2. CONTRADICCIONES DE LA FÓRMULA GENERAL

La forma de circulación mediante la cual el dinero se convierte en capital contradice todas las leyes anteriores referentes a la naturaleza de las mercancías, del valor, del dinero y de la circulación misma. ¿Puede la diferencia puramente formal del orden invertido causar esto?

Más aún, esta inversión solo existe para una de las tres personas que intervienen en la transacción. Como capitalista, compro mercancías a A y las vendo a mi vez a B. A y B aparecen simplemente como simples comprador y vendedor de mercancías. En cada uno de los dos casos, me enfrento a ellos simplemente como simple poseedor de dinero o poseedor de mercancías, enfrentándome a uno como comprador o dinero, al otro como vendedor o mercancía, pero a ninguno de ellos como capitalista o como representante de algo que sea más que dinero o mercancía. Para A, la transacción comenzó con una venta; para B, terminó con una compra, por tanto, exactamente como en la circulación de mercancías. Además, si baso el derecho a la plusvalía en el orden invertido, A podría vender directamente a B y la posibilidad de plusvalía quedaría eliminada.

Supongamos que A y B se compran mercancías directamente el uno al otro. En lo que respecta al valor de uso, ambos pueden salir ganando; A puede incluso producir más de su mercancía de lo que B podría producir en el mismo tiempo, y viceversa, con lo cual ambos saldrían ganando de nuevo. Pero con el valor de cambio ocurre otra cosa. Aquí se intercambian valores iguales, aunque intervenga el dinero como medio de circulación. (Pág. 119.)

Considerada en abstracto, en la circulación simple de mercancías solo tiene lugar un cambio de forma de la mercancía, si exceptuamos la sustitución de un valor de uso por otro. En la medida en que implica únicamente un cambio de forma de su valor de cambio, implica el intercambio de equivalentes, si el fenómeno se desarrolla en una forma pura. Las mercancías pueden, ciertamente, venderse a precios que difieran de sus valores, pero solo cuando se viola la ley del intercambio de mercancías. En su forma pura, es un intercambio de equivalentes, por tanto, no es un medio para enriquecerse. (Pág. 120.)

De ahí el error de todos los intentos de derivar la plusvalía de la circulación de mercancías. Condillac* (pág. 121), Newman” (pág. 122).

Pero supongamos que el intercambio no se efectúa en una forma pura, que se intercambian no equivalentes. Supongamos que cada vendedor vende su mercancía un 10 por ciento por encima de su valor. Todo sigue igual; lo que cada cual gana como vendedor lo pierde a su vez como comprador. Es exactamente como si el valor del dinero hubiera cambiado un 10 por ciento. Lo mismo si los compradores compraran todo un 10 por ciento por debajo del valor. (Pág. 123, Torrens.‘)

El supuesto de que la plusvalía surge de un alza de los precios presupone que existe una clase que compra y no vende, es decir, que consume y no produce, la cual recibe constantemente dinero gratuitamente. Vender mercancías por encima de su valor a esta clase significa simplemente recuperar, mediante el engaño, una parte del dinero entregado gratuitamente (Asia Menor y Roma). Sin embargo, el vendedor sigue siendo siempre el engañado y no puede enriquecerse, no puede formar plusvalía de ese modo.

Tomemos el caso del engaño. A vende a B vino por valor de 40 libras a cambio de trigo por valor de 50 libras. A ha ganado 10 libras. Pero A y B juntos solo tienen 90. A tiene 50 y B solo 40; el valor se ha transferido, pero no se ha creado. La clase capitalista, en su conjunto, en cualquier país no puede engañarse a sí misma. (Pág. 126.)

Por tanto: si se intercambian equivalentes, no resulta ninguna plusvalía; y si se intercambian no equivalentes, tampoco resulta ninguna plusvalía. La circulación de mercancías no crea ningún valor nuevo.

Por eso no se consideran aquí las formas más antiguas y populares del capital, el capital comercial y el capital usurario. Si la expansión del capital comercial no ha de explicarse por el mero engaño, se requieren muchos factores intermedios de los que aquí aún carecemos. Esto es aplicable en mayor medida al capital usurario y al capital a interés. Más tarde se verá que ambas son formas derivadas, y por qué aparecen históricamente antes que el capital moderno.

Por consiguiente, la plusvalía no puede originarse en la circulación. ¿Pero fuera de ella? Fuera de ella, el poseedor de mercancías es el simple productor de su mercancía, cuyo valor depende de la cantidad de su propio trabajo contenido en ella, medida con arreglo a una ley social determinada; este valor se expresa en dinero de cuenta, por ejemplo, en un precio de 10 libras. Pero este valor no es al mismo tiempo un valor de 11 libras; su trabajo crea valores, pero no valores que se expandan por sí mismos. Puede añadir más valor al valor existente, pero esto solo ocurre mediante la adición de más trabajo. Por tanto, el productor de mercancías no puede producir plusvalía fuera de la esfera de la circulación sin entrar en contacto con otros poseedores de mercancías.

De ahí que el capital tenga que originarse en la circulación de mercancías, y sin embargo no en ella. (Pág. 128.)

Así pues: la transformación del dinero en capital ha de explicarse sobre la base de las leyes inmanentes al intercambio de mercancías, tomando como punto de partida el intercambio de equivalentes. Nuestro poseedor de dinero, por ahora simple crisálida de capitalista, tiene que comprar sus mercancías a su valor, venderlas a su valor, y sin embargo al final del proceso extraer más valor del que introdujo. Su desarrollo hasta convertirse en mariposa tiene que ocurrir en la esfera de la circulación, y sin embargo no en ella. Estas son las condiciones del problema. ¡Hic Rhodus, hic salta!* (Pág. 129.)

3. LA COMPRA Y LA VENTA DE LA FUERZA DE TRABAJO

El cambio de valor del dinero que ha de convertirse en capital no puede tener lugar en el dinero mismo, pues en la compra este se limita a realizar el precio de la mercancía, y por otra parte, mientras permanece como dinero, no modifica la magnitud de su valor; y en la venta, asimismo, se limita a convertir la mercancía de su forma natural a su forma de dinero. El cambio debe, por tanto, tener lugar en la mercancía de M—C—M; pero no en su valor de cambio, ya que se intercambian equivalentes; solo puede surgir de su valor de uso como tal, es decir, de su consumo. Para ello se requiere una mercancía cuyo valor de uso posea la propiedad de ser fuente de valor de cambio —y esta existe— la fuerza de trabajo. (Pág. 130.)

Pero para que el poseedor de dinero encuentre la fuerza de trabajo en el mercado como una mercancía, esta debe ser vendida por su propio poseedor, es decir, tiene que ser fuerza de trabajo libre. Puesto que comprador y vendedor, como partes contratantes, son ambos personas jurídicamente iguales, la fuerza de trabajo debe venderse solo temporalmente, ya que en una venta en bloque el vendedor ya no sigue siendo vendedor, sino que se convierte él mismo en mercancía. Pero entonces el poseedor, en vez de poder vender mercancías en las que su trabajo está materializado, debe hallarse en una situación tal que se vea obligado a vender su fuerza de trabajo misma como una mercancía. (Pág. 131.)

Para la conversión de su dinero en capital, por tanto, el poseedor de dinero tiene que encontrar en el mercado de mercancías al trabajador libre, libre en un doble sentido: que como hombre libre puede disponer de su fuerza de trabajo como de su mercancía, y que, por otra parte, no tiene otras mercancías que vender, se ha desprendido, está libre de todas las cosas necesarias para la realización de su fuerza de trabajo. (Pág. 132.)

Dicho sea de paso, la relación entre el poseedor de dinero y el poseedor de fuerza de trabajo no es una relación natural, ni una relación social común a todas las épocas, sino una relación histórica, producto de muchas revoluciones económicas. Del mismo modo, las categorías económicas consideradas hasta ahora llevan su sello histórico. Para convertirse en mercancía, un producto no debe ser producido ya como medio inmediato de subsistencia. La masa de productos solo puede asumir la forma de mercancía dentro de un modo de producción específico, el modo capitalista, aunque la producción y la circulación de mercancías puedan tener lugar aun allí donde la masa de productos nunca llega a convertirse en mercancías. Igualmente, el dinero puede existir en todos los períodos que han alcanzado cierto nivel de circulación de mercancías; las formas específicas del dinero, desde el simple equivalente hasta el dinero mundial, presuponen diversas etapas de desarrollo; sin embargo, una circulación de mercancías muy poco desarrollada puede dar origen a todas ellas. El capital, en cambio, surge solo bajo la condición antes mencionada, y esta sola condición encierra una historia universal. (Pág. 133.)

La fuerza de trabajo tiene un valor de cambio que se determina, como el de todas las demás mercancías, por el tiempo de trabajo necesario para su producción y, por tanto, también para su reproducción. El valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento de su poseedor, es decir, para mantenerlo en un estado de capacidad normal para el trabajo. Esto depende del clima, las condiciones naturales, etc., y también del nivel histórico de vida dado en cada país. Estos varían, pero están dados para cada país en particular y para cada época en particular. Además, su mantenimiento incluye los medios de subsistencia para sus sustitutos, es decir, sus hijos, a fin de que la raza de estos peculiares poseedores de mercancías se perpetúe. Asimismo, para el trabajo calificado, el costo de la educación. (Pág. 135.)

El límite mínimo del valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia físicamente indispensables. Si el precio de la fuerza de trabajo cae a este mínimo, cae por debajo de su valor, ya que este último presupone una calidad normal, no raquítica, de la fuerza de trabajo. (Pág. 136.)

La naturaleza del trabajo implica que la fuerza de trabajo solo se consume después de celebrado el contrato, y como el dinero es habitualmente el medio de pago para tales mercancías en todos los países con modo de producción capitalista, la fuerza de trabajo se paga solo después de haber sido consumida. Por tanto, en todas partes el trabajador da crédito al capitalista. (Págs. 137, 138.)

El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es al mismo tiempo el proceso de producción de mercancías y de plusvalía, y este consumo tiene lugar fuera de la esfera de la circulación. (Pág. 140.)