corte que había lanzado a Francia sobre él para destruirlo». 

El mismo Favier afirma que el secreto de todos los éxitos futuros de Catalina II y del primer reparto de Polonia se halla en la infeudación de Prusia a ella. (Federico II.)

Tal fue el resultado de la política francesa durante la Guerra de los Siete Años. No puede decirse que Inglaterra impidiera esta vez sus buenos propósitos respecto a Polonia, porque Francia era entonces aliada de Rusia, mientras que Inglaterra estaba en el otro bando.

[3.] Primer reparto de Polonia

Ahora bien, debo decir que incluso si Francia hubiera actuado con más energía durante la guerra polaca que terminó en el primer reparto de Polonia de lo que realmente lo hizo, eso no habría compensado los inmensos servicios que prestó a Rusia durante la Guerra de los Siete Años. El envío de algunos oficiales y subsidios franceses a Polonia durante la guerra de la Confederación de Bar solo pudo, en el mejor de los casos, prolongar una resistencia inútil. Es cierto que Francia incitó (1768) a Turquía a una guerra contra Rusia, pero solo para traicionar a Turquía como de costumbre, y prepararle el “tratado de Kudjuk Kainardji” (1774), a partir del cual data realmente la supremacía de Rusia sobre Turquía. 

a Gedeon Benoit y Heinrich Gross.— Ed.
b Andrew Mitchell.— Ed.
c L. P. Ségur, op. cit., t. I, p. 295.— Ed.

Borrador de un discurso sobre la actitud de Francia hacia Polonia 317

1770. Expedición rusa al Mediterráneo. La entonces casi moribunda república de Venecia mostró mucho más valor que Francia. En ese año, Choiseul seguía siendo ministro de Asuntos Exteriores francés. Solo a fines de 1770 (principios de 1771) fue sustituido por el duque de Aiguillon.

«¿Cómo —dice Favier— sucedió que, mientras Francia estaba en paz con Inglaterra, no se diera ningún paso para una convención de neutralidad en el Mediterráneo? ¿O por qué Francia no se opuso por sí sola a esta empresa rusa en un punto tan importante para sus intereses?»

La opinión de Favier es que «la destrucción de la flota rusa en el Mediterráneo por los franceses, lo que podría haberse efectuado fácilmente, probablemente habría cambiado todo el curso de los acontecimientos tanto en Turquía como en Polonia, y habría, además, enseñado a Austria a respetar la alianza francesa» (Ségur, etc., Politique de tous les cabinets, etc., t. I, p. 174).

Pero Francia, que había empujado a Turquía a la guerra contra Rusia, no movió un dedo contra la expedición rusa de 1770, la única que tuvo alguna importancia. (La flota turca fue destruida en la estrecha bahía de Tchesmé.) El mismo Choiseul no se había dejado impedir un año antes por las bravuconadas inglesas (del propio Chatham) comprar Córcega a los genoveses. No hay que olvidar que en ese momento North era ministro, y solo podía mantenerse en el cargo manteniendo la paz a cualquier precio. Era uno de los ministros más impopulares. En ese tiempo, movimiento revolucionario y antidinástico en Inglaterra. Es cierto que en 1773 (los rusos hicieron entonces una nueva expedición naval que, sin embargo, no tuvo influencia alguna sobre la guerra con Turquía) el duque de Aiguillon se dejó disuadir por el embajador inglés en París, lord Stormont, de atacar la flota rusa en el Báltico (y el Mediterráneo). En ese momento, el primer reparto de Polonia ya estaba consumado. El verdadero objeto de la demostración francesa no era Polonia, sino Suecia, y Francia tuvo éxito hasta tal punto que Gustavo III no fue obligado por Rusia a rescindir su golpe de Estado (1772).

Además, ¿qué clase de tipo era este d’Aiguillon? Ségur dice en sus notas a Favier:

«Cuando comenzó a circular el rumor sobre el reparto que iba a dar a Prusia un aumento de territorio que Austria temía, la corte de Viena advirtió a Francia, y le dio a entender que se opondría si la corte de Versalles la apoyaba. Luis XV, ocupado entonces solo por sus placeres, y el señor de Aiguillon por sus intrigas, el gabinete austríaco no recibió ninguna respuesta tranquilizadora y prefirió concurrir al reparto de Polonia antes que mantener por sí solo una guerra contra prusianos y rusos combinados.» ([t. I], 147, nota.) «El conde Mercy —embajador austríaco— ha hecho público (répandu dans le public) que el rey de Prusia había comunicado al ministro austríaco las respuestas del duque de Aiguillon, por las cuales ese ministro aseguraba a Su Majestad Prusiana que Francia era indiferente a todo lo que pudiera hacerse en Polonia y que no consideraría un casus foederis» (caso de guerra) «nada de lo que pudiera acordarse, al respecto, entre las cortes de Berlín y Viena» (243, nota).

Ahora bien, aunque no deposito confianza alguna en las seguridades de la corte austríaca, que actuaba entonces con la mayor perfidia, el mero hecho de que un embajador francés de Luis XVI (Ségur) publicara esto en París muestra la estima de que gozaban —y merecían gozar— Luis XV y su d’Aiguillon.

[4.] República Francesa

Desde el 21 de septiembre de 1792 hasta el 11 de noviembre de 1799 (el día después del 19 de Brumario, cuando fue derrocado el Directorio Ejecutivo)

El segundo tratado de reparto entre Rusia y Prusia del 4 de enero de 1793

La primera cruzada contra Francia de 1792 había tomado un giro tan desafortunado que ya a principios del invierno los Países Bajos austríacos (Bélgica) estaban ocupados por los franceses. Prusia retiró sus tropas del campo de acción; la condición que ella exigió en el Congreso de Verdún para continuar su participación en la guerra antijacobina era que se le permitiera hacer con Rusia un segundo reparto de Polonia. Austria sería compensada con indemnizaciones en Alsacia.

A fines de 1793 (septiembre), Prusia volvió a retirar sus tropas para hacerlas marchar, bajo el rey, hacia la frontera polaca (para “asegurar” su posesión polaca), porque habían surgido algunas diferencias, respecto a ciertas estipulaciones definitivas, entre Prusia y Rusia, y esta última parecía volver contra Prusia su influencia sobre la dieta moribunda de los traidores de Targowicze. El resultado de esta segunda retirada de Prusia, para tomar posesión real de sus provincias polacas, obliga a los austríacos a retirarse de Alsacia.

En la primavera de 1794, el levantamiento revolucionario de Kościuszko. Prusia hizo marchar de inmediato sus tropas contra Polonia. Derrotada. En septiembre de 1794, mientras se veía obligada a retirarse de Varsovia, al mismo tiempo estallaba un levantamiento en Posen. Entonces el rey de Prusia declaró su intención de retirarse de la contienda contra Francia. También Austria, en otoño de 1794, destacó un cuerpo de tropas para Polonia, circunstancia que aseguró el éxito de las armas francesas en el Rin, etc. Ya hacia fines de 1794, Prusia inició negociaciones con Francia. Se retiró. Consecuencia: Holanda sucumbió ante los franceses (conquista de Holanda por Pichegru).

Esas diversiones facilitaron por turnos la conquista de Bélgica, el éxito en los Alpes, los Pirineos, la orilla izquierda del Rin y, en 1795, la conquista de Holanda por Pichegru. En los mismos meses de octubre y noviembre (1794), los éxitos franceses en todas partes, cuando Kościuszko sucumbió, Praga fue tomada por Suvórov, etc., inmensas matanzas, etc.

Tercer reparto de Polonia firmado: 24 de octubre de 1795.

Con el estallido de la Revolución Francesa, Catalina tuvo la oportunidad de llevar adelante tranquilamente su guerra con Turquía, mientras toda Europa estaba vuelta hacia Occidente.

Así como el Papa emitió bulas de cruzada contra los infieles, Catalina II lo hizo contra los jacobinos. Incluso mientras Leopoldo II expulsaba a los emigrados franceses de sus estados y les prohibía reunirse en las fronteras francesas, Catalina, por medio de su agente Rumjánzev, les proporcionó dinero y los acantonó en las provincias fronterizas, limítrofes con Francia y gobernadas por príncipes eclesiásticos.

Después de la conclusión de su guerra con Turquía, Catalina II no inició sus hostilidades contra Polonia hasta que fue informada de que la Asamblea Nacional había declarado la guerra a Austria. Esta noticia llegó a Viena el 30 de abril de 1792, y el 18 de mayo el embajador ruso Bulgákov presentó una declaración de guerra al rey polaco Estanislao. Al inculcar a Inglaterra, Austria y Prusia los peligros de los principios revolucionarios, Catalina persiguió constantemente sus propios intereses particulares (en Turquía y Polonia) sin proporcionar un solo cosaco ni suscribir un solo rublo para la “causa común”.

Polonia fue borrada del mapa al amparo de la Revolución Francesa y de la guerra antijacobina.

El reverendo L. K. Pitt (sobrino o primo del ministro inglés), capellán de la factoría británica en San Petersburgo, escribe en un documento secreto: «Relato de Rusia durante el comienzo del reinado del emperador Pablo»:

a Poniatowski.— Ed.

«Ella» (la Zarina) «no veía quizás con desagrado cómo toda potencia europea se agotaba en una lucha que, en proporción a su violencia, realzaba su propia importancia... el estado de las provincias recién adquiridas en Polonia constituía asimismo un punto que ejercía considerable influencia sobre la conducta política de la Zarina. Los fatales efectos resultantes del temor a una revuelta en el antiguo asiento de la conquista parecen haber sido sentidos en grado sumo por las potencias coligadas que, en el período inicial de la revolución, estuvieron tan cerca de reinstaurar el gobierno regular en Francia. El mismo temor a la revuelta disuadió igualmente a la difunta Emperatriz de Rusia de entrar en el gran teatro de la guerra».

La cuestión es ahora: Cómo se comportó la Francia revolucionaria para con esta útil aliada.
Escuchemos primero a un historiador francés, Lacretelle (t. XII, pág. 261 y ss.):

«La República», dice, «se había mostrado muy indiferente a las tribulaciones y desgracias de Polonia. Era, por el contrario, un gran motivo de seguridad para ella ver a la Emperatriz de Rusia ocupar todas las fuerzas de su poderoso imperio en la conquista y el desmembramiento de aquel infortunado país. Muy pronto la República Francesa cayó en la cuenta de que Polonia la libraba de su más ardiente enemigo, el rey de Prusia, etc.»*

Pero la Francia republicana traicionó de hecho a Polonia.

«El agente polaco Bars presentó en París al gobierno», dice Oginski, testigo ocular, «el plan de la revolución que se preparaba en Polonia, y que fue acogido con entusiasmo y aprobación general. Enumeró las ayudas de toda clase que serían necesarias para aquella importante y audaz empresa. El Comité du Salut Public halló su demanda muy justa y prometió hacer todo lo posible; pero en promesas quedó limitada toda la negociación.» (Michel Oginski: Mémoires sur la Pologne etc., de 1788 a fines de 1815. París, 1826, t. I, pág. 358)

«El comité de salud pública había prometido al general Kosciuszko una suma de 3 millones de libras y algunos oficiales de artillería; pero no recibimos ni un solo sou ni un solo oficial»,

nos dice un edecán de Kosciuszko, J. Niemcewicz:
Notes sur ma captivité à St. Pétersbourg, en 1794-1796. París, 1843.
(V. pág. 90)°

El 5 de abril de 1795 el directorio (que había reemplazado entonces al comité du salut public) concluyó con Prusia la Paz de Basilea. Por esta paz Holanda y la margen izquierda del Rin fueron entregadas a Francia. La parte septentrional de Alemania, designada por una línea de demarcación, fue neutralizada, indemnizándose a Prusia mediante la secularización de varios obispados alemanes. Aquel tratado de Basilea

a Marx cita la Histoire de France, pendant le XVIII-ème siècle de Lacretelle a partir del Tableau de l'influence de la Pologne sur les destinées de la Révolution française et de l'Empire, de L. L. Sawaszkiewicz, 3.ª ed., París, 1848, pág. 37, nota. — Ed.
b Marx cita tanto a Oginski como a Niemcewicz según Sawaszkiewicz, op. cit., págs. 33-34. — Ed.

«al garantizar las posesiones respectivas de las dos potencias contratantes, y no incluir cláusula alguna en lo tocante a las provincias recién invadidas de Polonia, otorgaba su posesión al rey de Prusia».”

Oginski nos cuenta que cuando los polacos fueron informados de las negociaciones de paz, su agente Bars se dirigió a los miembros del directorio particularmente amigos de Polonia, y pidió una cláusula que obligase al rey de Prusia a renunciar, etc.

«Se le respondió que la condición no era aceptable pues retardaría las negociaciones con Prusia, que Francia quería restaurar sus fuerzas, que la paz con Prusia no duraría mucho, que los polacos debían mantenerse dispuestos para nuevos esfuerzos que se les pedirían en la causa de la libertad y de su patria, etc.»

El mismo Oginski, t. II, pág. 133 y 223, nos dice:

«El tratado concluido entre la República Francesa y el rey de Prusia había causado muy mala impresión en la Puerta, la cual pretendía que si Francia no había podido obtener nada para Polonia en sus negociaciones con la corte de Berlín, era imposible que los turcos, por sí solos, pudiesen actuar en favor de Polonia.»

Tras la tercera partición, Rusia se vio obligada a mantenerse quieta durante unos años. Los polacos participaron entonces en todas las campañas de la República Francesa, principalmente en Italia. (Véase: Chodzko: Histoire des Légions Polonaises en Italie, de 1795 a 1802. París, 1829.)

Antes de la conclusión de la Paz de Campo-Formio (17 de octubre de 1797), según un plan mutuamente acordado, y con el consentimiento de Bonaparte, el General Dombrowski debía marchar a través de Croacia y Hungría, hacia Galitzia, y hacer así una diversión en favor de Bonaparte, quien habría marchado sobre Viena. Charles de la Croix, ministro de relaciones exteriores (véase Oginski, t. II, págs. 272-278), propuso a Oginski «insurreccionar Galitzia». Oginski temía que los polacos fuesen tratados como meros instrumentos desechados después de usados. Exigió, por tanto, una seguridad positiva de que aquellos sacrificios les granjearían la ayuda francesa para la recuperación de su patria. Lacroix se comportó entonces como un bravucón irritado. El gobierno francés no los necesitaba; si no tenían confianza, podían probar fortuna en otra parte, etc. Dio a Oginski tres días para considerarlo, tras los cuales debían aceptar o rechazar, pero sin poner condición alguna. Los pobres polacos se declararon dispuestos a lo que el gobierno francés quisiese. Pero aquel gobierno sólo quería su aceptación formal para intimidar con ella a Austria y apresurar así la conclusión de la paz. Armisticio de Leoben, 18 de abril de 1797.

a Aquí y más abajo Marx cita las Mémoires sur la Pologne de Oginski en la versión libre que da el libro de Sawaszkiewicz (op. cit., pág. 40). — Ed.

Tratado de Campo-Formio en el que los polacos fueron sacrificados de nuevo del mismo modo que lo habían sido en el tratado de Basilea.

En 1799, por fin, Suvorov, el efecto de la desaparición de Polonia se hizo sentir para la república francesa. Ejércitos rusos aparecieron en Holanda y en Italia. Suvorov penetra hasta las mismas fronteras de Francia.

Cuando el 27 de julio de 1799 los franceses rindieron Mantua al general ruso Vielhorski, hubo un artículo secreto en la capitulación por el cual los austriacos recuperaban a sus desertores, a saber, los polacos austriacos que habían ingresado en las legiones. Tras la rendición de Mantua, la 2ª legión cayó en manos del enemigo; la primera legión, al mando de Dombrowski, se unió al Gran Ejército, y fue aniquilada casi por completo en las grandes batallas contra los ejércitos ruso-austriacos.

[5.] Consulado

9 de noviembre de 1799 (18 Brumario) Consulado. Bonaparte autoriza la formación de nuevas legiones polacas, una en Marsella al mando de Dombrowski, otra en el Danubio al mando del general Kniaziewicz. Estas legiones asisten en Marengo y Hohenlinden. Véase la orden del día del general Moreau, donde hace justicia

«a la severa constancia del general Kniaziewicz y de sus soldados polacos».⁵⁹

Tratado de Lunéville con Austria, 9 de febrero de 1801.⁰⁰ Ningún artículo relativo a Polonia.

Tratado de París, octubre de 1801, con Pablo I de Rusia. En este tratado Pablo I y Bonaparte se prometieron mutuamente

«no permitir que ninguno de sus súbditos entretuviese correspondencia alguna, ya fuese directa o indirecta, con los enemigos internos de los gobiernos actuales de los dos estados, para propagar allí principios contrarios a sus constituciones respectivas, o para fomentar disturbios».⁶⁰

Este artículo se refería a los polacos por una parte, a los Borbones y sus partidarios por la otra.

En 1801 apareció en el Moniteur una serie de artículos escritos por el propio Bonaparte, justificando la ambición de Francia, porque sus conquistas no eran apenas un equivalente por las adquisiciones que Rusia, Austria y Prusia habían hecho con el reparto de Polonia. (Thiers, Histoire du Consulat et de l'Empire, t. III, pág. 153)

a Inexactitud en el manuscrito: April 28. — Ed.
b Quoted from Sawaszkiewicz, op. cit., p. 57, note. — Ed.
c Inexactitud en el manuscrito: January 26. — Ed.
d Quoted from Sawaszkiewicz, op. cit., p. 58. — Ed.

Durante la paz, las legiones polacas fueron tratadas como un estorbo. Parte de ellas fueron, como mamelucos, regaladas por Bonaparte a la reina de Etruria.*

Tratado de Amiens. 27 de marzo de 1802. El primer cónsul hizo embarcar por la fuerza hacia Santo Domingo a una parte de las legiones polacas y regaló la otra parte al nuevo rey de Nápoles. Amenazados por el fuego de la artillería, fueron embarcados en Génova y Liorna para hallar sus tumbas en Santo Domingo.⁶¹

[6.] Imperio

Mayo de 1804 (coronado el 2 de diciembre de 1804) hasta 1815.

1806-1807. Durante su guerra con Prusia, apoyada por Rusia, Napoleón envió los restos de las legiones polacas al mando de Dombrowski a la Polonia prusiana, donde conquistaron Dantzick para él e insurreccionaron el país.

18 de diciembre de 1806. El propio Napoleón en Varsovia, entonces prusiana. Gran entusiasmo de los polacos. En su autobiografía Thomas Ostrowski (París, 1836), presidente del Senado, narra que Napoleón, en la primera audiencia que concedió a los miembros de la administración, los recibió con las palabras:

«Caballeros, necesito hoy 200.000 botellas de vino, e igual número de raciones de arroz, carne y legumbres. Nada de excusas; si no, los dejo al knut ruso... Necesito pruebas de su devoción; necesito su sangre» («j'ai besoin de votre sang»).⁴

Alistó un ejército polaco. La campaña duró hasta el 6 de mayo de 1807.

25 y 26 de junio de 1807. Fraternización entre Napoleón y Alejandro sobre el Niemen.

Tratado de Tilsit, firmado el 7 de julio de 1807 (el 9 de julio con Prusia).

El Art. V de aquel tratado proclamaba la fundación del ducado de Varsovia, que Napoleón cede

«en toda propiedad y soberanía al rey de Sajonia,⁵ para ser gobernado por constituciones que, asegurando las libertades y los privilegios del ducado, fueran compatibles con la tranquilidad de los estados vecinos».

Este ducado fue recortado de la Polonia prusiana.

a Marie-Louise-Joséphine, wife of Duke Louis Bourbon of Parma. — Eq.
b Joseph Bonaparte. — Ed.
c El relato de Tomasz Ostrowski del discurso de Napoleón fue vertido por Antoni Ostrowski en Zywot Tomasza Ostrowskiego, París, 1836. Marx cita de Sawaszkiewicz, op. cit., pág. 66. — Ed.
d Frederick August I. — Ed.

El Art. IX cede a Rusia una parte de Polonia, el distrito de Byalistock, conquistado recientemente a Prusia, y que

«será unido a perpetuidad al imperio ruso, a fin de establecer los límites naturales entre Rusia y el ducado de Varsovia».⁶²

Dantzic, bajo el pretexto de ser convertida en ciudad libre, fue hecha una fortaleza marítima francesa.

Muchas grandes propiedades en el nuevo ducado fueron regaladas por Napoleón a los generales franceses.

Lelewel llama a esto justamente el Cuarto Reparto de Polonia.

Habiendo batido a los prusianos y a los rusos con ayuda de los polacos, Napoleón dispuso de Polonia como si fuera un país conquistado y su propiedad privada, y dispuso de ella en ventaja de Rusia.

El ducado de Varsovia era pequeño, sin posición en Europa. Una gran lista civil; gobierno civil por Sajonia, militar por Napoleón. Davout gobernaba como un Pachá en Varsovia. Hizo de hecho del ducado un lugar de reclutamiento para Francia, un depósito militar.

(Sawaszkiewicz, Tableau de l'influence de la Pologne sur les destinées de la Révolution française. París, 1848, 3.ª ed.)

El ducado de Varsovia era para Napoleón no solamente un puesto avanzado contra Rusia. Napoleón se había apoderado de aquellos mismos puntos que le servirían de base para operaciones ofensivas contra Prusia y Austria. Nicolás actuó según su espíritu cuando fortificó aquellos puntos mediante una cadena de fortalezas.

(Al insertar al principio del tratado de Tilsit la declaración de que solo por cortesía hacia Alejandro devolvía al rey de Prusia la mitad de sus antiguos territorios, Napoleón proclamó a ese rey, y a Prusia, como un mero apéndice de Rusia.)

Mediante los artículos secretos del tratado de Tilsit, los públicos quedaron parcialmente revocados. Así, por ejemplo, solo para engañar a Austria, el tratado público contenía artículos en favor de la integridad de Turquía. Por los artículos secretos, Napoleón sacrificó Turquía y Suecia al zar, quien le entregó Portugal, España, Malta y la costa norteafricana; prometió su adhesión al sistema continental y la entrega de las islas Jónicas a Francia.\*\*° El reparto de Turquía solo fue impedido por la oposición de Austria. Todos los preparativos para un reparto de Turquía comenzaron después de la conclusión del tratado de Tilsit. En agosto de 1808, Alejandro entregó

a «Los artículos del Tratado de Tilsit se citan de Sawaszkiewicz, op. cit., pág. 68.— Ed.

b J. Lelevel, Histoire de Pologne.— Ed.

c Federico Guillermo III.— Ed.

Borrador para un discurso sobre la actitud de Francia hacia Polonia 325

a Napoleón las plazas fuertes de Dalmacia, así como el protectorado sobre las islas Jónicas; mientras los principados danubianos eran ocupados por sus tropas, Napoleón ordenó a Marmont, comandante francés en Dalmacia, que preparara la marcha sobre Albania y Macedonia. Las negociaciones sobre el reparto de Turquía continuaron en Petersburgo, adonde Napoleón había enviado a Savary, jefe de sus gendarmes y mouchards. El informe sobre sus negociaciones con Rumjánzev, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, ha sido publicado recientemente. Incluso Thibaudeau, uno de los senadores y admiradores de Napoleón, dice sobre las negociaciones de Savary con Alejandro I y Rumjánzev:

“Dejando a un lado toda forma diplomática, trataban sus asuntos con la forma impudente y temeraria de jefes de bandidos que se reparten el botín”.\*

Según las negociaciones entre Napoleón y Alejandro en Tilsit, Suecia y Dinamarca debían ser obligadas a unirse al sistema continental. Napoleón cedió a Alejandro Finlandia (que los rusos ocuparon en 1808 y han conservado desde entonces), y además Dinamarca participó en el despojo de Suecia al entregarle Noruega. De este modo, Napoleón consiguió derribar por completo a este viejo antagonista de Rusia.

27 de septiembre de 1808. Napoleón y Alejandro en el Congreso de Erfurt.

Nunca antes nadie había hecho tanto para exaltar el poder ruso como lo hizo Napoleón de 1807 a 1812. De 1808 a 1811, los polacos fueron consumidos por Napoleón en España. Por primera vez en su historia fueron prostituidos como mercenarios del despotismo. Del ejército de 90.000 hombres formado en el ducado, tantos fueron enviados a España que el ducado quedó desguarnecido de tropas cuando el archiduque Fernando de Austria lo invadió en 1809.

1809, abril. Mientras Napoleón marchaba sobre Viena, el archiduque Fernando sobre Varsovia. Los polacos invaden Galitzia, obligan al archiduque a retirarse de Varsovia (1 de junio); los rusos, aliados de Napoleón, entran en Galitzia para ayudar de hecho a los austríacos contra los polacos.

14 de octubre de 1809: Las provincias polacas llamadas por los austríacos “Nueva Galitzia”, junto con el distrito de Zamojsk, fueron reunidas al ducado de Varsovia. Napoleón dejó a Austria la antigua Galitzia, tras haber separado de ella, para entregárselo a Rusia, el distrito de Tarnopol, parte de la antigua Podolia.\* Lo que hemos de pensar de este Quinto Reparto (Lelewel) puede verse por una carta satírica del zar Alejandro I al príncipe Kurákin, publicada entonces en las gacetas de Petersburgo y Moscú, fechada en Petersburgo 1/13 de noviembre de 1809. El zar escribe:

“El tratado se está ratificando entre Francia y Austria, y en consecuencia nuestros movimientos hostiles contra esta última cesan simultáneamente. Según los principios de esa paz, Austria sigue siendo, como antes, vecina nuestra por su posesión de Galitzia, y las provincias polacas, en lugar de unirse en un solo cuerpo, quedan divididas para siempre entre las tres coronas. Así, los sueños de una revolución política en Polonia se han desvanecido. El orden actual de cosas fija los límites entre Polonia y Rusia, que no solo no ha sufrido ninguna pérdida en este asunto, sino que, al contrario, extiende su dominio” (au sein de la Pologne) “en el corazón mismo de Polonia.” \*\*

Los polacos exigieron entonces la restauración del nombre de Polonia para el ducado. El zar se opuso. El 20 de octubre de 1809, Champagny, ministro de Asuntos Exteriores, dirigió por orden de Napoleón una nota al gobierno ruso, en la que se decía que aprobaba la supresión del nombre de polaco y de Polonia, no solo de todo acto público, sino incluso de la historia. Esto era para preparar su propuesta —tras su divorcio con Josefina— de la mano de la hermana del zar.\*

4 de enero de 1810: Convención secreta entre el embajador de Napoleón, Caulaincourt, y el conde Rumjánzev, en estos términos:

“Art. 1. El reino de Polonia no será jamás restablecido. Art. 2. El nombre de Polonia y de polaco no se aplicará jamás a ninguna de las partes que anteriormente constituyeron ese reino, y desaparecerán de todo acto público u oficial.” Además, “el Gran ducado no será jamás engrandecido por la anexión de ninguna de las antiguas provincias polacas; las órdenes de caballería polacas serán abolidas; y, finalmente, todos estos compromisos serán obligatorios tanto para el rey de Sajonia, Gran Duque de Varsovia, como para el mismo Napoleón.” (Thiers, Consulat et ’l’Empire, XI, [357, 358].)

Fue después de las negociaciones de esa convención que Napoleón pidió la mano de la hermana de Alejandro.\*\*° La irritación de Napoleón y su amor propio herido por la vacilación del zar (que demoró en declararse desde mediados de diciembre hasta mediados de enero, bajo diversos pretextos), y la repugnancia de la madre del zar,\* hicieron que Napoleón buscara esposa en otra parte y rompiera las negociaciones.

“El emperador Napoleón,” dice Crétineau-Joly: “Histoire de l’église Romaine en

Borrador para un discurso sobre la actitud de Francia hacia Polonia 397

face de la Révolution”, “no permitió que su política se perdiera en una fraseología sentimentalmente revolucionaria. De un plumazo su ministro borró, incluso de la historia, el nombre de Polonia, y un tratado, que los acontecimientos posteriores hicieron nulo, tachó ese nombre como si fuera una superfetación geográfica.”

Después de su matrimonio con la hija del Emperador de Austria, Napoleón tuvo una nueva oportunidad para la restauración de Polonia. Cito a un autor francés, cuya historia es una apoteosis de Napoleón. Norvins dice:

“Napoleón pudo, en 1810, realizar al fin ese noble proyecto”, a saber, la restauración de Polonia, “porque Austria le ofrecía ambas Galitzia, pero él se negó, para no tener una guerra con Rusia, que preparaba la guerra contra él al día siguiente de la conclusión del tratado de Tilsit.”\*

Después de lo que precede, es casi superfluo decir que Napoleón hizo su guerra de 1812 contra Rusia no por consideración alguna hacia Polonia. Se vio forzado a ella por Rusia, que el 19/31 de diciembre de 1810 permitió la importación de mercancías coloniales en barcos neutrales, prohibió algunas mercancías francesas, gravó fuertemente otras, y no hizo la menor concesión a pesar de todos los esfuerzos diplomáticos de Napoleón por evitar la guerra. Debía o renunciar a su sistema continental, o hacer la guerra contra Rusia.

28 de junio de 1812. Día de la entrada de Napoleón en Vilna. Ese día se proclamó en la dieta de Varsovia la existencia de la Polonia confederada (es decir, Polonia unida a Lituania), y una guerra nacional. Napoleón dijo a los diputados de Varsovia que no quería una guerra nacional. (Charras nos\* dice que por su odio a tal guerra, etc. 100 días.) °°