Nuestro héroe emprende la huida y, con placer inalterado, se retira a... Arcadia. Lo volvemos a encontrar en un «rincón apartado de Suiza», en Lausana, en una «Fiesta conjunta» de varias asociaciones obreras de cultura alemanas que tuvo lugar hacia fines de junio. Allí Karl Vogt salvó a Suiza por segunda vez. Mientras Catilina se hallaba sentado en Londres, nuestro Cicerón de la chaqueta multicolor tronaba en Lausana:

«Jam, jam intelligis me acrius vigilare ad salutem, quam te ad perniciem reipublicae.»¹

Por feliz casualidad existe un informe auténtico sobre la susodicha «Fiesta conjunta» y sobre la hazaña de valentía que en ella realizó nuestro «carácter bien redondeado». Redactado por el señor G. Lommel con la colaboración de Vogt, se titula *Das Centralfest der Deutschen Arbeiterbildungsvereine in der Westschweiz (Lausanne 1859)*, Ginebra, 1859, Markus Vaney, rue de la Croix d’or. Comparemos el informe auténtico con el «Magnum Opus», que apareció cinco meses después. El informe contiene el discurso de Cicerón-Vogt «pronunciado por él mismo», y en él comienza por explicar el misterio de su presencia en esta reunión. Aparece entre los obreros, los arenga, porque

«recientemente se han lanzado contra él graves acusaciones, acusaciones que, de ser ciertas, no podrían menos que destruir enteramente la confianza en él depositada y socavar por completo toda su actividad política». «He venido —prosigue—, he venido expresamente aquí para protestar públicamente contra las» (susodichas) «maliciosas maquinaciones solapadas» (Informe, págs. 6-7).

Se le ha acusado de intrigas bonapartistas, tiene que rescatar su actividad política y, como es su costumbre, defiende su pellejo con la lengua. Después de entregarse a una charla vacía durante hora y media, recuerda la admonición de Demóstenes de que «la acción, la acción y una vez más la acción es el alma de la elocuencia».²

Pero ¿qué es la acción? En América hay un pequeño animal llamado mofeta (skunk) que sólo dispone de un método para defenderse en los momentos de peligro extremo: su olor ofensivo. Cuando se le ataca, libera una sustancia de ciertas partes de su cuerpo que, si toca vuestra ropa, hará que ésta tenga que ser quemada y, si toca

¹ «Ya, ya comprendes que yo velo con mayor celo por la salvación del Estado que tú por su destrucción» (Cicerón, *Discursos contra Catilina*, I, 4).— *Ed.*

² Demóstenes, *Olintíaco*, Segundo discurso, capítulo cuarto.— *Ed.*

vuestra piel, os desterrará por un tiempo de toda sociedad humana. El olor es tan horriblemente ofensivo que cuando los cazadores ven que sus perros han hecho huir accidentalmente a una mofeta, emprenden apresuradamente la huida presa de un pánico mayor que si hubieran descubierto que los perseguía un lobo o un tigre. Porque la pólvora y el plomo son una defensa adecuada contra lobos y tigres, pero no se ha encontrado antídoto alguno contra el *a posteriori* de una mofeta.

Eso es la acción, dice nuestro orador, ciudadano naturalizado del «Reino de los animales»,³ y salpica a sus supuestos perseguidores con el siguiente efluvio mofetesco:

«Pero YO quisiera advertiros sobre todo de una cosa, y es de las maquinaciones de un pequeño grupo de hombres depravados cuyos fines y esfuerzos están todos encaminados a seducir al obrero apartándolo de su trabajo, implicándolo en conspiraciones e intrigas comunistas y, finalmente, después de vivir del sudor de su frente, a conducirlo a sangre fría» (es decir, después de que ha terminado de sudar) «a su destrucción. Ahora, una vez más, este pequeño grupo está utilizando todos los métodos posibles» (¡mantenedlo todo lo general que sea posible!) «para envolver en sus redes a las asociaciones obreras. Digan lo que digan» (sobre las intrigas bonapartistas de Vogt) «podéis tener la certeza de que su verdadero fin es explotar al obrero para sus propios fines egoístas y, finalmente, abandonarlo a su suerte» (Informe, pág. 18. Véase el Apéndice).

La desvergonzada impertinencia con que esta «mofeta» me acusa a mí y a mis amigos de «vivir del sudor de la frente de los obreros», cuando nosotros hemos sacrificado siempre nuestros intereses privados para defender los de la clase obrera, y lo hemos hecho gratis, no es siquiera original. Los *mouchards* de la Banda de Diciembre lanzaron calumnias similares contra Louis Blanc, Blanqui, Raspail, etc. Y no sólo eso, pues en todos los tiempos y en todos los lugares los sicofantes de la clase dominante han recurrido siempre a estas despreciables calumnias para denigrar a los campeones literarios y políticos de las clases oprimidas. (Véase el Apéndice 5.)

Después de esta acción, nuestro «carácter bien redondeado» ya no es capaz, por lo demás, de mantener la cara seria. El bufón prosigue comparando a sus «perseguidores», que andan libremente, con los «rusos hechos prisioneros en Zorndorf».⁴ Y se compara a sí mismo con —¡quién lo hubiera adivinado!— Federico el Grande. Falstaff-Vogt recuerda que Federico el Grande huyó de la primera batalla en la que estuvo presente. ¡Cuánto más grande es entonces aquel que huyó sin siquiera esperar a la batalla!⁵

³ Alusión al título del libro de Karl Vogt, *Untersuchungen über Thierstaaten*, en el que el autor trata su tema como un materialista vulgar.— *Ed.*

⁴ Georg Lommel, op. cit., S. 19.— *Ed.*

⁵ *Kobes* 169 relata en el panfleto de Jacob Venedey *Pro domo und pro patria gegen Karl Vogt*, Hannover, 1860: «Él fue testigo de que el Regente Imperial, Karl Vogt, no estaba presente cuando nosotros y los otros cuatro Regentes Imperiales forzamos al Gobierno de Wurtemberg a llevar el Parlamento a un final honorable con espada y bayoneta. Es una historia divertida. Los otros cuatro Regentes Imperiales ya habían subido al carruaje para dirigirse a la Sala de la Asamblea, según lo acordado, y allí junto con el Parlamento Residual [...] “poner el pecho” (es bien sabido que el Parlamento Residual no tenía cabeza). [Venedey dice aquí: die Brust bieten (literalmente, presentar el pecho). La frase es una adaptación de la expresión idiomática alemana die Stirn bieten (presentar la frente) que significa “presentar batalla” o “hacer frente”. Marx hace un juego de palabras con la sustitución de Venedey de Stirn (frente) por Brust (pecho) para enfatizar que el Parlamento Residual no tenía cabeza.] “Karl Vogt cerró de golpe la portezuela del carruaje y gritó al cochero: ‘¡Seguid vosotros adelante, el carruaje está lleno. Yo seguiré después!’ Pero Karl Vogt no apareció [...] hasta que todo posible peligro hubo pasado” (loc. cit., págs. 25, 24).»— *Ed.*

Hasta aquí las aventuras de la Fiesta conjunta de Lausana según el informe auténtico. Y «ahora ved simplemente» (como dice Fischart) «a nuestro cocinero y agarrador de ollas, de manos pegajosas, parasitariamente gordo y desaliñado»⁶ y ved qué fino puré policíaco a la Eulenspiegel sirve cinco meses más tarde en beneficio de los filisteos alemanes.

«Querían a toda costa crear complicaciones en Suiza; se pretendía asestar algún tipo de golpe [...] a la política de neutralidad. Se me informó de que la Fiesta conjunta de las Asociaciones obreras de cultura iba a ser utilizada para inducir a los obreros a seguir una ruta que habían rechazado firmemente. Se esperaba que la hermosa Fiesta proporcionara una oportunidad para formar un comité secreto que entrara en comunicación con personas de ideas afines en Alemania y tomara Dios sabe qué medidas» (Vogt no lo sabe, aun habiendo sido informado). «Había toda clase de rumores oscuros y conversaciones misteriosas sobre la intervención activa de los obreros en los asuntos políticos alemanes. Resolví de inmediato oponerme a estas intrigas y exhortar a los obreros de nuevo a hacer oídos sordos a todas las propuestas de esta clase. A la conclusión del discurso al que se ha hecho referencia más arriba, lancé una solemne advertencia, etc.» («Magnum Opus», págs. 180[-81]).

Cicerón-Vogt ya ha olvidado que al comienzo de su discurso dejó escapar lo que lo había llevado a la Fiesta conjunta: no la neutralidad de Suiza, sino la necesidad de salvar su propio pellejo. Su discurso no contiene ni una sola palabra sobre el pretendido complot contra Suiza, las intenciones conspirativas en la Fiesta conjunta, el comité secreto, la intervención activa de los obreros en la política alemana o propuestas de «esta» o de cualquier otra «clase». Ni una palabra sobre todas estas Stieberiadas.⁷ Su advertencia final no fue más que la advertencia del honesto Sikes ante el Old Bailey, que prevenía a los miembros del jurado contra los «infames» detectives que lo habían sorprendido robando.

«Los acontecimientos que siguieron inmediatamente —declara Falstaff-Vogt («Magnum Opus», pág. 181)— confirmaron mis presentimientos.»

¡Qué quiere decir él, presentimientos! ¡Pero Falstaff ya ha olvidado que unas líneas antes no tenía «presentimientos», sino que había sido «informado», informado de los planes de los conspiradores, ¡e informado detalladamente! Y ¿cuáles, oh ángel vengador,⁸ fueron los acontecimientos que siguieron inmediatamente?

«Un artículo de la *Allgemeine Zeitung* imputaba tendencias a la Fiesta y a la vida de los obreros que éstas» (es decir, la Fiesta y la vida) «no tenían en lo más mínimo en mente.» (Exactamente como Vogt había imputado tendencias al Congreso de Murten y a las organizaciones obreras en general.) «Este artículo y una reimpresión del mismo en el *Frankfurter Journal* dieron lugar a una investigación confidencial del Embajador de un Estado del sur de Alemania en la que a la Fiesta se le daba la importancia» —¿«imputada» por el artículo de la *Allgemeine Zeitung* y la reimpresión en el *Frankfurter Journal*?— ¡de ningún modo!— «que *hubiera debido* tener si las intenciones de la Banda de Azufre hubieran»—

¡Hubiera debido tener! ¡Sí, en efecto!

⁶ Johann Fischart, *Affentheurliche Naupengeheurliche Geschichtklitterung...*, S. 713.— *Ed.*

⁷ Alusión a las patrañas de Stieber; véase el proceso de los comunistas de Colonia.— *Ed.*

⁸ Alusión al *Fausto* de Goethe, Primera parte, Jardín de Marta. Pero en lugar del *du ahnungsvoller* (ángel presentidor) de Goethe, Marx pone *du ahndungsvoller* (ángel vengador).— *Ed.*

Aunque la comparación más superficial del «Magnum Opus» y el informe auténtico sobre la Fiesta conjunta basta para aclarar el misterio del segundo rescate de Suiza por Cicerón-Vogt, deseé no obstante cerciorarme de si existía alguna base fáctica, por escasa que fuera, que pudiera haberle proporcionado la «materia» que le suministró su «energía».⁹ Escribí, pues, al editor del informe auténtico, el señor G. Lommel en Ginebra.¹⁰ El señor Lommel debía de estar en términos amistosos con Vogt, ya que no sólo colaboró con él en el informe sobre la Fiesta conjunta en Lausana, sino que también, en un folleto posterior sobre las celebraciones conmemorativas de Schiller y Robert Blum en Ginebra,¹¹ encubrió el fiasco que Vogt se había buscado allí. En su respuesta del 13 de abril de 1860, el señor Lommel, a quien personalmente no conozco, escribió:

«La historia de Vogt de que había frustrado una peligrosa conspiración en Lausana es el más puro cuento de hadas o mentira; él sólo fue a Lausana porque era una oportunidad para pronunciar un discurso que luego pudiera imprimir. En el discurso, que duró hora y media, se defendió contra las alegaciones de que estaba a sueldo de Bonaparte. Todavía conservo el manuscrito a buen recaudo.»

Un francés que vive en Ginebra, preguntado sobre la misma conspiración vogtiana, respondió sin rodeos:

«Il faut connaître cet individu» (a saber, Vogt), «surtout le faiseur, l’homme important, toujours hors de la nature et de la vérité.»

⁹ Carl Vogt, *Mein Prozess...,* S. 181, 182. En la última frase, las cursivas son de Vogt. Se refiere al artículo de la *Allgemeine Zeitung*, núm. 215 (suplemento), 3 de agosto de 1859.— *Ed.*

¹⁰ Marx a Lommel, 9 de abril de 1860 (la ed. presente, vol. 41).— *Ed.*

¹¹ Georg Lommel, *Das Centralfest der Deutschen Arbeiterbildungsvereine in der Westschweiz*, Genf, 1859.— *Ed.*

El propio Vogt declara en la pág. 99 de sus así llamadas *Studien* que «jamás había pretendido tener dotes proféticas». Pero sabemos por el Antiguo Testamento que el asno pudo ver lo que el profeta no había visto[c]. Y así podemos comprender cómo Vogt logró ver la conspiración que en noviembre de 1859 tenía el presentimiento de haber «frustrado» en junio de 1859.

6. MISCELÁNEA

«Si no me falla la memoria», escribe nuestro Payaso parlamentario, «la circular» (es decir, una presunta alocución a los proletarios fechada en Londres, 1850) «fue escrita en efecto por un seguidor de Marx conocido como Lobo parlamentario, y se dejó que cayera en manos de la policía de Hannover. También aquí encontramos que este mismo canal aparece en la historia de la circular “de los patriotas a los hombres de Gotha”» (*Magnum Opus*, pág. 144).

¡Un canal aparece! ¿Un *prolapsus ani*[d], tal vez, tú, bufón zoológico?

En cuanto al «Lobo parlamentario» —y más adelante veremos por qué, como un mal sueño, el Lobo parlamentario pesa tanto en la memoria de nuestro Payaso parlamentario—, publicó la siguiente Declaración en la *Berliner Volks-Zeitung*, la *Allgemeine Zeitung* y el *Hamburger Reform*:

«“Declaración. Mánchester, 6 de febrero de 1860: Por carta de un amigo veo que la *National-Zeitung* (núm. 41 de este año) ha puesto en conocimiento del público el siguiente pasaje en un artículo de fondo basado en el panfleto de Vogt:

‘En 1850 se envió otra circular desde Londres a los proletarios de Alemania, escrita, según cree recordar Vogt, por Lobo parlamentario, alias Lobo de la casamata. Al mismo tiempo se dejó que la circular cayera en manos de la policía de Hannover.’ No he visto ni el número correspondiente de la *National-Zeitung* ni el panfleto de Vogt, y por ello quisiera limitar mi respuesta únicamente al pasaje que acabo de citar:

”1. En 1850 no vivía en Londres, sino en Zúrich, y no me trasladé a Londres hasta el verano de 1851.

”2. Jamás en toda mi vida he escrito una circular dirigida ni a ‘proletarios’ ni a nadie más.

[a] «Hay que conocer a este individuo, que es ante todo un charlatán, un hombre engreído, antinatural, mentiroso.» — *Ed.*

[b] Carl Vogt, *Studien zur gegenwärtigen Lage Europas*, Ginebra y Berna, 1859, pág. 99. Cursivas de Marx.— *Ed.*

[c] Números 22, 21-33.— *Ed.*

[d] Prolapso del recto.— *Ed.*

*El señor Vogt.—III. Asuntos policiales* 13

”3. En cuanto a la insinuación acerca de la policía de Hannover, devuelvo aquí, con desprecio, esta acusación descaradamente inventada a su autor. Si el resto del panfleto de Vogt está tan lleno de mentiras impudentes como la parte que se refiere a mí, es un digno compañero de las fabricaciones de Chenu, de la Hodde & Cía.

*W. Wolff*»[a]

Ahí lo tienen: así como Cuvier podía reconstruir el esqueleto entero de un animal a partir de un solo hueso, Wolff ha reconstruido correctamente toda la fabricación de Vogt a partir de una única cita fragmentaria. Karl Vogt puede en verdad figurar al lado de Chenu y de la Hodde como *primus inter pares*.

La última «prueba» aducida por Vogt, que sigue «sin quedarse corto en absoluto», para demostrar mi *entente cordiale* con la policía secreta en general y «mis relaciones con el partido de la *Kreuz-Zeitung* en particular», consiste en el argumento de que mi esposa es hermana del ex ministro prusiano, el señor von Westphalen (*Magnum Opus*, pág. 194). Ahora bien, ¿cómo parar la artera estratagema de nuestro gordo Falstaff? Tal vez el Payaso perdone a mi esposa el ministro prusiano cognado[b] cuando se entere del escocés agnado[c] que fue decapitado en la plaza del mercado de Edimburgo como rebelde en la guerra de liberación contra Jacobo II. Bien sabido es que sólo por accidente sigue Vogt llevando su propia cabeza sobre los hombros. Pues en la conmemoración de Robert Blum de la Asociación Obrera de Educación Alemana de Ginebra (13 de noviembre de 1859) contó

«cómo la izquierda del Parlamento de Fráncfort estuvo largo tiempo indecisa sobre a quién enviar a Viena, si a Blum o a él. Finalmente, el asunto se decidió por sorteo, sacando una pajita, que recayó sobre Blum, o más bien contra él» (*Die Schillerfeier zu Genf usw.*, Ginebra, 1859, págs. 28, 29).

El 13 de octubre, Robert Blum partió de Fráncfort hacia Viena. El 23 o 24 de octubre, una diputación de la extrema izquierda de Fráncfort llegó a Colonia camino del Congreso Democrático de Berlín.[d] Me encontré con estos señores, entre los cuales había varios diputados que mantenían estrechos vínculos con la *Neue Rheinische Zeitung*. Estos parlamentarios, de los cuales uno fue sumariamente fusilado durante la campaña por la Constitución imperial, un segundo murió en el exilio, mientras que el tercero aún vive, me susurraron al oído toda clase de historias extrañas y siniestras sobre las intrigas de Vogt en relación con la misión de Robert Blum a Viena. Sin embargo,

No me pidáis que hable, pedidme que calle,
pues el secreto estoy obligado a guardar.[a]

[a] Wilhelm Wolff, «Erklärung», *Allgemeine Zeitung*, núm. 44 (suplemento), 13 de febrero de 1860. Publicada también en el *Hamburger Reform* el 11 de febrero de 1860 y en la *Berliner Volks-Zeitung* el 24 de febrero de 1860.— *Ed.*
[b] Ferdinand von Westphalen.— *Ed.*
[c] Archibald Campbell Argyll.— *Ed.*
[d] Canción de Mignon en la novela de Goethe *Wilhelm Meisters Lehrjahre*, Libro quinto, capítulo 16.— *Ed.*

La conmemoración de Robert Blum de noviembre de 1859 en Ginebra, a la que ya nos hemos referido, trató a nuestro «carácter bien redondeado» de la manera más descortés. Al entrar en el local, contoneándose como un obsequioso Sileno a los talones de su patrón, James Fazy, un obrero dejó oír: «Ahí van Harry y detrás Falstaff». Cuando contó una anécdota deliciosa destinada a presentarse como el *alter ego* de Robert Blum, sólo con dificultad se impidió que algunos obreros enfurecidos asaltaran la tribuna. Y cuando, finalmente, olvidando cómo había frustrado la revolución en junio, él mismo «volvió a llamar a las barricadas»[b] (*Schillerfeier*, pág. 29), un eco burlón repitió: «¡Barricadas... barricadas de pacotilla!». En el extranjero, sin embargo, saben tan bien qué valor han de conceder a las bravatas revolucionarias de Vogt, que la «indagación confidencial de un embajador del sur de Alemania»,[c] «por lo general inevitable», no se produjo en esta ocasión y no apareció artículo alguno en la *Allgemeine Zeitung*.

Toda la Stieberiada de Vogt, desde la «Banda del Azufre» hasta el «ministro retirado», revela la clase de maestros cantores del que Dante dice:

*Ed egli avea fatto del cul trombetta*.[*]

[*] Y él había hecho de su trasero una trompeta. (Kannegiesser) [Dante, *La Divina Comedia*, Infierno, Canto XXI. Kannegiesser es el nombre del traductor alemán.]  
[b] El verso final del poema sobre Robert Blum que Vogt citó para concluir su discurso en la conmemoración de Blum (véase Georg Lommel, *Die Schiller-Feier in Genf. Nebst einem Nachtrag enthaltend die diesjährige Todtenfeier für Robert Blum*, Ginebra, 1859, pág. 29).— *Ed.*  
[c] Carl Vogt, *Mein Prozess*..., págs. 181-182.— *Ed.*

75

IV
LA CARTA DE TECHOW

¿Qué más saca nuestro «carácter bien redondeado» de aquel
*«tristo sacco*
*Che merda fa di quel, che si trangugia.»**
(Dante)

Una carta de Techow fechada en Londres, 26 de agosto de 1850:

«No puedo caracterizar mejor estas actividades» (es decir, las de la «Banda del Azufre») «que comunicándole a usted el contenido de una carta de un hombre al que todos los que le han conocido reconocerán como hombre de honor, carta que puedo permitirme publicar porque ella»[a] (¿el hombre de honor o la carta?) «estaba expresamente destinada a ser comunicada» (¿a quién?) «y las consideraciones» (¿de quién?) «que antes desaconsejaban la publicación ya no existen» (*Magnum Opus*, pág. 141).

Techow llegó a Londres procedente de Suiza a finales de agosto de 1850. Su carta está dirigida a Schimmelpfennig, antiguo teniente del ejército prusiano, que residía entonces en Berna. Se suponía que Schimmelpfennig debía «comunicar la carta a nuestros amigos», es decir, a los miembros de la Centralización,[b] una sociedad secreta hoy extinguida desde hace casi un decenio, creada por refugiados alemanes en Suiza, con una composición bastante heterogénea y una fuerte levadura de parlamentarios. Techow era miembro de la sociedad, pero Vogt y sus amigos no lo eran. ¿Cómo entró entonces Vogt en posesión de la carta de Techow y quién le autorizó a publicarla?

[*] «El triste saco / que hace mierda de lo que traga.» [*La Divina Comedia*, Infierno, Canto XXVIII]  
[a] El pronombre alemán *er* utilizado aquí puede referirse tanto al hombre de honor como a la carta.— *Ed.*  
[b] Karl Emmermann.— *Ed.*

El propio Techow me escribió sobre el particular desde Australia, el 17 de abril de 1860:

«En todo caso, jamás he tenido ocasión de dar al señor Karl Vogt autorización alguna en relación con este asunto.»

De los «amigos» de Techow a quienes debía comunicarse la carta, sólo dos viven todavía en Suiza. Ambos pueden hablar por sí mismos:

E.[a] a Schily, 29 de abril de 1860, Alta Engadina, cantón de los Grisones:

«Cuando apareció el panfleto de Vogt *Mein Prozess gegen die Allgemeine Zeitung*, que contenía una carta de Techow a sus amigos en Suiza fechada el 26 de agosto de 1850,[b] nosotros, los amigos de Techow que aún residimos en Suiza, decidimos escribir a Vogt para expresarle nuestra desaprobación por la publicación no autorizada de la carta.

La carta de Techow había sido dirigida a Schimmelpfennig en Berna y la intención era distribuir copias de ella entre los amigos.... Me alegra no habernos equivocado al creer que ninguno de los amigos de Techow, ninguno de los que tenían derecho a ver la carta del 26 de agosto, la había utilizado al modo del individuo que ha entrado por accidente en posesión de ella. El 22 de enero se envió una carta a Vogt protestando por la publicación no autorizada de la carta de Techow, prohibiendo todo uso indebido ulterior de la misma y exigiendo su devolución. El 27 de enero Vogt respondió: “La carta de Techow estaba destinada a ser mostrada a sus amigos; el amigo que la tenía en su poder la había entregado con el deseo expreso de que se publicara ... y él sólo devolvería la carta a la persona de quien la había recibido.”»

B.[c] a Schily, Zúrich, 1 de mayo de 1860:[d]

«La carta a Vogt fue escrita por mí después de haber discutido el asunto con E.... R.[e] no figuraba entre los “amigos” a quienes estaba destinada la carta de Techow. Por el contenido de la carta, sin embargo, Vogt comprendió perfectamente que, entre otros, me había sido dirigida a mí, pero se guardó muy bien de pedirme permiso para publicarla.»

La solución del enigma se halla contenida en un pasaje de la carta de Schily citada anteriormente[f] y que he reservado para este momento. Escribe:

«Debo decir aquí algo sobre Ranickel porque es a través de él como la carta de Techow debe de haber caído en manos de Vogt, punto de su carta que yo casi había pasado por alto. Esta carta fue escrita por Techow a amigos con los que había vivido en Zúrich: Schimmelpfennig, B. y E. Como amigo de ellos y de Techow, también yo pude leerla más tarde. Cuando fui brutal y sumariamente expulsado de Suiza (sin que mediara orden previa de expulsión, fui simplemente detenido en la calle en Ginebra e inmediatamente transportado desde allí), no se me permitió volver a mi alojamiento para arreglar mis asuntos. Desde la prisión de Berna escribí a un hombre de confianza en Ginebra, un maestro zapatero llamado...»

[a] Karl Emmermann.— *Ed.*
[b] Véase Carl Vogt, *Mein Prozess*..., págs. 142-161.— *Ed.*
[c] Friedrich von Beust.— *Ed.*
[d] Ranickel.— *Ed.*
[e] Ranickel.— *Ed.*
[f] Véase este volumen, págs. 43-46.— *Ed.*

*El señor Vogt.—IV. La carta de Techow* 77

Thum, pidiéndole que buscara a alguno u otro de mis amigos que pudiera hallarse todavía en Ginebra (pues yo ignoraba si alguno de ellos había corrido la misma suerte), que pudiera empaquetar mis pertenencias y enviarme las más valiosas a Berna, poniendo entretanto el resto a buen recaudo. Quería que esa persona ordenase mis papeles, cuidando en particular de que no se me remitiese nada que no pudiera soportar el tránsito por Francia. Thum hizo lo que le pedí y la carta de Techow se quedó atrás. Entre mis pertenencias había una serie de papeles relativos a una rebelión de los parlamentarios contra el comité local ginebrino para la distribución de dinero a los refugiados (el comité se componía de tres ciudadanos ginebrinos, entre ellos Thum, y dos refugiados, Becker y yo). Ranickel conocía bien esos papeles, pues se había puesto del lado del comité contra los parlamentarios. Por esa razón, yo le había pedido a Thum, en calidad de tesorero y archivero del comité, que sacase esos papeles con ayuda de Ranickel. Bien puede ser ahora que, teniendo una razón legítima para estar presente mientras se ordenaban mis papeles, Ranickel se apoderase de algún modo de la carta de Techow. Quizá se la diera alguno de los que los ordenaban. No discuto en modo alguno la transferencia de la carta a su posesión, en cuanto distinta de la transferencia del derecho de propiedad de mí a él. Al contrario, reclamo esto último de manera bien explícita. Pronto le escribí a Ranickel desde Londres pidiéndole que me enviara la carta. Pero no lo hizo, y su culpa manifesta* data de ese momento. Al principio fue probablemente solo levis*, pero luego fue aumentando, según el grado de su complicidad en la publicación no autorizada de la carta, hasta magna o maxima culpa* o incluso hasta dolus. No dudo ni por un instante de que la publicación de la carta fue no autorizada y de que ninguno de los destinatarios dio su permiso, pero escribiré de todos modos a E. para que me lo confirme. Tampoco puede dudarse de que Ranickel colaboró en la publicación, dada su notoria intimidad con Vogt. Y aunque no deseo en lo más mínimo criticar esa intimidad, no puedo dejar de señalar el contraste con la relación que antes tenían. Pues Ranickel no solo había sido uno de los mayores enemigos de los parlamentarios en general; también había proferido las amenazas más espeluznantes respecto al Regente Imperial en particular. «¡Estrangularé a ese tipo —solía gritar—, aunque tenga que ir a Berna para hacerlo!», y tuvimos que contenerlo por la fuerza para que no llevase a cabo su intención regicida. Pero ahora que las escamas parecen habérsele caído de los ojos, y Saulo se ha vuelto Pablo*, siento gran curiosidad por ver cómo se las ingeniará para eludir otra obligación: la de convertirse en el vengador de Europa. «He librado una dura lucha —solía decir en los días en que vacilaba entre Europa y América—, pero ahora ha terminado. ¡Me quedaré y... me vengaré! ¡¡Que tiemble Bizancio!»* !

Hasta aquí la carta de Schily.
Ranickel, pues, desenterró* la carta de Techow entre los papeles dejados por Schily. A pesar de la petición de Schily desde Londres, la retuvo. La carta así malversada fue entregada por el «amigo» Ranickel al «amigo» Vogt, y el «amigo» Vogt, con su característica delicadeza de conciencia, se declaró autorizado a publicarla, ya que Vogt y Ranickel son «amigos». Quien, por tanto, escribe una carta para ser «comunicada» a «amigos», escribe necesariamente en beneficio de los «amigos» Vogt y Ranickel —arcades ambo*.

Debo disculparme si esta peculiar suerte de jurisprudencia me lleva de vuelta a acontecimientos pasados hace tiempo y medio olvidados. Pero Ranickel lo ha comenzado y yo debo proseguir.

La «Liga de los Comunistas» fue fundada en París en 1836, originariamente bajo otro nombre.* La organización que se fue desarrollando gradualmente era como sigue: cierto número de miembros formaba una «comunidad»; las distintas comunidades de una misma ciudad constituían un «distrito» [Kreis], y un número variable de distritos se unían en «distritos dirigentes» [leitende Kreise]. A la cabeza del conjunto se hallaba la «Autoridad Central», elegida en un congreso compuesto por delegados de todos los distritos, pero que tenía el derecho de completar su propio número y, en caso de emergencia, de nombrar provisionalmente a su sucesor. La Autoridad Central tuvo su sede primero en París, y luego, desde 1840 hasta comienzos de 1848, en Londres. Los presidentes de las comunidades y distritos, así como la propia Autoridad Central, eran elegidos. Esta constitución democrática, enteramente inadecuada para sociedades secretas conspiradoras, no era incompatible, por decirlo en los términos más suaves, con las tareas que incumbían a una asociación de propaganda. Las actividades de la «Liga» consistían, ante todo, en fundar asociaciones públicas de educación obrera alemana, y la mayoría de las asociaciones de este género que aún existen en Suiza, Inglaterra, Bélgica y los Estados Unidos fueron fundadas directamente por la «Liga» o bien por personas que en algún momento pertenecieron a ella. La constitución de estas asociaciones obreras es, en consecuencia, la misma en todas partes. Un día por semana se dedicaba a la discusión, otro a actividades sociales (canto, recitaciones, etc.). Se creaban bibliotecas en todas partes y, donde era posible, se iniciaban clases de enseñanza elemental para la instrucción de los obreros. La «Liga», que estaba detrás de las asociaciones públicas de educación y las guiaba, encontró en ellas tanto el foro más conveniente para la propaganda pública como un semillero de cuyos miembros más útiles podía nutrir y engrosar sus propias filas. Dada la vida itinerante de los artesanos alemanes, solo en raras ocasiones tenía la Autoridad Central que enviar emisarios especiales.

En lo que concierne a la doctrina secreta de la «Liga», esta experimentó todas las transformaciones del socialismo y el comunismo franceses e ingleses, así como de sus versiones alemanas (por ejemplo, las fantasías de Weitling). Después de 1839, como se pone de manifiesto en el informe Bluntschli*, la cuestión religiosa pasó a desempeñar el papel más importante, junto al problema social. Las diversas fases por las que atravesó la filosofía alemana de 1839 a 1846 fueron seguidas con el más vivo interés en estas sociedades obreras. La forma secreta de la sociedad se remonta a sus orígenes parisinos. El propósito principal de la Liga —la propaganda entre los obreros de Alemania— dictó la conservación de esta forma en años posteriores. Durante mi primera estancia en París* entablé contacto personal con los dirigentes de la «Liga» que allí residían, así como con los dirigentes de la mayoría de las asociaciones secretas obreras francesas, sin convertirme, empero, en miembro de ninguna de ellas. En Bruselas, adonde me había enviado la orden de expulsión de Guizot, fundé, junto con Engels, W. Wolff y otros, la Asociación Obrera Alemana de Educación*, que aún existe hoy. Al mismo tiempo, publicamos una serie de folletos*, en parte impresos, en parte litografiados, en los que criticábamos sin piedad el popurrí de socialismo o comunismo franco-inglés y de filosofía alemana que a la sazón constituía la doctrina secreta de la «Liga». En su lugar proponíamos el estudio científico de la estructura económica de la sociedad burguesa como el único fundamento teórico sostenible. Además, exponíamos en forma popular que no se trataba de poner en práctica un sistema utópico cualquiera, sino de participar conscientemente en el proceso histórico que, ante nuestros propios ojos, estaba revolucionando la sociedad. Como consecuencia de estas actividades, la Autoridad Central de Londres entabló correspondencia con nosotros y, a fines de 1846, envió a Bruselas a uno de sus miembros, un relojero llamado Joseph Moll, que más tarde cayó como soldado de la revolución en el campo de batalla de Baden*, para invitarnos a ingresar en la «Liga». Moll disipó nuestras dudas y objeciones revelándonos que la Autoridad Central se proponía convocar un Congreso de la Liga en Londres, donde las opiniones críticas que habíamos expresado serían expuestas en un manifiesto público como doctrina de la Liga. Sin embargo, argüía que, si se quería vencer a los elementos atrasados y recalcitrantes, era indispensable nuestra participación personal, pero que esto solo podía arreglarse si nos convertíamos en miembros de la «Liga». Así pues, ingresamos en ella. El Congreso, en el que estuvieron representados miembros de Suiza, Francia, Bélgica, Alemania e Inglaterra, tuvo lugar* y, tras acalorados debates durante varias semanas, adoptó el Manifiesto del Partido Comunista*, escrito por Engels y por mí, que apareció impreso a comienzos de 1848 y fue traducido más tarde al inglés, francés, danés e italiano. Al estallar la revolución de Febrero, la Autoridad Central de Londres me confió la dirección de la «Liga». Durante el período revolucionario en Alemania, sus actividades cesaron por sí mismas, pues ahora existían vías más eficaces para la realización de sus fines. Cuando, a fines del verano de 1849, llegué a Londres tras ser expulsado de Francia por segunda vez, encontré que la Autoridad Central se había reconstruido de entre sus ruinas y que se habían restablecido los vínculos con los distritos reconstituidos de la Liga en Alemania. Willich llegó a Londres pocos meses más tarde y fue admitido en la Autoridad Central a propuesta mía. Me lo había recomendado Engels, que había actuado como su ayudante en la campaña por la Constitución Imperial. Para redondear la historia de la Liga, solo añadiré que el 15 de septiembre de 1850 se produjo una escisión en la Autoridad Central.* Su mayoría, Engels y yo incluidos, trasladó la sede de la Autoridad Central a Colonia, que durante mucho tiempo había sido el «distrito dirigente» de Alemania Central y Meridional y que, después de Londres, era el centro más importante de actividad intelectual.

Al mismo tiempo, nos dimos de baja en la Sociedad Obrera de Educación de Londres. La minoría de la Autoridad Central, en cambio, incluidos Willich y Schapper, creó una Liga aparte* que mantenía relaciones con la Sociedad Obrera de Educación y reanudó también el contacto con Suiza y Francia, interrumpido desde 1848. El 12 de noviembre de 1852, los acusados en el proceso de los comunistas de Colonia fueron condenados. Pocos días después, a propuesta mía,

A propuesta mía, la Liga fue declarada disuelta.* Incluí un documento relativo a la disolución, fechado en noviembre de 1852, en el dossier de mi acción contra la *National-Zeitung*. La razón allí aducida para la disolución de la Liga es que, con las detenciones en Alemania, es decir, desde la primavera de 1851, había cesado en todo caso todo contacto con el continente y que, además, las circunstancias ya no eran favorables para una sociedad de propaganda de este tipo. Unos meses más tarde, a principios de 1853, la Liga separada de Willich-Schapper también murió de muerte natural.

Las cuestiones de principio que subyacen a la escisión arriba mencionada se exponen en mis *Revelaciones sobre el proceso de los comunistas*, que contiene un extracto del acta de la reunión de la Autoridad Central del 15 de septiembre de 1850. La causa práctica inmediata de la escisión fueron los intentos de Willich de implicar a la “Liga” en las aventuras revolucionarias de la emigración democrática alemana. El desacuerdo se vio exacerbado por interpretaciones totalmente contrapuestas de la situación política. Citaré sólo un ejemplo. Willich había concebido la idea de que la querella entre Prusia y Austria sobre la cuestión del Electorado de Hesse y la Confederación Germánica conduciría a graves conflictos y crearía una oportunidad para la intervención práctica del partido revolucionario. El 10 de noviembre de 1850, poco después de la escisión de la “Liga”, publicó una proclama en este sentido, titulada *Aux démocrates de toutes les nations*<sup>c</sup>, bajo las firmas de la Autoridad Central de la “Liga separada”, así como de refugiados franceses, húngaros y polacos. Engels y yo, por el contrario, como puede verse en la *Neue Rheinische Zeitung. Revue* (número doble, mayo a octubre de 1850, Hamburgo, pp. 174, 175), sosteníamos lo contrario: que “nada de este ruido llevará a nada... Sin que se haya derramado una sola gota de sangre, las partes contendientes”, es decir, Austria y Prusia, “se reunirán en los bancos de la Dieta Federal” en Frankfurt “sin que haya la menor disminución en sus mezquinos celos mutuos, ni en sus disensiones con sus súbditos, ni en su irritación por la supremacía rusa”.<sup>*</sup>

<sup>*</sup> a. Véase la carta de Marx a Engels del 19 de noviembre de 1852 (presente edición, t. 39). Una copia de la carta se encuentra en el cuaderno de notas de Marx de 1860. — Ed.
b. Véase la presente edición, t. 11. — Ed.
c. *Le Constitutionnel*, 18 de noviembre de 1850. Marx cita el texto de esta proclama en su carta a Engels del 2 de diciembre de 1850 (véase la presente edición, t. 38). — Ed.
d. Véase “Revista, mayo a octubre [de 1850]” (presente edición, t. 10, p. 528). Las cursivas fueron introducidas por Marx en *Herr Vogt*. — Ed.

Ahora puede juzgarse por el siguiente documento si la individualidad de Willich (cuyo valor, dicho sea de paso, no pretendemos poner en duda) y los recuerdos, entonces (1850) aún frescos, de sus experiencias en Besançon le permitían considerar “imparcialmente” conflictos que las opiniones contradictorias habían vuelto inevitables y no cesaban de renovar:

«La Brigada alemana en Nancy
al ciudadano Joh. Philipp Becker en Biel,
presidente de la asociación militar alemana “Self-Help”<sup>78</sup>

Ciudadano:

Le escribimos para informarle, como representante electo de todos los refugiados republicanos alemanes, que en Nancy se ha formado una brigada de refugiados alemanes que lleva el nombre: “Brigada alemana en Nancy”.

Los refugiados que componen la actual Brigada proceden en parte de antiguos miembros de la Brigada del Vesle y en parte de destacamentos de la Brigada de Besançon. Factores de índole puramente democrática son los responsables del alejamiento de estos últimos de Besançon.

El hecho es que, en todo lo que hacía, Willich consultaba muy rara vez a la Brigada. De ahí que los principios que regían en la Brigada de Besançon no se discutieran ni decidieran por todos los miembros, sino que Willich los decretara *a priori* y los pusiera en vigor sin la aprobación de la Brigada.

Es más, Willich aportó también pruebas de su naturaleza despótica *a posteriori* bajo la forma de una serie de órdenes dignas de un Jellachich o un Windischgrätz, pero no de un republicano.

Willich ordenó a un hombre llamado Schön, que quería darse de baja de la Brigada, que se quitara los zapatos nuevos, comprados con los ahorros de la Brigada, pasando por alto que también Schön había aportado su parte a esos ahorros, que consistían principalmente en los 10 sueldos diarios por cabeza que pagaban los franceses como subsidio… Schön quería llevarse los zapatos, pero Willich le obligó a dejarlos.

Varios miembros valiosos de la Brigada fueron conminados por Willich, sin consultar a la Brigada, a abandonar Besançon por faltas triviales tales como ausencias en el pase de lista, en la instrucción, impuntualidad (por la noche), pequeñas rencillas, etc. Podían ir a África, observó, pues no tenían derecho a permanecer en Francia, y si no iban a África, él se encargaría de que fueran extraditados a Alemania. Alegaba que el Gobierno francés le había otorgado autoridad para ello, pero tras las oportunas indagaciones, la Prefectura de Besançon declaró que eso era falso. Casi todos los días, en el pase de lista, Willich anunciaba: *A quien no le guste estar aquí puede irse, si quiere; cuanto antes, mejor; puede ir a África, etc.* En una ocasión profirió también la amenaza general de que cualquiera que se negara a obedecer sus órdenes podía ir a África o que él, Willich, lo haría extraditar a Alemania. Esto nos llevó a hacer la mencionada indagación en la Prefectura. Como consecuencia de estas amenazas diarias, muchos estaban hartos de la vida en Besançon, donde, según decían, a uno le provocaban constantemente para que tirara por la borda todo ese mezquino asunto. *Si queremos ser esclavos*, dijeron, *podemos ir a Rusia, y no tuvimos necesidad de empezar la lucha en Alemania*. En resumen, declararon que ya no podían soportarlo en Besançon a ningún precio, sin entrar en serios conflictos con Willich. Por eso se marcharon de Besançon, pero como en aquel momento no había otra brigada a la que pudieran unirse y no podían vivir solos con los 10 sueldos, no tuvieron más remedio que alistarse para África, y así lo hicieron. De esta manera Willich redujo a la desesperación a treinta dignos ciudadanos y es culpable de que se hayan perdido para la causa nacional.

Además, Willich fue tan imprudente de elogiar siempre en el pase de lista a sus viejos colegas, denigrando a los nuevos, y esto provocó continuos roces. En una ocasión Willich llegó a declarar en el pase de lista que los prusianos eran muy superiores a los alemanes del sur en cabeza, corazón y cuerpo, o como él dijo, en capacidades físicas, morales e intelectuales. Los alemanes del sur, en cambio, eran indolentes, o más bien, *estúpidos* era lo que quería decir, pero no se atrevió del todo. De esta manera, Willich consiguió enfurecer a los alemanes del sur, que eran una gran mayoría. Hemos dejado lo peor para el final:

Hace dos semanas, la 7ª Compañía permitió a un hombre llamado Baroggio, a quien Willich había expulsado arbitrariamente del cuartel, pasar una noche más en su cuarto. A pesar de la negativa de Willich a permitirlo, lo acogieron en su cuarto y lo defendieron contra los partidarios de Willich, sastres fanáticos. Willich mandó entonces traer cuerdas y atar a los rebeldes. Las cuerdas realmente se trajeron, pero aunque Willich tenía la voluntad de hacer ejecutar su orden, no tenía el poder… Estas son las razones por las que ellos han abandonado la Brigada.

No hemos escrito esta carta para acusar a Willich. Pues el carácter y las intenciones de Willich son buenos, y muchos de nosotros lo respetamos. Pero no nos gustaba la manera en que intenta alcanzar sus fines, ni todos los medios que utiliza. Willich tiene buena intención, pero se cree la sabiduría misma y la *ultima ratio* y piensa que todo el que se le opone, aun en cuestiones nimias, es un necio o un traidor. En resumen, Willich no reconoce más opinión que la suya. Es un aristócrata espiritual y un déspota; cuando se ha propuesto algo, no retrocede fácilmente ante los medios necesarios para llevarlo a la práctica. Pero basta: nosotros conocemos ya a Willich. Conocemos sus fuerzas y sus debilidades; por eso ya no estamos en Besançon. Por cierto, al marcharnos de Besançon todos declaramos que nos separábamos de Willich, pero que no queríamos darnos de baja de la asociación militar alemana “Self-Help”.

Esto también vale para los miembros de la Brigada del Vesle…

Asegurándole nuestro constante respeto, terminamos con un saludo fraternal de la Brigada en Nancy.

Aprobado en asamblea general, 13 de noviembre de 1848.

Nancy, 14 de noviembre de 1848

En nombre y por encargo de la Brigada,
B…, Secretario»

Volvamos ahora a la carta de Techow. Como en otros reptiles, su veneno está en la cola, a saber, en la posdata del 3 de septiembre (1850). Se refiere a un duelo entre el señor Willich y mi amigo Konrad Schramm, muerto prematuramente. En el duelo, que tuvo lugar en Amberes a principios de septiembre de 1850, Techow y Barthélemy, un francés, actuaron como padrinos de Willich. Techow escribió a Schimmelpfennig “para comunicarlo a nuestros amigos”:

«Ellos” (es decir, Marx y sus seguidores) “han lanzado a su campeón Schramm contra Willich que le había atacado” (Techow quiere decir: a quien él había atacado) “con las invectivas más vulgares y finalmente le había desafiado a un duelo.» (“Magnum Opus”, pp. 156, 157.)

Mi refutación de este estúpido infundio se publicó hace siete años en el folleto, ya citado, *El caballero de la noble conciencia*, Nueva York, 1853.

En aquel tiempo, Schramm aún vivía. Al igual que Willich, residía en los Estados Unidos.

El padrino de Willich, Barthélemy, aún no había sido ahorcado; el padrino de Schramm, el digno oficial polaco Miskowsky, aún no había muerto quemado,'<sup>?</sup> y el señor Techow no podía haber olvidado aún la carta que había escrito “para comunicarla a nuestros amigos”.

En el mencionado folleto se encuentra una carta de mi amigo Frederick Engels, fechada en Manchester, 23 de noviembre de 1853, al final de la cual escribe:

«En la reunión de la Autoridad Central, cuando se llegó al desafío de un duelo entre Schramm y Willich,<sup>80</sup> se supone que yo» (Engels) «“he cometido el crimen” (según Willich) “de haber ‘salido de la sala’ junto con Schramm poco antes de que tuviera lugar la escena y de haber, por tanto, preparado de antemano toda la escena. Antes” (según Willich) “se alegaba que era Marx quien había ‘azuzado’ a Schramm; ahora, para variar, se supone que lo hice yo. Un duelo entre un teniente prusiano, veterano en el tiro de pistola, y un comerciante que quizás nunca había tenido una pistola en la mano, era en verdad un medio notable para ‘deshacerse’ del teniente. Sin embargo, el amigo Willich sostenía en todas partes, de palabra y por escrito, que nosotros habíamos querido que lo fusilaran… Sencillamente, Schramm estaba furioso por la conducta desvergonzada de Willich y, para gran asombro de todos nosotros, le desafió a un duelo. Pocos minutos antes, el mismo Schramm no tenía la menor idea de que se llegaría a esto. Jamás fue una acción más espontánea… Schramm salió” (de la sala) “sólo después de que Marx se dirigiera a él personalmente, pues quería evitar cualquier escándalo ulterior.

Fr. Engels» (*El caballero*, etc., p. 7.)<sup>*</sup>

Hasta qué punto estaba yo lejos de prever que Techow se prestaría a ser vehículo de este estúpido infundio, puede verse en el siguiente pasaje del mismo folleto:

«Al principio, como el propio Techow nos contó a Engels y a mí a su regreso a Londres, Willich estaba firmemente convencido de que yo, a través de Schramm, apuntaba a eliminarlo de este mundo, y puso por escrito esta idea en todas partes. Sin embargo, tras reflexionar más detenidamente, le pareció imposible que un táctico diabólico como yo pudiera dar con el…

Véase la presente edición, vol. 12, págs. 492, 493. Las cursivas fueron introducidas por Marx en *Herr Vogt*. — *Ed.*

Herr Vogt—IV. Carta de Techow 85

idea de deshacerse de él por medio de un duelo con Schramm” (loc. cit., pág. 9).<sup>a</sup>

El chismorreo que Techow transmitió al señor Schimmelpfennig para “comunicación a nuestros amigos” era un rumor de oídas que él se limitó a repetir. Karl Schapper, quien tomó partido por Willich cuando más tarde se produjo la escisión en la Liga y que presenció el desafío, me ha escrito esta carta al respecto:

“5 Percy Street, Bedford Square,
27 de septiembre de 1860

“Querido Marx,

“En cuanto a la riña entre Schramm y Willich:

“Estalló durante una reunión de la Autoridad Central como resultado de una acalorada discusión entre ambos que surgió por azar en el curso del debate. Aún recuerdo muy bien que hiciste todo lo posible por restablecer la calma y zanjar el asunto y que pareciste tan sorprendido por esta explosión repentina como yo mismo y todos los demás presentes.

“Salute,
Tu Karl Schapper”

Por último, vale la pena mencionar que pocas semanas después del duelo, en una carta fechada el 31 de diciembre de 1850, el propio Schramm me acusó de ser parcial hacia Willich. La desaprobación que Engels y yo habíamos expresado abiertamente, tanto antes del duelo como después de él, le había molestado momentáneamente. Su carta y otros papeles suyos y de Miskowsky relativos al duelo, que han llegado a mis manos, están a disposición de sus familiares para su examen. No deben ser expuestos a la mirada del público.

Cuando Konrad Schramm me visitó de nuevo en Londres a mediados de julio de 1857, tras su regreso de los Estados Unidos, su impetuoso, alto y juvenil cuerpo ya se había derrumbado bajo el impacto de una tisis galopante, que sin embargo no había hecho más que realzar el efecto de sus rasgos sorprendentemente hermosos. Con el sentido del humor que le era peculiar y que nunca le abandonó ni por un momento, lo primero que me mostró, riendo mientras lo hacía, fue la noticia de su muerte que un indiscreto amigo ya había publicado en un periódico alemán de Nueva York basándose en un rumor.<sup>b</sup> Por consejo médico, Schramm fue a St. Hélier, en Jersey, donde Engels y yo lo vimos por última vez. Schramm murió el 16 de enero de 1858. En su entierro, al que asistió toda la población liberal de St. Hélier y la totalidad de la emigración allí residente,

<sup>a</sup> ibid., pág. 496. Las cursivas fueron introducidas por Marx en *Herr Vogt*. — *Ed.*
<sup>b</sup> Véase la carta de Marx a Engels del 9 de abril de 1857 (presente edición, vol. 40). El periódico al que se hace referencia es *Neue Zeit*. — *Ed.*

86

allí, la oración fúnebre fue pronunciada por uno de los mejores oradores populares ingleses, G. Julian Harney, conocido anteriormente como uno de los líderes cartistas y que había sido amigo de Schramm durante su estancia en Londres. La naturaleza ardiente, fogosa y emprendedora de Schramm, que nunca pudo ser refrenada por preocupaciones mundanas, se combinaba con una comprensión crítica, una inteligencia original, un humor irónico y una ingenua cordialidad. Era el Percy Hotspur de nuestro partido.

Volvamos a la carta del señor Techow. Pocos días después de su llegada a Londres, tuvo una larga reunión con nosotros tarde una noche<sup>a</sup> en una taberna donde Engels, Schramm y yo hicimos de anfitriones. Describe la reunión en su carta del 26 de agosto de 1850 a Schimmelpfennig, “para comunicación a nuestros amigos”.<sup>b</sup> Yo nunca le había visto antes y sólo le vi una o dos veces después, y aun así brevemente. Sin embargo, de inmediato hizo un análisis penetrante de mí y de mis amigos, examinando de cerca nuestras mentes, corazones y entrañas, y se apresuró a enviar una carta que contenía una descripción psicológica a nuestras espaldas a Suiza, aconsejando cuidadosamente a sus “amigos” que fuera reproducida y distribuida en secreto.

Techow se preocupa mucho por el estado de mi “corazón”. Generosamente me abstendré de seguirle a este terreno. “Ne parlons pas morale”,<sup>c</sup> como dice la grisette parisina cuando su amigo empieza a hablar de política.

Detengámonos un momento en el destinatario de la carta del 26 de agosto, el ex teniente prusiano Schimmelpfennig. No conozco personalmente a este caballero y nunca le he visto. Citaré dos cartas para transmitir su carácter. La primera, que doy sólo en extracto, me fue dirigida por mi amigo W. Steffen, antiguo teniente prusiano y maestro en la Escuela de División. Está fechada en Chester, el 23 de noviembre de 1853,<sup>d</sup> y escribe:

“Willich envió una vez a un ayudante llamado Schimmelpfennig” (a Colonia). “Me hizo el cumplido de convocarme a su presencia y estaba firmemente convencido de que podía evaluar toda la situación desde el principio mejor que cualquiera que estuviera involucrado en ella día a día. Por consiguiente, se formó una opinión muy baja de mí cuando le dije que los oficiales del ejército prusiano distarían mucho de considerarse afortunados de poder luchar bajo su bandera y la de Willich y que ciertamente no estaban inclinados a proclamar la república de Willich de inmediato. Se enfadó aún más cuando nadie se mostró lo bastante necio como para ofrecerse a duplicar la proclama que había traído consigo preparada y que exhortaba a los oficiales a declararse a favor de lo que él llamaba democracia.

<sup>a</sup> El 21 de agosto de 1850. — *Ed.*
<sup>b</sup> Véase Carl Vogt, *Mein Prozess*..., págs. 142-61. — *Ed.*
<sup>c</sup> “No hablemos de moral”. — *Ed.*
<sup>d</sup> Véase Carl Vogt, *Mein Prozess*..., pág. 150. Las cursivas y negritas son de Marx. — *Ed.*

Herr Vogt—IV. Carta de Techow 87

“Furioso, partió de lo que me describió como ‘una Colonia esclavizada por Marx’. Dispuso que la duplicación de su disparate se hiciera en otro lugar y lo envió a un gran número de oficiales con el resultado de que el casto misterio de su astuto plan para convertir a los oficiales prusianos a la causa republicana fue prostituido por el ‘Spectator’ de la *Kreuz-Zeitung*.”

En la época de esta aventura, Steffen, que sólo vino a Inglaterra en 1853, me era completamente desconocido. Aún más reveladora es la autocaracterización de Schimmelpfennig en la siguiente carta al mismo Hörfel que más tarde fue desenmascarado como agente de la policía francesa. Él era el corazón y el alma del Comité Revolucionario fundado en París a finales de 1850 por Schimmelpfennig, Schurz, Hafner y otros amigos de Kinkel en aquellos días y mantenía relaciones de intimidad con esos dos matadores Schurz y Schimmelpfennig.

Schimmelpfennig a Hörfel (en París, 1851):

“Aquí” (en Londres) “han tenido lugar los siguientes acontecimientos.... Hemos escrito a todos nuestros amigos con alguna influencia” (en América) “pidiéndoles que preparen el terreno para el empréstito” (el Empréstito Kinkel) “ante todo hablando durante algún tiempo sobre el poder de la conspiración, tanto personalmente como en la prensa, y subrayando que la gente que valga la pena nunca abandonará el campo de batalla — ni los alemanes, ni los franceses ni los italianos.” (¿La historia no no tiene fecha?<sup>a</sup>) “... Nuestro trabajo va ahora por buen camino. Si abandonáis a la gente demasiado obstinada, pronto reflexionarán y llegarán a aceptar las condiciones impuestas. Puesto que el trabajo es ahora firme y seguro, mañana estableceré contacto con Ruge y Haug.... Mi propia posición social, como la tuya, es muy opresiva. Es vital que nuestros asuntos empiecen a moverse pronto.” (Es decir, el negocio del Empréstito Revolucionario de Kinkel.)

“Tu Schimmelpfennig”<sup>b</sup>

Esta carta de Schimmelpfennig se encuentra en las *Enthüllungen* que A. Ruge publicó en el *Herold des Westens*, Louisville, 11 de septiembre de 1853. Schimmelpfennig, que ya vivía en los Estados Unidos cuando aparecieron, nunca impugnó la autenticidad de la carta. Las *Enthüllungen* de Ruge están reimpresas de un documento titulado “Aus den Akten des Berliner Polizeipräsidiums”. Consiste en notas marginales de Hinckeldey y en papeles que fueron encontrados por la policía francesa en posesión de Schimmelpfennig y Hörfel en París, o fueron descubiertos en casa del pastor Dulon en Bremen, o, por último, fueron confiados a la prensa germano-americana durante la Guerra de Ranas y Ratones entre la Unión de Agitación de Ruge y la Sociedad de Emigrados de Kinkel,<sup>c</sup> por los propios hermanos enemistados. Típica es la ironía con la que

<sup>a</sup> Marx ridiculiza la frase antigramatical de Schimmelpfennig aludiendo a una afirmación igualmente antigramatical hecha por el príncipe Lichnowski, diputado reaccionario de la Asamblea Nacional de Fráncfort, quien dijo en una de las sesiones: “Für das historische Recht gibt es kein Datum nicht” (“Con respecto al derecho histórico no no existe fecha”) (cf. presente edición, vol. 7, pág. 369). — *Ed.*
<sup>b</sup> ibid., pág. 152. — *Ed.*
<sup>c</sup> Carl Vogt, *Mein Prozess*..., pág. 150. Las cursivas y negritas son de Marx. — *Ed.*

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Hinckeldey observa que Schimmelpfennig interrumpió abruptamente su viaje a través de Prusia como misionero a favor del Empréstito Revolucionario de Kinkel porque “¡se imaginaba que era perseguido por la policía”! Las mismas *Enthüllungen* contienen una carta de Karl Schurz, “el representante del Comité de París” (es decir, el de Hörfel, Hafner, Schimmelpfennig, etc.) “en Londres”, en la que encontramos:

“Ayer se decidió que de los miembros de la emigración aquí se pidiera a Bucher, al Dr. Frank, a Redz de Viena y a Techow, que pronto estará aquí, que se unieran a las discusiones. N.B. A Techow no se le debe informar de esta decisión por el momento, ni verbalmente ni por escrito, antes de su llegada.” (Karl Schurz a sus “queridos hombres” en París, Londres, 16 de abril de 1851.)

Fue a uno de estos “queridos hombres”, el señor Schimmelpfennig, a quien Techow dirige su carta del 26 de agosto de 1850 para “comunicación a nuestros amigos”. Comienza informando al “querido hombre” de teorías que yo había estado tratando de mantener en estricto secreto, pero que él detectó de inmediato en nuestro único encuentro por medio del proverbio “in vino veritas”.

“Yo,” relata el señor Techow al señor Schimmelpfennig, “para comunicación a nuestros amigos”, “yo ... declaré finalmente que siempre me los había imaginado” (es decir, a Marx, Engels, etc.) “por encima de todas esas tonterías sobre un establo paradisíaco comunista a la Cabet, etc.” (*“Magnum Opus”*, pág. 150.)<sup>a</sup>

¡Imaginado! De modo que Techow ni siquiera conocía los hechos elementales sobre nuestros puntos de vista, pero fue sin embargo lo bastante magnánimo y condescendiente para *imaginar* que no eran exactamente “tonterías”.

Dejando de lado las obras científicas, incluso si hubiera leído el *Manifiesto del Partido Comunista*, que más tarde llama mi “Catecismo Proletario”, habría encontrado en él un capítulo detallado con el título “Literatura socialista y comunista”, y al final de este capítulo una sección titulada “Socialismo y comunismo crítico-utópicos”, en la que se dice:

“Los sistemas socialistas y comunistas propiamente dichos, los de Saint-Simon, Fourier, Owen y otros, brotan en el primer período, poco desarrollado, antes descrito, de la lucha entre el proletariado y la burguesía... Los fundadores de estos sistemas vieron ciertamente los antagonismos de clase, así como la acción de los elementos disolventes en la forma de sociedad imperante. Pero el proletariado no les ofrecía más que el espectáculo de una clase sin ninguna iniciativa histórica ni ningún movimiento político independiente. Puesto que el desarrollo del antagonismo de clase avanza al mismo ritmo que el

<sup>a</sup> Carl Vogt, *Mein Prozess*..., pág. 150. Las cursivas y negritas son de Marx. — *Ed.*

Herr Vogt.—IV. Carta de Techow 89

desarrollo de la industria, la situación económica, tal como ellos la encuentran,
no les ofrece aún las condiciones materiales para la
emancipación del proletariado. Buscan, pues, una
ciencia social, unas leyes sociales, que creen esas condiciones.
La acción social debe ceder el paso a su acción inventiva personal,
las condiciones históricamente creadas de la emancipación a condiciones fantásticas,
y la organización gradual, por clases, del proletariado a una
organización de la sociedad especialmente urdida por estos inventores. La historia
futura se resuelve, a sus ojos, en la propaganda y la
ejecución práctica de sus planes sociales.... La importancia del
socialismo y el comunismo crítico-utópicos guarda una relación
inversa con el desarrollo histórico..... Por eso, aunque los
creadores de estos sistemas fueron, en muchos aspectos, revolucionarios,
sus discípulos han formado, en todos los casos, meras sectas reaccionarias
[...] y [...] sueñan todavía con la realización experimental de sus utopías
sociales, con la fundación de «falansterios» aislados, con el establecimiento de «Colonias
Familiares», con la erección de una «Pequeña Icaria»* — ediciones en doceavo de la
Nueva Jerusalén...” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848, págs. 21,
22)

En las palabras finales, se alude explícitamente a la Icaria de Cabet, o «granero paradisíaco»,
por usar la expresión de Techow, como una
«edición en doceavo de la Nueva Jerusalén».

La confesa ignorancia total de Techow acerca de las ideas que Engels
y yo habíamos publicado años antes de nuestro encuentro con él
es el factor que explica por completo su malentendido. Unas
pocas citas bastarán para caracterizarlo adecuadamente:

«Él» (Marx) «se ríe de los tontos que repiten ciegamente su Catecismo Proletario
tras él, del mismo modo que se ríe de comunistas como Willich y de la burguesía. Los
únicos hombres a los que respeta son los aristócratas, los que son puros aristócratas, y son
conscientes de serlo. Para desalojarlos del poder necesita una fuerza que sólo puede hallar
en el proletariado. Por eso su sistema está cortado a la medida de esa fuerza» (“Magnum
Opus”, pág. 152). 

* Falansterios eran colonias socialistas según el plan de Charles Fourier; Icaria era
el nombre dado por Cabet a su utopía y, más tarde, a su colonia comunista americana. [Nota de Engels a la edición inglesa de 1888.] 

«Colonias Familiares» era lo que Owen llamaba a sus sociedades comunistas modelo.
Falansterios era el nombre de los palacios públicos planeados por Fourier. Icaria era el
nombre dado a la tierra utópica de fantasía, cuyas instituciones comunistas retrató Cabet. [Nota de Engels a la edición alemana de 1890.]

a Aquí y más abajo Marx cita de la primera edición alemana del Manifiesto del
Partido Comunista, publicado en Londres en 1848 (véase la presente edición, Vol. 6, págs. 514-15,
516). Las cursivas fueron introducidas por Marx en El señor Vogt.— Ed.

Techow «imagina» así que yo he escrito un «Catecismo Proletario».
Se refiere al Manifiesto que critica y, si él
gusta, «ridiculiza» el socialismo y el comunismo utópicos de todo tipo. Sólo que
este «ridiculizar» no era un asunto tan simple como Techow
«imagina», sino que requirió una buena cantidad de trabajo, como podía ver en
mi libro contra Proudhon, Miseria de la filosofía (1847).* Techow
«imagina» además que yo he «cortado a la medida» un «sistema», mientras que,
por el contrario, incluso en el Manifiesto que estaba destinado directamente
a los trabajadores, rechacé sistemas de todo tipo y en su lugar insistí
en «una visión crítica de las condiciones, la línea de marcha y los
resultados finales generales del movimiento real de la sociedad».” Tal
«visión» no puede ser repetida a ciegas, ni puede ser «cortada a la medida» como una
canana. De una rara ingenuidad es la visión de las relaciones entre
aristocracia, burguesía y proletariado, tal como Techow las «imagina»
y me las imputa.

Yo «respeto» a la aristocracia, me «río» de la burguesía, y
«corto a la medida un sistema» para el proletariado, usándolos para «desalojar a la
aristocracia del poder». En la primera sección del Manifiesto,
titulada «Burgueses y proletarios» (véase Manifiesto, pág. 11),° se
argumenta detalladamente que el dominio económico y, por tanto también, de una forma
u otra, el político de la burguesía es la precondición esencial
tanto de la existencia del proletariado moderno como
de la creación de las «condiciones materiales para su emancipación».
«El desarrollo del proletariado moderno» (véase Neue Rheinische
Zeitung. Revue, enero de 1850, pág. 15) «está, en general, condicionado por
el desarrollo de la burguesía industrial. Sólo bajo su dominio
gana el proletariado esa extensa existencia nacional que
puede elevar su revolución a una nacional, y crea él mismo
los medios de producción modernos, que se convierten en otros tantos
medios de su emancipación revolucionaria. Sólo su dominio arranca
las raíces materiales de la sociedad feudal y allana el terreno sobre el que
únicamente es posible una revolución proletaria.»* Declaré en consecuencia en
la misma «Revista» que cualquier revolución en la que Inglaterra no tomara
parte no era más que una «tormenta en un vaso de agua».” Engels había
ya expuesto la misma opinión en 1845 en La situación de la clase obrera en Inglaterra.‘ De ahí que en países donde una aristocracia

a Véase la presente edición, Vol. 6.— Ed. 

b ibíd., pág. 497.— Ed. 

c ibíd., págs. 495-96.— Ed. 

d Karl Marx, Las luchas de clases en Francia, 1848 a 1850 (véase la presente edición, Vol.
10, pág. 56). Las cursivas fueron introducidas por Marx en El señor Vogt.— Ed. 

e Véase la presente edición, Vol. 4.— Ed. 

El señor Vogt.—IV. Carta de Techow 91

en el sentido continental del término —y esto es lo que Techow
entendía por «aristocracia»— tiene todavía que ser «desalojada del poder», la
primera precondición de una revolución proletaria está en mi opinión
ausente, a saber, la existencia de un proletariado industrial a
escala nacional.

Techow podía haber hallado mi opinión sobre la actitud hacia el
movimiento burgués adoptada por los trabajadores alemanes en particular
expresada muy claramente en el Manifiesto.

«En Alemania [los comunistas] luchan junto a la burguesía
siempre que ésta actúa de manera revolucionaria, contra la monarquía
absoluta, los terratenientes feudales y el filisteísmo [Kleinbürgertum].
Pero no cesan nunca, ni por un solo instante, de inculcar a la clase
obrera el más claro reconocimiento posible del antagonismo hostil
entre burguesía y proletariado, etc.» (Manifiesto, pág. 23.)*

Cuando comparecí ante un jurado burgués en Colonia acusado de
«rebelión», argumenté en la misma línea: «La sociedad burguesa moderna todavía tiene clases, pero ya no estamentos. Su desarrollo
reside en la lucha entre estas clases, pero éstas permanecen
unidas contra los estamentos y su monarquía por la gracia de
Dios.» (“Dos procesos políticos, ventilados ante los jurados de febrero
en Colonia 1849”, pág. 59.)**

¿Qué otra cosa hizo la burguesía liberal en sus llamamientos al
proletariado entre 1688 y 1848 sino «cortar sistemas y
frases a la medida» para usar la fuerza del proletariado para desalojar a la
aristocracia del poder? ¡Así que el señor Techow descubre que el meollo
del asunto oculto en mi teoría secreta es el liberalismo burgués de
la especie más cruda! ¡Tant de bruit pour une omelette!*** Puesto que, por otro
lado, Techow sabía perfectamente que «Marx» no era ningún liberal
burgués, no le quedó finalmente otra opción que «irse con la
impresión de que su supremacía personal era el objetivo de todas
sus acciones». «Todas mis acciones», ¡qué descripción tan moderada de mi
única entrevista con el señor Techow!

Techow confía además a su Schimmelpfennig, «para
comunicación a nuestros amigos», que yo había expresado la siguiente
opinión monstruosa:

«A fin de cuentas, es del todo indiferente que esta miserable Europa sea destruida, cosa que debe suceder dentro de un breve espacio de tiempo sin una revolución social, y que luego América explote el viejo sistema a expensas de Europa.» (“Magnum Opus”, pág. 148.) 

Mi conversación con Techow tuvo lugar a finales de agosto
de 1850. En el número de febrero de 1850 de la Neue Rheinische Zeitung.
Revue, es decir, ocho meses antes de que Techow espigara este secreto de mis
labios, revelé las siguientes opiniones al público alemán:

«Llegamos ahora a América. El hecho más importante que ha
ocurrido aquí, más importante que la revolución de febrero, es
el descubrimiento de las minas de oro de California... Ya ahora, después de
apenas dieciocho meses, se puede predecir que este descubrimiento
tendrá consecuencias mucho más impresionantes que el descubrimiento de
América misma.... Por segunda vez el comercio mundial toma una nueva
dirección ... el Océano Pacífico tendrá el mismo papel que el
Atlántico tiene ahora y el Mediterráneo tuvo en la antigüedad y
en la Edad Media —el de la gran vía acuática del comercio
mundial; y el Atlántico decaerá al estatus de un mar interior,
como el Mediterráneo hoy en día. La única posibilidad que
las naciones civilizadas de Europa tendrán entonces, de no caer en la misma
dependencia industrial, comercial y política a la que Italia,
España y Portugal están ahora reducidas, reside en una revolución social.»
(Revue, núm. 2, febrero de 1850, págs. [76,] 77.)° 

Pero la idea de que la vieja Europa será «destruida dentro de un breve
espacio de tiempo» y América accederá al trono a la mañana siguiente,
pertenece al señor Techow. La claridad de mi propia opinión sobre
las perspectivas inmediatas de América en aquel tiempo puede verse en
otro pasaje de la misma «Revista»: «La sobreespeculación
se desarrollará muy pronto, y aun si el capital británico se involucra
a gran escala [...] sin embargo, esta vez Nueva York seguirá siendo el centro
de toda la estafa y, como en 1836, será la primera en
sufrir cuando se derrumbe.» (Revue, número doble, mayo a octubre
de 1850, pág. 149.)° Este pronóstico para América, que hice en 1850,
se vio plenamente confirmado por la gran crisis comercial de 1857. En cuanto a «la vieja
Europa», por otra parte, habiendo dado cuenta de la
reactivación de su economía, paso a decir: «Con esta prosperidad
general, en la que las fuerzas productivas de la sociedad burguesa

a En este pasaje Marx omitió las cursivas de Vogt e introdujo negritas.— Ed. 

b Véase la presente edición, Vol. 10, págs. 265-66. La palabra «entonces» en la última frase
fue introducida por Marx en El señor Vogt.— Ed. 

c Aquí e inmediatamente abajo Marx cita, con ligeras alteraciones, de
“Revista, mayo a octubre [1850]” (véase la presente edición, Vol. 10, págs. 506 y 510).
Las cursivas fueron introducidas por Marx en El señor Vogt.— Ed. 

El señor Vogt.—IV. Carta de Techow 93

se desarrollan de manera tan exuberante ... no puede hablarse de una verdadera
revolución.... Las varias disputas en las que los representantes de
las fracciones individuales del partido continental del orden ahora
se complacen y se comprometen mutuamente, lejos de proporcionar
la ocasión para la revolución, son, por el contrario, posibles sólo
porque la base de las relaciones es momentáneamente tan segura y,
lo que la reacción no sabe, tan burguesa. Todos los intentos
reaccionarios de frenar el desarrollo burgués rebotarán contra él tan
ciertamente como toda indignación moral y todas las proclamas entusiastas
de los demócratas. Una nueva revolución sólo es posible como consecuencia
de una crisis» (loc. cit., pág. 153).

Y, de hecho, la historia europea no ha vuelto a entrar en una fase aguda y, si se quiere, revolucionaria hasta la crisis de 1857-58. De hecho, fue precisamente durante el período reaccionario de 1849 a 1859 cuando la industria y el comercio en el Continente, y con ellos los fundamentos materiales de la dominación política de la burguesía, se desarrollaron en una medida hasta entonces inaudita. De hecho, durante este período «toda la indignación moral y todas las proclamas entusiastas de los demócratas» rebotaron contra las realidades de las condiciones económicas.

Si Techow tomó el lado serio de nuestras discusiones tan humorísticamente, lo compensó con la seriedad con que respondió a su lado humorístico. Con cara compungida, informa a su Schimmelpfennig «para comunicación a nuestros amigos»:

«Además, Marx declaró: En las revoluciones los oficiales son siempre la mayor amenaza; [...] de La Fayette a Napoleón, una serie de traidores y traiciones. Siempre habría que tener preparados para ellos la daga y el veneno». (“Magnum Opus”, pág. 153.)[a]

Ni siquiera Techow pretenderá afirmar que la perogrullada sobre las actividades traicioneras de «los militares» sea una opinión original mía. Mi originalidad consistiría más bien en la «daga y el veneno» que siempre hay que tener preparados. ¿Es que no sabía ya entonces Techow que gobiernos realmente revolucionarios, como el Comité du salut public, tenían preparados antídotos para «los militares» que eran muy drásticos, aunque menos melodramáticos? La daga y el veneno pertenecen realmente al repertorio habitual de una oligarquía veneciana. Si Techow volviera a examinar su carta, quizás notaría la ironía en lo de la «daga y el veneno». El compinche de Vogt, Edouard Simon, el notorio espía bonapartista, tradujo la última parte de la carta de Techow en la

[a] En este pasaje, las cursivas son de Vogt.— Ed.

Revue contemporaine (XIII, París, 1860, pág. 528, en su «Le procès de M. Vogt, etc.») añadiendo su propia glosa:

«Marx n’aime pas beaucoup voir des officiers dans sa bande. Les officiers sont trop dangereux dans les révolutions.

“TL faut toujours tenir préts pour eux le poignard et le poison!

“Techow, qui est officier, se le tient pour dit; il se rembarque et retourne en Suisse».[b]

Según Edouard Simon, el pobre Techow estaba tan aterrorizado al pensar en la «daga y el veneno» que yo tenía preparados, que inmediatamente se dio a la fuga, se embarcó y regresó a Suiza. El imperial Vogt imprime el pasaje sobre la «daga y el veneno» en negrita, para hacer estremecer a los filisteos alemanes. Sin embargo, el mismo alegre caballero escribió en sus llamados Studien:

«Hoy el cuchillo y el veneno del español brillan con gloria aún mayor —pues lo que estaba en juego era la independencia de la nación» (loc. cit., pág. 79).[c]

Dicho sea de paso: las fuentes históricas españolas e inglesas que tratan del período 1807-1814 han refutado hace mucho tiempo los cuentos sobre el veneno inventados por los franceses. Pero para los políticos demagogos, por supuesto, sobreviven incólumes.

Paso ahora, por último, al «chismorreo» en la carta de Techow y ofreceré algunas muestras de su imparcialidad histórica:

«La conversación se centró primero en la cuestión de la competencia entre ellos y nosotros, Suiza y Londres. [...] Tenían que mantener los derechos de la vieja Liga, la cual, debido a su propia política partidista específica, por supuesto no podía tolerar otra liga que operara en el mismo ámbito» (el proletariado) («Magnum Opus», pág. 143).[d]

La organización rival en Suiza a la que Techow se refiere aquí y como cuyo representante, por así decirlo, se dirigió a nosotros, era la ya mencionada «Centralización Revolucionaria». Su Comité Central estaba ubicado en Zúrich y su presidente era un abogado, ex vicepresidente de uno de los parlamentos de bolsillo de 1848 y miembro de uno de los gobiernos provisionales en Alemania

[b] «A Marx no le gusta mucho ver oficiales en su banda. Los oficiales son demasiado peligrosos en las revoluciones. “¡Hay que tener siempre preparados para ellos el puñal y el veneno!” “Techow, que es oficial, se dio por aludido; volvió a embarcarse y regresó a Suiza”» (Edouard Simon, «Un tableau de moeurs politiques en Allemagne. Le procès de M. Vogt avec la gazette d’Augsbourg», Revue contemporaine, t. 13, París, 15 de febrero de 1860). Las cursivas son de Simon.— Ed.
[c] Carl Vogt, Studien zur gegenwärtigen Lage Europas, pág. 79. Las cursivas son de Marx.— Ed.
[d] Carl Vogt, Mein Prozess..., pág. 143.— Ed.

en 1849.[e] En julio de 1850, Dronke fue a Zúrich,[*] donde, como

miembro de la «Liga» de Londres, recibió de ese abogado una especie de contrato legal «para comunicación» a mí. Cito textualmente:

«Considerando la necesidad de una unión de todos los elementos verdaderamente revolucionarios, y puesto que todos los miembros del Comité Central Revolucionario han reconocido el carácter proletario de la próxima revolución, aunque no todos pudieran aceptar sin reservas el programa adoptado en Londres (el Manifiesto de 1848), la organización comunista y la Centralización Revolucionaria han acordado los siguientes puntos:

»1. Ambas partes acuerdan continuar trabajando lado a lado: la Centralización Revolucionaria se esforzará por preparar la próxima revolución intentando unir a todos los elementos revolucionarios, la asociación de Londres tratará de preparar el dominio del proletariado concentrándose principalmente en la organización de los elementos proletarios;

»2. La Centralización Revolucionaria instruirá a sus agentes y emisarios para que, al formar secciones en Alemania, se llame la atención de los miembros que parezcan cualificados para unirse a la organización comunista sobre la existencia de una organización dedicada principalmente a la promoción de los intereses proletarios;

»3. y 4. Que la dirección en el “Comité Central Revolucionario” para Suiza sólo se confiará a auténticos partidarios del Manifiesto de Londres, y que debería haber un intercambio general de información.»

Es evidente a partir de este documento, que aún está en mi poder, que no se trataba de dos sociedades secretas que «operaran en el mismo ámbito» (el proletariado), sino de una alianza entre dos sociedades con objetivos diferentes que operaban en ámbitos diferentes. Es igualmente evidente que la «Centralización Revolucionaria» se declaró dispuesta a actuar como una especie de organización filial de la «Liga de los Comunistas», además de perseguir sus propios fines.

La propuesta fue rechazada porque era incompatible con los principios de la «Liga».

«Luego le tocó el turno a Kinkel.... A esto respondieron.... Nunca habían luchado por la popularidad barata, ¡al contrario! [...] En lo que respecta a Kinkel, no le habrían envidiado en absoluto su popularidad barata, si se hubiera quedado callado. Pero una vez que publicó ese discurso de Rastatt en el Berliner Abend-Post[e] la paz ya no fue posible. Sabían perfectamente que habría una protesta general; habían previsto claramente que la existencia de su actual periódico» (Rheinische Zeitung. Revue) «estaba en juego. Es más, sus temores se habían hecho realidad. Todo el asunto los había arruinado, habían perdido a todos sus suscriptores en la Provincia del Rin y tuvieron que cerrar el periódico. Pero no les haría ningún daño» (loc. cit., págs. 146-148).[f]

Primero, una corrección fáctica. No es cierto que la Revue se cerrara en ese momento, ya que tres meses después apareció un número más, doble.[g] Tampoco habíamos perdido un solo suscriptor en la Provincia del Rin, como puede atestiguar mi viejo amigo J. Weydemeyer, ex teniente de artillería prusiano y, en aquel entonces, redactor del Neue Deutsche Zeitung en Fráncfort, ya que fue él quien tuvo la amabilidad de recaudar las suscripciones para nosotros. Por lo demás, Techow, que sólo conocía de oídas los escritos de Engels y míos, debió al menos haber leído nuestra crítica —que él mismo critica— del discurso de Kinkel. ¿Por qué entonces enviar esta información confidencial a sus «queridos hombres» en Suiza? ¿Por qué «revelarles» lo que nosotros mismos habíamos revelado al público cinco meses antes? Escribimos en la crítica mencionada:

«Sabemos de antemano que provocaremos la ira general de los estafadores sentimentales y los declamadores democráticos al denunciar ante nuestro partido este discurso del “capturado” Kinkel. Esto nos es completamente indiferente. Nuestra tarea es la de una crítica implacable, y al mantener esta posición renunciamos gustosamente a la popularidad democrática barata. Nuestro ataque no empeorará en modo alguno la posición del señor Kinkel; denunciamos su amnistía confirmando su confesión de que no es el hombre que la gente pretende que es, ¡y declarando que es digno, no sólo de ser amnistiado, sino incluso de entrar al servicio del Estado prusiano! Además, su discurso ha sido publicado» (Neue Rheinische Zeitung. Revue, abril de 1850, págs. 70, 71).[h]

Techow afirma que nosotros «comprometimos» a los petits grands hommes[i] de la revolución. Sin embargo, no utiliza la palabra «comprometer» en el sentido policiaco del señor Vogt. Por el contrario, se refiere a la operación mediante la cual despojamos del ofensivo disfraz a aquellas ovejas que se habían vestido con piel de lobo revolucionario, preservándolas así del destino del célebre trovador provenzal[j] que fue despedazado por los perros porque éstos tomaron en serio la piel de lobo que llevaba para ir de caza.

Como ejemplo de nuestros ataques ofensivos, Techow destaca la glosa incidental sobre el general Sigel que se encuentra en el relato de Engels sobre la «campaña por la Constitución del Reich» (véase Revue, marzo de 1850, págs. 70-78).[k]

Ahora bien, la crítica de Engels, que se basa en pruebas documentales, debería compararse con las siguientes maledicencias insulsas y trilladas sobre ese mismo general Sigel, publicadas aproximadamente un año después de nuestro encuentro con Techow por la «Asociación de Emigrados» de Londres, dirigida por Techow, Kinkel, Willich, Schimmelpfennig, Schurz, H. B. Oppenheim, Eduard Meyen, etc. Es más, esto se publicó únicamente porque Sigel pertenecía a la «Unión de Agitación» de Ruge, en lugar de a la «Asociación de Emigrados» de Kinkel.

El 3 de diciembre de 1851, el Baltimore Correspondent, que en aquel entonces era una especie de Moniteur de Kinkel, publicó la siguiente descripción de Sigel bajo el título «La Unión de Agitación en Londres»:

[e] Samuel Erdmann Tschirner.— Ed.
[f] a Discurso de Gottfried Kinkel ante el consejo de guerra en Rastatt el 4 de agosto de 1849, Abend-Post, núms. 78 y 79, 5 y 6 de abril de 1850.— Ed. b Carl Vogt, Mein Prozess..., págs. 146-148.— Ed.
[g] El número en cuestión —Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue, núm. 5-6— apareció a finales de noviembre de 1850.— Ed.
[h] Véase la presente edición, Vol. 10, págs. 174-179.— Ed.
[i] Pequeños grandes hombres.— Ed.
[j] Vidal Peire.— Ed.
[k] Véase la presente edición, Vol. 10, págs. 174-179.— Ed.

Contemplemos una vez más a estos dignos hombres que consideran a todos los demás como un «político inmaduro». Sigel, el comandante supremo. Si alguien le pregunta alguna vez a la musa de la historia cómo a una insignificancia tan insípida se le otorgó el mando supremo, ella se verá aún más perpleja para dar una explicación que en el caso de aquel cretino de Napoleón. Este último es al menos «el sobrino de su tío»; Sigel, sin embargo, es sólo «el hermano de su hermano». Su hermano^[b]^ se convirtió en un oficial popular a raíz de sus observaciones críticas sobre el gobierno, observaciones provocadas por sus frecuentes arrestos por conducta desordenada. El joven Sigel consideró esto razón suficiente, en la confusión temprana que prevalecía al estallar la revolución, para proclamarse comandante supremo y ministro de la Guerra. La artillería de Baden, que a menudo había demostrado su valía, contaba con muchos oficiales mayores y más experimentados que deberían haber tenido precedencia sobre este joven teniente Sigel, y no se sintieron poco indignados cuando tuvieron que obedecer a un joven insignificante cuya inexperiencia sólo era igualada por su incompetencia. Pero allí estaba Brentano, tan insensato y traicionero como para permitir cualquier cosa que pudiera arruinar la revolución. Es un hecho ridículo, pero no por ello menos hecho, que Sigel se ascendió a sí mismo al rango de general en jefe y que Brentano aprobó retrospectivamente su nombramiento... Es ciertamente digno de mención que Sigel abandonara a los soldados más valientes del ejército republicano en las desesperadas y desesperanzadas batallas en Rastatt y la Selva Negra, sin los refuerzos que había prometido, mientras él mismo paseaba por Zúrich con las charreteras y en el carruaje del príncipe von Fürstenberg, y se pavoneaba como un interesante comandante supremo desdichado. Ésta es la bien conocida talla de este político maduro que, «comprensiblemente orgulloso» de sus hazañas heroicas anteriores, se impuso como comandante supremo por segunda vez, en esta ocasión en la Unión de la Agitación. Éste es el gran hombre conocido, el «hermano de su hermano».[d]

a Der Deutsche Correspondent (Baltimore).— Ed.
b Albert Sigel.— Ed.
c Presumiblemente una analogía con El Gran Desconocido, es decir, Sir Walter Scott, que era llamado así porque hasta 1827 sus novelas aparecieron anónimamente.— Ed.
d Este pasaje también se cita en el panfleto Los grandes hombres del exilio de Marx y Engels (véase la presente edición, vol. 11, pág. 324).— Ed.

La imparcialidad nos obliga a prestar oído también a la «Unión de la Agitación» de Ruge en la persona de su portavoz Tausenau. En una carta abierta dirigida «Al ciudadano Seidensticker», Londres, 14 de noviembre de 1851, Tausenau escribe con referencia a la «Asociación de Emigración» dirigida por Kinkel, Techow, etc.:

«... Afirman su convicción de que la unión de todos en interés de la revolución es un deber patriótico urgente. La Unión de la Agitación Alemana comparte esta convicción, y sus miembros lo han demostrado con sus esfuerzos sostenidos por lograr la unidad con Kinkel y sus partidarios. Pero tan pronto como parecía establecerse una base para la cooperación política, ésta se desvanecía de nuevo, y a las viejas decepciones seguían otras nuevas. Acciones prepotentes en violación de acuerdos previos, intereses separados bajo la apariencia de conciliación, la sistemática “amañación” de mayorías, la aparición de cantidades desconocidas como líderes de partido, los intentos de imponer un comité secreto de finanzas son sólo algunos de los trucos tortuosos y jugadas de ajedrez a los que los políticos inmaduros recurren siempre en el exilio, creyendo que guían los destinos de su país, mientras que en realidad el primer resplandor de la revolución disipará todas esas vanidades y las dispersará a los vientos... Fuimos denunciados oficial y públicamente por los partidarios de Kinkel; la prensa alemana reaccionaria, que nos estaba vedada, está repleta de informes favorables a Kinkel y hostiles hacia nosotros. Finalmente, Kinkel emprendió el viaje a los Estados Unidos para utilizar su proyecto del llamado Empréstito Alemán como medio de imponernos una unión, o más bien un estatus de subordinación y dependencia que es el objetivo de todo aquel que propone una fusión financiera entre dos partidos. La partida de Kinkel se mantuvo tan en secreto que no nos enteramos de ella hasta que leímos en la prensa americana sobre su llegada a Nueva York... Todo esto, y otras consideraciones del mismo tipo, fueron motivos imperiosos para persuadir a revolucionarios serios que no se sobrestimaban, pero que, conociendo sus logros anteriores, podían afirmar con confianza que, en cualquier caso, sectores claramente definidos del pueblo estaban detrás de ellos, a entrar en una asociación que busca, a su manera, promover los intereses de la revolución.»[a]

Se le reprocha además a Kinkel que los fondos que había recaudado se utilizarían en beneficio de «una camarilla», como «todo su comportamiento aquí» (en Londres) «y en América pone de manifiesto», al igual que «la mayoría de los garantes nombrados por el propio Kinkel».

Tausenau concluye diciendo:

«No prometemos a nuestros amigos ni intereses sobre su dinero ni el reembolso de sus donaciones patrióticas; pero sabemos que responderemos a su confianza en nosotros mediante nuestros logros positivos» (¿servicios justos?) «y una contabilidad escrupulosa, y que un día, cuando lleguemos a publicar sus nombres, la gratitud de la nación los esperará» (Baltimore Wecker del 29 de noviembre de 1851).

Éste era el tipo de «actividad literaria» mantenida en las columnas de la prensa germanoamericana durante tres años por los héroes democráticos de la «Unión de la Agitación» y la «Asociación de la Emigración», a los que más tarde se unió la «Liga Revolucionaria de los Dos Mundos» * fundada por Goegg. (Véase Apéndice 6.)

La trifulca de los refugiados en la prensa americana, dicho sea de paso, fue inaugurada por una batalla de papel[a] entre los parlamentarios Zitz y Roesler von Oels.

a Este pasaje se encuentra en el cuaderno de notas de Marx de 1860.— Ed.

Herr Vogt.—IV. La carta de Techow 99

Un hecho más para caracterizar a los «hombres queridos» de Techow.

Schimmelpfennig, a quien iba dirigida la carta de Techow «para comunicarla a nuestros amigos», había creado un llamado Comité Revolucionario en París a finales de 1850 (como ya hemos mencionado) junto con Horfel, Hafner, Goegg y otros (K. Schurz se unió en una fecha posterior).

Hace unos años, un documento escrito por un antiguo miembro del Comité a un refugiado político aquí me fue entregado para que lo utilizara a mi antojo. El documento aún está en mi poder.

Dice, entre otras cosas:

«Schurz y Schimmelpfennig eran, en efecto, todo el Comité. También consiguieron una especie de asociados, pero eran meramente para aparentar. Estos dos caballeros creían firmemente en aquel entonces que pronto podrían poner a su Kinkel, del que prácticamente se habían apropiado, a la cabeza de los asuntos en Alemania. Detestaban particularmente los sarcasmos de Ruge y la crítica y la actividad demoníaca de Marx. En una reunión de estos caballeros con sus asociados nos hicieron una descripción realmente muy interesante de Marx y nos transmitieron una impresión exagerada de los peligros pandemónicos que representaba.... Schurz-Schimmelpfennig propuso una moción para destruir a Marx. Los medios que recomendaron fueron insinuaciones e intrigas, y las calumnias más desvergonzadas. Entonces se procedió a una votación favorable y a una resolución, si es que se pueden usar estas palabras para describir sus payasadas infantiles. El siguiente paso fue el esbozo de carácter de Marx publicado en la sección literaria del Hamburger Anzeiger a principios de 1851. Fue escrito por L. Hafner sobre la base de la descripción antes mencionada de Schurz y Schimmelpfennig.»

En cualquier caso, existe la más sorprendente afinidad entre el ensayo de Hafner y la carta de Techow, aunque ni el uno ni la otra pueden igualar la Lousíada de Vogt. Es importante no confundir la Lousíada con Los lusiadas de Camoens. La Lousíada original era más bien una epopeya burlesca de Peter Pindar.[?]

a El artículo de Leopold Hafner se publicó en el Hamburger Nachrichten el 28 de febrero de 1851.— Ed.

100

V
REGENTE IMPERIAL Y CONDE PALATINO

Vidi un col capo si di merda lordo,
Che non parea, s’era laico, o cherco,
Quei mi sgrid6: perché se’ tu si ’ngordo
Di riguardar piu me che gli altri brutti.
(Dante) *

Vogt, rechazado por los Bristlers, experimenta una poderosa necesidad de mostrar por qué la «Pandilla del Azufre» lo había señalado como su bête noire. Por esta razón, Cherval y la «conspiración frustrada» en la Fiesta Conjunta de Lausana se complementan con la aventura del «regente imperial fugitivo», una aventura que no tenía menos realidad que ellas. No debemos olvidar que Vogt fue en un tiempo gobernador de la isla parlamentaria de Barataria. Su historia es la siguiente:

«A principios de 1850 apareció el Deutsche Monatsschrift de Kolatschek. [...] Inmediatamente después de la publicación del primer número, la Pandilla del Azufre, actuando a través de uno de sus camaradas que partió rumbo a América sin demora, emitió un panfleto con el título Der flüchtige Reichsregent Vogt mit seinem Anhange und die Deutsche Monatsschrift von Adolf Kolatschek, obra que también fue mencionada por la Allgemeine Zeitung.... Todo el sistema de la Pandilla del Azufre se revela una vez más en este panfleto» (loc. cit., págs. [162-]163).[a]

Continúa explicando con tediosa extensión cómo, en el panfleto referido, un artículo anónimo sobre Gagern, escrito por el profesor Hagen, fue «atribuido» al regente imperial fugitivo Vogt, porque

* Vi un hombre con la cabeza tan manchada de mierda, que no se distinguía si era laico o clérigo. Aquél me gritó: ¿Por qué tienes tanto afán por mirarme a mí más que a los otros que están sucios? (Kannegiesser) Divina Comedia, Infierno, Canto XVIII. Kannegiesser es el nombre del traductor alemán.]

a Aquí y a continuación Marx cita de Mein Prozess... de Vogt, págs. 162-63. Las cursivas son de Marx.— Ed.

Herr Vogt.—V. Regente imperial y conde palatino 101

«la Pandilla del Azufre sabía» que Hagen «estaba viviendo en Alemania en aquel tiempo, que había sido hostigado por la policía de Baden y que no podía ser nombrado sin exponerlo a vejaciones del tipo más desagradable» (pág. 163).

En su carta del 6 de febrero de 1851, Schily me escribió desde París:

«Ese Greiner que, a mi leal saber, nunca ha estado en Ginebra, y ha sido vinculado con la Pandilla del Azufre, es el resultado de su nota necrológica al “regente imperial fugitivo”, por la cual se responsabilizó a d’Ester y se le proscribió en los círculos parlamentarios hasta que yo aclaré las cosas en una carta a un amigo de Vogt.»

Greiner fue miembro del Gobierno Provisional del Palatinado. El gobierno de Greiner fue un «horror sin paliativos» (véase Studien de Vogt, pág. 28), al menos para mi amigo Engels, a quien hizo arrestar bajo un cargo falsificado en Kirchheim. Engels mismo ha dado un relato detallado de toda la tragicomedia en la Neue Rheinische Zeitung. Revue (febrero de 1850, págs. 53-55). Y eso es todo lo que sé sobre el Herr Greiner. El hecho de que el regente imperial fugitivo haya logrado implicarme en su querella con el «Conde Palatino» revela «una vez más» el «sistema entero» mediante el cual nuestro ingenioso narrador ha compuesto la historia de la vida y hazañas de «la Pandilla del Azufre».

Sin embargo, lo que me lo hace simpático es el verdadero humor falstaffiano que mostró al hacer que el Conde Palatino partiera rumbo a América «sin demora». El Conde Palatino, habiendo lanzado su panfleto contra el «regente imperial fugitivo» como un disparo parto, fue repentinamente sobrecogido por el horror. Lo que hizo que Greiner huyera de Suiza a Francia, de Francia a Inglaterra. Ni siquiera el Canal de la Mancha pareció ofrecer suficiente protección, de modo que huyó precipitadamente a un vapor de la Cunard en Liverpool, donde gritó sin aliento al capitán: «¡Zarpemos, a través del Atlántico!». Y el «severo marinero» respondió:

«Yo te salvaré de las manos del Vogt,
mas del poder de la tormenta otro habrá de prestarte auxilio.»[a]

[a] Marx cita la carta de Schily del 8 de febrero de 1860.— Ed.
[b] Ludwig Simon.— Ed.
[c] Véase La campaña por la Constitución Imperial Alemana (presente edición, vol. 10, págs. 200-202).— Ed.
[d] Marx utiliza la palabra inglesa.— Ed.
[e] Marx utiliza la frase inglesa.— Ed.
[f] Schiller, Guillermo Tell, Acto I, Escena 1.— Ed.

102
VI
VOGT Y LA NUEVA GACETA RENANA

«Sin kumber was manecvalt.»[a]

El propio Vogt afirma que su «propósito» al escribir su «Magnum Opus» (pág. 162) es aclarar «el desarrollo de su actitud personal hacia esta camarilla» (Marx y Cía.). Curiosamente, sólo describe conflictos que nunca ha experimentado y sólo experimenta conflictos que nunca ha descrito. Así pues, es necesario confrontar sus patrañas con un fragmento de historia real. Quien hojee la Nueva Gaceta Renana (1 de junio de 1848-19 de mayo de 1849) descubrirá que en 1848 el nombre de Vogt no aparece, salvo una única excepción,[b] ni en sus artículos de fondo ni en su sección de correspondencia. Sólo se encontrará en las crónicas diarias de los debates parlamentarios y, para inmensa satisfacción de Vogt, el corresponsal de Fráncfort[c] nunca dejó de consignar concienzudamente los «aplausos» que le tributaban por «los discursos pronunciados por él mismo». Vimos que, mientras la derecha en Fráncfort disponía de las fuerzas unidas de un arlequín como Lichnowski y un payaso como von Vincke, la izquierda se veía obligada a depender enteramente de los esporádicos estallidos de farsa de su único e incomparable Vogt. Comprendimos que necesitaba estímulo,

«ese importante sujeto,
el asombro infantil: el Signor Punchinello»,[d]

y, por tanto, dejamos que el corresponsal de Fráncfort hiciera de las suyas. Después de mediados de septiembre de 1848, sus crónicas experimentaron un cambio de tono.

En los debates sobre la Tregua de Malmö, Vogt intentó provocar una insurrección con sus peroratas revolucionarias.[a] En el momento decisivo, hizo todo lo posible por impedir la aprobación de las resoluciones que habían sido adoptadas por la asamblea popular en la Pfingstweide y aprobadas por un sector de la extrema izquierda. Después de que los combates de barricadas fueran sofocados, con Fráncfort abiertamente transformada en un campamento militar y proclamado el estado de sitio, ese mismo Vogt declaró el 19 de septiembre que era partidario de discutir con urgencia la resolución de Zachariä que aprobaba las medidas ya tomadas por el Ministerio Imperial y expresaba gratitud a las tropas imperiales.[b] Antes de que Vogt tomara la palabra, incluso Venedey[c] había protestado contra la «urgencia» de estas resoluciones, declarando que semejante discusión en semejante momento era indigna de la Asamblea. Pero Vogt era inferior a Venedey. Como castigo, inserté la palabra «charlatán» en la crónica parlamentaria después de la palabra «Vogt», como indirecta al corresponsal de Fráncfort.[d]

En el octubre siguiente, Vogt no sólo desatendió su deber de blandir su espada de palo de arlequín sobre las cabezas de la entonces vocinglera y ferozmente reaccionaria mayoría. Ni siquiera se atrevió a firmar la protesta presentada por Zimmermann de Spandau el 10 de octubre en nombre de unos 40 diputados, oponiéndose a la ley para la protección de la Asamblea Nacional.[e] La ley, como señaló acertadamente Zimmermann, representaba la más desvergonzada injerencia en los derechos populares conquistados en la revolución de marzo: derecho de reunión, libertad de expresión y de prensa. Incluso Eisenmann[f] presentó una protesta similar. Pero Vogt era inferior a Eisenmann. Cuando volvió a aventurarse con motivo de la fundación de la «Asociación Central de Marzo»,[g] su nombre apareció por fin en un artículo de la Nueva Gaceta Renana (29 de diciembre de 1848), en el que se calificaba a la «Asociación de Marzo» de «herramienta inconsciente de la contrarrevolución», se despedazaba críticamente su programa y se presentaba a Vogt como la mitad de una figura bicéfala cuya otra mitad era Vincke. Más de una década después, ambos «Ministros del Futuro» reconocieron su afinidad y eligieron la partición de Alemania como lema de su unidad.

Que nuestra valoración de la «Asociación de Marzo» era correcta no sólo lo confirmó su posterior «desarrollo». La «Liga Popular» de Heidelberg, la «Asociación Democrática» de Breslavia, la «Asociación Democrática» de Jena, etc., rechazaron todas con desdén sus importunas ofertas amorosas, y los miembros de la extrema izquierda que se habían adherido a ella confirmaron nuestra crítica del 29 de diciembre de 1848 al anunciar su dimisión el 20 de abril de 1849. Vogt, sin embargo, en la serena grandeza de su alma, amontonó ascuas de fuego sobre nuestras cabezas, como puede verse en la siguiente cita:

«Nueva Gaceta Renana, núm. 243, Colonia, 10 de marzo de 1849.
“La llamada Asociación de Marzo de Fráncfort, de la también llamada ‘Asamblea Imperial’, ha tenido la insolencia de enviarnos la siguiente carta litografiada:

‘La Asociación de Marzo ha decidido confeccionar una lista de todos los periódicos que nos han cedido espacio en sus columnas y distribuirla a todas las asociaciones con las que estamos en contacto, a fin de que, con la ayuda de esta asociación, se dé preferencia a los periódicos indicados en el suministro de todos los anuncios pertinentes. Al informarle por la presente de esta lista, creemos innecesario llamar su atención sobre la importancia de los anuncios pagados de un periódico como fuente principal de ingresos para toda la empresa. [....] Fráncfort, finales de febrero de 1849.

’El Comité Directivo
de la Asociación Central de Marzo’

“En la lista adjunta de periódicos que han cedido espacio en sus columnas a la Asociación de Marzo y a los que los partidarios de la Asociación de Marzo deberían dar preferencia en el suministro de ‘anuncios pertinentes’, se encuentra también la Nueva Gaceta Renana, a la que, además, se le otorga el honor de un asterisco. Por la presente hacemos saber [...] que nuestro periódico nunca ha cedido espacio en sus columnas a la llamada Asociación de Marzo.... Si, por tanto, la Asociación de Marzo, en su informe litografiado a aquellos periódicos que realmente le han cedido espacio en sus columnas, designa a nuestro periódico como uno de sus órganos, esto es simplemente una calumnia contra la Nueva Gaceta Renana y una absurda jactancia por parte de la Asociación de Marzo...

“A la sucia observación de los patriotas ávidos de ganancias y aguijoneados por la competencia sobre la importancia de los anuncios pagados de un periódico como fuente de ingresos para toda la empresa, nosotros, por supuesto, no respondemos. La Nueva Gaceta Renana siempre se ha distinguido de los patriotas no sólo en general, sino también en que nunca ha considerado el movimiento político como un terreno para estafadores o una fuente de ingresos.”»[a]

Poco después de este brusco rechazo de la fuente de ingresos ofrecida por Vogt y Cía., la Nueva Gaceta Renana fue puesta como modelo de «verdadera desunión alemana», entre lágrimas, en una reunión de la Asociación Central de Comercio.[b] Al final de nuestra respuesta a esta jeremiada (Nueva Gaceta Renana, núm. 248), se describe a Vogt como un «fanfarrón cervecero académico de provincias y un Barrot imperial fracasado».[c] Cierto es que en aquel momento (15 de marzo) todavía no se había comprometido en la cuestión del Emperador. Pero nosotros ya habíamos formado de una vez por todas nuestra opinión sobre el señor Vogt y podíamos, por tanto, considerar su futura traición como una conclusión inevitable, incluso antes de que al propio Vogt le resultara clara.

A partir de entonces, por lo demás, abandonamos a Vogt y Cía. a las atenciones del joven Schlöffel, que era tanto valiente como inteligente. Había llegado a Fráncfort desde Hungría a principios de marzo, tras lo cual nos mantuvo informados de todas las tormentas en el estanque imperial de ranas.

Entretanto, Vogt había caído tan bajo —él mismo, por supuesto, había hecho más para provocarlo que la Nueva Gaceta Renana— que hasta Bassermann pudo atreverse a tacharlo de «apóstata y renegado» en la sesión del 25 de abril de 1849.[d]

F. Engels, uno de los redactores de la Nueva Gaceta Renana, se vio obligado a huir a causa del papel que desempeñó en la sublevación de Elberfeld, y yo mismo fui expulsado de Prusia poco después, tras fracasar reiterados intentos de silenciarme mediante procedimientos judiciales gracias al jurado, y después de que la Nueva Gaceta Prusiana, órgano del ministerio golpista, hubiera denunciado repetidamente la «insolencia del Chimborazo[e] de la Nueva Gaceta Renana, en comparación con la cual el Moniteur de 1793 parecía más bien pálido» (véase la Nueva Gaceta Renana, núm. 299). Semejante «insolencia del Chimborazo» era de lo más apropiada en una ciudad-fortaleza prusiana y en una época en que la contrarrevolución victoriosa pretendía intimidar a la gente mediante una brutalidad desvergonzada.

El 19 de mayo de 1849 apareció el último número de la Nueva Gaceta Renana (el Número Rojo). Mientras existió la Nueva Gaceta Renana, Vogt había sufrido en silencio. Si algún parlamentario presentaba una queja, lo hacía con toda modestia. Por ejemplo:

«Señor, la aguda crítica de su periódico la valoro no menos porque observa a todos los partidos y a todas las personas con igual rigor» (véase el núm. 219 [suplemento], 11 de febrero de 1849, queja de Wesendonck).

Una semana después de la desaparición de la Nueva Gaceta Renana, Vogt, amparándose en la inmunidad parlamentaria, pensó por fin que podía aprovechar la ocasión tan esperada para convertir la «materia» que había acumulado en lo más profundo de su corazón en «energía». La situación era que uno de los redactores de la Nueva Gaceta Renana, Wilhelm Wolff, había sustituido a un diputado silesio jubilado en la Asamblea de Fráncfort, que se hallaba por entonces «en proceso de disolución».[f]

[a] «Sus penas eran múltiples», verso adaptado de Der Edel Stein, colección de fábulas de Ulrich Bonerius.— Ed.
[b] Se refiere al artículo «Ein Aktenstück des Märzvereins» en la Nueva Gaceta Renana, núm. 181, 29 de diciembre de 1848.— Ed.
[c] Gustav Adolph Schlöffel.— Ed.
[d] Marx da estos versos en inglés.— Ed.
[a] Discurso de Vogt en la Asamblea Nacional de Fráncfort el 15 de septiembre de 1848, Stenographischer Bericht über die Verhandlungen der deutschen constituierenden Nationalversammlung zu Frankfurt am Main, vol. 3, págs. 2091-94.— Ed.
[b] Los discursos de Vogt y Zachariä en la Asamblea Nacional de Fráncfort el 19 de septiembre de 1848, ibíd., pág. 2188.— Ed.
[c] Discurso de Venedey en la Asamblea Nacional de Fráncfort el 19 de septiembre de 1848, ibíd., pág. 2187.— Ed.
[d] Crónica de la sesión de la Asamblea Nacional de Fráncfort del 20 de septiembre de 1848, Nueva Gaceta Renana, núm. 110, 23 de septiembre de 1848.— Ed.
[e] Discurso de Zimmermann en la Asamblea Nacional de Fráncfort el 10 de octubre de 1848, Stenographischer Bericht...., vol. 4, pág. 2531.— Ed.
[f] Discurso de Eisenmann en la Asamblea Nacional de Fráncfort, ibíd., págs. 2531 y ss.— Ed.
[g] Asociación Central de Marzo.— Ed.
[a] Karl Marx, «La Asociación de Marzo» (véase la presente edición, vol. 9, págs. 36-37).— Ed.
[b] Marx hace un juego de palabras entre März (marzo) y Kommerz (comercio).— Ed.
[c] Karl Marx, «La Asociación de Marzo de Fráncfort y la Nueva Gaceta Renana» (véase la presente edición, vol. 9, pág. 85). Las cursivas fueron introducidas por Marx en El señor Vogt.— Ed.
[d] Stenographischer Bericht..., vol. 8, pág. 6303.— Ed.
[e] El Chimborazo es un pico de los Andes. «Insolencia del Chimborazo» significa «insolencia monumental».— Ed.
[f] El diputado silesio era Esser.— Ed. (Nota: la última frase no tiene llamada en el texto original; se refiere al diputado silesio.)

Para comprender la siguiente escena de la sesión parlamentaria del 26 de mayo de 1849, hay que tener presente que la insurrección de Dresde y los movimientos locales en la provincia del Rin ya habían sido aplastados. El Imperio estaba a punto de intervenir en Baden y el Palatinado, el grueso del ejército ruso marchaba sobre Hungría y, por último, el Ministerio imperial simplemente había anulado las resoluciones aprobadas por la Asamblea. En el orden del día figuraban dos «Proclamas a la nación alemana», la primera redactada por Uhland y emanada de la mayoría, la otra procedente de la Comisión de los Treinta,^a cuyos miembros pertenecían al Centro. Presidía la Asamblea Reh, de Darmstadt, quien más tarde se convirtió en un conejo^d y se «separó» de la Asamblea, la cual se hallaba «completamente desorganizada». Cito según el informe taquigráfico oficial, núms. 229, 228. Sesión celebrada en la iglesia de San Pablo.^e

^a Karl Marx, «La Kreuz-Zeitung» (véase la presente edición, vol. 9, pág. 437). — Ed.  
^b Hugo Wesendonck, «Erklärung. Düsseldorf, 8. Februar 1849». — Ed.  
^c Gustav Adolf Stenzel. — Ed.  
^d Marx juega con el apellido Reh, homónimo de Reh (corzo). — Ed.  
^e Stenographischer Bericht..., vol. 9, pág. 6749. — Ed.  

Wolff, de Breslau: «Señores, me he opuesto a la Proclama a la Nación, la proclama redactada por la mayoría y que aquí se ha leído en voz alta, porque la considero absolutamente inadecuada para las necesidades del momento presente. La encuentro demasiado débil. Es lo bastante buena para figurar como artículo en los periódicos que representan al partido que la ha ideado, pero no es lo bastante buena para una Proclama a la Nación Alemana. Ahora que se ha leído una segunda Proclama, puedo señalar de paso que me opondría a ella con más fuerza aún que a la primera, por razones que no necesito exponer aquí.» (Una voz del Centro: «¿Por qué no?») «Me refiero únicamente a la Proclama de la mayoría. Cierto es que está redactada en términos tan moderados que incluso el señor Buss tuvo poco que objetar en su contra, y esa es sin duda la peor recomendación para cualquier proclama. No, señores, si quieren ustedes ejercer alguna influencia sobre el pueblo, no deben dirigirse a él del modo adoptado por esta Proclama. No se debe hablar de legalidad, de base legal, etc., sino de ilegalidad, al igual que los gobiernos, al igual que los rusos —y por rusos entiendo a los prusianos, austríacos, bávaros y hannoverianos.» (Agitación y risas.) «Todos ellos están comprendidos bajo el nombre de rusos.» (Grandes risas.) «Sí, señores, los rusos están representados también en esta Cámara. Hay que decirles: “Del mismo modo que ustedes adoptan el punto de vista legal, también nosotros lo hacemos”. Este es el punto de vista de la fuerza, y entre paréntesis deberían ustedes explicar la legalidad diciendo que a los cañones rusos opondrán la fuerza, con partidas de asalto bien organizadas. Si ha de emitirse alguna proclama, emítase una que comience por proscribir al primer traidor al pueblo, el Regente imperial.»^a (Interrupción: «¡Orden!». — Vivos aplausos de la galería.) «Y asimismo a todos los ministros.» (Nueva agitación.) «Oh, no me dejaré intimidar: él es el primer traidor al pueblo.»

Presidente: «Creo que el señor Wolff ha ignorado y ofendido todo decoro. No puede calificar al Archiduque Regente imperial de traidor al pueblo en esta Cámara, y por tanto debo llamarlo al orden. También debo pedir a las galerías, por última vez, que no intervengan más en el debate.»

Wolff: «Por mi parte, acepto la llamada al orden y declaro que era mi intención transgredir los límites del orden y afirmar que él y sus ministros son traidores.» (De todos los lados de la Cámara: «¡Orden! ¡Esto es escandaloso!»)

Presidente: «Debo pedirle que tome asiento.»

Wolff: «Muy bien, protesto. Quería hablar aquí en nombre del pueblo y decir lo que el pueblo piensa. Protesto contra toda proclama redactada en estos términos.» (Gran tumulto.)

Presidente: «Señores, permítanme hablar un momento. Señores, el incidente que acaba de ocurrir es, puedo decirlo, el primero que se produce desde que el Parlamento sesiona aquí.» (Fue en efecto el primer y único incidente que tuvo lugar en aquella Sociedad de Debates.) «Nunca antes un orador había declarado que era su intención perturbar el orden, los fundamentos mismos de esta Cámara.» (Schlöffel había respondido a una llamada al orden similar, en la sesión del 25 de abril: «Acepto la llamada al orden, tanto más cuanto que espero que pronto llegue el momento en que esta Asamblea sea llamada al orden de manera muy diferente».)^b

«Señores, lamento profundamente que el señor Wolff, que acaba de ingresar como miembro de esta Cámara, haya hecho su debut de esta manera» (Reh mira el asunto desde un punto de vista teatral). «Señores, lo he llamado al orden porque se ha permitido afrentar gravemente el respeto y la consideración que debemos a la persona del Regente imperial.»

^a Archiduque Juan. — Ed.  
^b Stenographischer Bericht..., vol. 8, pág. 6751. — Ed.  

Prosiguió el debate. Hagen y Zachariae pronunciaron largos discursos, el uno a favor y el otro en contra de la proclama de la mayoría. Finalmente,

Vogt, de Giessen, se levantó de su asiento: «Señores, permítanme unas palabras; no los cansaré. Es perfectamente cierto que este Parlamento ya no es lo que era cuando se reunió el año pasado, señores, y damos gracias al Cielo» (nuestro Vogt de la «fe ciega»^a da gracias al Cielo) «de que sea así» (¡de que sea así, en efecto!^b) «y de que aquellos que perdieron la fe en el pueblo y que traicionaron la causa del pueblo en el momento decisivo, hayan abandonado ahora esta Asamblea. Señores, he pedido la palabra» (así que la acción de gracias que acabamos de oír no era más que pamplina), «para defender el arroyo cristalino» (defensa de un arroyo) «que fluyó del alma del poeta» (Vogt se vuelve anímico) «hacia esta proclama contra la inmunda porquería que se le ha arrojado o lanzado» (pero el arroyo ya había sido absorbido por la proclama), «para defender estas palabras» (como ocurre con todo lo que Vogt toca, el arroyo se ha transformado en palabras) «contra el fango que se ha amontonado en este último movimiento y que amenaza con engullir y embadurnar todo. ¡Sí, señores! Eso» (a saber, el fango) «es fango y porquería» (¡el fango es porquería!) «que se arroja de este modo» (¿de qué modo?) «a todo lo puro que quepa imaginar, y quiero expresar mi profunda indignación» (¡Vogt sumido en profunda indignación, quel tableau!^c) «por el hecho de que esta clase de cosas» (¿qué clase de cosas?) «haya podido ocurrir».^d

Y su propio discurso es — fango.*

Wolff no había dicho una sola palabra acerca de la redacción de la proclama por Uhland. Como el Presidente declaró reiteradamente, había sido llamado al orden, había conjurado toda la tormenta, porque había declarado que el Regente imperial y todos sus ministros eran traidores al pueblo y había instado al Parlamento a hacer lo mismo. Pero para Vogt, el «Archiduque Regente imperial», el «gastado Habsburgo» (Studien de Vogt, pág. 28) y «todos sus ministros» representan «todo lo puro que quepa imaginar». Con Walther von der Vogelweide cantaba:

«des fürsten milte ûz Österrîche  
fröit dem süezen rëgen gelîche  
beidiu liute und ouch daz lant.»^f  

^a Vogt de la «fe ciega» (der «Köhlergläubige» Vogt) — alusión irónica al libro de Vogt Köhlerglaube und Wissenschaft..., Giessen, 1855. — Ed.  
^b Marx ridiculiza la forma verbal agramatical usada por Vogt: geworden wird. — Ed.  
^c ¡Qué espectáculo! — Ed.  
^d Stenographischer Bericht..., vol. 9, pág. 6751. — Ed.  
^e Variación de un verso de «Des Sängers Fluch» de Ludwig Uhland: «Und was er spricht, ist Geissel» («Su propio discurso es un látigo»). — Ed.  
^f «La generosidad del Príncipe de Austria, / Como suave lluvia, da felicidad / Tanto al pueblo como a la tierra.» — Ed.  

¿Disfrutaba ya Vogt en aquella época de la «relación científica» con el Archiduque Juan que más tarde confesaría? (Véase Documentos en el «Magnum Opus», pág. 25.)

Diez años más tarde, el mismo Vogt declaraba en los Studien (págs. 27-28):

«Una cosa es cierta: la Asamblea Nacional de Francia y sus líderes en aquel momento subestimaron las capacidades de Luis Napoleón, del mismo modo que los líderes de la Asamblea Nacional de Francfort subestimaron las del Archiduque Juan, y ambas viejas raposas hicieron pagar caro a sus respectivos detractores su error. Lejos estamos de querer equiparar a los dos hombres. La terrible despiadada, etc., etc.» (de Luis Bonaparte). — «Todo esto le hace parecer bastante superior al viejo y gastado Habsburgo.»^g

^g Carl Vogt, Studien zur gegenwärtigen Lage Europas, págs. 27-28. Cursivas de Marx. — Ed.  

Durante esa misma sesión, Wolff desafió a Vogt a un duelo con pistolas —desafío que fue transmitido por el diputado Wirth de Sigmaringen— y, cuando el susodicho Vogt prefirió conservar su pellejo intacto para el Imperio,* lo amenazó con darle una paliza. Al salir de la iglesia de San Pablo, sin embargo, Wolff descubrió a Carlos el Temerario flanqueado por dos damas, y estallando en carcajadas lo dejó a su suerte. Aunque es un lobo, con corazón y dientes de lobo, Wolff es un cordero cuando ve al bello sexo. Su única venganza, en realidad bastante inocua, fue un artículo en la Neue Rheinische Zeitung. Revue (número de abril de 1850, pág. 73) titulado «Nachträgliches aus dem Reich», en el que escribió lo siguiente acerca del Ex-Regente imperial:

* En el panfleto ya mencionado de Jacobus Venedey, Kobes I cuenta la siguiente historia: «En la misma sesión en que Gagern abrazó a Gabriel Riesser tras el discurso de éste sobre el Emperador, ... Karl Vogt abrazó a Zimmermann en la iglesia de San Pablo con fingido patetismo y ruidosas exclamaciones, por lo que le grité: “Basta ya de esas bribonadas”. Vogt consideró oportuno responder con términos provocadores e insultantes y, cuando lo desafié personalmente, tuvo el valor, después de que un amigo hiciera varios viajes entre nosotros dos, de retirar su insulto» (loc. cit., págs. 21, 22).  

«En estos días críticos, la gente de la Marcha Central ha estado sumamente industriosa. Antes de retirarse de Francfort, habían publicado un llamamiento a las diversas asociaciones de la Marcha y al pueblo alemán: “¡Conciudadanos! ¡Ha sonado la undécima hora!”. Para reunir un ejército popular, emitieron desde Stuttgart una nueva proclama “a la nación alemana”, y ¡he aquí! que la manecilla del reloj de la Marcha Central se había detenido o, como el reloj de la catedral de Friburgo, había perdido el número XII. Sea como fuere, también esta proclama comenzaba con las palabras: “¡Conciudadanos! ¡Ha sonado la undécima hora!”. ¡Oh, si hubiera sonado antes, y os hubiera taladrado la cabeza, al menos en la época en que Karl Vogt, el héroe de la Marcha Central, estaba pacificando la revolución de Franconia!^? en Nuremberg, para satisfacción propia y de los llorones que lo festejaban** ....

** Más tarde, Vogt justificó sus valerosas hazañas en Nuremberg con estas palabras: «No se le habían dado garantías para su propia seguridad personal».  

La Regencia instaló sus oficinas en el edificio gubernamental de Friburgo. El Regente Karl Vogt, que era también Ministro de Asuntos Exteriores y titular de muchos otros ministerios, se tomó una vez más muy a pecho el bienestar del pueblo alemán. Habiendo estudiado sus problemas en largos días y noches, dio con una invención muy oportuna: los “pasaportes de la Regencia Imperial”. Estos pasaportes eran sencillos, bellamente litografiados y podían obtenerse gratis por cualquiera cuyo corazón los deseara. Sólo tenían un pequeño defecto: que sólo se reconocían como válidos en la Cancillería de Vogt. Es posible que más adelante uno que otro de ellos encuentre...

Wolff no siguió el ejemplo de Greiner. En lugar de «partir de inmediato para América» tan pronto como la Revue «hubiera aparecido», permaneció durante un año en Suiza, aguardando la venganza del Land-Vogt. 

a Wolff dice: «del Imperio alemán».— Ed. 
> Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue, IV. Heft, April 1850, S. 75, 76.— Ed. 

111 

VII 

LA CAMPAÑA DE AUGSBURGO 

Poco después de que el ciudadano del cantón de Turgovia!” hubiese concluido su guerra italiana, el ciudadano del cantón de Berna? lanzó su campaña de Augsburgo. 
«Allí» (en Londres) «era la camarilla de Marx la que siempre había suministrado la mayor parte de los informes» (de la Allgemeine Zeitung), «y desde 1849 sus relaciones con la ‘Allgemeine Zeitung’ habían sido ininterrumpidas» («Magnum Opus», b p. 194).