«El Gran Duque Constantino será Rey de Hungría

»Un corresponsal, que adjunta su tarjeta, escribe lo siguiente: —

»Señor director:— Habiendo asistido a la última reunión en el Music Hall, escuché la declaración que se hizo acerca del Gran Duque Constantino. Estoy en condiciones de darle otro hecho: —

»Ya el verano pasado, el príncipe Jérôme-Napoléon detalló a algunos de sus confidentes en Ginebra un plan de ataque contra Austria y de consiguiente reordenación del mapa de Europa. Conozco el nombre de un senador suizo a quien le planteó el tema. El príncipe Jérôme declaró en aquel entonces que, según el plan trazado, el Gran Duque Constantino habría de convertirse en Rey de Hungría.

»Sé además de intentos realizados, a comienzos del presente año, para ganar a algunos de los demócratas alemanes exiliados, así como a ciertos liberales influyentes en Alemania, para el esquema ruso-napoleónico. Se les ofrecieron grandes ventajas pecuniarias como soborno. Me complace decir que esas ofertas fueron rechazadas con indignación.»

10. CARTAS DEL SEÑOR ORGES

«Muy señor mío:

»Hoy supe por el señor Liebknecht que usted tendría la amabilidad de poner a nuestra disposición un documento legal relativo a los orígenes del panfleto contra Vogt. Le ruego encarecidamente que nos lo envíe lo antes posible, para que podamos presentarlo ante el tribunal. Le ruego que envíe el documento contra recibo y nos cargue los gastos en que haya incurrido. Por cierto, mi estimado señor, el partido liberal juzga mal a veces a la Allgemeine Zeitung. Nosotros (los redactores) hemos pasado por fuego y agua y hemos superado todas las pruebas del compromiso político. Si no considera usted el trabajo aislado, el artículo individual, sino toda nuestra actividad, probablemente llegará a la conclusión de que ningún periódico alemán se esfuerza como nosotros, sin prisa pero sin pausa, por la unidad y la libertad, el poder y la cultura, por el progreso espiritual y material, por una mayor conciencia patriótica y más elevadas normas morales de la nación alemana, y de que ningún periódico logra más que el nuestro. Debería juzgar nuestros actos por sus efectos. Rogándole una vez más encarecidamente que acceda a mi petición, y asegurándole mi mayor respeto,

»Suyo afectísimo,
Hermann Orges
»Augsburgo, 16/10»

La segunda carta, fechada el mismo día, no era sino un extracto de la primera, y fue enviada por correo, según afirma el señor Orges, «sólo por seguridad». En ella ruega igualmente «el envío urgentísimo del documento sobre los orígenes del conocido panfleto contra Vogt, documento que, según escribe el señor Liebknecht, usted ha tenido la bondad de poner a nuestra disposición».

11. CIRCULAR CONTRA K. BLIND

Incluyo aquí únicamente la parte final de mi circular contra Blind del 4 de febrero de 1860, que fue escrita en inglés:

«Ahora, antes de dar cualquier paso ulterior, quiero desenmascarar a los sujetos que evidentemente le han hecho el juego a Vogt. Por consiguiente, declaro públicamente que la afirmación de Blind, Wiehe y Hollinger, según la cual el panfleto anónimo no fue impreso en la imprenta de Hollinger, 3, Litchfield Street, Soho, es una mentira deliberada. En primer lugar, el señor Vogele, uno de los cajistas anteriormente empleado por Hollinger, declarará bajo juramento que dicho panfleto fue impreso en la imprenta de Hollinger, estaba escrito de puño y letra del señor Blind y fue compuesto en parte por el propio Hollinger. En segundo lugar, puede probarse judicialmente que el panfleto y el artículo de Das Volk se tiraron con los mismos tipos. En tercer lugar, se mostrará que Wiehe no estuvo empleado por Hollinger durante once meses consecutivos y, en particular, que no lo estaba en el momento de la publicación del panfleto. Por último, pueden citarse testigos en cuya presencia el propio Wiehe confesó haber sido persuadido por Hollinger para firmar la declaración deliberadamente falsa en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo. En consecuencia, vuelvo a declarar que el arriba mencionado Charles Blind es un mentiroso deliberado.

Karl Marx»

Del London «Times», 3 de febrero.

«Viena, 30 de enero.— El profesor suizo Vogt pretende saber que Francia conseguirá para Suiza el Faucigny, el Chablais y el Genevese, las provincias neutrales de Saboya, si el Gran Consejo de la República le concede el libre uso del Simplón.»

12. DECLARACIÓN JURADA DE VOGELE

«Declaro por la presente:
que la hoja volante alemana Zur Warnung (Una advertencia), que después fue reimpresa en el núm. 7 (del 18 de junio de 1859) de Das Volk (periódico alemán que se publicaba entonces en Londres) y que fue reimpresa de nuevo en la Allgemeine Zeitung de Augsburgo —que esa hoja volante fue compuesta en parte por el señor Fidelio Hollinger, de 3, Litchfield Street, Soho, Londres, y en parte por mí mismo, que entonces estaba empleado por el señor Fidelio Hollinger, y que la hoja volante se publicó en la imprenta del señor F. Hollinger, 3, Litchfield Street, Soho, Londres; que el manuscrito de dicha hoja volante era de puño y letra del señor Charles Blind; que vi al señor F. Hollinger entregar al señor Wilhelm Liebknecht, de 14, Church Street, Soho, Londres, la prueba de imprenta de la hoja volante Zur Warnung; que el señor F. Hollinger vaciló al principio en entregar la prueba al señor W. Liebknecht y que, cuando el señor W. Liebknecht se hubo retirado, él, el señor F. Hollinger, expresó ante mí y ante mi compañero de trabajo J. F. Wiehe su pesar por haber dejado salir de sus manos la prueba de imprenta.

»Declarado ante el Tribunal de Policía de Bow Street, en el condado de Middlesex, el día once de febrero de 1860, ante mí, Th. Henry, uno de los magistrados de policía de la metrópoli.

»L.S. A. Vogele»

13. DECLARACIÓN JURADA DE WIEHE

«Uno de los primeros días de noviembre pasado —no recuerdo la fecha exacta—, entre las nueve y las diez de la noche, fui sacado de la cama por el señor F. Hollinger, en cuya casa vivía yo entonces y que me empleaba como cajista. Me presentó un papel en el que se decía, en sustancia, que durante los once meses anteriores yo había estado empleado por él de manera continuada y que durante todo ese tiempo una cierta hoja volante alemana Zur Warnung (Una advertencia) no había sido compuesta ni impresa en la imprenta del señor Hollinger, 3, Litchfield Street, Soho. En mi estado de perplejidad, y sin darme cuenta de la importancia del asunto, accedí a su deseo y copié y firmé el documento. El señor Hollinger me prometió dinero, pero nunca recibí nada. Durante ese acto, el señor Charles Blind, según me informó entonces mi mujer, esperaba en la habitación del señor Hollinger. Pocos días después, la señora Hollinger me hizo bajar de la comida y me condujo a la habitación de su marido, donde encontré al señor Charles Blind solo. Me presentó el mismo papel que el señor Hollinger me había presentado antes, y me rogó que escribiera y firmara una segunda copia, pues necesitaba dos, una para él mismo y otra para su publicación en la prensa. Añadió que me estaría agradecido. Copié y firmé de nuevo el papel.

»Por la presente declaro la verdad de las anteriores declaraciones y que:

»1) Durante los 11 meses mencionados en el documento, durante seis semanas no estuve empleado por el señor Hollinger, sino por un señor Ermani. 2) No trabajaba en la imprenta del señor Hollinger precisamente en el momento en que se publicó la hoja volante Zur Warnung (Una advertencia). 3) Supe en aquel tiempo por el señor Vogele, que entonces trabajaba para el señor Hollinger, que él, Vogele, junto con el propio señor Hollinger, había compuesto la hoja volante en cuestión, y que el manuscrito era de puño y letra del señor Blind. 4) Los tipos del panfleto estaban aún en pie cuando volví al servicio del señor Hollinger. Yo mismo los deshice en columnas para la reimpresión de la hoja volante (o panfleto) Zur Warnung (Una advertencia) en el periódico alemán Das Volk publicado en Londres por el señor Fidelio Hollinger, 3, Litchfield Street, Soho. La hoja volante apareció en el núm. 7, del 18 de junio de 1859, de Das Volk (El Pueblo). 5) Vi al señor Hollinger entregar al señor Wilhelm Liebknecht, de 14, Church Street, Soho, Londres, la prueba de imprenta del panfleto Zur Warnung, en la cual el señor Charles Blind, de su propia mano, había corregido cuatro o cinco errores. El señor Hollinger vaciló al principio en entregar la prueba al señor Liebknecht, y cuando el señor Liebknecht se hubo retirado, él, F. Hollinger, expresó ante mí y ante mi compañero de trabajo Vogele su pesar por haber dejado salir de sus manos la prueba de imprenta.

»Declarado y firmado por el citado Johann Friedrich Wiehe ante el Tribunal de Policía de Bow Street, hoy 8 de febrero de 1860, ante mí, Th. Henry, magistrado de dicho tribunal.

»L.S. Johann Friedrich Wiehe»

14. DE LOS DOCUMENTOS DEL JUICIO

«Gobierno Provisional

República Francesa. Libertad, Igualdad, Fraternidad.

En nombre del Pueblo Francés
»París, 1 de marzo de 1848
»Valiente y leal Marx,

»El suelo de la república francesa es un campo de asilo para todos los amigos de la libertad. La tiranía os ha desterrado; la Francia libre os vuelve a abrir sus puertas, a vos y a todos los que luchan por la causa santa, la causa fraternal de todos los pueblos. Todo agente del gobierno francés debe interpretar su misión en este sentido. Saludo y fraternidad.

»Ferdinand Flocon»

«Bruselas, 19 de mayo de 1848

»Mi querido señor Marx,

»Me entero con gran placer por nuestro amigo Weerth de que vais a hacer aparecer en Colonia una Neue Rheinische Zeitung, de la que me ha entregado el prospecto. Es muy necesario que este periódico nos tenga al corriente en Bélgica de los asuntos de la democracia alemana, pues aquí es imposible saber nada seguro por la Kölnische Zeitung, la Allgemeine Zeitung de Augsburgo y los demás periódicos aristocráticos de Alemania que recibimos en Bruselas, ni tampoco por nuestra Indépendance Belge, cuyas correspondencias particulares están todas concebidas desde el punto de vista de los intereses de nuestra aristocracia burguesa. El señor Weerth me dice que va a reunirse con vos en Colonia para contribuir a la empresa de la Neue Rheinische Zeitung, y me promete en vuestro nombre el envío de este periódico a cambio del Débat social que yo os enviaré por mi parte. Nada deseo tanto como mantener con vos una correspondencia sobre los asuntos comunes a nuestros dos países. Es indispensable que los belgas y los alemanes no permanezcan demasiado extraños los unos a los otros, en el interés común de los dos países: pues se preparan en Francia acontecimientos que no tardarán en poner en juego cuestiones que afectarán a los dos países a la vez. Vuelvo de París, donde he pasado unos diez días que he empleado lo mejor que he podido en darme cuenta de la situación de esta gran capital. Al final de mi estancia me encontré justo en medio de los sucesos del 15 de mayo. Asistí incluso a la sesión en que tuvo lugar el hecho de la irrupción del pueblo en la asamblea nacional... Todo lo que he comprendido al ver la actitud del pueblo parisino y al oír hablar a los principales personajes que en este momento están al frente de los negocios de la república francesa es que se espera una fuerte reacción del espíritu burgués contra los acontecimientos de febrero último; los sucesos del 15 de mayo precipitarán sin duda esta reacción. Ahora bien, ésta traerá indudablemente dentro de poco un nuevo levantamiento del pueblo... Francia deberá recurrir pronto a la guerra. Para este caso tendremos que pensar, aquí y entre vosotros, en lo que habremos de hacer juntos. Si la guerra se dirige primero hacia Italia, tendremos un respiro... Pero si se dirige de inmediato hacia este país, no sé muy bien aún lo que habremos de hacer, y entonces necesitaremos el consejo de los alemanes... Mientras tanto, anunciaré en el Débat social del domingo la próxima publicación de vuestro nuevo periódico... Cuento con ir a Londres hacia finales del próximo mes de junio. Si tenéis ocasión de escribir a Londres a algunos amigos, tened la bondad de rogarles que me acojan allí. Vuestro de todo corazón,

L. Jottrand, Abogado»

Mi querido Marx:

No habiendo tenido noticias suyas desde hace mucho tiempo, he recibido su última con la más viva satisfacción. Se queja usted de la tardanza de las cosas y de la poca prontitud de mi parte en responder a la pregunta que me había hecho. Qué hacer: la edad entorpece la pluma; sin embargo, espero que encuentre usted mis consejos y mis sentimientos siempre los mismos. Veo que su última ha sido trazada al dictado por la mano de su secretario íntimo, de su adorable mitad: pues bien, la señora Marx no cesa de acordarse del viejo ermitaño de Bruselas. Tenga a bien recibir con bondad mis respetuosos saludos.

Consérveme, querido colega, en su amistad. Saludo y fraternidad.

5, Cambridge Place,
Kensington, Londres,
11 de febrero de 1860

Mi querido Marx:

He leído una serie de infames artículos contra usted en el *National-Zeitung* y estoy absolutamente asombrado por la falsedad y malignidad del autor. Siento realmente que es un deber que toda persona que le conozca, por innecesario que tal testimonio deba ser, tribute un homenaje al valor, la honradez y el desinterés de su carácter. Se vuelve doblemente imperativo para mí hacerlo, cuando recuerdo cuántos artículos contribuyó usted a mi pequeña revista, las *Notes to the People*, y posteriormente al *People’s Paper*, durante una serie de años, completamente gratuitos; artículos que eran de tan alto valor para la causa del pueblo y de tan gran beneficio para el periódico. Permítame esperar que castigue severamente a su cobarde y poco viril difamador.

Créame, mi querido Marx, con la mayor sinceridad, suyo,
Ernest Jones

Dr. Karl Marx

Oficina del *Tribune*,
Nueva York,
8 de marzo de 1860

Mi estimado señor:

En respuesta a su solicitud, me complace sobremanera exponer los hechos de su vinculación con diversas publicaciones en los Estados Unidos sobre las cuales tengo conocimiento personal. Hace casi nueve años le contraté para que escribiera para el *New York Tribune*, y la colaboración ha continuado desde entonces. Ha escrito usted para nosotros constantemente, sin una sola semana de interrupción, que yo recuerde; y es usted no solo uno de los colaboradores más altamente valorados, sino uno de los mejor pagados vinculados al periódico. La única falta que he tenido que encontrarle ha sido que en ocasiones ha mostrado usted un tono de sentimiento demasiado alemán para un periódico americano. Este ha sido el caso en referencia tanto a Rusia como a Francia. En cuestiones relacionadas con ambos, el zarismo y el bonapartismo, he pensado a veces que manifestaba usted demasiado interés y demasiada ansiedad por la unidad e independencia de Alemania. Esto resultó quizás más llamativo en relación con la reciente guerra italiana que en ninguna otra ocasión. En eso estuve perfectamente de acuerdo con usted: la simpatía por el pueblo italiano. Tenía yo tan poca confianza como usted en la sinceridad del Emperador francés, y creía tan poco como usted que la libertad italiana pudiera esperarse de él; pero no pensaba que Alemania tuviera motivo de alarma tal como usted, junto con otros alemanes patriotas, pensaba que lo tenía.

Debo añadir que en todos sus escritos que han pasado por mis manos, ha manifestado usted siempre el más cordial interés por el bienestar y el progreso de las clases trabajadoras; y que ha escrito mucho con referencia directa a ese fin.

Asimismo, en diversas ocasiones a lo largo de los últimos cinco o seis años he sido el conducto a través del cual se han suministrado contribuciones suyas a *Putnam’s Monthly*, una revista literaria de alto carácter; y también a la *New American Cyclopaedia*, de la que también soy editor, y para la cual ha proporcionado usted algunos artículos muy importantes.

Si se necesitara alguna otra aclaración, estaré encantado de proporcionarla. Entre tanto, quedo, muy fielmente suyo,

Charles A. Dana, Director Gerente del *N. Y. Tribune*

Dr. Charles Marx

15. LOS FOLLETOS DENTU

He demostrado que los folletos Dentu son la fuente de la que el Da-Da alemán extrae su sabiduría sobre la historia mundial en general y sobre la «política salutífera de Napoleón» en particular. La «política salutífera de Napoleón» es una frase de un reciente artículo de fondo del «demócrata» F. Zabel. Lo que los propios franceses piensan y saben sobre estos folletos puede verse por el siguiente extracto del semanario parisino *Courrier du Dimanche*, n.º 42, del 14 de octubre de 1860.

«En lo que respecta al momento actual, tomad diez folletos al azar, y reconoceréis que al menos nueve han sido pensados, elaborados, escritos… ¿por quién? ¡por novelistas de oficio, por cancionistas, por vaudevillistas, por sacristanes!

¿Se habla en las gacetas de misteriosas entrevistas entre las potencias del Norte, de la Santa Alianza que resucita? Al punto, un agradable fazedor de coplas bastante literarias, e incluso (antaño) pasablemente liberales, corre a casa del inevitable señor Dentu y le trae, bajo este retumbante título: *La coalición*, una larga e insípida paráfrasis de los artículos del señor Grandguillot. ¿La alianza inglesa parece desagradar a veces al señor Limayrac? Al punto, un tal Chatelet, caballero de la orden de Gregorio Magno, y que debe ser sacristán en algún lugar, si he de creer a su estilo, publica o republica un largo y ridículo factum: *Crímenes y delitos de Inglaterra contra Francia*. Ya el autor del *Compère Guillery* (Edmond About) había considerado oportuno edificarnos sobre los arcanos políticos de la monarquía prusiana, y había dado, desde lo alto de sus caídas teatrales, consejos de prudencia a las cámaras de Berlín. Se anuncia que el señor Clairville va a elucidar próximamente la cuestión del istmo de Panamá, tan embrollada por el señor Belly; y sin duda algunos días después de la conferencia real del 21 de octubre, se verá aparecer en todos los escaparates de nuestros libreros un espléndido folleto rosa que llevará este título: *Memoria sobre la entrevista de Varsovia por el cuerpo de baile de la Ópera*.

Esta invasión, en apariencia inexplicable, de las cuestiones políticas por los *dii minores* de la literatura, se vincula a muchas causas. Citaremos aquí una sola, pero que es la más inmediata y la más incontestable.

En el marasmo casi universal de espíritu y de corazón, estos señores, que hacen el triste oficio de divertidores públicos, ya no saben por qué medio sacudir y despertar a sus lectores. Las viejas alegrías de sus estribillos y de sus anécdotas les vuelven sin cesar. Ellos mismos se sienten tan taciturnos, tan tristes, tan fastidiados como aquellos a quienes pretenden desarrugar el ceño. He aquí por qué, agotados los recursos, se han puesto, en desesperación de causa, a escribir unos memorias de cortesanas, los otros folletos diplomáticos.

Luego, una bella mañana, un aventurero de la pluma, que nunca ha hecho a la política el sacrificio de una hora seria de estudio, que no tiene siquiera en el corazón el simulacro de una convicción, cualquiera que sea, se levanta y se dice: “¡Tengo que dar un gran golpe! ¡Veamos! ¿qué haré para atraer sobre mí la atención general que de mí huye por instinto? ¿Escribiré un opúsculo sobre la cuestión Léotard o sobre la cuestión de Oriente? ¿Revelaré al mundo atónito el secreto de los tocadores donde nunca entré, o el de la política rusa que me es aún más extraña? ¿Debo enternecerme en prosa volteriana sobre las mujeres salpicadas de lodo o en prosa evangélica sobre las desdichadas poblaciones maronitas acosadas, despojadas, masacradas por el fanatismo mahometano? ¿Lanzaré una apología de mademoiselle Rigolboche o un alegato en favor del poder temporal? Decididamente, opto por la política. Divertiré aún mejor a mi público con los reyes y los emperadores que con las *lorettes*”. Dicho esto, nuestro supernumerario de la literatura bohemia consulta *Le Moniteur*, frecuenta algunos días las columnatas de la Bolsa, rinde visita a algunos funcionarios y sabe al fin de qué lado sopla el viento de la curiosidad en la ciudad, o el del favor en la corte: elige entonces un título que ese viento pueda inflar de manera suficiente y descansa contento en sus laureles. Pues bien, su obra está hecha por ahora; porque hoy, en materia de folletos, no hay más que dos cosas que cuentan: el título y las relaciones que se supone entre el escritor y “altos personajes”.

¿Es necesario decir, después de esto, lo que valen los folletos que nos inundan? Un día, reunid todo el valor que tengáis, procurad leerlos hasta el final y os espantaréis de la ignorancia inaudita, de la ligereza intolerable, y aún del empequeñecimiento del sentido moral que revelan en sus autores. Y no hablo aquí de los peores… Y cada año nos encorva más abajo, cada año ve aparecer un nuevo signo de decadencia intelectual, cada año añade una nueva vergüenza literaria a aquellas de las que ya tenemos que ruborizarnos. De tal suerte que los más optimistas a veces dudan del mañana, y se preguntan con angustia: ¿Saldremos de ahí?»

La frase «la política salutífera de Napoleón» citada más arriba fue tomada del *National-Zeitung*. Cosa extraña, el corresponsal en París del *Manchester Guardian* —considerado en toda Inglaterra como un periódico que publica noticias en su mayoría fiables— ha comunicado la siguiente curiosidad:

«París, 8 de noviembre… Luis Napoleón gasta su oro en vano sosteniendo periódicos como el *National-Zeitung*.» (*Manchester Guardian* del 12 de noviembre de 1860.)

Sin embargo, creo que el corresponsal del *Manchester Guardian*, normalmente tan bien informado, se equivoca esta vez. Pues se dice que F. Zabel se ha pasado al campo bonapartista para probar que no está a sueldo de Austria. En todo caso, esta información me llegó desde Berlín y encaja bien en la… *Dunciada*.

16. POSDATA

a) K. VOGT Y LA CIMENTAIRE

Mientras se imprimían las últimas páginas de este escrito, tropecé accidentalmente con el número de octubre (1860) de *Stimmen der Zeit*. A. Kolatschek, el antiguo editor de la *Deutsche Monatsschrift*, órgano de los parlamentarios refugiados, y por tanto, en cierto modo, superior literario del «regente del Imperio fugitivo», refiere la siguiente historia sobre su amigo Karl Vogt en la pág. 37:

«La sociedad anónima ginebrina *La Cimentaire*, que contaba entre sus directores nada menos que al propio señor Karl Vogt, se fundó en 1857. Para 1858 los accionistas habían quedado sin un céntimo y el fiscal encarceló inmediatamente a uno de los directores, acusado de fraude. En el momento de la detención, el señor Vogt se hallaba casualmente en Berna; regresó a toda prisa, el detenido fue puesto en libertad, las acusaciones fueron suprimidas “por temor a causar un escándalo”, pero los accionistas lo perdieron todo. Ahora bien, después de un ejemplo como éste no puede afirmarse realmente que la propiedad esté muy bien protegida en Ginebra, y el error del señor Karl Vogt a este respecto es tanto más extraño cuanto que él era, como hemos mencionado, uno de los directores de la sociedad en cuestión. Y aun en Francia, en casos similares, es costumbre buscar a los culpables entre los directores, encarcelarlos y emplear sus bienes para satisfacer las reclamaciones civiles de los accionistas.»

Esto debe compararse con el relato de Joh. Ph. Becker en su carta (en el capítulo X) sobre el incidente bancario que empujó a M. James Fazy a los brazos de los decembristas. Detalles como éste ayudan mucho a resolver el enigma de cómo «Napoléon le Petit» se convirtió en el hombre más grande de su época. Como es bien sabido, el propio «Napoléon le Petit» tuvo que elegir entre un golpe de Estado y… Clichy.

b) KOSSUTH

El siguiente extracto de un memorando de una conversación con Kossuth demuestra de manera incontrovertible que Kossuth sabe perfectamente bien que es Rusia la que constituye la mayor amenaza para Hungría. El memorando procede de uno de los más

«¿célebres miembros radicales? de la actual Cámara de los Comunes.»

«Memorándum de una conversación con M. Kossuth en la tarde del 30 de mayo de 1854, en...».

«El retorno a la estricta legalidad en Hungría (dijo él, es decir, Kossuth) podría renovar la unión de Hungría y Austria, y evitaría que Rusia encontrara partidario alguno en Hungría. Él (Kossuth) no opondría ninguna oposición a una vuelta a la legalidad. Aconsejaría a sus compatriotas que aceptaran de buena fe tal restauración, si pudiera obtenerse, y se comprometería a no ser en modo alguno un obstáculo a ese arreglo. Él mismo no regresaría a Hungría. Él mismo no propondría tal línea de conducta a Austria, porque no creía en el retorno de Austria a la legalidad, salvo bajo la presión de una necesidad imperiosa. Me autorizó a decir que tales eran sus sentimientos, y que, si se le apelaba, los confesaría, aunque no podía comprometerse a ninguna propuesta, porque no podía esperar que Austria abandonara su tradicional esquema de centralización hasta verse forzada a ello... Habría consentido en 1848 que se enviaran tropas húngaras para resistir los ataques de los piamonteses» (M. Kossuth fue mucho más lejos en 1848, ya que garantizó que se enviarían tropas húngaras contra los “rebeldes” italianos pronunciando un violento discurso en la Dieta Imperial en Pest), «pero no las emplearía para someter a coacción a la Italia austríaca, como no consentiría tropas extranjeras en Hungría.» 253

El poder mitopoyético de la fantasía popular se ha revelado siempre en la creación de «grandes hombres». Simón Bolívar es, indiscutiblemente, la ilustración más convincente de ello. En cuanto a Kossuth, se le celebra, por ejemplo, como el hombre que abolió el feudalismo en Hungría. No obstante, no está vinculado en modo alguno con las tres grandes medidas: el impuesto universal, la abolición de las cargas feudales del campesinado y la abolición sin indemnización de los diezmos pagados a la Iglesia. La moción del impuesto universal (la nobleza había estado exenta con anterioridad) fue presentada por Szemere; la moción para suprimir la corvea, etc., por Bonis, diputado por Szabolcz, y el propio clero, actuando por medio de Jekelfalussy, diputado y canónigo, renunció voluntariamente a sus derechos a percibir diezmos.