Londres, 21 de septiembre de 1861

La continua subida de los precios del algodón en rama empieza por fin a repercutir seriamente sobre las fábricas de algodón, cuyo consumo es hoy un 25 por ciento inferior al consumo pleno. Este resultado ha sido provocado por una reducción diaria del ritmo de producción: muchas fábricas trabajan solo cuatro o tres días por semana, se para parte de la maquinaria, tanto en aquellos establecimientos donde se ha empezado a trabajar a jornada reducida como en aquellos que aún funcionan a pleno tiempo, y algunas fábricas han sido cerradas temporalmente por completo. En algunos lugares, como en Blackburn, por ejemplo, la jornada reducida ha venido acompañada de una reducción de los salarios. Sin embargo, el movimiento de la jornada reducida está solo en sus comienzos, y podemos predecir con toda seguridad que, dentro de algunas semanas, el ramo habrá recurrido en general a trabajar tres días por semana, al mismo tiempo que se habrá producido una gran parada de maquinaria en la mayoría de los establecimientos. En conjunto, los fabricantes y comerciantes ingleses se mostraron extremadamente lentos y reacios a reconocer la difícil situación de sus suministros de algodón.

“La totalidad de la última cosecha americana —decían— hace ya tiempo que fue enviada a Europa. La recolección de la nueva cosecha apenas ha comenzado. No podría habernos llegado ni una bala de algodón más de las que nos han llegado, aun cuando jamás se hubiera oído hablar de la guerra y del bloqueo. La temporada de embarque no comienza hasta muy entrado noviembre, y por lo general no se realizan grandes exportaciones hasta finales de diciembre. Hasta entonces, poco importa que el algodón quede retenido en las plantaciones o se envíe a los puertos tan pronto como se ensaca. Si el bloqueo cesa en cualquier momento antes de que acabe este año, lo probable es que para marzo o abril hayamos recibido un suministro de algodón tan pleno como si el bloqueo no se hubiera declarado nunca.” @

En los repliegues más íntimos de la mentalidad mercantil se acariciaba la idea de que toda la crisis americana y, por consiguiente, el bloqueo, habrían cesado antes de finalizar el año, o de que Lord Palmerston rompería por la fuerza el bloqueo. Esta última idea ha sido abandonada por completo, puesto que, aparte de todas las demás circunstancias, Manchester ha comprendido que dos grandes intereses —el interés monetario, que ha invertido un inmenso capital en las empresas industriales de la América del Norte, y el comercio de cereales, que depende de la América del Norte como su principal fuente de abastecimiento— se combinarían para frenar cualquier agresión no provocada por parte del Gobierno británico. Las esperanzas de que el bloqueo se levantara oportunamente, en consonancia con las exigencias de Liverpool o Manchester, o de que la guerra americana se resolviera mediante un compromiso con los secesionistas, han cedido ante un fenómeno hasta ahora desconocido en el mercado algodonero inglés, a saber: las operaciones americanas con algodón en Liverpool, en parte con fines especulativos y en parte para reexpedirlo a América. En consecuencia, durante las dos últimas semanas el mercado algodonero de Liverpool ha estado febrilmente excitado, pues a las inversiones especulativas en algodón de los comerciantes de Liverpool se han sumado las inversiones especulativas de los fabricantes de Manchester y de otras localidades, ávidos por proveerse de existencias de materia prima para el invierno. La magnitud de estas últimas transacciones queda suficientemente demostrada por el hecho de que una parte considerable del espacio de almacenamiento disponible en Manchester ya está ocupado por tales existencias, y que durante la semana que comenzó el 15 de septiembre y terminó el 22, los algodones americanos de clase media (Middling Americans) aumentaron 3/8 de penique por libra, y los de clase buena (fair ones) 5/8 de penique.

Desde el estallido de la guerra americana, los precios del algodón habían ido subiendo constantemente, pero la desastrosa desproporción entre los precios de la materia prima y los precios de los hilados y los tejidos no se puso de manifiesto sino hasta las últimas semanas de agosto. Hasta entonces, cualquier descenso serio de los precios de las manufacturas de algodón, que podría haberse previsto por la disminución considerable de la demanda americana, había sido contrarrestado por una acumulación de existencias en manos de los productores directos y por remesas especulativas a China y la India. Aquellos mercados asiáticos, sin embargo, pronto quedaron sobresaturados.

“Las existencias —dice The Calcutta Price Current del 7 de agosto de 1861— se están acumulando, pues las llegadas desde nuestro último número ascienden a nada menos que 24.000.000 de yardas de tejidos lisos de algodón. Los informes de la metrópoli muestran que continúan los embarques en exceso con respecto a nuestras necesidades, y mientras esto dure, no cabe esperar mejoría ... El mercado de Bombay también ha estado excesivamente abastecido.”

Otras circunstancias contribuyeron a contraer el mercado indio. A la reciente hambruna en las provincias del noroeste han seguido los estragos del cólera, mientras que en todo el Bajo Bengala un exceso de lluvias, que ha anegado el país, ha dañado gravemente las cosechas de arroz. En cartas de Calcuta que llegaron a Inglaterra la semana pasada, se informaba de ventas que dejaban un rendimiento neto de 9 1/4 peniques por libra para el hilado del número 40 (40s twist), que en Manchester no se puede comprar por menos de 11 1/4 peniques, mientras que las ventas de lienzos de 40 pulgadas, comparadas con los precios actuales en Manchester, arrojaban pérdidas de 7 1/2 peniques, 9 peniques y 12 peniques por pieza. En el mercado chino, los precios también se vieron forzados a la baja por la acumulación de las existencias importadas. En estas circunstancias, al disminuir la demanda de manufacturas británicas de algodón, sus precios no pueden, desde luego, seguir el ritmo del alza progresiva del precio de la materia prima; por el contrario, la hilatura, el tejido y el estampado del algodón dejan, en muchos casos, de cubrir los costos de producción. Tómese como ejemplo el siguiente caso, expuesto por uno de los mayores fabricantes de Manchester, en relación con la hilatura basta:

Por libra  
17 de septiembre de 1860.  
Coste del algodón: 6 1/4 peniques; margen: 4 peniques; hilatura: 3 peniques.  
La urdimbre del núm. 16 se vendió a 10 1/4 peniques.  
Beneficio: 1 penique por libra.

17 de septiembre de 1861.  
Coste del algodón: 9 peniques; margen: 2 peniques; hilatura: 3 1/2 peniques.  
La urdimbre del núm. 16 se vendió a 11 peniques.  
Pérdida: 1 1/2 peniques por libra.

El consumo de algodón indio está creciendo rápidamente, y con un nuevo aumento de los precios, la oferta india aumentará en proporciones cada vez mayores; pero sigue siendo imposible cambiar, con un preaviso de pocos meses, todas las condiciones de producción y dar un giro a la corriente del comercio. Inglaterra paga ahora, de hecho, la pena por su prolongado mal gobierno de ese vasto imperio indio. Los dos principales obstáculos con los que tiene que luchar ahora en sus intentos de sustituir el algodón americano por el indio son la falta de vías de comunicación y transporte en toda la India y el estado miserable del campesino indio, que le impide aprovechar las circunstancias favorables. De ambas dificultades, los ingleses no pueden culpar más que a sí mismos. La industria moderna inglesa, en general, se apoyaba en dos pivotes igualmente monstruosos. El uno era la patata, como único medio de alimentar a Irlanda y a una gran parte de la clase obrera inglesa. Este pivote fue barrido por la enfermedad de la patata y la subsiguiente catástrofe irlandesa. Entonces hubo que adoptar una base más amplia para la reproducción y el sustento de los millones de trabajadores. El segundo pivote de la industria inglesa era el algodón cultivado por esclavos de los Estados Unidos. La actual crisis americana la obliga a ampliar su campo de abastecimiento y a emancipar el algodón de las oligarquías criadoras y consumidoras de esclavos. Mientras las manufacturas algodoneras inglesas dependieron del algodón cultivado por esclavos, pudo afirmarse con verdad que descansaban sobre una doble esclavitud: la esclavitud indirecta del hombre blanco en Inglaterra y la esclavitud directa de los hombres negros al otro lado del Atlántico.